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Volver A Vivir No Está Mal

Volver A Vivir No Está Mal

Status: En proceso
Genre:Amor prohibido / Romance / Venganza
Popularitas:5.6k
Nilai: 5
nombre de autor: Yinet Leonor

Noelia Pérez es una mujer mayor de 89 años que muere de un ataque al corazón, pero inexplicablemente despierta en otra realidad. No se ha convertido en ninguna preciosa jovencita, sigue siendo una mujer mayor, pero esta vez tiene unos 50 años, un gato tuerto, una casa desvencijada y un nieto delicado que viene a vivir por ser rechazado por su preferencia sexual. ¿Qué hará Noelia con esta nueva vida? Acompáñame y verás como solo hay que desear vivir con mucha fuerza para brillar desde la miseria más absoluta.

NovelToon tiene autorización de Yinet Leonor para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

El inicio del desastre

El día antes de la gran noche de Aritza había caído sobre el Valle con una tranquilidad engañosa. La casa de Tomás permanecía cerrada la mayor parte del tiempo, pero no abandonada. Lía, Lían y Mateo se encargaban de mantenerla habitable, de abrir las ventanas de vez en cuando, encender la calefacción cuando era necesario y asegurarse de que, si alguna vez necesitaban refugiarse allí, la casa los recibiera como si nunca se hubieran marchado. Aquella tarde habían cenado juntos.

Después, Mateo había recibido la invitación de sus amigos del hockey.

-Hay una barbacoa junto al lago. -anunció, poniéndose la chaqueta. -¿Vienes Lían? -Lían miró el sofá y a Lía. Luego miró la puerta. Después volvió a mirar el sofá.

-No.

-¿Seguro?

-Comí demasiado. Necesito reposar. Le haré compañía a mi abuela y a Capitán. -Mateo se encogió de hombros.

-Como quieras. -media hora después, Lían descubrió que había cometido un error monumental. Lía se había acostado temprano y Capitán con ella. El silencio de la casa comenzó a resultarle insoportable. Se levantó. Volvió a sentarse. Encendió la televisión. La apagó. Miró por la ventana.

-Genial. -murmuró. -Decisión brillante, Lían.

Finalmente tomó una bicicleta de pedal y salió hacia el lago. Nunca llegó. Todo ocurrió en unos pocos segundos. Un perro apareció corriendo detrás de un gato. Lían giró el manillar instintivamente para esquivarlos. La rueda delantera encontró un bache. La bicicleta se inclinó. Él salió despedido. Hubo un golpe seco. Después, silencio. Cuando recuperó parcialmente la conciencia, estaba tendido en la cuneta. Una de las ruedas de la bicicleta continuaba girando con un zumbido absurdo. Lían se incorporó tambaleándose.

-Malditos gatos... -masculló. -Malditos perros... -entonces vio la sangre. Su expresión cambió. -Oh, no. -el mundo se inclinó. La última cosa que alcanzó a pensar fue que, definitivamente, aquella había sido una de las peores decisiones de su vida. Andrés tampoco había llegado a la barbacoa. Había estado varios minutos pensando si debía ir. Al final se decidió. Era hora de integrarse, pero el destino tenía otros planes. Encontró a Lían aproximadamente dos minutos después. Lo reconoció de inmediato.

-Lían.

No obtuvo respuesta. Andrés se arrodilló a su lado y comprobó que respiraba. Después miró la bicicleta. Miró al chico y tomó una decisión. Lo cargó como pudo. Para su sorpresa, Lían resultó bastante ligero. Lo acomodó en la moto, sujetándolo contra su pecho con un brazo y emprendió el camino hacia la mansión. Sus padres no estaban. Habían ido a casa del alcalde Ariel Santos para ultimar los últimos detalles de la celebración de Aritza.

La mansión estaba completamente vacía. Andrés llevó a Lían hasta una de las habitaciones y lo dejó. Diez minutos después, Lían abrió los ojos en una cama lo suficientemente grande como para realizar una conferencia. Esa fue la primera señal de alarma. La segunda fue la araña. Nadie sin dinero tiene una lámpara que parece tener su propia póliza de seguro. Se incorporó lentamente. Miró alrededor. Molduras de pan de oro. Mármol blanco. Muebles impecables. Silencio. Un silencio tan perfecto que casi parecía artificial. Hasta respirar allí era distinto. Como si alguien hubiera filtrado el aire a través de una fortuna. Lían bajó los pies al suelo. La seda negra de las sábanas se deslizó bajo sus dedos.

-¿Dónde demonios estoy? -salió de la habitación con cautela. No escuchó voces. Encontró una escalera y comenzó a bajar. Al llegar al salón, los candelabros dorados hicieron que entrecerrara los ojos. Sus pasos resonaron por el espacio. -¿Por qué demonios esta casa tiene la acústica de una catedral? -murmuró. Entonces lo vio. Andrés estaba al otro extremo del salón. Lo observaba con una expresión difícil de interpretar. Como si él hubiese acabado de recitar una antigua profecía. En una mano llevaba un botiquín de primeros auxilios.

-Te has despertado. Ven para curarte la herida antes de que se infecte. -Lían recordó la caída. La sangre. El mareo llegó de inmediato. Lían era de esas personas que se marea ante su propia sangre. Se aferró a la baranda. Andrés cruzó la distancia entre ambos casi instantáneamente. Lo sostuvo antes de que cayera. Lían se agarró a él por puro instinto.

-Estoy bien... -dijo con un hilo de voz que no lo convencía ni a él mismo.

Andrés no respondió. Simplemente lo condujo hasta el sofá más mullido en el que se había sentado. Después regresó por el botiquín y entonces ocurrió algo extraño. Durante varios segundos, ninguno dijo una palabra. Andrés se sentó frente a él en la mesita. Abrió el botiquín. Sacó una gasa. Lían observó sus manos. Eran firmes. Cuidadosas. Demasiado cuidadosas. Cuando Andrés tomó su brazo para examinar la herida, Lían contuvo el aliento. No porque doliera. Era el simple hecho de tenerlo tan cerca. Andrés también permaneció inmóvil un instante. Había esperado encontrar resistencia. Una broma. Alguna de aquellas respuestas rápidas con las que Lían parecía defenderse del mundo, pero no. Solo silencio.

Andrés humedeció el algodón con alcohol. El líquido resbaló por el antebrazo de Lían, dibujando un rastro brillante que se detuvo justo antes del codo. Deslizó la torunda sobre la piel rota. Lían contuvo el aliento y Andrés sintió cómo el pecho del otro se tensaba bajo su mano. No era por el dolor. Era por el calor que dejaba el algodón. Por la forma en que la yema de sus dedos temblaba al retirar la sangre seca. Lían apretó los dedos contra el borde del sofá, pero no por el escozor. Los hundió en la tela como si buscara anclarse, porque Andrés había inclinado el torso, porque su respiración le rozaba la muñeca y su perfume lo embriagaba, porque cada vez que la gasa giraba, la falange de Andrés se posaba un instante sobre su pulso, midiendo sin querer su aceleración.

Ninguno miraba al otro, pero ambos veían el mismo temblor. El mismo brillo en la piel que no era sudor ni sangre. Andrés tomó otra gasa. Sus dedos se encontraron con los de Lían en un roce que no fue casual. Fue eléctrico, húmedo de esa tensión que no necesita nombre porque es puro y primitivo deseo. Se quedaron así, los nudillos rozándose, la palma de Andrés a medio milímetro de la muñeca de Lían, el silencio lleno de latidos. Un segundo. Dos. El tiempo suficiente para que Lían sintiera el borde de la uña de Andrés describir un arco casi imperceptible sobre su piel. Andrés retiró la mano, pero no el peso de su mirada baja. Lían tragó saliva y el movimiento de su garganta fue tan visible que Andrés desvió los ojos, pero su oído siguió el sonido húmedo del trago. El silencio que volvió no era ausencia. Era una piel nueva, demasiado fina, rozando entre ellos.

Al vendar la herida, Andrés enrolló la tela con lentitud. Cada vuelta apretaba justo lo necesario, justo lo que hace que el brazo se entregue. Al soltar el extremo, sus dedos resbalaron por la cara interna del antebrazo de Lían, desde la muñeca hasta el pliegue del codo, como quien traza un mapa que no necesita ojos. Lían retiró el brazo con brusquedad, pero no fue brusquedad. Fue la prisa de quien ha sentido demasiado. El tirón levantó el borde del vendaje y dejó al descubierto un parche de piel que aún ardía. No por la herida. Por la huella fantasma de los dedos de Andrés, que seguían ahí, calientes, invisibles, pegados a su carne como una segunda venda.

-Gracias. -escupió con nerviosismo creciente.

-No es nada. -dijo Andrés mientras recuperaba su dominio cerrando el botiquín. Luego continuó con necesidad de rellenar el silencio. -He enviado a recoger tu bicicleta. -hizo una pausa. Le costaba mucho más de lo que quería reconocer mantener el rostro sereno. -¿Quieres que alguien te acompañe o prefieres quedarte?

-No. -la respuesta salió demasiado rápido de los labios de Lían. -No hace falta que me acompañen. Estoy bien. -Lían se puso de pie con tanta rapidez que pareció impulsado por un resorte. Cometió entonces el error de mirar las gasas manchadas de sangre. El rostro se le descompuso. Andrés apenas tuvo tiempo de reaccionar antes de verlo tambalearse. Lo sostuvo.

-No, no vas a ninguna parte.

-Estoy bien... -pero ni él se lo creía.

-Es evidente que tienes algún tipo de conmoción cerebral. -espetó Andrés.

-No tengo... -la protesta murió cuando Andrés volvió a sujetarlo. Los brazos que lo rodeaban eran firmes. Demasiado firmes. Candentes. ¿Andrés tenía fiebre? Lían cerró los ojos un instante. No quería explicarle que tenía un problema ridículo con la sangre. Mucho menos podía explicarle que ahora mismo había demasiadas cosas que le daban vueltas en la cabeza, como esos brazos y la respiración cercana. Andrés lo levantó como a una princesa.

-¡Oye! ¿Qué crees que haces?

-Deja de ser insensato.

-Esto es un secuestro.

-No. Esto es ayuda.

-Eso no cuenta como consentimiento. -Andrés lo miró con absoluta seriedad. Sus ojos estaban tan cerca. Lían enmudeció de golpe. Esto era malo para su corazón estaba seguro. Andrés continuó hablando. -Estás herido y conmocionado. Esto es un deber ciudadano. -Lían entrecerró los ojos. No quería ver esa boca más de lo necesario. Respondió escudándose en el sarcasmo.

-Estoy probando eso del crecimiento personal, pero todavía no lo consigo. -por primera vez esa noche, una sonrisa apareció en el rostro de Andrés. Fue breve. Casi imperceptible, pero Lían la vio y su corazón se detuvo. Andrés lo llevó de regreso a la habitación y lo dejó sobre la cama.

-Ahora descansa.

-No necesito...

-Sí necesitas. -Andrés señaló la mesita. -Ponte esto. Te sentirás más cómodo. -dijo señalando unos pijamas. -Aprieta este botón si durante la noche necesitas ayuda. -se dirigió hacia la puerta. Lían lo siguió con la mirada.

-¿A dónde vas? -Andrés se volvió. Una ceja se arqueó con diversión.

-A la habitación de invitados.

-¿Por qué? -la sonrisa de Andrés regresó, esta vez con un matiz travieso.

-Porque alguien ocupa mi cama y no creo que desee compartirla conmigo. -Lían se quedó completamente rojo. Andrés salió antes de que pudiera responder. La puerta se cerró. Durante unos segundos, Lían permaneció inmóvil. Luego se dejó caer lentamente sobre la almohada.

-Dios mío... Estoy perdido. -susurró para sí mismo. En el pasillo, Andrés apoyó la espalda contra la pared. Cerró los ojos y soltó el aire que llevaba demasiado tiempo conteniendo. Aquella noche iba a ser mucho más complicada de lo que había imaginado y ninguno de los dos tenía la menor idea de cuánto ese accidente iba a repercutir en el futuro. Andrés finalmente se acostó en una de las habilidades contiguas pensando en lo extraño que era no sentir repulsión al contacto de Lían. Desde lo que había pasado con Ernesto él desarrolló casi una fobia al contacto humano. Ni sus padres se salvaban de eso y trataban de limitar sus muestras de afecto para no incomodarlo. Se metió la almohada en la cara. ¿Qué le pasaba? Él odiaba a los chicos como Lían que no escondían su preferencia sexual. Los odiaba. ¿Eso era cierto? ¿O solo odiaba a Ernesto y lo que representó en su vida?

-¿Qué estoy haciendo? -se sentó de golpe en la cama. Apartó con furia la almohada. Podía mentirse a sí mismo hasta convencerse, pero su cuerpo era muy honesto. -¿Deseo a un hombre? ¿Qué está mal conmigo?

Andrés apretó los puños sobre las sábanas, Fijó su mirada en la nada, tratando de explicar el terremoto que le sacudía por dentro. A sus dieciséis años, siempre había encontrado consuelo en las certezas. En las metas trazadas, en las palabras de su familia, en la idea clara y nítida de un futuro que creía haber diseñado con pulso firme después del infierno al que sobrevivió con lo de Ernesto, pero ahora, el simple hecho de sentir el pulso acelerado al ver a Lían reír o bailar en el hielo, o la forma en que su mirada se detenía unos segundos de más en la sonrisa de cualquier otra persona le daba rabia. A él no lo miraba así. Sus convicciones sufrían ahora mismo una crisis existencial irreversible con la fuerza de un Tsunami que derribaba como un castillo de naipes todo lo que daba por sentado.

No era odio hacia sí mismo ni hacia nadie más. Era un miedo profundo, un vértigo ante la inmensidad de un océano que nunca había considerado navegar. Se aferraba a sus creencias, a los principios que le inculcaron y que amaba, no como un escudo para repeler la verdad, sino como un ancla en medio de la tormenta, preguntándose en silencio si aceptar este nuevo mapa de su corazón significaría perder el rumbo de todo lo demás, o si, quizás, la travesía apenas comenzaba y el horizonte que siempre había visto no era el único posible.

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Aniramairos
Lo importante de cualquier situación es no rendirse, solo así se consiguen buenos resultados.
Warriorgame
Eso también es exagerar. Si algunos ya quieren irse, entonces el ya es mejor que ellos.
Warriorgame
Eso es exagerar. Necesitan saber cómo se llama, pero para intimidar suena bien.
Elisa Patico
cuanto tiempo pasará para que vuelvan a encontrarse? mínimo son 2 años pero creo que Lian llegará muy lejos y esos 2 años pueden convertirse en el doble, casi el triple...
Elisa Patico
No tomes por sentado ese consejo Lian, cuando llegas nuevo a un lugar todo se puede sentir enorme, y más cuando no tienes a tu red de apoyo al lado. Las comparaciones van a ser inevitables, el problema surge cuando dejas de verte a ti, tu esfuerzo, tu talento y lo que has logrado para solo ver el de los demás
Yinet Leonor: Exactamente 🤷. Hoy voy a hacer maratón. Trataré de subir cuatro capítulos o tal vez hasta cinco. Veré según la conexión.
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Elisa Patico
Durante 7 años lo crió ❤️
Yinet Leonor: Sí, los lazos son profundos.🥰
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Warriorgame
Este si es un buen consejo. Parece que alguien pensó en lo que la fama le hace a muchas personas.
Yinet Leonor: 🤣🤣🤣🤣 Así mismo. Es como si se despojaran de la humildad.
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Warriorgame
También podría irse y ellos lo van a visitar, si la distancia es la misma. 🤔
Yinet Leonor: Para eso existe la tecnología.🤷
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Aniramairos
¡Qué capítulo tan emotivo autora, gracias!, no sé si ando sensible pero se me salieron las lágrimas sin poder evitarlo, las despedidas tienen ese efecto sobre mí 🤭🤭.
Yinet Leonor: Sí. Sobre todos pienso yo. Nunca son fáciles y menos cuando todo está bien y saltas buscando algo que tal vez no necesitas.
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Warriorgame
Eso es importante. Poder tomar una decisión importante sin presión. Puede pensarlo con calma.
Yinet Leonor: Exactamente, pero con quince años es sumamente difícil.
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Warriorgame
En resumen... superstición.
Yinet Leonor: 🤣🤣🤣 Así mismo 🤷
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Aniramairos
Lindo capítulo, al final hasta se me salieron "las de cocodrilo" 🤭🤭.
Yinet Leonor: 😊El otro debe estar al salir ya estaba en revisión. Hoy quiero subir al menos cuatro.
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Elisa Patico
aaaaaa por que Megan es tan comprensiva 😭 quiero no quererla y le guardo un poco de resentimiento porque yo quería un Andrés x Lian, osea yo sé que no es su culpa y no ha hecho nada malo, pero aaaaaaaaa no lo puedo evitar. Sé que ella no se metió entre ellos dos ni nada, pero aaaaaaaaaaaaa, es tan confuso lo que siento, culpo a la autora 😖
Elisa Patico: soñar no cuesta nada 🤣 pero que la autora te oiga 🙏
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Elisa Patico
ya lo ves, la vida es así, tu te vas y yo me quedo aquí 🎶😭
Yinet Leonor: Así es. Todas las despedidas duelen.
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Elisa Patico
es que por queeeeee 😞 si se por que pero por queeeeee 😭
Yinet Leonor: Veremos cuánto crece este chico.😊
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Warriorgame
Es por esto que debía aceptar voluntariamente en vez de lo que pasó. No cualquiera soporta eso.
Yinet Leonor: Así es. Ser atleta de alto rendimiento conlleva sacrificios a niveles que los espectadores nunca ven.🤷
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Warriorgame
La verdad, debieron preguntarle primero.
Yinet Leonor: Sí, por suerte a Lían le gusta lo suficientemente como para no resentir esa decisión de los adultos 😊
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Elisa Patico
Cada vez que leo sobre Andrés, me duele un poquito. Gracias a Dios nunca me ha pasado lo de él, de amar a alguien en silencio, desde la distancia y ver cómo es feliz con alguien más, pero si he tenido desamores y si eso ya duele, no me imagino lo que vive él. Ojalá pueda encontrar a alguien que lo ame de la misma manera, con quién no se tenga que esconder y que lo acepte tal y como es ❤️ de pronto en la universidad?
Yinet Leonor: Paciencia 🤣🤣🤣🤣🤣
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Marita Peña
YA LO ENTENDERAN
Yinet Leonor: Claro que sí. Cuando crezcan.
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Marita Peña
EXACTO SON AMORES DIFERENTES
Yinet Leonor: Exactamente y el corazón tiene capacidad ilimitada para amar.
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