Zoe y Antoni nacieron con cucharas de plata en la boca. Rodeados de opulencia y acostumbrados a la adulación, ambos han forjado una coraza de orgullo y narcisismo que los hace inmunes a la empatía. Sus mundos son un escenario de apariencias, donde cada sonrisa es calculada y cada palabra un arma.
Él, Antoni, un tiburón de los negocios, acostumbra a tener todo lo que desea, y el control es su droga más preciada. Su arrogancia es su bandera, y su éxito, su mayor orgullo. Ella, Zoe, una belleza fría y distante, se deleita en la manipulación y la competencia. Su ego es un monstruo que necesita ser alimentado constantemente con admiración y poder.
Sus caminos se cruzan en una fiesta exclusiva, donde la atracción inicial se mezcla con el desafío. Comienza entonces un juego de ajedrez mental y emocional, donde el objetivo no es ganar un amor, sino conquistar un ego.
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juntos
Lo mire directamente a los ojos esto que estaba sintiendo era una locura Pero sentía una punzada en mi sexualidad con su toque algo que jamás me había pasado con un hombre.
El tomo mi barbilla— Creo que deberías de entrar y descansar mañana empezaremos a medio día para que puedas descansar tranquilamente.— me dijo y yo no quería que se fuera, sabía que era lo suficiente caballeroso como para no sugerír nada.
— Antoni, espera puedes quedarte unos minutos —dije y el me miró.
— Zoe, bebiste demasiado no quiero que mañana despiertes y ...— dijo y yo solté su mano, en cierta manera tenía razón había dicho una locura, así que saque la llave de mi habitación y abrí la puerta.
— Tienes razón, no se en que estaba pensando tu me odias.— dije con la cara caliente de vergüenza.
En ese momento sentí sus manos sobre mi cintura me miró a los ojos por unos segundos y me beso su mano estaba en mi nuca y la otra en mi cintura.
Nuestros labios rozaron una y otra vez.
Antoni dio un paso al frente sin romper el beso, empujándome suavemente hacia el interior de la habitación. Con el pie empujó la puerta a sus espaldas, y el crujido del cerrojo al cerrarse fue el único testigo de cómo el mundo exterior quedaba completamente fuera.
— Dime qué mañana no te vas arrepentir.— dijo contra mis labios mientras besando con tal pasión que mi corazón latía fuerte.
— No, Antoni por favor continúa.— dijo.
...En palabras de Antoni ......
Escuchar a Zoe pedirme que me quedará me dejó helado, sabía que era una mujer hermosa y sexy y sobre todo inteligente, que había tenido una relación larga con un hombre y yo apesar de ser muy seguro de mi yo jamás había tenido sexo con una chica, durante la universidad me dediqué a estudiar.
Al ver a Zoe entrar a su habitación se me prendió la sangré, sabía que no tendría una oportunidad como esa, así que me deje llevar por lo que sentía y la tomé por la cintura y la apreté contra mi, enseguida la gire en mi brazos y la bese torpemente por la necesidad que tenía de ella.
Podía sentir mi hombría dura y firme bajo mi pantalón que gritaba que no parara.
Sus manos contra mi pecho, se sentía tan bien.
Al entrar a la habitación estaba el doble de nervioso.pero si como de algo de instinto se tratara con delicadeza baje los tirantes de su vestido que cayó al piso enseguida, me aleje de ella un poco para mirar.
No llevaba puesto un sostén solo una diminuta tanga color negra de encaje.
Sus senos redondos grandes y con un toque rosado en la punta, pase mis manos por sus hombros hasta llegar a ellos, no podía dejar de admirarla.
Torpemente ella me abrió la Camísa sus manos estaban frías las podía sentir mientras tocaba mi pecho lentamente.
Me zafé de la camisa a medio desabotonar y la dejé caer a un lado sin apartar los ojos de ella. Tomé sus manos temblorosas y las llevé de nuevo a mi pecho, haciéndola sentir el ritmo desbocado de mi corazón.
—Zoe... —murmuré, con la voz tan grave y raspada que apenas reconocí mi propio tono—. Si esto es un error, dímelo ahora, porque juro que estoy haciendo el mayor esfuerzo de mi vida para no perder el control.
En lugar de responder con palabras, Zoe dio un paso al frente, acortando la distancia hasta que la firmeza de sus senos rozó la piel desnuda de mi torso. Un gemido sordo se me atascó en la garganta. El contraste entre la suavidad de su cuerpo y la rigidez del mío me nubló la razón.
Sin pensarlo más, pasé los brazos por debajo de sus muslos y la levanté en el aire. Ella soltó una pequeña aspiración de sorpresa y se aferró a mis hombros, rodeándome la cintura con sus piernas. La llevé a pasos firmes hacia la cama, dejándola caer con delicadeza sobre las sábanas blancas.
Me acomodé entre sus piernas, apoyando el peso de mi cuerpo sobre los antebrazos para no aplastarla, sintiendo la presión de mi hombría tensa contra el fino encaje de su tanga. Bajé la vista hacia su rostro; tenía las mejillas encendidas y los labios entreabiertos por la agitación. Entrelacé mis dedos con los suyos contra la almohada, sosteniéndole la mirada mientras me inclinaba despacio para saborear de nuevo su boca
nervioso y desesperado me quite los pantalones y baje su pequeña ropa interior tomo mi hombría con la mano y la pasé por la de ella suavemente mientras Zoe agitada temblaba.
— Antoni, solo aslo despacio por favor.!— dijo y sentí más excitación por qué eso significaba que yo sería el primero en su vida y ella en la mía.
Entre despacio pude sentir una sensación deliciosa recorrer mi cuerpo.
Las manos de ella se aferraban a mi espalda.
Cuando entre por completo ambos aguantamos el aire ella dió un pequeño grito mientras yo empecé a moverme despacio llendo me de placer algo que no podía explicar.
—Mírame, Zoe... por favor, mírame —le pedí en un murmullo rasposo, buscando su mirada en la oscuridad.
Ella abrió los ojos despacio, brillantes por las lágrimas de la emoción y el deseo contenido. Bajé la cabeza para sellar sus labios con un beso profundo, lento y lleno de una ternura hambrienta, buscando anestesiar la molestia inicial mientras comenzaba a moverme con más fuerza.
— ahh Antoni ..— decía y era como dopamina para mí.
—Antoni... más —susurró cerca de mi oído, con la voz quebrada y las mejillas ardiendo.
Me moví con desespero ella gemía cuando ambos llegamos al clímax temblamos de placer con la respiración entre cortada.
Me desplome a su lado y cerré los ojos y pude sentir que ella se acorruco en mi pecho así que la abrace.
—¿Estás bien? —murmuré con la voz áspera y grave, rompiendo la penumbra del cuarto sin dejar de acariciarle la espalda.
Zoe se movió apenas, alzando la barbilla para mirarme.
—Mejor que bien —respondió en un suspiro casi imperceptible, dibujando con el índice una línea invisible sobre mi hombro antes de apoyar de nuevo la mejilla en mi pecho—. Aunque sigo pensando que eres un terco insoportable.
por UE la tal amiguita esa ni me fio