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Te amé, pero ya no te amo

Te amé, pero ya no te amo

Status: Terminada
Genre:Romance
Popularitas:172k
Nilai: 4.6
nombre de autor: MeriGrei

Natalia Serrano ha estado casada con Damián Santillán durante tres años. Un matrimonio construido por medio de un contrato con su familia y aunque durante ese tiempo, ella creyó que Damián podría llegar a amarla, estaba equivocada.
Con el regreso de Jimena, el primer amor de Damián, este solo muestra preferencias hacia ella sin importarle el dolor que causa en Natalia. Pero, justo cuando Natalia decide que ya no puede más y decide darle su libertad, Damián se niega a dejarla a ir, pero, aun así, no le da su lugar, sigue siendo frío, hiriente y le da el favoritismo a Jimena. ¿Qué es lo que realmente quiere Damián de ella?, ¿Por qué seguirla atando a un matrimonio que la hace sufrir?

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Capítulo 2

Capítulo 2

Desperté con la boca seca y una luz blanca clavada en los ojos.

Por un segundo no supe donde estaba.

Luego sentí el suero en la mano, el ardor en la garganta, el dolor hueco en el estomago. Todo regreso en partes: Rogelio Lira, el cuarto de servicio, la voz de Damián, Jimena preguntando por su gato.

Cerré los ojos.

Me dolió mas recordar que respirar.

--No te duermas otra vez, mija.

Vale estaba sentada junto a mi cama, con el cabello hecho un desastre y los ojos rojos de coraje. Tenia una chamarra encima del uniforme de su clínica, como si hubiera salido corriendo a media guardia.

--¿Qué hora es? --pregunte.

Mi voz sonaba como papel rasgado.

--Las siete y media. Del día siguiente.

Intente incorporarme.

El estomago me jalo hacia abajo.

Vale puso una mano en mi hombro.

--Ni se te ocurra. Tuviste sangrado gástrico. El doctor dijo reposo absoluto.

--El contrato...

--Lidia lo tiene.

Asentí.

No sentí alivio.

Eso también me dio miedo.

Antes, ganar algo en el trabajo me sostenía. Una firma, un diseño aprobado, una felicitación de Lidia. Cualquier cosa servía para convencerme de que mi vida no era solo esperar a que Damián volviera a casa.

Esa mañana nada alcanzaba.

Vale me miro fijo.

--¿Dónde esta tu marido?

No respondí.

Ella entendió demasiado rápido.

--No manches, Natalia.

--Estaba ocupado.

La risa de Vale salió seca.

--¿Ocupado? Casi te mueres.

Me mordí el labio.

No quería llorar. No otra vez. Me dolía la garganta, me dolía el pecho, me dolía esa parte de mi orgullo que todavía seguía esperando una explicación.

--Llámalo --dije.

Vale se quedo quieta.

--¿Estas segura?

No.

Pero necesitaba escucharlo una vez mas.

Necesitaba saber si la noche anterior había sido un error, un malentendido, un pedazo torcido de la realidad. Algo que pudiera corregirse si el venia, si me veía en esa cama, si por fin recordaba que yo también era alguien.

Vale tomo mi celular de la mesa.

Damián contesto al cuarto tono.

--Natalia, no estoy para esto.

Vale abrió los ojos, indignada.

--Soy Valeria Torres. Tu esposa esta hospitalizada.

Hubo una pausa breve.

Demasiado breve.

--¿Qué hizo ahora?

Algo dentro de mi se quedo sin fuerza.

Vale se puso de pie.

--¿Qué hizo? Tu esposa tuvo sangrado gástrico después de que un cliente la acoso y la obligaron a tomar en un evento de trabajo. Te llamo pidiendo ayuda.

--Valeria, no te metas en mi matrimonio.

--Alguien tiene que meterse, porque tú no apareces ni cuando la llevan a urgencias.

Yo levante una mano.

Quería que parara.

No porque Damián no mereciera escucharlo, sino porque cada palabra me dejaba mas desnuda.

Del otro lado se oyó un maullido.

Después, la voz de Jimena.

--Dami, Michi no quiere comer. El veterinario dijo que puede ser grave.

El tono de Damián cambio otra vez.

Como si alguien hubiera apagado una luz fría y encendido una lampara tibia.

--Ya voy, tranquila.

Vale se quedo muda.

Yo no.

Yo ya sabia.

--Damián --dije, tomando el celular con la poca fuerza que tenia.

--¿Ahora que?

--Estoy en el Hospital Ángeles.

--Jimena esta preocupada por su gato. Natalia, no empieces a compararte con un animal.

Me reí.

Fue un sonido tan pequeño que casi no salió.

--No me estoy comparando.

--Entonces deja el drama. Cuando pueda, mando a alguien.

--No mandes a nadie.

--Perfecto.

Y colgó.

Vale bajo la mirada hacia mi mano. Yo estaba apretando el celular tan fuerte que los nudillos se me pusieron blancos.

--Nati...

--Quiero divorciarme.

Lo dije bajito.

Sin fuerza.

Sin teatro.

Por eso fue verdad.

Vale se acerco a la cama y me abrazo con cuidado, como si temiera romperme mas.

--¿De verdad?

Asentí contra su hombro.

--Ya no quiero pedirle que me quiera.

Tres días después salí del hospital.

Damián no fue.

Tampoco mando flores, ni mensajes, ni una disculpa redactada por su asistente. Nada.

El chofer de Vale me dejo frente a Villa Jacaranda al atardecer. Las jacarandas no estaban en flor, pero las ramas cubrían la entrada como dedos secos. La casa se veía igual que siempre: enorme, elegante, impecable.

Yo no.

Entrar ahí con una maleta pequeña se sintió como entrar a un museo de una versión de mi misma que ya se había muerto.

Damián estaba en la sala.

Sentado en el sofá gris, leyendo unos documentos, con la camisa arremangada y el reloj caro brillando en la muñeca. Levanto la vista apenas.

--¿Ya terminaste?

Deje la bolsa en el piso.

--¿Terminar que?

--Tu berrinche.

Me quede mirándolo.

Tres años durmiendo al lado de ese hombre y aun así hubo momentos en que no lo reconocí.

--Estuve hospitalizada.

--Ya lo se.

--No fuiste.

--Tenia asuntos que atender.

--Jimena.

Sus ojos se oscurecieron.

--Cuidado.

La advertencia me habría asustado antes. Esa noche solo me dio cansancio.

--¿Pasaste estos tres días con ella?

--Su gato estaba enfermo.

--Yo también.

Damián cerro la carpeta.

--Natalia, ¿de verdad vas a hacer una escena por un gato?

La pregunta me golpeo mas que un grito.

Porque el no entendía.

O peor: entendía y aun así elegia decirlo.

--No es por el gato.

--Entonces ¿por que?

--Porque te llame asustada y me colgaste. Porque me llamaste empleada. Porque estuve escupiendo sangre mientras tu le decías cariño a otra mujer.

Su mandíbula se tenso.

--Jimena acaba de volver a México. No tiene a nadie.

--Me tiene a mi menos que a nadie, ¿verdad?

--No pongas palabras en mi boca.

--No hace falta. Las tuyas alcanzan.

El se levanto.

La sala parecía mas chica con el de pie. Damián siempre había tenido esa forma de ocupar un lugar, como si todo se acomodara a su voluntad. Yo también lo había hecho durante tres años.

Me acomode el abrigo sobre los hombros.

--¿Sigues amándola?

No respondió.

Ese silencio fue mas limpio que cualquier confesión.

Me ardieron los ojos, pero no baje la mirada.

--Dilo.

--No empieces.

--Dilo, Damián. Necesito escucharlo una vez.

--¿Para que? ¿Para seguir victimizándote?

Me reí otra vez.

Ya no sabia que parte de mi seguía riendo.

--Tienes razón. No hace falta.

Subí a la recamara.

El me siguió hasta el descanso de la escalera.

--¿A donde vas?

--A empacar.

Abrí el closet y saque una maleta. No toque los vestidos que el había comprado, ni las bolsas, ni las joyas guardadas en cajas con moños perfectos. Solo tome mi ropa, mi cámara vieja, mis documentos.

Lo ultimo fue mi anillo.

Me lo quite despacio.

La marca en mi dedo era pálida, casi ridícula.

Damián estaba en la puerta.

--Natalia.

Deje el anillo sobre el tocador.

--Quiero el divorcio.

El no se movió.

--No seas absurda.

--Hablo en serio.

--Te recuerdo que nuestro contrato vence en unos días. Si rompes antes, no recibes nada.

Lo mire.

Ahí estaba el hombre al que yo había amado desde antes de saber defenderme.

El que me salvo una vez en la escuela.

El que se convirtió en mi luz y luego aprendió a usar esa luz para cegarme.

--No quiero tu dinero.

Por primera vez en mucho tiempo, Damián pareció no saber que decir.

Yo cerré la maleta.

--Mi regalo de aniversario puede ser mi libertad.

--Natalia, no vas a salir de esta casa así.

--¿Me vas a encerrar?

Su mirada bajo a la maleta.

Luego al anillo.

Algo le cruzo la cara, rápido, casi humano. Pero se fue antes de que pudiera creer en eso.

--Haz lo que quieras --dijo al fin--. Cuando se te pase, hablamos.

Pase a su lado.

No me detuvo.

Eso también dolió.

En la entrada, el aire de la noche me pego en la cara. Camine con la maleta hasta la reja, despacio, porque todavía me dolía el cuerpo.

Antes de salir, mire una vez mas la casa.

Tres años cabían ahí.

Mis desayunos callados, mis esperas, mis ganas de agradarle, mis dedos arreglándole la corbata, mi voz preguntando si llegaría a cenar.

Todo eso se quedo adentro.

Yo no.

1
Clayas Pao
Excelente
veritoo❤️
estubo exelente está maratón d capitulos..ambos sufrieron x no hablar..el x no preguntar o investigar quién era Adrián y dejar q una deuda a un muerto pesará más q su matrimonio ella x no gritar diciendo lo q le pasaba x no insistir en quien la lastima a x no permitir q otro hablara x ella ya q el no la qria escuchar ella prefirió callar así q en parte lo q les pasó también fue culpa d ella..lo peor q ISO fue negarle 3 años d su hijo a él..xq el jamás negó a su bb lo quiso hacer lo amo desde el momento q q supo d su llegada eso fue cruel d parte d ella también la amo siempre a ella solo q enfoco las cosas mal
Liliana 🇨🇴🇨🇴🍀
gracias autora
Jane Osorio Miranda
encuentro injusto que el no pudiera participación con su hijo eso es un derecho del niño aunque los papás estén separados
Jane Osorio Miranda
como puede haber tanta maldad digo yo
Jane Osorio Miranda
Natalia no debiera darle el divorcio y jugar ella con el a ver si le gusta el amor termina cuando ya no hay juego
Jane Osorio Miranda
ella no nesecita trabajar allí y debiese irse aunque no se divorcie todavía
Jane Osorio Miranda
por qué siempre la agreden de la misma forma y ella no es precavida si ya le han pasado tanto
Jane Osorio Miranda
que suegra
Jane Osorio Miranda
por qué siempre a las mujeres las tratan mal en estás novelas nosotras somos fuertes e inteligentes también y autosuficienes
Jane Osorio Miranda
ahora es cuando tiene que demostrar que es su esposa
Jane Osorio Miranda
que bueno que cambiaron la ama de llaves habla clarito
Jane Osorio Miranda
de verdad no está terminada yo tampoco me fije
Jane Osorio Miranda
por qué no contesta bueno que ella tampoco
Jane Osorio Miranda
cuidate que tienes unos enemigos al lado
Jane Osorio Miranda
cómo es el marido y no sabe quien es su familia si viven en la misma ciudad
Jane Osorio Miranda
creo que no me quedo claro nada de este capitulo
Jane Osorio Miranda
déjalo no sirve
Jane Osorio Miranda
vamos tu eres mejor que ellos dos y ganarás
Jane Osorio Miranda
vamos autora me gusta la forma en que esa mujer no se dela pasar a llevar
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