"Dos apellidos enfrentados. Un amor prohibido. Una vida que lo cambiará todo."
Camila Santana siempre supo que su familia odiaba a los Santoro. Creció escuchando historias de traiciones, sangre y ruina. Por eso, cuando la envían al extranjero a los ocho años, cree que escapa de ese infierno. Pero el infierno la espera a su regreso.
Veintitrés años, fogosa y decidida, Camila vuelve a casa para encontrarse con su destino: el hijo de los Santoro. Lo que nace entre ellos es un torbellino de pasión y peligro, de caricias que saben a pecado y miradas que prometen guerra. Pero el odio de sus familias no es un rumor: es una sentencia.
Cuando un embarazo inesperado los une para siempre, Camila deberá enfrentarse a la pregunta más difícil: ¿puede el amor de dos personas vencer al odio de dos apellidos? ¿O su hijo estará condenado a heredar una guerra que no eligió?
Una historia de amor, lealtad y el valor de romper cadenas.
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Capítulo 19 Las caretas que se caen.
Mientras tanto, en la casa Santana, Felipe Santana recibió cotilleos en un chat privado. Amigos empresarios de la ciudad vecina le enviaron fotos de Rocco y Camila paseando, tomados de la mano y entrando a restaurantes de comida local. Se frotó la cara y dio un largo suspiro. También le habían contado de la apuesta, y cuando quiso romperle la cara a ese demonio, se topó con una verdad que no lo dejó seguir.
Hace unos días, cuando supo lo que pasó con la dichosa apuesta, se fue a un reservado donde se encontraba ese Santoro, pero antes de entrar escuchó la conversación que cambió toda su percepción del frío y poderoso Rocco Santoro.
Flashback
Andrés Getta, el amigo de la infancia de Rocco, estaba con él, hablando en serio, con una seriedad no muy propia de él.
—Rocco, ¿sabes lo que te hará tu familia si saben que estás jugando con una Santana, y lo que te harán los Santana cuando sepan que estás jugando con su hija? Estás jugando con fuego —dijo Andrés, realmente preocupado.
—No estoy jugando con Camila Santana. Me gusta, de verdad, me gusta. Ella no es una pieza de ajedrez, no es un juego. No me vengas con tonterías. ¿Cuándo me viste jugar con los sentimientos de la gente? —Rocco dio un suspiro de frustración—.
—La estoy conquistando de verdad. Sé que ella tiene dudas sobre mí; si no fuera por esa apuesta, ella no se habría acercado. Esta guerra absurda no me va a quitar la posibilidad de encontrar a mi pareja. Ella no es una ficha. —Se puso de pie y miró la ciudad por el ventanal del local de lujo—.
—Camila, ella es maravillosa. Es dinámica, divertida, un poco atolondrada, pero es ella misma. Y me enfrentaré a los Santoro y a los Santana por ella. Solo necesito tiempo para que ella desarrolle sentimientos por mí. Sé que le gusto; si no, no se hubiera dejado embaucar por mí. Pero aún siento que esta rivalidad entre familias la tiene inquieta conmigo —dijo, mientras Andrés estaba con la boca abierta.
—Rocco, ¿vas en serio con ella? —dijo Andrés, más inquieto que antes.
—Claro que voy en serio con ella, y muy en serio. Y si tengo que destruir esta ciudad para quedarme con Camila Santana, pues lo haré. No seré como mi padre, mis tíos, mis primos, que les dicen cómo respirar.
—Soy Rocco Santoro, soy el heredero de los Santoro. Mi vida y mi amor los decido yo, y nadie más —dijo Rocco.
Al otro lado de la puerta, Felipe estaba petrificado. No podía creer lo que estaba escuchando: Rocco Santoro estaba declarando la guerra incluso a su familia por su hermana.
Cuando se dio cuenta de lo que pasaba, Felipe se retiró. No sabía cómo afrontar algo así. Pelear con un hombre que estaba dispuesto a pelearse con su propio padre por su hermana no era como para darse puñetes.
Fin de Flashback
Felipe, tras recordar esto, escondió las fotos en un archivo en su celular. De todas formas, ellos, como hijos, también estaban cansados de esa guerra sin cuartel.
* _ *
Mientras tanto, en la ciudad vecina, Carola y César llegaban al restaurante. Carola tenía cara de pocos amigos; César sonreía como si nada pasara.
—Prima, te lo advierto: no te metas con un Santoro. Son insoportables. Tuve que esperar veinte minutos en el parqueo a que su majestad se aliste; por eso llegamos tarde —dijo Carola indignada, mientras César, con la tranquilidad de siempre, asentía, pero descargó sus motivos.
—Cuñada, no es lo que piensas. No encontraba algo muy necesario, algo que realmente necesitaba para salir, y ella no me entiende —dijo, mientras Carola se afilaba más para pelear.
—¿Qué podía ser más importante? Qué, dilo. Si no lo dices, es porque es mentira y solo querías hacerme esperar —dijo, mientras Camila abría y cerraba la boca, hasta que César decidió decir la verdad.
—La verdad es que no lo quería decir, pero no encontraba mi ropa interior, y no podía venir así, es muy incómodo —dijo, mientras todos se callaban y Rocco miraba a su hermano con una mezcla de vergüenza ajena y diversión.
*_*
En la casa de Luis, el hombre estaba sentado con su esposa y un abogado, su esposa lloraba mientras luis fruncía el ceño. Josefa santoro, madre de Mía lo miraba con resentimiento.
—no puedes dejarle tan poco como herencia a Mia, es nuestra única hija, eres despiadado con ella, es la mejor hija del mundo, se preocupa por ti, por mi, eres un desgraciado —dijo Josefa con lágrimas en los ojos.
—mujer, no te preocupes, no te hagas ideas, Mia se casa con un cualquiera y no dejare mis acciones, con lo que le dejó, sera suficiente para que viva bien, si me hubieras dado un hijo varón esto no pasaría, no tendría que soportar al rebelde de rocco, y menos pedirle cosas al inutil de jorge, ahora el documento está listo, cuando llegue mia se lo entregó y que haga lo que quiera, pero las acciones principales las tendré yo para presionar al desgraciado de mi sobrino —dijo furioso y se fue.
el abogado, un hombre llamado Pedro Galvam la miró con lástima, josefa, a esta edad es hermosa, refinada, pedro, aunque de procedencia clase media, es aún guapo a sus 55 años.
—Señora, no se angustie, de todas formas, su parte como cónyuge usted se la puede dejar a su hija en su totalidad, —dijo mientras Josefa lo miró con curiosidad. —Para eso tengo que fallecer?, —dijo aún llorosa..
—Si…, o puede divorciarse, ustedes no tienen acuerdo prematrimonial, es más, antes de que su marido haga firmar esto a su hija, si se divorcia, podría sacar parte de esas acciones para usted y después pasarle a su hija y dejarla con más. —dijo el abogado.
Josefa asintió lentamente y un plan se formaba en su mente.