Valeria Chanstain creyó que el amor podía vencer cualquier obstáculo. Junto al hombre que amaba construyó un hogar, una familia y una vida que parecía perfecta, hasta que una verdad inesperada hizo añicos todo aquello en lo que alguna vez creyó.
Ahora, entre los recuerdos de un amor que juró ser eterno y el dolor de ver cómo la vida que construyó se desmorona ante sus ojos, Valeria tendrá que aprender a dejar ir aquello que más ama y encontrar la fuerza para comenzar de nuevo.
Porque a veces, perderlo todo no significa que la historia haya terminado... sino que apenas está comenzando.
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Señor Davies
—¡Valeria, espera! Falta el perfume —dijo Victoria.
—Pero...
Me quedé allí mientras ella me aplicaba el perfume.
Y cuando por fin iba a salir...
—Mi amor, eres un genio —dijo Margot.
—Eres increíble —dijo Victoria.
—¿Y ahora qué? —pregunté para mí misma.
Miré a Will y no podía creerlo. Tenía las mangas del vestido perfectamente colocadas, justo como debían estar. Había logrado acomodarlas de la manera correcta y la forma era precisa.
—Gracias, gracias. Pensé que era imposible —dijo Margot.
Las chicas comenzaron a reír y yo también.
Ellas tomaron las mangas y me las pusieron. Quedaban hermosas. El bordado, el volumen, su delicadeza... Todo era perfecto.
—Por fin, ya está lista.
Me vi al espejo y finalmente entendí por qué las chicas insistían tanto en que las usara. Eran el complemento perfecto.
Salimos de la casa. Margot, Victoria y Olivia irían con Will en su auto. Ellas subieron y me despedí de ellos. Luego me dirigí hacia el auto.
Ethan me esperaba con los chicos allí. No sabía cuánto tiempo llevaban esperándome. Apenas Ethan me vio, sonrió. Bajó del auto y me abrió la puerta.
—Estás preciosa.
—Gracias, mi amor
—Luces muy bonita, mamá—dijo Mateo
—Pero soy más bonita yo—respondió Emma
—Por supuesto ambas son preciosas —respondió Ethan con una sonrisa.
—Papá, es hora de irnos.
—Sí Emma vámonos—respondí
Ethan encendió el auto y nos dirigimos al lugar. Yo estaba muy nerviosa, aunque él parecía demasiado tranquilo. Observé la ciudad mientras nos alejábamos y, poco después, llegamos.
El lugar realmente me sorprendió. Yo imaginaba que la reunión sería en un hotel o en algún lugar similar, pero no era así lo que encontré frente a mí fue una mansión gigantesca. Era imponente, elegante y hermosa. Su estructura parecía sacada de un palacio.
—Esta es la mansión del señor Davies. Dicen que él era un hombre humilde. Su familia no tenía dinero y soñaba con ser arquitecto, pero no pudo. Mientras estudiaba Economía, trabajaba como constructor. Dicen que, cuando comenzó a ganar dinero con su trabajo, empezó a construirla con sus propias manos. A medida que su empresa crecía, él también iba construyendo su mansión, hasta que tuvo el dinero suficiente para buscar ayuda. Es fascinante... son años de sacrificio.
—Es increíble, ¿no crees?
—Sí. Es sorprendente.
Ethan permaneció unos segundos observando la mansión. Su expresión había cambiado. Ya no parecía simplemente impresionado; había algo más en su mirada.
—Siempre he admirado al señor Davies —dijo finalmente—. No solo por lo que logró construir, sino por la forma en que lo hizo. Empezó prácticamente desde cero y consiguió convertir una pequeña empresa en una de las compañías más importantes del país. Para mí ha sido un ejemplo desde que comencé a trabajar en su empresa. He aprendido muchísimo de él.
Lo miré. Podía notar el respeto que sentía por el señor Davies.
—Es un hombre honorable además es un hombre maravilloso, misericordioso y servicial dije
El señor Davies es un empresario extraordinario además de ser una gran persona y un ser humano excepcional
—Tienes razón es admirable respondió Ethan
— Muchas gracias me siento honrado. Pero al parecer, están bien informados.
Aquella voz hizo que me girara de inmediato. Ethan también se dio la vuelta.
Frente a nosotros estaba el señor Davies Un hombre alto y su complexión ligeramente delgada. Su cabello estaba entrecano, conservaba aún algunos mechones oscuros que le daban un aire distinguido. Sus ojos cafés tenían una mirada firme, pero amable. Vestía un elegante traje negro que resaltaba su porte y, a pesar de los años, conservaba un atractivo innegable.
—Señor presidente.
—Bienvenidos, señores Chastain.
—gracias presidente
—Gracias, señor Davies. respondí
El Señor Davies extendió su mano y Ethan respondió al apretón. Pude notar lo feliz que se sentía
—Hoy señor Chastain será nombrado director es un día muy importante y también especial me siento orgulloso de que usted asuma ese cargo es una gran persona
—Es un verdadero honor, señor —dijo Ethan
—Quiero agradecerle personalmente por la oportunidad. Sé que este cargo representa una gran responsabilidad y haré todo lo posible para estar a la altura de lo que espera de mí.
El presidente sonrió.
—No tengo dudas de que lo harás.
Luego se acercó a mí y besó mi mejilla.
—Tan hermosa como siempre, señora Chastain cada vez que la veo esta más bella.
—Gracias, presidente.
—Bueno, aunque creo que yo no tanto. Cada vez que me ve, estoy más viejo —bromeó.
—No, claro que no. Presidente usted está muy bien.
—Gracias Valeria —dijo, visiblemente complacido.
Él mostró una sonrisa satisfecha. Ethan me miro y sonrió
En ese momento, una mujer se acercó a nosotros. Era realmente hermosa. aunque aparentaba ser mucho más joven que el señor Davies ella tenía una elegancia natural y una expresión tan serena, pero había algo en su mirada que imponía sus ojos tan azules. Ella se acercó al presidente y tomó su brazo con demasiada familiaridad.
—Mi amor, no seas Tan presumido, eres muy presuntuoso.
El presidente soltó una pequeña risa.
—Perdona a mi esposo —me dijo ella dejando escapar una sonrisa tímida
—No se preocupe.
El presidente la miró y ella guiño su ojo luego el hizo las presentaciones.
—Señora Valeria Chastain, ella es mi esposa, Raquel Davies.
—Es un honor conocerla Señora Raquel. Yo sonreí
Raquel me respondió con amabilidad
—El gusto es mío, señora valeria chanstain.
Luego el presidente miró a Ethan.
—Mi amor, él es mi nuevo director, el señor Ethan Chastain.
Raquel extendió su mano hacia él.
—Un placer conocerlo, señor Chastain. He escuchado hablar mucho de usted.
—El placer es mío, señora Davies.
Ethan estrechó su mano.
—Mi amor Raquel, También quiero presentarte a Mateo y Emma, los hijos de los señores Chanstian.
—¡Qué gusto conocerlos! —dijo la señora Raquel, mirándolos con afecto—. Son unos jóvenes encantadores.
—Mucho gusto, señora Raquel —respondió Emma.
—Igualmente —dijo Mateo.
—Bueno, es hora de que entremos. Hace demasiado frío. Señor Chastain, señora Chastain, es hora de que entremos con permiso.
—Disculpen.
—Por favor, sigan adelante —dijo la señora Raquel.
—Sí, muchas gracias. Pespondí
Ethan me tomó del brazo y continuamos caminando. A nuestro lado iban Mateo y Emma.
—Le gusta bromear al señor Davies —comentó Ethan.
—Sí, eso noté aunque solo un poco.
Finalmente, entramos.