"Él fue mi primer amor y yo el suyo, estuvimos juntos en nuestros peores y mejores momentos, sin embargo ahora me estaba cambiando por alguien más joven."
Karla nunca estuvo preparada para descubrir la infidelidad del hombre que consideraba el amor de su vida, y mucho menos para ser echada a la calle tras una vida entera de entrega. Por si fuera poco, el desprecio de sus propios hijos —al no encajar en su ideal de madre— termina de destrozar su mundo. Con el corazón roto y la vida en ruinas, Karla se encuentra en un punto de no retorno: dejar que el dolor la consuma o reunir las fuerzas para sanar y reconstruirse desde cero.
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Los consientes demasiado
No podía creer lo que Regina me estaba diciendo. Tuve que tomar el boleto con manos temblorosas y mirar los números una y otra vez para comprobar si realmente era cierto que me había ganado la lotería.
— Efectivamente... me gané la lotería —susurré, sintiendo la absoluta irrealidad del momento.
— ¡Y dijiste que eras más salada que el mar! —acusó Regina, llevándose las manos a las mejillas—. Ni siquiera entiendo cómo puedes mantenerte tan calmada. ¡Yo estoy a nada de salir a gritar a los cuatro vientos que mi mejor amiga es millonaria! Solo no lo hago porque me recuerdo a mí misma que soy una mujer refinada y con clase. De solo imaginar el rostro que pondrán los chicos me estoy volviendo loca.
Sonreí con ternura ante sus palabras. En realidad, sí estaba impactada, pero por encima de la sorpresa, me sentía como si de pronto me hubiera despertado de una larga y dolorosa pesadilla.
— Quizás es porque he pasado por tantos golpes en la vida que, ya sean noticias buenas o malas, tardo en procesarlas —confesé con un hilo de voz.
— Ni me lo digas —expresó Regina, mirándome con profunda empatía—. Guarda muy bien ese boleto, amiga. Mañana, justo después de poner la denuncia en la fiscalía, irás directo a cobrarlo. Este dinero te ha caído directo del cielo. Aunque mucha gente diga que el dinero no compra la felicidad, la verdad es que resuelve la vida y da paz mental. Con esto vas a poder contratar al mejor abogado de la ciudad para terminar de aplastar a Armando de una vez por todas.
— Ya solo quiero que esta pesadilla acabe —admití, desviando la mirada hacia mis hijos, quienes seguían completamente ajenos a la crisis existencial y al milagro que Regina y yo estábamos viviendo en la sala—. Mis niños necesitan recuperar la normalidad en sus vidas.
— Y la van a tener, Karla. Te lo prometo —sentenció Regina, colocándome una mano en el hombro con afecto—. Kian y Karina son unos niños tan dulces y buenos que se merecen el mundo entero, y ahora vas a poder dárselo.
***
A la mañana siguiente, me desperté llena de positivismo. Había tanto por lo cual dar gracias: estaba viva, mis hijos estaban junto a mí, tenía una amiga incondicional, una madre que me amaba y, por si fuera poco, ya no debía preocuparme por el dinero.
— La vida es bella —susurré mientras peinaba el cabello de Karina con absoluto cuidado.
— Mami, me peinas tan suavemente que nunca me duele. Te quiero, mami. Eres la mejor.
Sonreí ante sus palabras, sintiendo un calorcito hermoso en el pecho.
— Hoy se quedarán con la tía Regina. Voy a salir a resolver algunos asuntos, así que háganle caso en todo.
— Está bien, mamá —respondió Kian, aguantando un gran bostezo.
— ¿A dónde vas, mami? —me preguntó Karina al verme vestida de manera más formal.
— Solo a hacer unos mandados. No te preocupes, mi amor. Todo va a estar bien —le dije antes de besarle la frentecita, sacándole una dulce sonrisa.
— Mami, ¿me traes un dulce? —me pidió—. Y otro para Kian, por fis.
— Claro que sí, mi vida.
Después de terminar de peinar a Karina con la hermosa trenza de Elsa y recortarle un poco el copete a Kian, los llevé a los dos frente al espejo para que se miraran.
— ¡Qué linda soy! ¡Soy la niña más hermosa del mundo! —exclamó Karina, dando una vueltita.
Reí ante su total falta de modestia; con lo vanidosa que estaba resultando, ya me imaginaba los dolores de cabeza que me daría en el futuro.
— Gracias, mami —me dijo Kian con la voz suave, pasándose la mano por su nuevo corte.
— Recuerden siempre lo mucho que los amo —les hablé con ternura, poniéndome a su altura—. No estén tristes. Muy pronto todo se va a resolver. Ustedes solo preocúpense por ser felices, ver la televisión y jugar, porque su mamá siempre los va a amar.
— ¿Para toda la vida? —preguntó Karina entornando sus ojitos verdes.
— Sí, para toda la vida. Incluso cuando sea una viejita arrugada y se me caigan los dientes. Ustedes siempre serán mis mayores tesoros.
Regina, que estaba sentada en el sofá, sonrió con ternura ante mis palabras.
— Los consientes demasiado —comentó.
— Son lo que más quiero en esta vida.
Regina sacudió la cabeza con diversión, como si no tuviera idea de qué hacer conmigo. En ese momento, sonó el claxon de un auto afuera, indicándome que Johan ya había llegado. La noche anterior le había explicado a Regina que iría a la fiscalía acompañada por un conocido, y le pedí el favor de cuidar a los niños. No quería que fueran a la escuela hasta que las cosas se normalizaran; deseaba mantenerlos al margen y protegidos de la disputa legal que estaba por estallar entre su padre y yo.
— Tu "conocido" ya llegó —soltó Regina con reticencia, remarcando la palabra con una sonrisita picarona.
No pude evitar sonreír al escucharla, un gesto que, por supuesto, no pasó desapercibido para ella.
— Será mejor que no lo haga esperar —dije buscando recuperar la compostura mientras tomaba mi bolso—. Niños, ya saben: se portan bien.
— Sí, mami —respondieron al unísono—. No te preocupes.
Me despedí de ellos por última vez y caminé hacia el auto de Johan con una intensa oleada de nerviosismo recorriéndome el cuerpo.
«Es solo un hombre, no te va a comer. No tengas miedo», me repetí a mí misma a cada paso. Sin embargo, por más que intentaba controlar mi ansiedad, me resultaba absolutamente imposible no sentirme inquieta.
Hoy, Johan llevaba puesto un traje que le asentaba de maravilla. Su cabello, peinado hacia un lado, acentuaba sus rasgos haciéndolo lucir aún más varonil. Parecía una creación perfecta entre Ares y Afrodita: poseía el porte heroico de un guerrero vikingo combinado con la belleza arrolladora de un dios griego. Cuando nuestras miradas se cruzaron, me dedicó una sonrisa tan hermosa que sentí como si una flecha me atravesara el pecho de golpe.
Por favor, Cupido, guarda esas flechas, que todavía no estoy lista para entregar mi corazón.
Armando y Cristel que quieren ahora 🤔🤔🤔🤔❓❓❓❓❓
Ahora llegará acompañada de Johan y Armando se agarrará de allí veremos qué pasará en la fiscalía.
Karla lo mejor que te ha pasado es haber salido de ese parásito bueno para nada tienes ahora a tus hijos, a Johan que te está conquistando y de paso te ganas la lotería mejor imposible.
Karla se acaba de ganar la lotería ya tiene el dinero para montar su propio taller, comprar una casa y darle una buena vida a sus hijos.