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Atada A La Oscuridad Del Alfa

Atada A La Oscuridad Del Alfa

Status: En proceso
Genre:Hombre lobo / Romance oscuro
Popularitas:4.7k
Nilai: 5
nombre de autor: Fernanda G

Amelia entra a la mansión del temido Alfa Lian como niñera de su pequeño hijo, sin saber que el líder ha quedado ciego y amargado tras la traición de su propia manada. En un mundo donde la debilidad se paga con sangre, Lian oculta su ceguera con crueldad, rechazando a todos. Sin embargo, el aroma de Amelia calma a su bestia y despierta una obsesión peligrosa. Entre secretos oscuros, enemigos acechando en las sombras y una atracción prohibitiva que consume sus almas, Amelia descubrirá que sanar a la bestia puede costarle la vida... o convertirla en su Luna.

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capitulo 19

​Las sombras del crepúsculo se alargaban sobre el ala oeste mientras el viento helado del norte golpeaba los cristales de la mansión. A pesar de la victoria contra los renegados, un aire de desconfianza envenenaba los pasillos.

Las patrullas se habían duplicado, pero las brechas en la seguridad del perímetro seguían sin una explicación lógica. Nadie entendía cómo los invasores habían evadido los puestos de guardia sin ayuda interna.

​Amelia caminaba por el corredor del piso inferior con una bandeja de té de hierbas medicinales destinada al despacho del Alfa. El silencio del pasillo solo se rompía por el crujido suave de sus pasos sobre la alfombra.

​Al doblar la esquina hacia la galería de retratos, una figura se interpuso bruscamente en su camino, bloqueándole el paso.

​Era Marcos, el Beta de la manada.

​El hombre vestía su habitual uniforme militar de cuero oscuro, con el blasón de la casa Blackwood grabado en las hombreras.

Su rostro de rasgos duros y mirada penetrante no mostraba el respeto deferente que solía exhibir en presencia de Lian. Sus ojos amarillos, cargados de un brillo calculador y frío, se fijaron en la enfermera con una intensidad opresiva.

​—Señorita Vance —dijo Marcos con una voz baja y rasposa, sin moverse un solo milímetro del centro del corredor.

​—Señor Marcos —respondió Amelia, dando un paso atrás por instinto y apretando las asas de la bandeja—. Llevo la infusión para el Alfa. Si me permite pasar...

​—Lian puede esperar unos minutos —la interrumpió el Beta, acortando la distancia con un movimiento fluido que delataba su naturaleza de depredador—. Hay asuntos urgentes que conciernen a la supervivencia de esta manada, y usted está en el centro de todos ellos.

​Amelia mantuvo la vista al frente, tratando de que el ritmo de su corazón no delatara la aprensión que comenzaba a apoderarse de ella.

​—No sé a qué se refiere. Yo solo soy la enfermera de la casa y la niñera de Mateo.

​Marcos dejó escapar una risa seca, desprovista de cualquier calidez. Se inclinó ligeramente hacia ella, lo suficiente para que Amelia pudiera oler el aroma rancio a tabaco y pino amargo que emanaba de su ropa.

​—No se haga la ingenua —siseó el Beta—. Sé perfectamente lo que ocurre en los aposentos del Alfa. Sé que Lian la cosió con sus propias manos la noche del ataque. Sé que pasa las noches en la biblioteca a solas con él, y que el veneno en su sangre se calma únicamente cuando usted está cerca.

Una simple humana no logra semejante influencia sobre un Alfa puro a menos que haya algo más en juego.

​—El señor Lian confía en mi trabajo porque he demostrado lealtad a su hijo —replicó Amelia con firmeza serena.

​—¿Confianza? —Marcos entrecerró los ojos, y su tono se volvió aún más peligroso—. Lian está ciego, sordo a la realidad y envenenado por su propia terquedad. Está debilitando a la manada por proteger a un niño inútil y por entretenerse con una mujer frágil.

Los clanes del norte se están agrupando de nuevo. Si no tomamos medidas drásticas, los renegados no solo romperán el perímetro; masacrarán a todos en esta mansión.

​Amelia sostuvo la mirada del hombre, procesando rápidamente sus palabras. Las fisuras en la seguridad, la precisión del ataque sorpresa en el patio y la insistencia del Beta en culpar a la debilidad del Alfa encajaron de golpe en su mente.

​—Usted dejó pasar a los renegados —susurró Amelia, sintiendo un escalofrío recorrerle la columna vertebral—. La patrulla este estaba bajo su mando directo esa noche.

​El rostro de Marcos se endureció como la piedra, pero no negó la acusación. Una sonrisa helada se dibujó en sus labios.

​—Usted es bastante más observadora de lo que pensaba, señorita Vance —admitió el Beta en un murmullo letal—. Por eso mismo, le voy a ofrecer una salida elegante antes de que la guerra política la aplaste por completo.

​Marcos dio un paso más, acorralando a Amelia contra el panel de madera de la pared.

​—Quiero que me informe de cada movimiento de Lian —ordenó el hombre, bajando la voz al mínimo—. Quiero saber qué medicina le administra, qué documentos firma en su despacho y qué alianzas está intentando cerrar con los ancianos del sur. Usted va a ser mis ojos y mis oídos dentro de las habitaciones privadas del Alfa.

​—Nunca traicionaré a Lian —respondió Amelia de inmediato, sin un solo segundo de duda en su voz.

​—No está en posición de negarse —siseó Marcos, apoyando la palma de su mano en la pared, justo al lado de la cabeza de la joven—. Déjame recordarle quién es usted aquí: una humana sin familia, sin linaje y sin la protección del consejo. Si no colabora conmigo, me aseguraré de que la Sra. Elena y el pequeño Mateo tengan un "accidente" desafortunado durante la próxima patrulla nocturna.

​Amelia contuvo el aliento, sintiendo que el aire se le escapaba de los pulmones ante la amenaza directa contra el niño.

​—Además —continuó el Beta, dibujando una mueca grotesca—, no me costaría ningún esfuerzo convencer a la manada de que fue usted quien introdujo el veneno de acónito negro en la medicina del Alfa desde el primer día. Tengo documentos falsificados que demuestran sus pagos con los renegados.

¿A quién cree que le creerá el consejo de ancianos? ¿A su leal Beta de toda la vida o a una sirvienta humana que sedujo al Alfa ciego?

​El chantaje se cerró sobre Amelia como una trampa de acero. Si rechazaba la exigencia de Marcos, ponía en riesgo la vida de Mateo y se exponía a ser acusada de traición, lo que significaría una ejecución inmediata bajo las leyes de la manada.

​—Piénselo bien, Amelia —concluyó Marcos, dando un paso atrás y ajustándose los guantes de cuero con parsimonia—. Tiene hasta mañana por la noche para traerme el informe sobre los mapas estratégicos que Lian guarda en su escritorio. Si intenta advertirle al Alfa, no llegará con vida al final del pasillo.

​El Beta le dedicó una última mirada cargada de desprecio y dio media vuelta, alejándose con pasos pesados que resonaron en la penumbra de la galería hasta perderse en la distancia.

​Amelia se quedó sola contra la pared, con las manos temblando sobre la bandeja metálica. El té de hierbas se había enfriado por completo. Miró hacia la puerta del despacho del Alfa, al fondo del corredor, sabiendo que el peligro real no venía del bosque ni de las fronteras lejanas, sino que dormía bajo el mismo techo, listo para asestar el golpe definitivo contra el hombre que amaba.

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Lobelia
muy buenas el capitulo 💯
Lobelia
está muy buena
Miriam Josefina Vander Spoeltel
esta demasiado buena escritora no tardes mucho en actualizar xfaaaaaaaa gracias
Celina
💯💯👏👏me gusta
Celina
excelente gracias por compartir
Celina
super buena está historia
Lobelia
esto se está poniendo bueno 💯💯
Lobelia
💯💯💯💯
Lobelia
me gusta
Fernanda
💯💯💯💯💯👍
Fernanda
💯💯💯💯
celimar
muy buena l historia 💯
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