NovelToon NovelToon
Robaste a mi prometido, seduje a tu amor

Robaste a mi prometido, seduje a tu amor

Status: Terminada
Genre:Juego de roles / Venganza de la protagonista / Amor platónico / Completas
Popularitas:18.6k
Nilai: 5
nombre de autor: Mama Mia

El día de su boda, frente a cientos de invitados, el novio de Alena Balcázar no aparece: prefiere quedarse junto a su hermana, que "se desmayó" en el momento más oportuno. Otra vez. Pero esta vez Alena no llora ni suplica. Toma el micrófono, cancela ella misma la boda ante todos y se marcha con la cabeza en alto... dispuesta a no volver a mendigar amor nunca más.

Repudiada por su familia y sin un centavo, su caída dura poco. Un encuentro inesperado la lleva al lado de Nathan Villanueva, el heredero más frío, poderoso y codiciado del país, justo el hombre que su hermana siempre soñó con conquistar. Un contrato de cinco años, un jefe imposible y una regla no escrita: hacerla suya. Si ellos le robaron al prometido, ella seducirá a quien más desean.

Lo que empieza como una venganza perfecta se convierte en un juego de tensión, orgullo y deseo contenido. Y mientras Alena reconstruye su vida y devuelve cada golpe con elegancia letal, un secreto enterrado sobre su verdadero origen amenaza con cambiarlo todo: hay quienes destruyeron a su familia para robarle lo que le pertenece, y ahora tendrán que rendir cuentas.

NovelToon tiene autorización de Mama Mia para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

05

.

El reloj ya marcaba las nueve de la noche y Alena seguía sin poder dormir. Quizá porque en la tarde había dormido un buen rato. Estaba sentada, recostada contra el respaldo de su cama, con la vista clavada en la pantalla del celular y la mente perdida vaya uno a saber dónde. No sabía por qué, pero presentía que algo grande estaba a punto de ocurrirle.

Como no lograba conciliar el sueño, Alena terminó por bajar a la planta baja y se acomodó en uno de los sofás largos del salón. Subió las piernas al sofá y se tendió a sus anchas. Sin saber qué hacer, volvió a abrir el celular. De vez en cuando suspiraba al ver que la noticia de su boda frustrada seguía siendo tendencia hasta ese momento.

De pronto oyó el motor de un auto que se detenía en el patio, y supo que era el coche de su padre, que quizá acababa de llegar del hospital. Se incorporó de su postura recostada y quedó sentada, apoyada en el respaldo, con los ojos aún fijos en la pantalla.

Poco después se oyó la puerta principal abrirse de golpe. Gustavo Balcázar y Miranda entraron a la vez.

Alena apenas les echó un vistazo y volvió a concentrarse en la pantalla que sostenía en la mano.

Esa actitud le tensó la mandíbula a Gustavo.

—¡Malcriada, no tienes ni la menor educación! —le espetó con brusquedad.

Alena detuvo el movimiento de los dedos al oír el insulto que salía de la boca de su padre. Cerró los ojos, respiró hondo y luego levantó el rostro. No pronunció una sola palabra. Se quedó mirando en silencio a sus dos padres, a la espera de qué más saldría de sus bocas.

Miranda también se irritó ante la frialdad de Alena.

—¿Cómo te atreves a tratarnos así a tu padre y a mí? —dijo señalándole la cara con la punta del dedo. Pero la muchacha siguió callada.

Gustavo dio un paso más.

—¿Tienes idea de lo que hiciste hoy? ¡Humillaste a esta familia! ¡El apellido Balcázar quedó en boca de todos, como un chiste!

Alena, que hasta entonces solo había guardado silencio, por fin habló.

—Papá solo habla del apellido de la familia —dijo, y se volvió hacia su madre—. Mamá también. ¿Y cuándo alguno de los dos preguntó cómo me sentía yo, dejada sola sobre el altar? Mi futuro esposo me abandonó por mi hermana el día de mi boda. Todos los invitados lo vieron. Los medios ya lo publicaron. ¿Y en lo único que piensan ustedes es en la empresa?

Miranda la miró con ambas manos apretadas en puño.

—¡Eso fue porque Selena estaba enferma!

—¿Enferma? —Alena sostuvo la mirada de su madre—. Sí... digamos que es cierto. Y ojalá que algún día no termine enferma de verdad, como tanto asegura.

Miranda y Gustavo la fulminaron con la mirada al oír aquellas palabras.

—¿Le echas una maldición a tu hermana? ¿Todavía sigues creyendo que solo finge estar enferma? ¡¿Qué clase de hermana eres?! —bramó Gustavo.

Alena se limitó a suspirar despacio. Estaba harta de tener que discutir esa mentira todos los días.

Gustavo carraspeó con fuerza.

—Ya basta. No vinimos un rato del hospital para ponernos a discutir. —El hombre de mediana edad tomó asiento en uno de los sofás, frente a Alena—. Escucha bien. Papá vino solo un momento; después tenemos que volver al hospital, porque tu hermana sigue internada allí.

Alena no respondió nada. Se limitó a mirar a sus padres con los brazos cruzados sobre el pecho. Apoyó la espalda en el respaldo del sofá, con una pierna cruzada sobre la otra, lista para oír lo que su padre iba a decir.

—Ya hablé con Renzo. Dentro de una semana la boda se celebra igual. El hotel solo tiene que reprogramar, se envían invitaciones nuevas y este problema se acaba.

Alena guardó silencio unos instantes, hasta que de sus labios brotó una risita. Una risa que se fue haciendo cada vez más clara. Pero no había en ella nada de alegría. Al contrario: estaba cargada de dolor.

Miranda frunció el ceño.

—¿Qué es lo gracioso?

Alena se secó el rabillo húmedo de los ojos.

—Recién me doy cuenta. Hasta este momento... nadie ha pensado de verdad en mí. Ustedes solo piensan en la empresa, en los negocios, en las ganancias. —Miró a sus padres con los ojos vidriosos, cargados de heridas—. ¿Y yo? ¿Soy su hija o solo una moneda de cambio para salvar la empresa?

—¡Cuida esa lengua! —le gritó Miranda.

—¡Es la verdad! —replicó Alena al instante—. Hoy se cae la boda, la familia queda humillada, la empresa recibe el golpe, ¿y la única a la que culpan es a mí? ¿No lo piensan? La que urdió todo para que la boda fracasara fue Selena, su hija adorada. ¿Y por qué solo se me culpa a mí? ¿De verdad soy hija suya o no lo soy?

—¡Basta! —Gustavo empezaba a perder la paciencia—. ¡No quiero saber nada! ¡Te casas la semana que viene! ¡Es nuestra decisión! Sé que estás enojada, así que te voy a dar una compensación.

Alena negó despacio con la cabeza.

—No.

—¿Cómo que no? —gruñó Gustavo. Le brillaban los ojos con tal fiereza que parecían a punto de salírsele de las órbitas.

—No me voy a casar con Renzo. El problema de ahora es obra de Selena. Si papá y mamá todavía quieren conservar esa alianza... —Alena hizo una pausa y esbozó una sonrisa cínica—. Casen a Selena con Renzo.

—¡Insolente! —bramó Gustavo, y descargó un golpe sobre la mesa que hizo temblar el jarrón que había encima—. ¡Te he consentido demasiado! Si sigues terca... ¡desde hoy te echo de esta casa! ¡Quiero ver cómo te las arreglas allá afuera!

El salón volvió a quedar en silencio. Alena no respondió nada. Gustavo y Miranda creían que la amenaza la haría llorar o al menos suplicar. Pero ocurrió justo lo contrario.

Alena se puso de pie despacio, con la expresión serena, como si ya hubiera previsto que esas palabras saldrían de la boca de su padre.

—Está bien —dijo apenas, y giró sobre sus talones para subir las escaleras rumbo a su cuarto, en el segundo piso.

Gustavo resopló satisfecho.

—¿Viste? Al final también le dio miedo.

Miranda asintió.

—Muchacha terca, hay que amenazarla para que reaccione. Ya verás cómo en un rato baja a pedir perdón.

Gustavo se reclinó y respiró hondo.

—Si el señor Sebastián aceptara a Selena, no tendríamos que discutir así con Alena.

—Yo también estoy furiosa —contestó Miranda—. Sentirse la elegida le infló la cabeza a esa muchacha.

Apenas habían pasado diez minutos desde que Alena dejó el salón cuando se oyó el rodar de una maleta rozando el suelo. Gustavo y Miranda se giraron de golpe hacia las escaleras.

A ambos se les abrieron los ojos de par en par al ver a Alena bajar con paso tranquilo, arrastrando una maleta. Del hombro izquierdo le colgaba un pequeño bolso cruzado.

—Alena... —Miranda se puso de pie de un salto—. ¿Adónde vas? —preguntó, alarmada, al verla dirigirse a la puerta principal.

Alena, casi en la puerta, se detuvo sin volverse.

—¿No acaba papá de echarme? Entonces elijo irme.

—Pero... papá solo...

—Papá no necesita retractarse. —Alena lo interrumpió antes de que terminara la frase—. Acepto su decisión.

Se dio la vuelta y miró el rostro de sus dos padres, que ahora empezaban a mostrar pánico.

—Desde hoy... dejo de ser una carga para la familia Balcázar. Así que papá tampoco tiene derecho a obligarme a casarme por la empresa.

—¡Insolente! —gritó Gustavo, iracundo—. Si de verdad eres tan valiente, no te lleves nada de lo que recibiste de la familia Balcázar. Deja todos los privilegios que te di, incluidas la tarjeta del banco y el auto.

Alena lo miró sin poder creerlo. Pero un instante después abrió el bolso que le colgaba del hombro, sacó la cartera y las llaves del auto y las dejó en el suelo, delante de sus pies. Luego caminó hasta la puerta principal, la abrió y salió sin mirar atrás.

1
Mirla Loyo
y que fue de la vida del ex de Alena y sus papás?🤔
Mirla Loyo
ósea que hasta la casa dónde vivían no les pertenecía?😱
Mirla Loyo
ósea que todo lo que tienen es de Alena?😱
Mirla Loyo
y cuando es que nos vamos a enterar quiénes son los padres o madre se Alena?.. porque el interes de Sebastián por qué se case Renzo?🤷‍♀️
Mirla Loyo
que guerra tan estúpida la de ésta zorra y los idiotas arrastrados por ésas estupideces 🤭
Mirla Loyo
y porque éste idiota tiene que contarle a la zorra?🤷‍♀️
Mirla Loyo
gracias por el consejo Rubén 🤣🤣 éso es lo que sucederá 🤭
Mirla Loyo
interesante el inicio, espero la autora no me decepcione.. acabo de dejar una a la mitad, por las múltiples incoherencias 😏
Lily
El destino te lo pone en bandeja de plata 🤗🤗
Lily
Es que ya no es la misma pende....ja y que crees? Te vas arrepentir 🤭🤭
Leticia Baeza Vazquez
y q la criada nunca pudo decir q ella no era solo la sobrina osea no mames la vieja
Leticia Baeza Vazquez
cómo hay padres alcahuetes y si vergüenzas q son tapaderas de hijas inutiles dan asco
NovelToon
Step Into A Different WORLD!
Download MangaToon APP on App Store and Google Play