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Prohibido Para Mí

Prohibido Para Mí

Status: En proceso
Genre:Amor prohibido / Amor eterno / Romance
Popularitas:5.6k
Nilai: 5
nombre de autor: Yulexi De Fernández

Esta historia comienza con una joven estudiante de colegio que jamás imaginó que conocer a un doctor cambiaría su vida para siempre. Entre ellos nace un sentimiento profundo que, poco a poco, se convierte en un amor prohibido, lleno de obstáculos, secretos y decisiones difíciles. Sin embargo, ambos están dispuestos a luchar por aquello que sienten. Cuando la chica atraviesa el momento más doloroso de su vida, su mundo se derrumba: su querida abuelita, la única persona que la crió y estuvo a su lado, fallece después de enfrentar una grave enfermedad. El doctor no pudo salvarla, pero decidió quedarse para acompañarla y apoyarla.

NovelToon tiene autorización de Yulexi De Fernández para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 18 — Una noche de cumpleaños

Era el cumpleaños de mi abuelo y la fiesta llevaba varias horas. Ya alrededor de la una de la mañana, mis primos y mis tíos también estaban bastante tomados. La música seguía sonando, las conversaciones estaban cada vez más escandalosas y las risas se escuchaban por toda la casa.

Yo tampoco estaba precisamente sobrio. Ya había pasado varias copas y sentía el cansancio de todo el día, pero seguía disfrutando de la celebración.

Mi abuelo estaba sentado tranquilamente, disfrutando de tener a toda la familia reunida. Mi abuela, como siempre, estaba pendiente de que a nadie le faltara comida.

—¡Xavier! —gritó Efraín desde la otra punta de la sala—. ¡Venga, pues, primo!

—¿Qué más pues? —le respondí.

—Venga a sentarse con nosotros.

—Ya voy, hombre.

Me acerqué un momento a la mesa. Mis tíos estaban hablando de historias antiguas de la familia y mis primos se reían de cualquier cosa.

Valeska estaba tranquila. Se encontraba sentada cerca de mi abuela, conversando con ella y escuchando las historias de la familia. A diferencia de los demás, no estaba metida en el alboroto de la fiesta.

Yo estaba hablando con mi tío Ramiro cuando escuché una voz detrás de mí.

—¡Primo!

Volteé y vi a Yuliana.

—¿Qué pasó, Yuliana?

—Venga pues, vamos a bailar.

—¿Ahorita?

—Sí, hombre. ¿Entonces qué? ¿Se va a quedar sentado toda la noche?

Me dio risa.

—Bueno pues, vamos.

Yuliana me hizo una seña para que la siguiera y salimos al espacio donde estaban bailando algunos familiares.

Ella era de esas personas que siempre tenían energía para una fiesta. Su manera de hablar tenía ese toque del Quindío que la hacía inconfundible.

—Eso, primo, no se me quede quieto —me dijo—. Muévase pues.

—Yo sí sé bailar.

—Ajá, eso dice usted.

Comenzamos a bailar siguiendo el ritmo de la música. Entre nosotros siempre había existido mucha confianza porque éramos primos y habíamos compartido muchas reuniones familiares.

Nuestra manera de bailar era cercana, como acostumbrábamos en las fiestas de la familia. Para nosotros era algo normal.

Pero después de un rato levanté la mirada y vi a Valeska.

Me fijé en su expresión y noté que no le había gustado mucho la situación.

Yuliana también se dio cuenta.

Se acercó un poco y me habló con tranquilidad.

—No le ponga cuidado. Nosotros somos primos, no somos nada más.

La miré y asentí.

—Sí, yo sé.

—Pues claro, primo. Si nosotros hemos bailado así desde pelaos. Aquí nadie está haciendo nada raro.

—Eso mismo.

Yuliana soltó una pequeña risa.

—Además, vea que yo conozco a este hombre desde chiquito. Es mi primo y punto.

—No jodás, Yuliana —le dije entre risas—. No tenés que explicarlo tanto.

—Pues toca, hombre. Después se ponen a pensar cosas que no son.

Terminamos la canción y regresamos con los demás.

Efraín nos vio llegar y empezó a molestar.

—¡Uy, Xavier! ¿Y esa bailada?

—Dejá la bobada, pues.

—Yo solo estoy preguntando.

Yuliana se metió en la conversación.

—Pues estaba bailando con mi primo. ¿Cuál es el problema?

—Ninguno —respondió Efraín entre risas—. Yo estoy molestando.

—Usted siempre está molestando —dijo Yuliana.

—Porque para eso somos familia.

Todos nos reímos.

Mi abuelo levantó la voz desde su silla.

—¡Muchachos! Vengan un momentico.

Nos acercamos.

—Quiero agradecerles por estar aquí conmigo —dijo—. Uno cumple años y lo mejor es tener a la familia reunida.

Mi tío Ramiro levantó su vaso.

—Eso sí es verdad. ¡Por el cumpleaños del viejo!

—¡Salud! —respondieron varios.

Yo levanté el mío, aunque ya sabía que no debía seguir tomando.

La música volvió a subir de volumen y mis primos empezaron otra vez con sus bromas.

—Xavier, cuente una historia —dijo Darío.

—¿Cuál?

—Una de cuando era pequeño.

—No, hombre. Esas historias quedan archivadas.

—¡No sea amargado! —gritó Efraín.

—¡Dejen al doctor tranquilo! —dijo mi abuela entre risas.

La casa volvió a llenarse de carcajadas.

Miré a mi abuelo y sonreí. A pesar del cansancio y de las copas que ya llevaba, me alegraba verlo feliz y rodeado de su familia.

La noche continuó entre música, comida, conversaciones y bromas. Y conociendo a mis primos, estaba seguro de que todavía faltaban muchas historias antes de que terminara la fiesta.

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Deyda Ninorca Sanchez Batista
las niñas son de papá
Doris Laura Torres Amaya
👏,buena decisión
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