Ella renace en un mundo mágico lleno de reglas sociales y apariencias, pero ella decide ser feliz, siendo quien es y no cambiando por nadie.
*Esta novela pertenece a un mundo mágico*
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Mansion Laurent 1
Cuando Kayla Fletcher finalmente llegó a la mansión Laurent, ya la estaban esperando.
El primero en darse cuenta de la cantidad de carruajes fue el mayordomo.
Salió a recibirla esperando encontrar uno o, como mucho, dos vehículos.
Pero cuando vio la fila de carruajes cargados con cajas, abrió los ojos.
Uno.
Dos.
Tres.
Cuatro...
Y detrás todavía venían más.
El hombre se quedó mirando la caravana durante unos segundos.
[¿Todo eso viene para el ducado?]
Inmediatamente comenzó a dar órdenes.
—Preparen espacio para las cajas. Y avisen a los sirvientes que vienen con Lady Fletcher que tendrán habitaciones y comida. Que nadie tenga que preocuparse por nada durante su estadía.
Los empleados comenzaron a moverse rápidamente.
Entonces apareció el duque Laurent.
Como siempre, vestía impecablemente.
Su expresión era seria, tranquila y formal.
Se acercó con paso firme y saludó a la recién llegada.
—Lady Kayla. Bienvenida al ducado Laurent.
Kayla bajó del carruaje.
Estaba cansada por el viaje, pero en cuanto lo vio sonrió ampliamente.
—¡Duque Laurent!
Benjamin esperaba un saludo formal.
Quizás una pequeña reverencia.
Quizás unas palabras educadas.
Lo que no esperaba era que Kayla se acercara sonriendo como si llevaran años conociéndose.
—Tengo mucha hambre.
Benjamin parpadeó.
—¿Perdón?
—Muchísima.
Kayla se llevó una mano al estómago.
—El viaje fue largo.
El duque tardó un segundo en reaccionar.
—Mandaré preparar una cena inmediatamente.
—Perfecto.
Kayla miró alrededor.
El aire era diferente al de los territorios Fletcher que estaban mas cerca de la montaña.
Se sentía la brisa marina.
Y a lo lejos podía escucharse el sonido de las olas.
Sus ojos se iluminaron.
—Quiero comer mirando el mar.
Benjamin la miró.
—Lady Kayla, quizás sería más apropiado...
Pero Kayla ya se había girado hacia el mayordomo.
—¿Podrían prepararme un baño?
El mayordomo quedó completamente desconcertado.
—¿Un baño, mi lady?
—Sí, por favor.
Kayla comenzó a subir las escaleras.
—Después podemos ir a comer.
Benjamin la observó.
[¿"Podemos"?]
Kayla se detuvo un momento.
—¿Verdad, duque Laurent?
—Sí...
Respondió casi por reflejo.
Kayla sonrió satisfecha.
—Excelente.
Y siguió subiendo.
El mayordomo seguía completamente inmóvil.
Benjamin lo miró.
El hombre parecía no saber qué hacer.
La mansión Laurent rara vez recibía visitantes.
Mucho menos mujeres jóvenes solteras.
Y definitivamente nunca habían recibido a una mujer como aquella.
Kayla hablaba fuerte.
Reía sin preocuparse por quién pudiera escucharla.
No parecía intimidada por el título del dueño de la casa.
Y, para colmo, le hablaba al duque con una confianza que desconcertaba a todo el personal.
Benjamin observó cómo subía las escaleras.
[Definitivamente se parece a Frank.]
Esa personalidad atrevida.
Esa manera de hablar sin pensar demasiado.
Y aquella facilidad para comportarse como si estuviera en su propia casa.
Benjamin suspiró.
[Esto va a ser complicado.]
Mientras tanto, el mayordomo finalmente reaccionó.
—Mi lady, ¿qué esencia desea para el agua?
Kayla se giró desde las escaleras.
—¿Esencia?
—Sí, mi lady. Tenemos lavanda, rosas, jazmín, cítricos...
Kayla soltó una pequeña carcajada.
—Estoy tan cansada y hambrienta que me da igual. ¡La que sea!
El mayordomo quedó en silencio.
Kayla continuó subiendo.
—¡Cualquiera estará bien!
Y entonces, desde lo alto de las escaleras, gritó..
—¡Duque Laurent!
Benjamin levantó la mirada.
—¿Sí?
—¡Apenas salga del baño, bajo y nos vamos a comer algo mirando el mar!
Silencio.
Benjamin parpadeó.
[¿Me acaba de dar una orden?]
El mayordomo bajó la mirada para esconder una sonrisa.
Benjamin lo notó.
—¿Qué?
—Nada, mi lord.
Pero antes de que pudiera decir algo más, Kayla ya había desaparecido por el pasillo.
Entró en una de las habitaciones que le habían preparado.
Cuando abrió las cortinas, descubrió que tenía una vista directa al mar.
Kayla abrió los ojos.
—¡Oh!
Corrió hasta la ventana.
El azul del océano se extendía frente a ella.
Las olas golpeaban suavemente la costa.
La brisa movía las cortinas.
Y el paisaje era simplemente hermoso.
—¡Es precioso!
Su risa se escuchó por todo el pasillo.
Luego por las escaleras.
Y finalmente llegó hasta el salón.
Benjamin permaneció abajo, mirando hacia el segundo piso.
El mayordomo también.
Ambos escuchaban la risa de Kayla.
Benjamin cerró los ojos durante un instante.
[Definitivamente...]
[Frank tiene una prima tan problemática como él.]
Desde arriba volvió a escucharse la voz de Kayla.
—¡DUQUE LAURENT!
Benjamin levantó la cabeza.
—¿Qué?
—¡EL MAR ES HERMOSO!
Benjamin se quedó mirando el techo.
El mayordomo bajó la cabeza para ocultar otra sonrisa.
Y, por primera vez desde que aquella mujer había puesto un pie en la mansión Laurent, el duque Benjamin Laurent tuvo una extraña sensación.
Aquella casa, acostumbrada al silencio y la formalidad...
Probablemente ya no volvería a ser la misma.
Dos bombas sexuales🤭👏👏