Todo comienza con una amistad entre un chico y una chica que son mejores amigos. Ella guarda un secreto: está profundamente enamorada de él, pero él tiene novia. Cada vez que habla de ella, la chica siente celos, aunque intenta disimularlos para no perder su amistad. Él asegura amar a su novia y jamás imagina lo que ocurre en el corazón de su mejor amiga. Sin embargo, pasan cuatro años y sus sentimientos comienzan a cambiar. Poco a poco, descubre que siente algo especial por ella. Cuando finalmente comprende que está enamorado de su mejor amiga, quizá sea demasiado tarde.
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Capítulo 1 Mi mejor amigo, mi amor secreto
Hola, soy Dailyn Garcés, tengo diecisiete años y nací en Cali, Colombia. Mi fecha de nacimiento es el 14 de septiembre de 2008. Actualmente estoy en primero de bachillerato, mientras que mi mejor amigo, Steven Murillo, tiene dieciocho años y está en segundo de bachillerato, porque perdió un año.
Aunque ahora estamos en cursos diferentes, nuestra historia comenzó mucho antes, cuando los dos éramos unos niños.
Yo tenía ocho años cuando conocí a Steven.
Y, créanme, no fue precisamente una presentación elegante.
Ese día estaba en la escuela durante el descanso. Yo iba caminando por el patio con una compañera mientras hablábamos de cualquier bobada. De repente escuché a varios muchachos gritando.
—¡Pasala, Steven!
—¡Dale, dale!
Era un grupo de niños jugando fútbol.
Yo no le presté mucha atención y seguí caminando.
Hasta que ocurrió.
Steven recibió la pelota y salió corriendo detrás de ella. Venía tan concentrado en el partido que no se dio cuenta de que yo estaba cruzando por ahí.
—¡Cuidado! —alcancé a escuchar.
Pero ya era demasiado tarde.
Steven tropezó conmigo.
Los dos terminamos en el piso.
—¡Ay! —exclamé mientras me sobaba la rodilla.
Steven se levantó rápidamente.
—¡Uy, perdón! ¿Estás bien?
Lo miré molesta.
—¿Vos no mirás por dónde vas?
—Es que estaba jugando.
—Pues casi me tumbás los dientes.
Él abrió los ojos.
—Pero no fue a propósito.
Mi cara seria duró solamente unos segundos antes de que me diera risa.
Steven también empezó a reírse.
—Bueno, perdón pues.
—Está bien.
Me extendió la mano para ayudarme a levantar.
—Soy Steven.
—Dailyn.
—¿Dailyn?
—Sí.
—Mucho gusto.
—Igualmente.
Y así fue como conocí al niño que años después se convertiría en mi mejor amigo.
Después de ese día empezamos a hablar más.
Steven siempre encontraba alguna excusa para acercarse.
A veces me saludaba en los descansos.
Otras veces me buscaba para preguntarme algo de las tareas.
Poco a poco nos hicimos amigos.
Y después, sin darnos cuenta, nos volvimos inseparables.
Pasábamos horas hablando, jugando y haciendo tareas juntos. Cuando uno necesitaba algo, el otro aparecía.
Los años fueron pasando.
Cuando cumplí trece años, ocurrió algo que cambió mi manera de ver a Steven.
Me enamoré de él.
No fue de un día para otro.
Fue algo que comenzó lentamente.
Empecé a fijarme en su sonrisa, en su manera de hablar, en cómo siempre conseguía hacerme reír cuando estaba triste.
Una tarde pensé:
Creo que estoy enamorada de Steven.
Me asusté muchísimo.
Él era mi mejor amigo.
No quería arruinar nuestra amistad, así que decidí guardar silencio.
Pasaron cuatro años y todavía sigo sin confesarle mis sentimientos.
Ahora estoy en primero de bachillerato y Steven está en segundo.
Y además hay otro problema.
Steven tiene novia.
Cada vez que habla de ella, mi corazón se llena de celos.
Pero yo hago como si nada.
—Dailyn, Valeria es increíble —me dice a veces.
Yo sonrío.
—Qué bueno, Steven. Me alegra que estés feliz.
—La amo mucho.
Esa frase me duele.
Pero vuelvo a sonreír.
—Entonces cuidala, ¿sí?
Él nunca se imagina lo que estoy pensando.
Nunca sabe que mientras él habla de su novia, yo estoy intentando convencer a mi corazón de que deje de sentir algo por él.
Porque para Steven, yo soy solamente su mejor amiga.
Y para mí…
Él es mucho más que eso.
Lo que ninguno de los dos sabe es que los sentimientos pueden cambiar con el tiempo.
Quizás algún día Steven empiece a mirarme diferente.
Quizás algún día comprenda que la persona que siempre estuvo a su lado era mucho más importante de lo que imaginaba.
Pero cuando ese momento llegue, puede que sea demasiado tarde.
Porque mientras Steven aprende a quererme de una manera diferente, yo quizá ya haya aprendido a esconder para siempre lo que siento por él.