Evelyn Bellamy ha vivido toda su vida bajo un nombre que quizá nunca le perteneció. Cuando una antigua fotografía, una cinta azul y una serie de muertes inexplicables despiertan recuerdos que creía perdidos, descubre que su pasado esconde una verdad capaz de destruirlo todo. Ahora deberá descubrir quién es realmente antes de que alguien silencie la verdad para siempre.
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Capítulo 9: La niña que debía morir
Evelyn no pudo moverse.
Las palabras de su madre habían dejado de tener sentido.
No era Eliza.
Pero tampoco era Evelyn Bellamy.
Entonces, ¿quién era?
Alistair permanecía junto a ella, en silencio. Su mirada había pasado de Beatrice a los documentos sobre la mesa y después a Evelyn.
—Explíquese —dijo finalmente.
Beatrice negó con la cabeza.
—No aquí.
Evelyn soltó una risa breve y amarga.
—¿Todavía quieres protegerme?
—Sí.
—Pues ya no funciona.
Tomó el retrato de su verdadera madre y lo sostuvo contra su pecho.
—Quiero saber mi nombre.
Beatrice la miró durante unos segundos.
—Tu nombre era Isabelle.
Evelyn frunció el ceño.
—Ese era el nombre de mi madre.
—También era el tuyo.
El silencio cayó sobre la habitación.
Alistair fue quien reaccionó primero.
—¿Isabelle?
Beatrice asintió.
—Tu madre te llamó así.
Evelyn cerró los ojos.
Isabelle.
Por primera vez, pronunciar aquel nombre dentro de su cabeza no le resultó completamente extraño.
No era un recuerdo.
Era algo más profundo.
Como una palabra que había estado esperando durante años para ser pronunciada.
—Entonces, ¿por qué me llamaste Evelyn?
Beatrice se sentó.
—Porque después del incendio nadie podía saber que habías sobrevivido.
—¿Quiénes?
—Los hombres que buscaban a tu madre.
—¿Y la niña llamada Evelyn?
Beatrice bajó la mirada.
—Era hija de un matrimonio cercano a tu familia.
Evelyn sintió un escalofrío.
—¿La conocía?
—Sí.
—¿Era la niña de la fotografía?
—Sí.
Evelyn miró nuevamente el retrato de las dos niñas.
La memoria volvió a aparecer.
La muñeca.
La cinta azul.
La puerta.
Y una pequeña voz diciendo:
—No quiero ir sola.
Evelyn abrió los ojos.
—Ella estaba conmigo cuando ocurrió el incendio.
—Sí.
—¿Y murió?
Beatrice tardó en responder.
—Eso creíamos.
Evelyn levantó la mirada.
—¿Creíamos?
La expresión de Beatrice cambió.
—Su cuerpo nunca fue encontrado.
Alistair dio un paso hacia la mesa.
—Entonces durante trece años todos han asumido que Evelyn murió.
—Sí.
—¿Y nadie la buscó?
Beatrice negó lentamente.
—Alguien la buscó.
—¿Quién?
Beatrice miró a Alistair.
—Tu hermano.
La respuesta lo dejó inmóvil.
Evelyn lo observó.
Ahora comprendía por qué Alistair había estado investigando a su familia.
Su hermano no había descubierto simplemente una conspiración.
Había estado buscando a una niña desaparecida.
Y quizá había muerto demasiado cerca de encontrarla.
—¿La encontró? —preguntó Evelyn.
Beatrice negó.
—No.
—Entonces, ¿por qué escribió que yo no era Eliza?
Beatrice se quedó callada.
Alistair comprendió antes que Evelyn.
—Porque él sabía que había dos niñas.
—Sí.
—Y sabía que una de ellas había sobrevivido.
Beatrice asintió.
Evelyn sintió que la habitación se hacía más pequeña.
—Entonces la mujer del jardín...
—Margaret estuvo buscando a Evelyn durante años.
—¿Por qué?
—Porque creía que seguía viva.
Evelyn apretó los dedos alrededor del medallón.
—¿Y por qué me buscaba a mí?
Beatrice no respondió.
Evelyn comprendió que todavía faltaba algo.
Algo importante.
—Mamá.
Beatrice la miró.
—¿Qué no me estás diciendo?
Su madre comenzó a llorar.
—Margaret no trabajaba para los hombres que perseguían a tu madre.
—¿Entonces?
—Trabajaba para mí.
Evelyn se quedó inmóvil.
—¿Qué?
—Después del incendio, le pedí que encontrara a la niña.
—¿A Evelyn?
—Sí.
—¿Por qué?
Beatrice respiró profundamente.
—Porque antes de morir, tu madre me pidió que la protegiera.
Evelyn sintió que algo dentro de ella se quebraba.
—¿Mi madre sabía que iba a morir?
—Sabía que estaban detrás de ella.
—¿Y te pidió que protegieras a su hija?
—Sí.
—¿A mí?
Beatrice negó.
—No.
Evelyn se quedó helada.
—¿Entonces a quién?
Beatrice señaló el retrato de las dos niñas.
—A Evelyn.
Evelyn sintió que el mundo se detenía.
—¿Qué?
—Tu madre no sabía que tú estabas allí aquella noche.
—Entonces ¿por qué me protegiste?
Beatrice levantó la mirada.
—Porque cuando llegué al lugar del incendio encontré a las dos niñas.
Evelyn apenas podía respirar.
—¿Y?
—Evelyn estaba muerta.
El silencio fue absoluto.
—Pero tú estabas viva.
Evelyn bajó lentamente la mirada hacia sus manos.
—¿Qué hiciste?
—Te saqué de allí.
—¿Y después?
—Después encontré a otra persona.
Alistair frunció el ceño.
—¿A quién?
Beatrice miró hacia la puerta.
—A un hombre que se llevó el cuerpo de Evelyn.
Evelyn levantó la cabeza.
—¿Quién?
Beatrice no respondió.
Pero Alistair había palidecido.
—Mi padre.
Beatrice asintió.
—Sí.
Evelyn miró a Alistair.
Durante un instante, ninguno dijo nada.
Su padre.
El hombre al que Alistair había aprendido a no confiar.
El mismo hombre cuya familia aparecía una y otra vez en cada fragmento de su pasado.
—¿Por qué se llevó el cuerpo? —preguntó Evelyn.
Beatrice apretó los labios.
—Porque necesitaba que todos creyeran que la niña había muerto.
—Eso no explica nada.
—No.
Beatrice miró a Evelyn.
—Porque Evelyn no era la única persona que debía desaparecer aquella noche.
Alistair dio un paso adelante.
—¿Quién más?
Beatrice respondió:
—Tu padre.
Evelyn frunció el ceño.
—¿Qué tiene que ver él con mi madre?
Beatrice sostuvo su mirada.
—Más de lo que imaginas.
Antes de que pudiera continuar, alguien llamó a la puerta.
Tres golpes.
Lentos.
Precisos.
Todos quedaron en silencio.
Alistair se acercó.
—¿Quién es?
No hubo respuesta.
Volvió a llamar.
Esta vez, una voz femenina habló desde el otro lado.
—Soy yo.
Evelyn sintió que el corazón se detenía.
Conocía aquella voz.
La había escuchado en sus recuerdos.
La misma mujer que cantaba.
La misma voz que había pronunciado aquellas palabras antes del incendio.
Alistair abrió la puerta.
No había nadie.
Solo un sobre en el suelo.
Evelyn lo recogió.
En el frente estaba escrito un único nombre:
**ISABELLE.**
Sus dedos comenzaron a temblar.
Abrió el sobre.
Dentro había una fotografía.
La observó.
Era una imagen antigua de dos niñas frente a la mansión.
Pero esta vez había algo diferente.
En el fondo aparecía una tercera persona.
Una mujer joven.
Su madre.
Y estaba sosteniendo la mano de una de las niñas.
Evelyn acercó la fotografía a la luz.
Entonces vio la fecha escrita en la parte posterior.
No era de 1883.
Era de un año después.
**1884.**
Evelyn dejó caer la fotografía.
Porque si la fecha era verdadera, significaba algo imposible.
Su madre había sobrevivido al incendio.
Y había seguido viendo a una de las niñas durante un año.
La pregunta ya no era quién era Evelyn.
La pregunta era:
**¿Cuál de las dos niñas había estado realmente con Isabelle después del incendio?**
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