Ella renace en un nuevo mundo, en el cual tendrá que enfrentar dificultades por los problemas de su familia. Pero, no se quedará a sufrir, porque ella es una luchadora, siempre lo fue y siempre lo será..
*Esta novela pertenece a un mundo mágico*
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Sueños 1
Ella siempre había sido de esas mujeres que parecían llevar el sol consigo.
Era alegre, picara y extrovertida. Tenía una facilidad casi peligrosa para hacer conversación con desconocidos, bromear incluso cuando las cosas salían mal y encontrarle el lado gracioso a situaciones que a cualquier otra persona probablemente le habrían provocado ganas de llorar.
Había crecido en un pequeño pueblo, en una vida sencilla donde cada peso costaba esfuerzo.
Nada le había llegado gratis.
Si quería algo, trabajaba por ello.
Si necesitaba algo, ahorraba.
Y si soñaba con algo... bueno, primero tenía que trabajar muchísimo y después volver a trabajar un poquito más.
Desde muy joven había aprendido a arreglárselas sola. Había tenido épocas buenas y épocas bastante malas, había pasado por trabajos que no le gustaban y había terminado agotada más veces de las que podía recordar.
Pero jamás había dejado de soñar.
Y, sobre todo, jamás había dejado de pensar que algún día tendría una vida diferente.
Por eso, después de años ahorrando prácticamente cada moneda que podía, tomó una decisión que para muchos parecía una locura.
Se iría al extranjero.
No de vacaciones.
No para conocer lugares bonitos y volver después de unas semanas.
Se iría para comenzar una nueva vida.
Había pasado meses haciendo cuentas, revisando precios, investigando oportunidades laborales y mirando videos de personas que habían conseguido establecerse en otros países.
Cada vez que veía a alguien mostrando su apartamento, su trabajo, sus viajes o simplemente su vida cotidiana en el extranjero, ella pensaba lo mismo.
[Yo también puedo hacerlo.]
Y cuanto más lo pensaba, más convencida estaba.
[Voy a trabajar menos, ganar más, grabar videos, subirlos a internet y hacerme famosa. ¿Qué podría salir mal?]
Por supuesto, había una pequeña parte de su cerebro que intentaba recordarle que las cosas probablemente no serían tan sencillas.
Pero ella prefería ignorarla.
[Esa parte de mi cerebro es demasiado negativa. No voy a escucharla.]
Así que tomó todos sus ahorros y compró el pasaje.
Cuando finalmente llegó el día del viaje, salió de su pequeño pueblo con una maleta, algunos documentos, sus ahorros cuidadosamente guardados y una cantidad absurda de entusiasmo.
Mientras esperaba en el aeropuerto, miró su teléfono y sonrió.
Había grabado varios videos antes de partir.
No podía evitar imaginarse cómo sería su nueva vida.
[Primer día viviendo en el extranjero.]
[Primer trabajo en el extranjero.]
[Mi primer departamento.]
[Cuánto gano trabajando en otro país.]
[Cómo cambié mi vida en un año.]
Incluso imaginó los comentarios.
[Qué inspiradora.]
[Yo también quiero hacer esto.]
[¿Cómo lo lograste?]
Sonrió sola.
[Con esfuerzo, queridos. Mucho esfuerzo.]
Cuando finalmente aterrizó en el nuevo país, bajó del avión con una sonrisa enorme.
Miró alrededor.
Todo era diferente.
Las calles.
Los edificios.
La forma de hablar de las personas.
Los carteles.
Incluso las cosas más pequeñas parecían nuevas.
Durante unos minutos simplemente caminó con su maleta, observándolo todo con una mezcla de emoción y asombro.
[¡Lo hice!]
Sintió una oleada de orgullo.
Había dejado atrás su pequeño pueblo.
Había tomado sus ahorros.
Había cruzado una frontera.
Y ahora comenzaría la vida que siempre había soñado.
O eso creía.
Porque la realidad tardó muy poco en darle una bofetada.
La primera sorpresa fueron los precios.
Después vino la segunda.
Y luego una tercera.
Y una cuarta.
El sueldo que, visto desde su país de origen, parecía enorme, ya no parecía tan enorme cuando comenzó a pagar alojamiento, comida, transporte, servicios, impuestos y todas esas pequeñas cosas que misteriosamente se llevaban el dinero mucho más rápido de lo que ella esperaba.
Una tarde, sentada frente a una mesa con una calculadora y varias cuentas, observó fijamente la pantalla del teléfono.
Volvió a hacer la suma.
Luego la hizo nuevamente.
Y una tercera vez.
Finalmente dejó caer la cabeza sobre la mesa.
[No.]
Levantó la cabeza.
Volvió a mirar los números.
[No, no, no.]
Hizo otra cuenta.
El resultado seguía siendo el mismo.
[¿Dónde está mi sueldo?]
Miró alrededor de su pequeño alojamiento.
[¿Se lo comieron?]
Suspiró.
[¿O será que el dinero de este país tiene la mala costumbre de evaporarse?]
La realidad era bastante más sencilla.
Ganaba más que antes.
Pero también gastaba muchísimo más.
Y aquello significaba que, en lugar de trabajar menos...
Estaba empezando a trabajar más.
Mucho más.
Al principio intentó mantener el optimismo.
Había estudiado una profesión.
Tenía conocimientos.
Tenía experiencia.
Y estaba convencida de que, una vez instalada, podría encontrar un empleo relacionado con aquello que había estudiado.
Así que comenzó a enviar currículums.
Uno.
Dos.
Diez.
Veinte.
Treinta.
Las respuestas, sin embargo, no llegaban.
Y cuando llegaban, muchas veces eran negativas.
En aquel país había muchísimos profesionales.
Personas con excelentes estudios, experiencia, contactos y años de trayectoria.
Competir no era sencillo.
Ella lo comprendió después de un par de semanas.
Una tarde, mientras revisaba nuevamente una lista de ofertas laborales, se quedó mirando la pantalla en silencio.
[Bueno... esto no estaba en el plan.]
Se reclinó en la silla.
[En mi imaginación ya tenía una oficina bonita.]
Miró su ropa de trabajo.
[En mi imaginación también trabajaba cinco horas al día.]
Miró nuevamente sus cuentas.
[Y definitivamente en mi imaginación tenía muchísimo dinero.]
Se echó a reír.
Porque si no se reía, probablemente lloraría.
Pero ella no era de las que se rendían fácilmente.
Si no encontraba trabajo en su profesión todavía, tendría que buscar otra cosa.
Así que volvió a hacer lo que sabía hacer desde siempre.
Trabajar.
Comenzó a aceptar distintos trabajos para poder mantenerse.
Algunos eran agotadores.
Otros eran repetitivos.
Algunos pagaban mejor que otros.
Y algunos simplemente servían para llegar a fin de mes.
No era la vida que había imaginado cuando compró aquel pasaje.
No era la aventura perfecta que había visto en los videos de internet.
No era una vida de trabajar poco, ganar mucho, viajar constantemente y grabar contenido mientras el dinero aparecía mágicamente en su cuenta bancaria.
Pero era la vida que había elegido.
Y, aunque a veces se sintiera cansada, intentaba recordarse que había llegado allí por decisión propia.
[Yo elegí esto.]
[Nadie me obligó.]
[Yo quería una oportunidad.]
[Así que voy a luchar por ella.]
Además, todavía tenía sus sueños.
Seguía queriendo grabar videos.
Seguía queriendo crecer en internet.
Seguía queriendo conseguir un trabajo mejor.
Seguía queriendo demostrar que podía construir una vida diferente.
Y, sobre todo, seguía teniendo aquella personalidad alegre y descarada que le permitía levantarse cada mañana incluso cuando la vida parecía empeñada en complicarle las cosas.
Aquella noche, después de un día particularmente agotador, regresó a su alojamiento.
Dejó las cosas sobre una silla.
Se quitó los zapatos.
Se dejó caer sobre la cama.
Miró el techo.
Estaba exhausta.
[Definitivamente mañana voy a descansar.]
Hizo una pausa.
[Bueno... probablemente no.]
Soltó una pequeña carcajada.
Luego tomó su teléfono y revisó sus redes sociales.
Había pocos seguidores.
Muy pocos.
Pero sonrió al ver que alguien había comentado uno de sus videos.
Aquello era suficiente para devolverle un poquito de entusiasmo.
[Algún día.]
Dejó el teléfono a un lado.
Cerró los ojos.
Por primera vez en todo el día, se permitió quedarse completamente quieta.
No sabía que aquella noche sería diferente.
No sabía que aquella vida que tanto esfuerzo le había costado construir estaba a punto de terminar.
Y, sobre todo, no sabía que cuando volviera a abrir los ojos...
El país en el que había decidido comenzar de nuevo ya no sería el mismo.
Su vida tampoco.
Y, para su desgracia o su buena suerte...
Probablemente tampoco tendría oportunidad de quejarse de su sueldo.