Para Alejandro Montenegro, su esposa no era más que una chica de pueblo. Nunca imaginó todo lo que ella había dejado atrás por amor.
Durante tres años, ella ocultó su identidad y lo dio todo por él. El día de su cumpleaños, recibió su recompensa: un acuerdo de divorcio. Alejandro quería casarse con la mujer que nunca había olvidado.
Ella se marchó sin aceptar un solo peso.
Pero aquella esposa a la que todos despreciaban era Valeria Duarte, heredera de una de las familias más poderosas del país.
Lejos de los Montenegro, Valeria recupera su nombre, su fortuna y una vida en la que ya no necesita pedir permiso. Mientras sus talentos y secretos salen a la luz, quienes antes la humillaban descubren que se metieron con la mujer equivocada.
Ahora Alejandro quiere recuperarla.
Pero Valeria ya aprendió a vivir sin él. Y esta vez, será él quien tenga que soportar el rechazo.
NovelToon tiene autorización de Irin_Kokh para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Capítulo 22
Capítulo 22
Quédate con ella y déjanos en paz
Cuando Valeria volvió a su oficina, la mesera se levantó enseguida. Todavía le temblaban las piernas.
—¡Qué nervios! Es tan guapo… y tiene una presencia tan fuerte. Me puse roja en cuanto lo vi. ¿Se dio cuenta de algo?
—No. Lo hiciste muy bien.
Valeria le entregó un sobre.
—Toma. Te lo ganaste.
—¡Muchas gracias!
La joven lo recibió. Por el grosor, supo que había más dinero del que esperaba.
Tomás puso un documento delante de ella: un acuerdo de confidencialidad.
—Sé que eres una buena persona —dijo Valeria—. Pero, para protegernos a las dos, prefiero que firmes esto.
Sonrió, tranquila.
—No cuentes nada de lo que pasó aquí. Si alguien más conoce los detalles de esta conversación y no fui yo quien los hizo públicos, consideraré que incumpliste el acuerdo. Habrá consecuencias.
La mesera asintió varias veces, firmó y prometió guardar el secreto antes de irse.
Tomás miró a su jefa.
—Dicen que Montenegro es brillante para tomar decisiones. Hoy no supo distinguir a un culpable de alguien inocente. ¿No cree, señorita? ¿Señorita?
Valeria salió de sus pensamientos.
Soltó una risa seca.
—Ama mucho a Emilia. Por ella hasta está dispuesto a perder la vergüenza.
—Dicen que estuvo casado y que trató muy mal a su primera esposa. Emilia tuvo suerte: otra mujer hizo el trabajo y ella recibe lo bueno…
Valeria golpeó el escritorio con la palma.
Tomás se calló.
La mirada de su jefa lo hizo estremecerse. No sabía qué había dicho para enfadarla tanto.
Se apresuró a cambiar de tema.
—Como no llegaron a un acuerdo, ¿qué va a hacer ahora?
—Esperar.
—¿A qué?
—A que los Rivas no aguanten más y manden a Bruno a explicar el problema de calidad. Van a intentar limpiar su imagen. Entonces les daré el golpe final.
Valeria sonrió con frialdad.
—¿Montenegro seguirá ayudándolos?
—No.
Miró la frase enmarcada que Alejandro había elogiado.
—Antes no conocía la verdad. Ahora la conoce. No va a seguir cubriéndolos. Además, a quien ama es a Emilia. Los demás le importan muy poco. También intervino porque la crisis podía afectar a su grupo. Sabe calcular lo que le conviene.
Por Emilia volvía una y otra vez. Por ella bajaba la cabeza y subía diez pisos de escaleras.
Por Clara no había querido servir ni un vaso de agua.
Recordó su propia voz, tiempo atrás:
«Alejandro, me duele un poco el estómago. ¿Puedes traerme agua tibia?»
«Tengo que salir. Pídesela a Mercedes.»
Valeria se rio. La risa le humedeció los ojos.
—Alejandro, quédate con Emilia. Así les hacen un favor a todos los demás.
* * *
La llovizna se había convertido en una tormenta.
El ánimo de Alejandro no era mucho mejor.
En el auto reinaba un silencio pesado. Se apretaba el entrecejo, sintiendo punzadas en la cabeza.
—¿Cómo es la señorita Duarte? —preguntó Andrés—. Ha tratado con rivales difíciles durante años. Nunca lo había visto salir tan afectado de una reunión.
Alejandro recordó la foto de la niña en brazos de Arturo.
No se parecía en nada a la mujer que había visto aquel día.
Claro que veinte años podían cambiar mucho un rostro.
Aun así, algo no le cuadraba.
—Investiga qué pasó entre los Rivas y los Duarte desde el principio. También quiero saber qué han hecho últimamente el padre y el hijo. Infórmame cuanto antes.
* * *
De vuelta en su empresa, Alejandro terminó las reuniones y revisó los documentos que lo esperaban.
Al fin se recostó en la silla, exhausto.
Pensaba que, cuando Clara se marchara, por fin podría estar con Emilia sin obstáculos. Que aquel corazón suyo, cansado de esperar, encontraría dónde quedarse.
Pero no se sentía libre ni feliz.
Cada día le costaba más sostener aquella relación.
Llamaron a la puerta.
Andrés entró con una carpeta.
—Ya lo comprobé. KS World canceló el pedido de Élite hace nueve días y puso fin a toda la colaboración. En ese momento, los Duarte todavía no habían hablado con los medios. Solo circulaban sospechas.
Después, Emilia había anunciado la boda y atacado a Clara a través de varias cuentas.
Y luego los Duarte habían publicado la información sobre los productos.
Alejandro sacó un analgésico con la mano temblorosa y lo tomó.
—González cobraba comisiones de los Rivas —continuó Andrés—. Compraba colchones baratos como si fueran los originales. La nueva gerente lo descubrió y lo despidió. Llevaba más de veinte años allí. Lo había ascendido su propio padre.
Andrés negó con la cabeza.
—La señorita Duarte no dudó. Es como una versión de usted.
Seguía resentido por las escaleras, pero tenía que reconocerlo.
Alejandro se masajeó las sienes.
—Siento que todo esto está relacionado.
Volvió a oír, en su memoria, el sonido de los tacones.
Los pasos de Clara.
Y después, su voz:
«No tomes tantas pastillas. Si te duele la cabeza, dímelo. Te doy un masaje o te hago un tratamiento.»
«Cuando a ti te duele, a mí también. Voy a curarte para que ninguno de los dos tenga que sufrir.»
Por un instante creyó sentir unas manos sobre las sienes, acariciándolo con cuidado.
Maldita sea.
Otra vez estaba pensando en ella. Ahora hasta imaginaba que seguía allí.
¿Se había acostumbrado tanto a su cariño que empezaba a extrañarlo?
No. Él no iba a ser de esos hombres que solo valoran a una mujer después de perderla.
* * *
Al caer la noche, el Rolls-Royce avanzaba por las calles mojadas.
Estaban cerca del Hotel KS World.
Alejandro siempre había envidiado aquel terreno de los Duarte. Ahora valía casi diez mil millones de pesos.
Antes de perder una estrella por la mala administración, el hotel podría haber sido el único de seis estrellas de Santa Aurelia.
Y Valeria parecía capaz de devolverlo a su mejor momento.
Se detuvieron en un semáforo.
Alejandro limpió el vidrio empañado y miró hacia fuera.
Una joven sostenía un paraguas mientras intentaba conseguir un taxi.
La reconoció.
El corazón le dio un golpe.
Abrió la puerta y cruzó corriendo bajo la lluvia.
—¡Señor! ¡¿Adónde va?! —gritó Andrés.
Desde que Clara se había marchado, su jefe perdía el control con una facilidad desconcertante.
La joven acababa de detener un taxi. Tenía la mano en la puerta cuando Alejandro le sujetó el brazo.
Ella alzó la vista y palideció.
—Señor… ¿Montenegro?
Él tenía el cabello mojado sobre la frente y una mirada que la intimidó.
—Señorita Duarte. ¿Quiere que la lleve?
La joven soltó un grito, se libró de su mano y entró en el taxi.
El conductor arrancó de inmediato.
Andrés llegó con un paraguas.
Alejandro lo apartó.
Siguió bajo la lluvia, con los labios temblando y la respiración agitada.
—Valeria Duarte… ¡Mentirosa!