"Él fue mi primer amor y yo el suyo, estuvimos juntos en nuestros peores y mejores momentos, sin embargo ahora me estaba cambiando por alguien más joven."
Karla nunca estuvo preparada para descubrir la infidelidad del hombre que consideraba el amor de su vida, y mucho menos para ser echada a la calle tras una vida entera de entrega. Por si fuera poco, el desprecio de sus propios hijos —al no encajar en su ideal de madre— termina de destrozar su mundo. Con el corazón roto y la vida en ruinas, Karla se encuentra en un punto de no retorno: dejar que el dolor la consuma o reunir las fuerzas para sanar y reconstruirse desde cero.
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¿Qué hice mal?
— No, Karla. No debes sentirte mal por ese bastardo. No debes sentirte culpable —me regañé a mí misma.
Y aunque sabía que una traición no tenía excusa, no podía negar que una parte de mí se sentía culpable; sentía que tenía la culpa de lo que estaba pasando, que quizás si no lo hubiera descuidado, si me hubiera preocupado un poco más por mi apariencia, si tan solo hubiera…
Sí, estaba siendo ridícula, no lo podía negar. Pero es que todo esto me volvía loca.
Dejé de sentir lástima por mí misma y aceleré mis pasos. Cuando llegué al taller, me sentía como un náufrago que había encontrado tierra después de navegar durante días.
La primera persona que vio mi lamentable estado fue Marcus, uno de mis compañeros de trabajo; su rostro pasó por varios colores antes de acercarse a mí y preguntar lo que había pasado.
— Karlita, ¿qué te pasa? ¿Por qué estás hecha un desastre? —me preguntó Marcus.
Ante sus palabras, pronto se acercaron el resto de mis compañeros y amigos. Todos me rodearon y me miraron con rostros preocupados. Al notar el afecto en sus miradas supe que ya no estaba sola, los tenía a ellos, que habían sido mi familia durante todos estos años.
— No tienes buena pinta —murmuró Regina.
— ¡Habla, mujer! —exclamó Jhon con preocupación.
Bajé la mirada ante sus rostros preocupados. Titubeé por un momento, es que no sabía cómo empezar, no tenía las palabras para describir cómo me estaba sintiendo, lo devastador que fue descubrir la infidelidad de Armando, la humillación que me hizo pasar delante de los vecinos.
— Armando… Él me echó de la casa, me quitó a mis hijos. Estoy desesperada —dije con el rostro lleno de lágrimas—. ¡Ayúdenme! ¡Ayúdenme! ¡Estoy desesperada! ¡No sé qué hacer!
Los rostros de mis amigos pasaron de la confusión y la incredulidad al enojo. El taller poco a poco se volvió sofocante. Bajé la mirada para evitar que vieran mis lágrimas y mi vergüenza. Después de todo, siempre me había presentado ante ellos como una mujer fuerte, por lo que no quería que me vieran en este tipo de situación tan lamentable.
— Él solo me botó como un zapato roto. Me siento tan miserable. Es como si todos los años que pasamos juntos no fueran nada para él. Lo peor es que me dijo que yo era la culpable de todo. ¿Qué hice mal? ¿Qué hice tan mal para merecer esto? Ahora me siento tan confundida, no sé adónde ir o qué hacer. El muy bastardo me echó de casa e incluso me quitó a los niños. No sé si ahora les está envenenando el cerebro para que ellos se pongan en mi contra.
Sacudí la cabeza y me eché a llorar, esta vez con más fuerza. Regina me sostuvo entre sus brazos mientras me daba palmadas en la espalda a modo de consuelo.
— ¡¿Qué hice mal?!
— No hiciste nada mal, cariño —susurró con su voz maternal—. Vamos, desahoga todas tus penas, saca ese veneno que te atormenta. Solo debes permitirte derramar lágrimas esta vez, porque debes ser fuerte, Karla. Por tus hijos, por ti.
— Pero qué canalla. ¿Cómo pudo hacerte esto? Y mira lo tranquilo que se veía; ha sido un bastardo manipulador —comentó Jhon con ira.
— Esto me ha dejado sorprendido, Karla. En serio, es algo de no creer.
— Él llevó a esa mujer a la casa —les conté—. Yo... quise confrontarlo, pero todo salió tan mal, él me hizo un escándalo con los vecinos. Me hizo parecer como si fuese yo la que lo estaba engañando. Estoy segura de que le llenará la cabeza de mentiras a los niños. ¡Necesito hablar con ellos! ¡Debo explicarles! ¡Él no puede quitarme a mis hijos! ¡Ellos no pueden elegirlo! ¡No pueden!
— Y no lo harán —comentó Regina—. Cálmate, no lo permitiremos. Tus hijos te adoran. Karina es tu ojito derecho, tu pequeña cola. Y ni hablar de Kian; cualquier cosa, ya sea dinero o si le va mal en alguna prueba, tú eres la primera persona a la que consulta. Ellos te aman y te elegirán sobre ese libertino.
— La ley estará de tu lado, lo que debes hacer es denunciarlo —secundó Marcus, y luego miró mi cuello con curiosidad—. Eso que tienes en el cuello... ¡No me digas!
El tono de voz de Marcus adquirió un matiz de enojo. Pronto, tanto Regina como Jhon siguieron la mirada de Marcus, haciendo que recordara la herida en mi cuello que había sido ocasionada por Armando. Me llevé las manos al cuello y pude sentir cómo tenía la piel caliente y me escocía. Quizás tenía un hematoma, y con lo sensible que era mi piel, tal vez mañana se vería extremadamente feo.
— No solo es el cuello, mira, sus rodillas están rotas —argumentó Jhon.
Aunque no quería defender a Armando, tuve que corregir la observación de Jhon.
— Un carro casi me atropella, las heridas en mis rodillas no tienen que ver con él —dije rápidamente.
Pero al notar las miradas de desaprobación de mis amigos, supe que lo tomaron como mi forma de proteger a Armando.
— Aun con todo esto lo sigues defendiendo, mujer. Es que tú no entiendes: a esos bastardos no se les debe tener consideración. A una mujer no se le pega, jamás —mencionó con enojo Marcus.
— Estoy diciendo la verdad, no lo estoy defendiendo —le dije sollozando—. Las heridas en mis rodillas fueron ocasionadas por el impacto de un carro.
— ¿Y tu cuello? —preguntó Jhon; sus ojos grises me miraron de forma inquisitiva.
Bajé la mirada debido a la vergüenza; al notar mi silencio, lo tomaron como una afirmación. Pronto una lluvia de insultos adornó mis oídos.
— ¡Maldito hijo de perra!
— ¡Bastardo!
— Perro, esto no se va a quedar así.
Tras aquellas palabras, tanto Marcus como Jhon empezaron a salir del taller, lo que hizo que una señal de alerta apareciera en mi cabeza.
— ¿A dónde van? ¡Esperen!
Armando y Cristel que quieren ahora 🤔🤔🤔🤔❓❓❓❓❓
Ahora llegará acompañada de Johan y Armando se agarrará de allí veremos qué pasará en la fiscalía.
Karla lo mejor que te ha pasado es haber salido de ese parásito bueno para nada tienes ahora a tus hijos, a Johan que te está conquistando y de paso te ganas la lotería mejor imposible.
Karla se acaba de ganar la lotería ya tiene el dinero para montar su propio taller, comprar una casa y darle una buena vida a sus hijos.