Con el alma rota y dos hijos que proteger, Catalina reconstruyó su vida desde cero… sin él.
Rubén lo dejó todo por una mentira. Pero cuando la ilusión se desvaneció, comprendió que lo que abandonó era lo único real. Regresa arrepentido, dispuesto a recuperar lo que perdió.
Sin embargo, Catalina ya no espera por nadie. Encontró la fuerza, la paz y la vida que él le negó.
¿Podrá su arrepentimiento borrar años de abandono? ¿O será demasiado tarde para volver a su lado?
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Capítulo 22: Una relación sin amor
Rubén
Al día siguiente, Valeria me pidió que la acompañara.
No quiso decirme a dónde íbamos.
Durante todo el camino permaneció en silencio.
—¿Puedes decirme qué estamos haciendo? —pregunté finalmente.
—Quiero mostrarte algo.
—¿Qué cosa?
—Cuando lleguemos.
No insistí.
Después de unos minutos estacionó frente a un restaurante elegante.
La miré confundido.
—¿Para qué vinimos aquí?
—Tengo una reunión.
—¿Y yo?
—Quiero que estés conmigo.
Entramos.
Varias personas nos saludaron.
Valeria sonreía.
Tomó mi brazo y caminó a mi lado como si nada hubiera ocurrido entre nosotros.
—Ellos son unos amigos —me dijo.
Nos sentamos.
Durante la cena, Valeria hablaba, reía y contaba historias sobre nuestra relación.
—Rubén es maravilloso —decía.
—Siempre está pendiente de mí.
—Nos entendemos perfectamente.
Yo la escuchaba.
Y mientras todos sonreían, algo dentro de mí se apagaba.
Porque cada palabra era una mentira.
No estaba pendiente de ella.
No nos entendíamos.
Y ya ni siquiera sabía si quería seguir a su lado.
En un momento, uno de los hombres de la mesa levantó su copa.
—Por ustedes. Se nota que son una pareja muy enamorada.
Todos brindaron.
Yo levanté la copa.
Pero no pude decir nada.
Porque por primera vez me pregunté:
¿Cuándo dejamos de amarnos?
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Catalina
Aquella tarde estaba organizando la ropa de los niños cuando recibí una llamada de mi madre.
—¿Cómo estás?
—Bien, mamá.
—¿Y los niños?
—También.
—¿Rubén ha vuelto a llamar?
Me quedé en silencio.
—Sí. Está intentando estar más presente.
—¿Y tú qué piensas?
—No lo sé.
Mi madre suspiró.
—No tienes que decidir nada ahora.
—Lo sé.
Miré una fotografía de Mateo.
—Ya no quiero volver a ser la mujer que era antes.
—¿Por qué?
—Porque me olvidé de mí misma.
Mi madre guardó silencio.
—Ahora tengo que aprender a vivir pensando también en mí.
—Y eso está bien.
Sonreí.
—Por primera vez siento que puedo hacerlo.
Después de colgar, recibí un mensaje.
Era de Rubén.
“¿Podemos hablar mañana?”
Miré la pantalla.
Pensé unos segundos antes de responder.
“Si es sobre los niños, sí.”
La respuesta llegó rápidamente.
“También necesito hablar de nosotros.”
Sentí un pequeño nudo en el estómago.
No sabía qué quería decir con eso.
Pero una cosa tenía clara.
Ya no iba a permitir que unas palabras bonitas me hicieran olvidar todo lo ocurrido.
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Rubén
Cuando regresamos al apartamento, Valeria estaba feliz.
—¿Viste cómo nos miraban?
—Sí.
—Todos creen que somos perfectos.
La miré.
—¿Y tú?
—¿Yo qué?
—¿Crees que somos perfectos?
Su sonrisa desapareció.
—¿Qué clase de pregunta es esa?
—Una pregunta sencilla.
—Claro que sí.
—¿Me amas?
Valeria se quedó inmóvil.
Nunca antes le había hecho esa pregunta de aquella manera.
—¿Por qué preguntas eso?
—Porque necesito saberlo.
Ella se acercó.
—¿Tú me amas?
No respondí.
Su rostro cambió.
—Entonces no tienes derecho a preguntarme.
—Quizá tengas razón.
—No, Rubén. Dime la verdad.
Respiré profundamente.
—No sé si te amo.
Sus ojos se llenaron de lágrimas.
—Después de todo lo que hice por ti…
—No estoy diciendo que no hayas hecho nada.
—Entonces, ¿qué estás diciendo?
—Que nuestra relación ya no se siente como antes.
Valeria se quedó mirándome.
—¿Por Catalina?
—No solamente por ella.
—Sí es por ella.
—Valeria…
—¡Es por ella!
Su voz se quebró.
—Desde que empezaste a verla otra vez, todo cambió.
—Estoy intentando ser un padre para mis hijos.
—Y yo estoy perdiendo al hombre por el que destruí tantas cosas.
Me quedé helado.
—¿Qué acabas de decir?
Valeria bajó la mirada.
—Nada.
—No. Dijiste algo.
—Olvídalo.
Pero ya había escuchado suficiente.
“Por el que destruí tantas cosas.”
¿Qué cosas había destruido?
¿A qué se refería?
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Catalina
Al día siguiente Rubén llegó temprano.
Mateo estaba jugando en la sala y Gabriel dormía.
—Hola —dijo.
—Hola.
—¿Podemos hablar?
Asentí.
Salimos al patio.
—Quiero pedirte disculpas.
Lo miré.
—Ya me has pedido disculpas muchas veces.
—Pero nunca te dije toda la verdad.
Sentí que mi corazón se aceleraba.
—¿Qué verdad?
Rubén bajó la mirada.
—Mi relación con Valeria no es como parece.
No respondí.
—No somos felices.
—Eso ya no es asunto mío.
—Lo sé.
—Entonces, ¿por qué me lo cuentas?
Me miró.
—Porque necesito que entiendas que estoy empezando a arrepentirme.
Sentí una mezcla de tristeza y cansancio.
—Rubén, tu arrepentimiento no cambia el pasado.
—Lo sé.
—No puedes regresar el tiempo.
—También lo sé.
—Entonces tienes que aceptar las consecuencias de tus decisiones.
Rubén asintió.
—Estoy intentando hacerlo.
Lo miré fijamente.
—Hazlo por tus hijos.
—¿Y por ti?
Sentí un silencio profundo.
—Por mí ya no tienes que hacer nada.
Sus ojos se llenaron de tristeza.
—¿De verdad ya no sientes nada por mí?
No respondí inmediatamente.
Porque la respuesta no era sencilla.
Había amado a ese hombre.
Había construido una familia con él.
Había llorado por él.
Había esperado por él.
Pero ahora había algo más fuerte que el amor que todavía pudiera quedar.
Mi dignidad.
—Lo que siento ya no importa —dije finalmente—. Lo importante es lo que hacemos con nuestras decisiones.
Rubén bajó la mirada.
Y por primera vez pareció entender que no podía pedirme que volviera simplemente porque su relación había fracasado.
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Rubén
Regresé al apartamento con una sensación de vacío.
Valeria estaba sentada en la sala.
—¿Fuiste a verla?
—Sí.
—¿Qué te dijo?
—Que ya no quiere volver conmigo.
Valeria sonrió.
—Entonces se terminó.
La miré.
—No.
—¿No?
—Lo que se terminó fue la vida que yo tenía con Catalina.
Valeria se levantó.
—¿Y qué quieres ahora?
Me quedé en silencio.
Porque no podía responder.
No sabía si quería recuperar a Catalina.
No sabía si ella me permitiría acercarme nuevamente.
Pero sí sabía algo.
Mi relación con Valeria se había convertido en una convivencia llena de silencios, discusiones y apariencias.
Estábamos juntos.
Pero ya no éramos felices.
Aquella noche dormimos en habitaciones separadas.
Y mientras miraba el techo, comprendí algo que me dolía admitir:
Había dejado una relación que tenía amor, familia y dificultades reales…
para construir otra que ahora tenía apariencias, pero ningún sentimiento verdadero.
Mi arrepentimiento comenzaba a ser más profundo.
Pero todavía no sabía cuánto tendría que perder antes de poder reparar algo.
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Catalina
Esa noche acosté a los niños.
Después me senté junto a la ventana.
Pensé en Rubén.
No con el mismo dolor de antes.
Ahora lo veía como parte de mi historia.
Una parte importante.
Pero no toda mi historia.
Sonreí al recordar cuánto había cambiado.
Meses atrás habría hecho cualquier cosa para que Rubén volviera.
Ahora podía escucharlo decir que estaba arrepentido y aun así mantenerme firme.
Había aprendido a vivir sin él.
Y quizás ese era el verdadero significado de renacer.
No olvidar el pasado.
Sino dejar de permitir que el pasado decida tu futuro.
Mientras apagaba la luz, mi teléfono recibió un nuevo mensaje.
Era de un número desconocido.
“Catalina, todavía no sabes toda la verdad sobre Valeria.”
Me quedé mirando la pantalla.
Después llegó otro mensaje.
“Lo que ocurrió antes de que Rubén te dejara fue mucho más complicado de lo que imaginas.”
Sentí un escalofrío.
Tal vez la historia que yo conocía no era completa.
Y quizá había una verdad escondida que podía cambiarlo todo.
🙊a hora cual será el misterio