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LA HABITACIÓN QUE NUNCA DEBIÓ ABRIRSE

LA HABITACIÓN QUE NUNCA DEBIÓ ABRIRSE

Status: En proceso
Genre:Casos sin resolver / Maldición / Terror
Popularitas:368
Nilai: 5
nombre de autor: Ana Rosa Yosef Osca

Valeria Salvatierra ha aprendido a desconfiar de los misterios. Como periodista, sabe que detrás de cada leyenda existe una explicación y que incluso los casos más extraños pueden resolverse siguiendo las pistas correctas.
Hasta que una mañana recibe una caja sin remitente.
Dentro encuentra una fotografía antigua de cinco personas frente a una mansión abandonada. El rostro de una de ellas ha sido borrado con tinta negra. También hay un recorte de periódico sobre la desaparición de una joven ocurrida treinta años atrás... y una llave marcada con un número:
17.
En el reverso de la fotografía hay una advertencia:
«Ella murió hace treinta años. Pero anoche volvió a llamar a mi puerta.»
Valeria comienza a investigar y descubre que la desaparición está relacionada con una habitación que la policía nunca pudo registrar.
La habitación 17.
Mientras sigue las pistas, nuevos asesinatos comienzan a ocurrir y personas relacionadas con aquella antigua tragedia empiezan a morir una tras otra.

NovelToon tiene autorización de Ana Rosa Yosef Osca para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 19 — La verdadera dueña

La niña permaneció frente a Valeria sin apartar sus ojos negros de ella. Nadie se atrevía a moverse. Incluso las siete mujeres habían quedado inmóviles en el túnel. El silencio era tan profundo que Valeria podía escuchar su propia respiración. La niña inclinó ligeramente la cabeza y sonrió.

—¿Por qué tienes mi voz?

La niña dio un paso.

—Porque durante mucho tiempo tuviste mi vida.

—No entiendo.

—Claro que no. Gabriel se aseguró de que olvidaras.

Valeria miró a su padre.

—¿Qué me hiciste?

Gabriel no respondió.

—¡Papá!

—Intenté protegerte.

—¡Deja de decir eso!

La niña soltó una pequeña carcajada.

—Siempre dice lo mismo.

Valeria volvió a mirarla.

—¿Quién eres?

—La primera.

—¿La primera Valeria?

La niña negó.

—La primera hija de esta casa.

La hermana mayor retrocedió.

—No puede ser.

La niña la miró.

—Tú tampoco deberías estar aquí.

—Yo te vi morir.

—No morí.

—Entonces ¿qué ocurrió?

La niña sonrió.

—Isabel me encerró.

Gabriel dio un paso adelante.

—No le creas.

—¿Por qué no?

—Porque no es humana.

La niña lo miró.

—Tú sabes perfectamente lo que soy.

Valeria observó a su padre.

—Dímelo.

Gabriel respiró profundamente.

—Antes de que existieran las copias, Isabel encontró algo en esta casa.

—¿Qué?

—Una presencia.

La niña sonrió.

—No me llames presencia.

—¿Entonces qué eres?

La niña miró a Valeria.

—Soy la memoria de la casa.

Un escalofrío recorrió el cuerpo de Valeria.

—Eso no existe.

—Ahora mismo estás hablando conmigo.

La niña se acercó.

—La casa necesitaba un rostro para poder recordar. Isabel me dio el suyo. Después tomó el de tu hermana. Y finalmente tomó el tuyo.

Valeria negó.

—Entonces tú creaste las copias.

—No. Las copias fueron creadas para reemplazarme.

—¿Por qué?

—Porque Gabriel intentó destruirme.

Gabriel cerró los ojos.

—No quería destruirte. Quería destruir el pacto.

—Era lo mismo.

La niña levantó una mano.

Las siete mujeres del túnel comenzaron a gritar. Sus cuerpos se estremecieron como si algo invisible tirara de ellas.

—¡Déjalas!

Valeria corrió hacia ellas.

La niña bajó la mano y las mujeres quedaron inmóviles.

—No quiero hacerles daño.

—Entonces libéralas.

—No puedo.

—¿Por qué?

—Porque están hechas de ti.

Valeria sintió que el corazón se le aceleraba.

—¿Qué significa eso?

—Cada una contiene una parte de tus recuerdos. Si desaparecen, tú olvidarás quién eres.

La hermana mayor dio un paso.

—No la escuches.

—Ella tiene razón.

Valeria la miró.

—¿Cómo puedo detener esto?

La niña sonrió.

—No puedes.

—Tiene que existir una manera.

—Existe.

—¿Cuál?

—Recordar.

Valeria cerró los ojos.

De repente, una imagen apareció en su mente. Era una niña pequeña corriendo por un jardín. Gabriel estaba detrás de ella. Elena sostenía a un bebé en brazos.

Después apareció Isabel.

Y una puerta.

La niña abrió los ojos.

—Yo estuve allí.

Gabriel se quedó inmóvil.

—¿Qué recuerdas?

—A Isabel entrando en mi habitación.

—¿Qué más?

—Me dijo que tenía que esconderme.

La niña observaba en silencio.

Valeria continuó:

—Después escuché a mamá llorando.

Elena comenzó a sollozar.

—No...

—Papá estaba discutiendo con Isabel.

Gabriel bajó la mirada.

—Y luego...

Valeria llevó una mano a su cabeza.

—Alguien me tomó de la mano.

La niña sonrió.

—¿Quién?

Valeria la miró.

—Tú.

La sonrisa desapareció.

—No.

—Tú me sacaste de la habitación.

—No.

—Me llevaste al sótano.

La niña retrocedió.

—No recuerdes eso.

Valeria comprendió.

—Tú no eres la dueña de mis recuerdos.

La niña empezó a temblar.

—No.

—Eres alguien que estaba allí.

—¡Cállate!

La casa entera comenzó a vibrar.

Gabriel gritó:

—¡Valeria, sigue recordando!

Valeria cerró los ojos.

La imagen se hizo más clara.

Ella era una niña.

La niña de la habitación cero la había tomado de la mano.

Pero no para encerrarla.

Para salvarla.

—Tú intentaste salvarme.

La niña comenzó a llorar.

—Sí.

—¿De Isabel?

—Sí.

—Entonces ¿por qué me convertiste en esto?

La niña bajó la mirada.

—Porque no podía salvarte de otra manera.

—¿Qué hizo Isabel?

—Te mató.

Elena gritó.

—¡No!

Valeria quedó inmóvil.

—¿Qué?

—Isabel te mató aquella noche.

Gabriel cerró los ojos.

—Y yo no pude evitarlo.

Valeria sintió que el mundo desaparecía a su alrededor.

—Entonces yo...

—Moriste —susurró la niña.

—¿Y quién soy ahora?

La niña levantó la mirada.

—Una memoria.

Valeria miró sus manos.

—Entonces nunca salí de esta casa.

—No.

—Nunca crecí.

—No.

—Nunca tuve una vida.

La niña negó lentamente.

—La vida que recuerdas pertenece a la casa.

Valeria sintió lágrimas en sus ojos.

—¿Y Vera?

La niña señaló a Vera.

—Ella es real.

—¿Mamá?

La niña miró a Elena.

—Ella murió hace veinte años.

Valeria se volvió hacia su madre.

Elena ya no lloraba.

Solo sonreía tristemente.

—Lo siento.

Valeria retrocedió.

—No...

Elena se acercó.

—Pero hay algo que sí es real.

—¿Qué?

—El amor que sentí por ti.

Valeria comenzó a llorar.

—Mamá...

Elena la abrazó.

Por primera vez, Valeria sintió que aquel abrazo no pertenecía a un recuerdo.

Era real.

Entonces las paredes comenzaron a agrietarse.

Gabriel gritó:

—¡Tenemos que salir!

La niña negó.

—No.

—¿Qué quieres?

—Que Valeria decida.

Valeria levantó la mirada.

—¿Qué debo decidir?

—Si quieres seguir existiendo.

—¿Y cuál es el precio?

La niña señaló a las siete mujeres.

—Una de ellas debe convertirse en ti.

Valeria negó.

—No.

—Si no eliges, la casa elegirá por ti.

—No voy a sacrificar a ninguna.

—Entonces desaparecerás con todas.

Valeria miró a Vera.

Después a Gabriel.

Finalmente, a las siete mujeres.

Comprendió que la casa esperaba una elección.

Y decidió hacer algo que nadie había hecho antes.

—No voy a elegir una.

La niña frunció el ceño.

—¿Qué?

Valeria dio un paso hacia ella.

—Voy a elegirnos a todas.

La casa rugió.

La puerta comenzó a cerrarse.

Y las siete mujeres levantaron la cabeza al mismo tiempo.

Por primera vez, sus ojos dejaron de ser negros.

Eran humanos.

Y todas dijeron juntas:

—Eso es imposible.

Valeria sonrió.

—Entonces será la primera vez que lo intentemos.

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