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LAS REGLAS DE GREY

LAS REGLAS DE GREY

Status: En proceso
Genre:Amor eterno / Enfermizo / Mafia
Popularitas:1.5k
Nilai: 5
nombre de autor: Natalia Moreno Sajonero

Me vendieron para pagar una deuda. Damián Grey dice que ahora soy suya. Tiene tres reglas: no escapar, no mentir, no dejar que otro me toque. Rompí las tres el primer día.

NovelToon tiene autorización de Natalia Moreno Sajonero para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

CAPITULO 18 : IRINA

Anastasia se despertó casada, entrenada a medias, con el vestido simple todavía tirado en el suelo de la habitación negra.

Al lado, Damián ya no estaba. Eran las cinco de la mañana. Había dejado una nota en la almohada con su letra fea de millonario:

_Regla once: Hoy empiezas con Irina a las 6. No es negociable. Es por si me matan a mí, te quedes viva tú. Te amo mitad y mitad. - D._

Anastasia leyó _te amo_ dos veces. Era la primera vez que lo escribía. No lo decía. Lo escribía, como si le diera vergüenza decirlo en voz alta. Lo guardó en el cajón, al lado del contrato nuevo.

Bajó descalza, con la camisa blanca de él, con el pelo de recién casada. En la cocina no estaba Killian con panqueques. Había una mujer.

Una mujer alta, de casi 1.80, con pelo corto rubio rapado a un lado, con un tatuaje de serpiente en el cuello, con ropa negra militar, con botas. Tomando café negro parada, mirando la mansión como si le diera asco lo caro.

—Tú debes ser Sterling Grey —dijo, sin sonreír—. Yo soy Irina.

Anastasia se quedó parada en la escalera.

—¿La que me va a entrenar?

—La que va a intentar que no te maten en la primera semana de casada —dijo Irina—. Damián me pagó mucho. Dijo que eres su debilidad. Yo le dije que las debilidades se matan primero. Por eso estoy aquí.

Irina no era como Luna. Luna era tatuajes y cuchillo de cocina. Irina era cicatrices reales. Tenía una en la ceja, otra en la mano.

—Reglas de Irina, no de Grey —dijo, dejando el café—. Regla uno: aquí no hay princesa Sterling. Aquí hay saco de boxeo con anillo caro. Regla dos: si lloras, hacemos 20 lagartijas. Regla tres: si dices no puedo, hacemos 40. ¿Entendido, saco?

—Sí —dijo Anastasia, con miedo pero también con rabia. Nadie le había dicho saco desde que era niña.

—Bien. Camisa fuera. Te puse ropa en el sofá. Ponte eso. Nos vamos al sótano. Damián hizo un gimnasio para ti. Qué romántico.

En el sofá había ropa negra deportiva, pequeña, de su talla. No era de Damián. Era de ella. , ropa suya en la mansión negra.

Anastasia se cambió en el baño. Se miró al espejo. Con top negro, leggings negros, tenis negros nuevos. Con el anillo mitad y mitad todavía puesto y el arete de luna. Parecía otra. No parecía la chica de la librería que se desmayó con vestido.

—Pareces menos muerta —dijo Irina cuando salió—. Ahora vamos.

El sótano de la mansión no era sótano. Era un cuarto enorme con piso de goma, con sacos de boxeo, con llantas, con armas colgadas en la pared con llave. Con olor a cuero.

—Damián nunca baja aquí —dijo Irina—. Le da ansiedad. Porque aquí entrenaba su padre antes de que lo mataran. Por eso lo cerró. Y ahora lo abrió por ti.

Anastasia tocó un saco de boxeo. Pesaba mucho.

—¿Tu esposo te contó que es mafioso? —preguntó Irina, sin rodeos.

—Sí. Ayer. Después de... después de casarnos.

—¿Y no saliste corriendo con tu vestido simple?

—No. Me quedé.

—Bien. Entonces no eres tan tonta. —Irina se puso vendas en las manos—. Escucha, Sterling Grey. Tu esposo es el jefe más joven de la ciudad. Tiene 28 años y tiene más enemigos que amigos. Vonn es su socio, pero Vonn quiere su silla. La gente que quiere matar a Damián no va a ir por Damián. Va a ir por ti. Porque tú eres chiquita, flaquita, de librería. Eres fácil. A menos que dejes de ser fácil.

—¿Y cómo dejo de ser fácil?

—Aprendiendo. Primero a pelear sin arma. Luego con arma.

Durante dos horas, Irina le enseñó a cerrar el puño. Anastasia nunca había cerrado el puño. Siempre había abierto las manos para que no le pegaran.

—No así, saco —le decía Irina, corrigiéndole los dedos—. Así rompes tu propia muñeca. Así —y le mostraba—. Pulgar fuera. Duro. Ahora pégale al saco como si fuera Vonn.

Anastasia le pegó al saco. Le dolió la mano quemada, ya curada.

—Más fuerte —dijo Irina—. Como si fuera el que te encerró con llave.

Le pegó más fuerte. Gritó un poco.

—Más fuerte —dijo Irina—. Como si fuera el que le rompió el vidrio a tu amiga Luna.

Anastasia le pegó con toda su fuerza. El saco se movió. Un poco. Pero se movió.

—Bien —dijo Irina—. Ahora 20 lagartijas por llorar. Vi tus ojos.

—Pero no lloré —dijo Anastasia, sudando.

—Pero querías. Cuenta igual.

Hizo 20 lagartijas mal hechas. Con el anillo mitad y mitad chocando contra el piso de goma.

A las ocho, Damián bajó al sótano. Con traje negro, pero sin saco, con la camisa blanca arremangada. Traía dos botellas de agua. Vio a Anastasia en el suelo, sudada, roja, con las manos vendadas como Irina, haciendo lagartijas.

—Irina, ¿qué le haces a mi esposa? —dijo, con voz de lobo otra vez.

—Entrenándola —dijo Irina, sin miedo—. Dejar que sea fuerte.

—Pero lleva dos horas —dijo Damián, acercándose a Anastasia, preocupado—. Ana, ¿estás bien? ¿Te duele la mano?

Anastasia se levantó, sudada, con el top negro pegado.

—Sí —dijo, respirando fuerte—. Me duele, pero no como antes. Antes me dolía por no hacer nada. Ahora me duele por hacer algo.

Damián la miró. Con orgullo raro. No de posesión. De esposo.

—Quiero ver —dijo—. Enséñame lo que aprendiste.

Anastasia miró a Irina. Irina asintió.

—Pégale a él —dijo Irina—. No al saco. A él. Como te enseñé.

—¿A Damián? —dijo Anastasia—. No puedo.

—Puedes —dijo Irina—. Regla dos de Irina: si dices no puedo, 40 lagartijas.

Anastasia cerró el puño como le enseñó Irina. Pulgar fuera. Duro. Se paró frente a Damián, que medía casi 30 centímetros más que ella.

—Perdón —dijo, bajito.

Y le pegó en el pecho. No fuerte. Pero con técnica.

Damián se rió. Le dolió un poco, pero se rió.

—Bien —dijo—. Otra vez. Más fuerte. Como si fuera Vonn, como dice Irina.

Anastasia le pegó otra vez. Más fuerte. Esta vez Damián hizo "uff".

—Joder —dijo, sorprendido—. Sí pega, saco.

Irina sonrió por primera vez.

—Ya no es saco —dijo—. Hoy ya es Sterling Grey.

Después de entrenar, subieron a la cocina. Anastasia temblaba de cansancio. No podía agarrar la botella de agua. Damián se la abrió.

—Mañana armas —dijo Irina, recogiendo sus cosas—. Hoy puños. Mañana pistola chiquita. Para que no te tiemble la mano.

—¿Pistola? —dijo Anastasia, con miedo.

—Sí. Porque tu esposo tiene enemigos con pistolas grandes. Y tú con tu arete de luna no haces nada.

Cuando Irina se fue en una moto negra, sin despedirse, Anastasia se quedó en la cocina con Damián. Con ropa deportiva negra sudada, con manos vendadas, con el anillo sucio de goma.

—Estoy fea —dijo, mirándose.

—Estás hermosa —dijo Damián, acercándose, sin preguntar si podía, porque tenía las manos ocupadas con la botella—. Nunca te vi tan hermosa como hoy, toda sudada, pegándome.

—¿En serio me vas a enseñar a disparar? —preguntó ella—. ¿No te da miedo que te dispare a ti si me enojas?

—Me da más miedo que no sepas disparar y te disparen a ti —dijo él, serio—. Eres mi esposa. No mi adorno. Si eres mi debilidad, quiero que mi debilidad tenga balas.

Anastasia se rió, cansada, y se le tiró encima en la cocina. Lo abrazó. Olía a sudor y a cuero del sótano.

—Regla doce nueva —susurró ella—. Si me entrenas a pelear, yo te protejo a ti también.

—Trato —dijo Damián—. Mitad y mitad. Tú me proteges a mí, yo te protejo a ti.

Y la cargó de la cocina a la cama negra, toda sudada, con ropa deportiva, sin importar que manchara las sábanas caras. Porque ahora las sábanas no eran de Grey. Eran de los dos.

Afuera, Luna pasó con su moto frente a la mansión negra, con su vestido negro de boda todavía en la mochila, y vio las luces del sótano prendidas. Y supo que su amiga ya no necesitaba cuchillo de cocina.

*[FIN DEL CAPÍTULO 18 -

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Natalia Moreno Sajonero
🥰
Sunny
repite muchas palabras frases desespera leer así
Natalia Moreno Sajonero: gracias por tu opinión lo tendré en cuenta en los siguientes capítulos saludos
total 1 replies
Amparo Muñoz
ese man esta loco q la conquiste con cariño sonrisa y ternura asi podra naser un amor entre parejas 🥰
Natalia Moreno Sajonero: así es ☺️
total 1 replies
Amparo Muñoz
portate bien obedientd y te ira bien este trato es paea salvar a tu mami haslo por ella
Natalia Moreno Sajonero: saludos gracias por leer mi novela 👏
total 1 replies
Natalia Moreno Sajonero
espero que le den mucho amor a mi historia y la apoyen los amo gracias
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