Yo, Evana. viví una hermosa vida con el hombre que amé y con mis hijos también. Pero alguien me lo arrebato todo.
He vuelto al pasado para descubrir a mi asesino y el de mi familia.
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Capitulo 12
La luz de las lámparas de cristal del Gran Hotel Continental parecía filtrarse a través de una niebla helada mientras Evana avanzaba por el pasillo principal. Las palabras de Thomas —«Ten cuidado en quién confías»— resonaban en su cabeza con la persistencia de un eco en una catedral vacía. Sentía la mano de Valeria sobre su brazo; un agarre suave, en apariencia protector, pero que de pronto se le antoja tan pesado como un grillete de hierro.
Valeria la guio hacia la sala privada de la junta. Era una estancia amplia, tapizada en seda oscura y dominada por una mesa de caoba pulida donde tres de los directores más influyentes de su corporación conversaban en voz baja. Al ver entrar a Evana, los hombres se pusieron de pie con sonrisas ensayadas y gestos de calculado respeto.
—Señorita Evana, qué magnífica entrada —dijo el señor Calderón, el director de mayor antigüedad, acomodándose los anteojos de montura dorada—. Nos temíamos que el incidente con ese vulgar periodista arruinara su noche. Sin embargo, nos ha sorprendido la oportuna... intervención del señor Vance.
—Thomas Vance solo estaba protegiendo los modales del gremio, señor Calderón —interrumpió Valeria de inmediato, dando un paso al frente con una solvencia impecable—. Un escándalo en la prensa amarilla esta noche habría devaluado las acciones antes de la subasta de mañana. Evana prefirió no rebajarse a responder y el señor Vance simplemente actuó como un amortiguador.
Evana observó a Valeria hablar. Su amiga respondía por ella con una fluidez pasmosa, con una lealtad tan pulida que rayaba en la devoción absoluta. En la vida pasada, Valeria había sido su secretaria personal hasta el día en que Evana decidió renunciar a todo para escapar con Thomas al pueblo montañoso. Valeria había llorado el día de la despedida, prometiéndole guardar el secreto de su paradero.
«¿Fue ella?», se preguntó Evana, sintiendo un nudo frío comprimiéndole las entrañas. «¿Fue Valeria quien filtró nuestra ubicación a quienes enviaron esa camioneta negra?».
—Por supuesto —asintió Calderón, aunque sus ojos pequeños y astutos examinaron a Evana con detenimiento—. Aún así, la junta está preocupada por la concesión de los terrenos del norte. Si el Grupo Vanguard intenta bloquearnos mediante un arbitraje, la firma perderá liquidez. Necesitamos que usted actúe con mano dura en la reunión del jueves, Evana. Sin contemplaciones. Sin sentimentalismos.
—No habrá contemplaciones —aseguró Evana con una voz tan firme y distante que tomó por sorpresa a los presentes—. La estrategia para aplastar la oferta de Vanguard está lista. Valeria me entregó los balances contables de la filial de Vance esta misma tarde.
Al mencionar los balances, Evana notó un gesto casi imperceptible en la comisura de los labios de Valeria: la rigidez imperceptible de quien retiene el aliento por un segundo.
—Excelente —dijo Calderón, sirviéndose una copa de brandy—. Sabíamos que heredaría la frialdad de su padre.
Tras cerrar los detalles del discurso, la reunión se dio por concluida. Valeria acompañó a Evana hasta el vestíbulo inferior para esperar el auto de la compañía. La lluvia afuera había cesado, dejando un rastro de humedad brillante sobre el asfalto y un aire helado que se filtraba cada vez que las puertas giratorias se abrían.
—Te ves exhausta, amiga —comentó Valeria, arreglándole el cuello del abrigo de piel a Evana con dedos ágiles y cuidadosos—. Deberías dejar que suspenda la agenda de mañana por la mañana. Yo puedo hacerme cargo de las firmas de los contratos logísticos.
—No —respondió Evana, fijando la mirada en el flujo del tráfico nocturno—. Si delego ahora, daré señales de debilidad ante la junta. Me mantendré al frente de todo.
—Siempre tan obstinada —sonrió Valeria, pero sus ojos verdes permanecieron serios, escudriñando el rostro de Evana—. Me recuerdas tanto a como eras antes... cuando creías que podías llevar el peso del mundo sobre tus hombros sin pedir ayuda a nadie.
—¿Antes? —preguntó Evana lentamente, girando la cabeza para mirarla de frente.
Valeria parpadeó, desconcertada por un instante antes de soltar una risita suave.
—Me refiero a cuando empezamos a trabajar juntas en la universidad, claro. Cuando pensabas que controlar cada detalle te haría invulnerable. Solo me preocupo por ti, Evana. Eres lo único cercano a una familia que me queda.
Las palabras de Valeria sonaban cálidas, llena de una nostalgia sincera. Sin embargo, la mente de Evana no podía dejar de repasar la escena del recuerdo: la camioneta negra sin matrícula vigilando la casa de la montaña semanas antes de que mataran a su esposo y a sus hijos. Para que alguien supiera que ellos estaban allí, debió ser alguien que conociera los hábitos de Evana, alguien con acceso a sus cuentas bancarias privadas o a sus viejas cartas. Y Valeria era la única persona en el mundo que tenía las claves de su vida antes del retiro, ella y su padre.
El auto negro de la empresa se detuvo frente a la escalinata del hotel. El chofer bajó apresuradamente con un paraguas para abrirles la puerta.
—Sube tú primero, Valeria —ordenó Evana—. Necesito hacer una llamada privada antes de abordar.
Valeria dudó un segundo, mirando el teléfono celular que Evana apretaba en su mano derecha.
—¿Ocurre algo malo? Podría ayudarte si...
—Es un asunto personal con el médico de mi padre —mintió Evana con frialdad—. Sube al auto.
Valeria asintió con lentitud y entró al vehículo. En cuanto la puerta se cerró, Evana no llamó al médico. Marcó el número de un investigador privado independiente al que jamás había recurrido la empresa familiar; un hombre al que solo conocía por antiguos informes confidenciales.
El teléfono sonó tres veces antes de que una voz rasposa respondiera al otro lado de la línea.
—¿Sí?
—Habla Evana —dijo ella, dándole la espalda
al auto y caminando unos pasos hacia la sombra de las columnas del hotel—. Necesito un rastreo de auditoría forense de inmediato. Quiero que investigue una cuenta bancaria internacional y un historial de llamadas salientes de los últimos meses.
—Eso es costoso y toma tiempo, señorita. ¿De quién es la cuenta?
Evana cerró los ojos, sintiendo un dolor punzante detrás de la frente. El precio de la verdad era una grieta abismal que amenazaba con tragar todo su pasado.
—De mi asistente ejecutiva, Valeria Gómez —pronunció en un murmullo helado—. Y quiero que averigüe si ha tenido algún contacto, directo o indirecto, con los ejecutivos del Grupo Vanguard o con firmas de seguridad privada en el extranjero.
—Tendrá el primer informe en cuarenta y ocho horas —respondió el investigador antes de cortar la comunicación.
Evana guardó el teléfono en su bolso, sintiendo que sus manos temblaban ligeramente. Al darse la vuelta para dirigirse al auto, vio la silueta de Valeria observándola a través del cristal tintado de la ventanilla trasera. La luz de la calle iluminaba apenas la mitad de su rostro, dejándola sumida en una penumbra indescifrable.
Evana subió al vehículo y se sentó a su lado. El auto arrancó suavemente, internándose en las avenidas oscuras de la ciudad. Ninguna de las dos dijo una sola palabra durante el viaje, unidas por un silencio cargado de secretos, mentiras y una amenaza invisible que amenazaba con destruirlas a todas.
Gracias por los capítulos autora