Una torpe pareja entre un policía novato y una periodista se ve involucrada en la verdad tras el mortal virus zombie y en el propio apocalipsis zombie que envolvió el mundo.
Ahora los dos, tendrán que hacer todo lo posible para salir vivos y huir al refugio más cercano de Alley City.
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Capitulo #19: Retorno del Doctor
...⚠️ESTE EPISODIO ES NARRADO POR STAN⚠️...
Estaba dormido en la tienda, cuando de repente escuché un estruendo, adormilado abrí los ojos, llevándome la sorpresa de ver a mis compañeras dormidas en un rincón y la puerta de la tienda bloqueada por un mueble.
—¿Qué? ¿Nicky? ¿Guinevere? —bostecé volteando a los alrededores en busca de esas dos—.
Al no encontrarlas en la tienda de regalos, me puse de pie de un salto para buscarlas afuera de esta, solo que al salir, pude encontrarme con un viejo enemigo que creía haber derrotado. No era otro que ese grandísimo hijo de puta que me había perseguido por casi toda la noche.
—Do… ¿D-Dónde…? ¡¿Dónde está Guinevere?! —rugió, acercándose con la piel y el ácido cayendo poco a poco y con su bazuca encarnada en su brazo—.
Sin decir una sola palabra corrí lo más lejos de Shawn, llevándolo conmigo por el áspero camino de grava del zoológico. Así al menos, Annie y Melody estarían lejos del radar de ese cabrón, lo malo era que ahora tenía que esquivar cada disparo de su bazuca y las exposiciones que ocurrían detrás mío.
—No importa cuánto huyas… no importa cuánto calles… voy a encontrarte y te sacaré a mi hija de tu boca
—¡Jodete! —le respondí disparándole en el rostro con mi pistola—.
El zoológico que hace unos momentos era un lugar más o menos tranquilo con solo algunos caminantes, se volvió una zona llena de explosiones que no dejaban de hacer temblar el suelo. No dejé de correr por el camino de grava del lugar, llegando a una ruta pavimentada que llevaba al centro del zoológico, una plaza repleta de tiendas de comida chatarra, como hot dogs o hamburguesas y en el centro de la plaza había una esfera gigantesca del planeta Tierra, con solo decir que media lo mismo que una casa de dos pisos.
Sin otra opción volteé a los alrededores buscando una ruta en la que podía perder a ese infeliz, encontrando una que parecía llevar a una clínica veterinaria que estaba en una bajada del zoológico. Desesperado corrí en esa dirección, pero…
Cuando pensaba que la cosa no se podía poner peor, una centésima explosión provocada por la bazuca impactó contra la esfera de acero, destrozando el concreto que le sostenía y lo mantenía firme.
—Es… ¡Esto tiene que ser una puta broma!
El globo terráqueo comenzó a rodar en mi dirección, forzandome a apresurar el paso si es que quería no ser aplastado por ese planeta de acero. Esa esfera de la Tierra todo a toda velocidad detrás mío, soltando pequeños pedazos de pintura en su camino y haciendo que el suelo no solo temblara por las explosiones.
Tuve que moverme en zigzag entre los cuerpos, las señales caídas e ir disparándole a cada maldito caminante que aparecía para tratar de aprovechar la oportunidad y comerme.
En un intento desesperado por salvarme de morir aplastado, me gire de forma brusca hacia un pequeño camino alterno, el planeta de acero tan solo pasó de largo e impactó contra la clínica veterinaria. Por suerte o desgracia ese camino alternativo me llevó a lo que parecía ser el estacionamiento.
Antes de que pudiera buscar otro camino, ese bastardo me embistió para lanzarme contra una camioneta de un puñetazo. Mi pistola se escapó de mis manos y mi mochila se rompió, provocando que todo lo que tenía saliera desparramado.
—Última oportunidad…
—Jo… jo… —jadeé intentando ponerme de pie pero mi cuerpo estaba entumecido por el infernal dolor—. Jode… —me detuve al ver a lo lejos las últimas inyecciones del virus A-Eva que me quedaban—. Mm… bien, te lo diré… te lo diré —continué agarrando las inyecciones y ocultando una en la manga de mi uniforme de policía—.
—¿Dónde está? Stan Nick —me volvió a preguntar parándose frente a mi y poniendo su bazuca a centímetros mío—.
—¿Crees que puedas? Dudo que pueda moverme ahora —le pedí volteando a verlo desde el suelo—.
—Es mejor que no hagas nada estúpido ahora que te tengo piedad, niño —me aconsejo sujetándome del uniforme para alzarme hasta él—. Anda, dime… ¿dónde está mi hija?
—Tu hija… Nicky se la llevó… creo recordar que fueron a ver a los monos —le respondí quitándole la tapa a la inyección que tenía en mi mano—. Si vas ahora es posible que la alcances —con una pequeña risa de victoria le inyecte el virus A-Eva en su cuerpo—. Ve por ella, antes de que sea tarde
—Eso fue estúpido… —jadeó decepcionado y mirándome con superioridad—.
El doctor Shawn con un simple movimiento me lanzó hacia otro auto dejándome una vez más en el suelo y está vez con la cabeza abajo, estaba destrozado, con la sangre escurriendo de mi boca y mi nariz.
—Descansa en paz, niño —se despidió volteando a verme con la cabeza abajo y con mis manos tendidas en el suelo—
Verme así fue suficiente para que ese infeliz se diera la vuelta para irse sin rematarme, lo que aproveché para utilizar la inyección del virus A-Eva que escondí en mis mangas.
Como sabrán ese virus a diferencia de los otros virus, no te convertía en zombie por sí solo, sino que era capaz de regenerar heridas con rapidez de forma controlada. Aunque debido al cansancio estuve unos minutos inconsciente, hasta despertarme con un fuerte dolor de cabeza por el impacto.
—M-Mierda —gruñí poniéndome de pie con ayuda del carro que tenía detrás mío—.
—¡¡¿Hay alguien ahí?!! ¡¡Respondan!! ¡¿Hay alguien ahí?! —preguntó un hombre con voz rasposa desde mi Walkie talkie—.
—Aquí, Stan Nick, so… soy un policía de… de… Alley City, b-bueno, es mi primer día de trabajo
—Bien, Stan, necesito que te quedes ahí y nos des tu ubicación, además de claro, decirnos si hay más supervivientes en tu zona
—Ah… eh, S-sí, entiendo. Hay otros supervivientes, son tres mujeres adultas y una niña, estamos en el zoológico a las afueras de Alley, por…
—¡Entiendo! —me interrumpió—. No se muevan de ahí, Novato, llegaremos en menos de una hora
...Había sobrevivido a ese hijo de puta…...
...Sin embargo…...
...Ahora necesitaba matarlo una segunda vez, y para eso creo que ya tenía un arma…...
—Hmph, creo que es buen momento usarte, pequeña —susurré agarrando la caja de metal que había encontrado en el laboratorio subterráneo de Glaver—.