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Entre el Deber y el Deseo

Entre el Deber y el Deseo

Status: Terminada
Genre:Venganza / Matrimonio contratado / Mujer poderosa / Matrimonio arreglado / Completas
Popularitas:354.2k
Nilai: 4.4
nombre de autor: Dana Cardoso

A los dieciséis años, fui obligada a casarme con Dante Moretti, un hombre catorce años mayor, poderoso y distante.
En sus ojos, nuestro matrimonio era solo un contrato; en los míos, era amor.
Fui enviada al extranjero para estudiar y, durante cinco años, viví con la esperanza de que algún día él realmente me viera.
Ahora, graduada y decidida, he vuelto a Florencia.
Pero lo que encuentro me destruye: mi esposo tiene a otra mujer y planea casarse de nuevo.
Solo que esta vez no será a su manera. Ya no soy la chica ingenua que dejó partir.
He vuelto para reclamar lo que es mío: el nombre, la fortuna, el respeto… y quizá, mi lugar en su cama y en su corazón.

NovelToon tiene autorización de Dana Cardoso para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 17

(POV: Dante)

El silencio en la oficina era casi palpable, pesado como el aire antes de una tormenta. Me senté en el borde de la mesa, con las manos entrelazadas, intentando organizar los pensamientos que se empeñaban en escapar. El nombre de Mellinda resonaba en mi mente, mezclado con el miedo y la duda que ella plantó como semillas venenosas. La idea de un hijo, real o no, parecía acecharme en cada sombra de la sala. Si ese niño fuera realmente mi hijo, lo que creo que es, pues Mellinda y yo estuvimos juntos un año y no vivimos como puritanos, de hecho nuestras noches juntos fueron bastante agitadas, jamás lo abandonaría.

Pero entonces, Bianca entró. Cada paso suyo era firme, seguro, como si dominara su propio espacio y, al mismo tiempo, mi mundo entero. La forma en que me miró antes de hablar hizo que algo dentro de mí estallara.

—Dante… —su voz era calma, pero había firmeza suficiente para que yo supiera que no toleraría argumentos frágiles.

—Bianca… necesito explicarte —comencé, con la garganta seca—. Mellinda y yo…

Ella levantó la mano, interrumpiéndome, y un silencio que no admitía contestación se hizo.

—No me debes explicaciones —dijo ella, clara, con aquella autoridad silenciosa que me desmontaba y me reconstruía al mismo tiempo—. Soy tu esposa, ¿recuerdas? No tu amante.

El impacto de esas palabras fue inmediato. Un choque de claridad y orgullo atravesó mi pecho. Ella no solo me estaba defendiendo, sino que me estaba elevando, reconociendo lo que debíamos ser, lo que podríamos ser capaces juntos. Era una complicidad.

Por primera vez en semanas, sentí una ola de confianza envolverme.

Ella confiaba en mí. No solo en mis palabras, sino en mi esencia.

Y eso… eso me hizo sentir fuerte.

—Tú eres… —comencé, pero las palabras se perdieron. Ella había cerrado la puerta a la duda con una sola frase.

La culpa, sin embargo, no desapareció completamente. Mellinda y su juego, la sombra de un bebé que tal vez existiera, todo eso permanecía en mí como un peso. Pero con Bianca allí, la sensación cambió. Ya no era una carga imposible de soportar. Era algo que podíamos enfrentar juntos.

Ella caminó hacia mí, acercándose de forma lenta y deliberada, pero sin tocarme. La proximidad era suficiente para que cada fibra de mi cuerpo gritara por ella, pero yo necesitaba más que deseo. Yo necesitaba aquello que nos unía: la confianza silenciosa que solo años de comprensión mutua podían crear.

—¿Me estás escuchando? —su voz era un susurro ahora, pero cada palabra cargaba fuerza suficiente para dominarme.

Asentí, incapaz de responder con palabras. Y eso fue suficiente.

—Entonces recuerda —continuó— que no importa quién intente dividirnos, quién intente intimidarme o confundirte. Estamos juntos en esto. Siempre.

La sensación de orgullo creció dentro de mí como una llama que se enciende en el frío de la madrugada. Tenerla a mi lado era más que seguridad; era una afirmación silenciosa de que yo no estaba solo, de que teníamos algo inquebrantable. El peso de la culpa, de la duda, aún pairaba, pero ahora había equilibrio. Ella creció y volvió para ser más que solo mi protegida, pero ¿estoy listo para romper mi promesa y vivir con esta mujer fuerte en la que se ha convertido?

Ella sonrió levemente, una sonrisa que mezclaba desafío y ternura. Y en aquel gesto, percibí que el amor que sentía por ella era más profundo que cualquier rabia o frustración que Mellinda pudiera generar. No había comparación. No había miedo que no pudiera ser contenido.

—Dante… —dijo ella, bajando la mirada y luego levantándola con firmeza— necesitamos enfrentar lo que venga. Pero quiero que sepas una cosa: no voy a ceder. Ni a ella, ni a nadie.

Sentí mi corazón apretarse, mezclando deseo, reverencia y orgullo. Aquella mujer delante de mí no era solo mi esposa. Era mi compañera, mi aliada, mi fortaleza. Y el hecho de desafiarme, de mantenerme alerta y vivo, solo reforzaba todo lo que sentía: amor, respeto y devoción.

Respiré hondo, intentando absorber cada matiz de aquel momento.

—Y yo tampoco voy a ceder, Bianca —dije, finalmente, con la voz ronca—. Nunca, le juré a mi padrino que tú serías mi prioridad.

Ella asintió, satisfecha, y se alejó solo lo suficiente para dejarme el espacio que yo necesitaba para respirar y pensar. Pero su mirada permaneció sobre mí, firme, penetrante, y en esa mirada había una promesa silenciosa: la promesa de que, juntos, podríamos enfrentar cualquier tempestad, por más obscura que fuera.

La culpa de Mellinda y del bebé aún existía, sí. Pero a su lado, con ella a mi lado, percibí algo que ninguna amenaza podría apagar: nosotros éramos más fuertes que cualquier engaño, más poderosos que cualquier miedo, y lo que teníamos era incomparable.

Y en aquel instante, mientras la luz de la tarde iluminaba la oficina y los contornos de Bianca se volvían casi sagrados a mis ojos, sentí algo que no acontecía hacía mucho tiempo: un orgullo absoluto de tener a alguien así a mi lado, mi esposa, mi fuerza, mi amor secreto.

Y por primera vez en semanas, finalmente me sentí completo.

1
MargaraMaria Correa Escobar
Cuando fueron al galpón a la loca esa le preguntaron por Santoro y señaló donde estaba y supuestamente lo vieron amarrado y lleno de sangre y entonces fue que simulacro
Mirla Loyo
hasta acá los acompaño, voy por otra trama, a ver cómo me vá 🙄
Mirla Loyo
Leo y no logro que la lectura me atrape 👀
Mirla Loyo
yo hasta contando un episodio aburrido de mi cotidianidad, hubiese mostrado más acción 🤣🤣🤣.. que aburrida la narrativa 👀
Mirla Loyo
que secuestro tan pirata 🤣🤣
Mirla Loyo
y éste idiota se aseguró que la amante si está embarazada y que es de él?🙄
Mirla Loyo
no entiendo está paja 👀
Mirla Loyo
para que la amante sepa que no comparten cama, alguien de la casa se informa 👀
Mirla Loyo
confusa la trama 🙄..acá que siente deseo y quiere estar con la amante y en anteriores capitulos describen lo contrario, la verdad no tiene pega la novela, la leo para terminarla, pero la verdad no me genera ninguna emoción 🙄👀
Mirla Loyo
fastidiosa la novela 🙄
Maria Victoria Manterola Vidal
Siguen apareciendo nuevos personajes muy buena al comienzo pero ya no más hasta aquí llegue 🙄
Angela Santillan
linda novela. felicitaciones y muchas BENDICIONES 🙏🙏
Maria Isabel Aranda Carpinelli
Mucha confusión. Tiene que aclarar, lo que son recuerdos, por eso mareo, iba de atrás para adelante .
Maria Isabel Aranda Carpinelli
Si, tienen razón, hubo mucha confusión, pero todo porque no aclaraba la autora, lo que eran recuerdos. Entonces, era un ir para atrás y para adelante. Tiene que corregir éso autora y le pido disculpas.
Stella Vega
Perdón por la comparación, pero ésta novela parece escrita por Cantinflas, siempre quería decir algo pero nunca pudo explicar lo que quería.
Cliente anónimo
La novela se volvió de suspenso 😂
Cliente anónimo
La novela se pasó a otro rol diferente del principio no se entiende
Cliente anónimo
Hay mucha incongruencia en este capítulo
Cliente anónimo
Esto le falta un pedazo,
Cliente anónimo
La verdad es que no entiendo, o sea que ella no lo ha visto desde que llegó, que absurdo
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