Zoe y Antoni nacieron con cucharas de plata en la boca. Rodeados de opulencia y acostumbrados a la adulación, ambos han forjado una coraza de orgullo y narcisismo que los hace inmunes a la empatía. Sus mundos son un escenario de apariencias, donde cada sonrisa es calculada y cada palabra un arma.
Él, Antoni, un tiburón de los negocios, acostumbra a tener todo lo que desea, y el control es su droga más preciada. Su arrogancia es su bandera, y su éxito, su mayor orgullo. Ella, Zoe, una belleza fría y distante, se deleita en la manipulación y la competencia. Su ego es un monstruo que necesita ser alimentado constantemente con admiración y poder.
Sus caminos se cruzan en una fiesta exclusiva, donde la atracción inicial se mezcla con el desafío. Comienza entonces un juego de ajedrez mental y emocional, donde el objetivo no es ganar un amor, sino conquistar un ego.
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fiesta #1
—Muchas gracias, pero por ahora estoy bien y ya tengo mi copa llena—respondió ella con cortesía.
— Vendré más tarde para que pueda bailar.— dijo el hombre y yo traté de calmarme.
Tome mi trago y me lo bebí de en solo trago y de re ojo vi que Zoe hizo lo mismo.
La banda comenzó a sonar el medio volvió a llenar nuestras copas cuando todas las mujeres se pararon para bailar con la novia.
La novia se Acercó a nuestra mesa y le pidió acompañarla, pude notar lo apenada que estaba Zoe, sus mejillas se volvieron rojas en un segundo yo tomé su bolsa para que pudiera bailar.
Dejé correr la mirada hacia la pista. El viento de la playa bailaba con la falda de su vestido negro, levantándola lo suficiente para dejar al descubierto el vaivén de sus piernas mientras intentaba seguir los pasos entre risas.
En ese momento los hombres se acercaron a ellas, yo pude notar que el hombre que ya minutos antes se le había cercado tenía la misma intención Pero me levanté enseguida y camine hacia ella y puse mi mano en su cadera.
—Con permiso —articulé con una voz baja, en su oído.
Zoe me miró con las mejillas todavía encendidas por el rubor de la pista y las cejas ligeramente fruncidas, pero antes de que pudiera reclamarme o intentar zafarse, la pegué un poco más a mí. Mi otra mano subió despacio para tomar la suya, entrelazando nuestros dedos con una firmeza que no le dejó margen de maniobra.
—Dijiste que no sabías bailar esto, Antoni —murmuró cerca de mi oído, intentando mantener la voz neutra mientras el aroma a fresas me nublaba la razón.
—No sé talvez el alcohol ya hizo su magia —le dije en un murmullo, mientras su mano se ponía en mi pecho.
...En palabras de Zoe......
Su mano sobre mi cintura me hacía sentir rara, puse mi mano en su pecho firme su perfume entro por mi nariz.
Cuando terminó la música el no quitó su mano de mi cintura hasta que llegamos a la mesa y yo tome mi bebida enseguida al igual que el.
— Dime Antoni, por qué te mudaste a casa de mi padre.— dije mirándolo.
— Mi madre ella se sentía sola en esa casa y no lo hice por qué yo quisiera si te lo preguntas yo tengo mi propio departamento, Pero ahora que tú estás ahí yo podré irme.— me dijo con tranquilidad.
Me quedé callada por un segundo.
— Y ahora tu dime, tu novio está tranquilo con este viaje.— me dijo mientras bebía.
—No tengo novio, Antoni —respondí de inmediato, sosteniéndole la mirada mientras daba un sorbo corto a mi copa para ocultar la repentina agitación en mi pecho.
El comentario pareció tomarlo por sorpresa. Vi cómo se detenía a mitad de su trago, con el vaso rozándole los labios y esos ojos oscuros clavándose en los míos con una intensidad renovada, analizando cada milímetro de mi rostro como si buscara una mentira.
—¿El niño rico del que tanto habla la gente? Pensé que tenías a alguien esperándote en la ciudad —murmuró con la voz baja y grave, apoyando ambos codos sobre la mesa para inclinarse apenas hacia mí.
—Pues pensaste mal, eso se acabó y ahora que lo pienso tu debés estar muy pendiente de mi para saber quién era mi novio—dije, con una sonrisa al verlo nervioso.
—No necesito estar pendiente de ti para saber las cosas, Zoe —contestó con esa voz grave que me retumbaba directo en el pecho—. Tu padre habla bastante de ti y en la ciudad los rumores vuelan. Simplemente me aseguraba de saber a qué clase de caprichos me enfrentaba al trabajar contigo.
—¿Caprichos? —repetí, soltando una risita amarga mientras apoyaba mi mentón en la mano, disfrutando por primera vez de haberlo acorralado—. Admítelo, Antoni. Te morías de curiosidad por saber si había alguien esperándome.
— No es así.— dijo volviendo a beber.
— Y ahora dime Jessica es tu novia.— pregunté cruzando la pierna.
— Me doy cuenta, que viste mi teléfono, Pero ella es una amiga solamente.— dijo con normalidad.
—Solo una amiga, claro —repetí, soltando un tono cargado de sarcasmo mientras desviaba la mirada hacia el mar para que no notara el alivio ridículo que me provocó su respuesta.
El viento nocturno sopló más fuerte, haciendo ondear la falda de mi vestido y trayendo consigo el murmullo de las olas mezclado con la música. Al volver a mirarlo, Antoni no había apartado la vista de mí ni un solo segundo; su mirada recorrió el movimiento de mi pierna cruzada antes de clavarse de nuevo en mis ojos
— No deberías de beber tanto.— me dijo.
— Pero mira quién lo dice, si no supiera que me odias, diría que estás bebiendo de nervios.— dije si. Pensalo.
Me volvía a levantar a bailar con la novia de vez en cuando miraba a Antoni que tenía la mirada fija en mi.
llevaba rato bailando y bebiendo cuando volví a mirarlo ahí estaba la mesera a su lado.
por UE la tal amiguita esa ni me fio