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VALLA DON PANCRACIO

VALLA DON PANCRACIO

Status: Terminada
Genre:Comedia / Completas
Popularitas:127
Nilai: 5
nombre de autor: Lohendy G

Divierte

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Doña Cleotilde y pelusa y don pancracio que perdió el juicio

La tranquilidad volvió al pueblo tras la feria... pero no por mucho tiempo. Aquella mañana, Don Pancracio salió al patio muy tranquilo buscando a su querida Doña Cleotilde, su gallina inseparable, y al pequeño burrito Pelusa, aquel animalito que habían adoptado hacía poco y que ya era parte de la familia. Pero miró por aquí, miró por allá... ¡y no los encontró por ningún lado!

—¡Candelaria! ¡Candelaria! —gritó Don Pancracio entrando corriendo a la casa, con los ojos desorbitados y las manos en la cabeza—. ¡Se perdieron! ¡Se han perdido los dos! ¡No están en ninguna parte!

Doña Candelaria salió de la cocina limpiándose las manos en el delantal.

—¿Qué dices, Pancracio? ¿Que no están? Seguro se fueron a pasear por ahí cerquita...

—¡No, mujer! ¡Los busqué por todo el patio, por el corral, por la calle y nada! ¡Ni rastro! —decía él, caminando de un lado a otro sin parar, hablando solo y gesticulando como un loco—. ¡Pobrecita Cleotilde! ¡Seguro se perdió en el bosque! ¡Y el burrito tan pequeño que es, capaz que se lo comió algún animal feroz! ¡Ay de mí, qué desgracia tan grande! ¡Me muero! ¡Me muero de tristeza!

Don Pancracio estaba realmente fuera de sí. Se puso su sombrero a la carrera, agarró un bastón y salió disparado hacia el camino, llamándolos a gritos por todos lados:

—¡¡CLEOTILDEEEE!! ¡PELUSAAAA! ¡Digan algo, mis amores! ¡Su dueño se está muriendo sin ustedes!

Sus gritos fueron tan fuertes que pronto alertaron a todo el vecindario. Llegaron Don Filemón y Doña Filomena, que se ofrecieron a ayudar en la búsqueda. Luego aparecieron Doña Loli y Don Basilio, preocupados al ver a Don Pancracio tan alterado. Hasta los primos Don Toribio, Don Eustaquio y Doña Chonita salieron a recorrer los alrededores.

Pero Don Pancracio no escuchaba a nadie. Corría de un lado a otro, tropezaba con las piedras, se rasgaba la camisa entre las ramas y decía cosas sin sentido:

—¡Si les pasa algo, yo no sobrevivo! ¡Cleotilde era más fiel que mucha gente! ¡Y Pelusa tan dulce que era! ¡Ay, qué tonto fui en no cuidarlos más! ¡Me vuelvo loco, sí, me estoy volviendo loco de verdad!

Doña Candelaria intentaba calmarlo, pero él la apartaba suavemente:

—¡Déjame, Candelaria! ¡Tengo que encontrarlos! ¡O si no, me quedo viviendo en el bosque para siempre!

Así pasaron las horas. Todos andaban cansados y preocupados, pero nadie lograba dar con ellos. Don Pancracio, ya sin fuerzas, se sentó en una piedra al borde del bosque, con la cabeza entre las manos, lloriqueando y diciendo:

—Se acabó mi vida... ya no tengo alegría...

En eso, Doña Chonita, que andaba buscando por un lado apartado, soltó un grito:

—¡Aquí están! ¡Vengan todos rápido! ¡Los encontré!

Todos corrieron de inmediato. Y ¿qué creen que vieron? Allí, bajo la sombra de un gran árbol de mango, estaban Doña Cleotilde y el burrito Pelusa, tranquilos y sin ninguna prisa. La gallina estaba picoteando semillas muy oronda, y el burrito, acostado a su lado, la miraba con ojos tiernos como si fueran mejores amigos. ¡Se habían quedado dormidos y entretenidos comiendo, sin darse cuenta de que todo el pueblo andaba revuelto por ellos!

Al verlos, Don Pancracio soltó un grito de alegría tan fuerte que asustó a los pájaros del árbol. Corrió hacia ellos, se arrodilló en el suelo y los abrazó a los dos con todas sus fuerzas, entre risas y lágrimas:

—¡Están vivos! ¡Mis amores están vivos! ¡Perdonen a este viejo loco que creyó que los había perdido para siempre!

Doña Cleotilde cacareó como diciendo "¡Aquí andamos, no seas tan exagerado!", y el burrito Pelusa le dio unos lametones en la cara a Don Pancracio, que no paraba de reír y besarles la cabeza.

Todos soltaron la carcajada al verlo. Don Basilio, sonriendo, le dijo:

—Veo, Pancracio, que esos dos seres son el corazón de tu casa. ¡Menos mal que están bien!

—¡Ay, Basilio, no sabes lo que sentí! —respondió él, abrazando a su gallina—. ¡Prometo no volver a dejarlos solos ni un minuto más!

Doña Candelaria, sacudiendo la cabeza entre risas, le dijo:

—Ya ves, viejo tonto, te volviste loco sin necesidad. ¡Solo se fueron de paseo! ¡Vámonos a casa de una vez! Que nos espera un buen almuerzo para reponer tantas emociones.

Y así, Don Pancracio regresó a casa feliz como nadie, cargando a Doña Cleotilde en un brazo y llevando al burrito Pelusa del otro. Ya no se separó de ellos ni un instante, y siempre decía que si se volvían a perder, ¡él sí que se volvería loco de verdad! 🐔🐴😂

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