Ella huye de un pasado mágico y de un alma gemela que se convirtió en monstruo. Él es un humano de hierro, capitán de inteligencia, que solo vive para su trabajo. Ella caza abusadores por las noches; él los persigue por el día. Un caso los une, la necesidad de justicia los mantiene juntos, y un amor inesperado los acecha en medio de la investigación más peligrosa de sus vidas. En esta cacería, nadie es lo que parece y el amor es el único misterio que no saben cómo resolver.
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Capitulo 19: el origen del muro
El silencio en el apartamento de Zoe se volvió tangible, una presencia pesada que flota entre ambos. La confesión de Zoe había dejado una estela de dolor, pero también una extraña sensación de purga. Alarik, el hombre que siempre tiene todas las respuestas, que siempre mantiene el control, escucha con la respiración contenida, procesando la magnitud de lo que ha vivido la mujer que, hasta hace poco, consideraba solo una colega talentosa y un tanto enigmática.
Zoe exhaló, terminando su relato con una frialdad que oculta un mar de tormentas.
__Cuando la Reina de los Vampiros me liberó, no fui yo quien lo cazó. iGnar fue capturado por ella, torturado y entregado a mi hermano. Pero eso no era suficiente. Exigí tener mi venganza. Zarthus. Él no quería que yo me manchara las manos, siempre tratando de protegerme de la oscuridad, pero le insistí. Necesitaba ese cierre. Le quité la vida, capitán Me aseguré de que ese ser despreciable no volviera a dañar a nadie más__.
Zoe caminó hacia la ventana, evitando la mirada de Alarik por un instante.
__Después de eso, me sentí perdida. En mi mundo, mi magia era solo arte, algo hermoso para crear, no para destruir. Pero yo necesitaba defenderme. Me fui al territorio de los lobos. Allí conocí a Dante, el Rey Alfa, y a Astrid, su Delta y jefa de guerreros. Se convirtieron en mis hermanos, mi familia elegida. Durante seis meses, me rompieron y me reconstruyeron. Aprendí a luchar, a convertir mi energía en un arma. Pero al volver... vi la realidad humana. Las otras especies tienen colmillos, fuerza, velocidad, magia... los humanos son vulnerables. Me uní a la policía porque vi la forma de nivelar el campo de juego. Escalar hasta Sargento me ha dado las herramientas para cazar a los que, como iGar, creen que pueden usar a los débiles como juguetes__.
Alarik permaneció inmóvil. Su mente, analítica y fría, ahora esta desbordada. La existencia de lobos, vampiros y magos es un hecho, una realidad que cambia los cimientos de su mundo. Pero lo que más le impactó no fue la magia, sino la humanidad de Zoe: su capacidad para transformar el trauma en justicia.
__Entiendo por qué lo hiciste, Sargento__. Dijo Alarik finalmente, con la voz grave.
__Y no te juzgo. Si yo hubiera pasado por lo que tú viviste, si alguien hubiera intentado romperme de esa manera, no sé si habría tenido tu templanza. Lo que has hecho... proteger a los humanos de monstruos que ni siquiera saben que existen... eso no es solo deber, es heroísmo__.
Zoe lo miró, sorprendida por la falta de miedo o rechazo en sus ojos. Él no la ve como un arma, ni como una amenaza. La ve como a ella misma.
__Nada de esto saldrá de estas paredes__. Prometió Alarik, dando un paso hacia ella.
__Tu secreto está a salvo conmigo__.
Zoe sintió que el nudo que había cargado durante años en el pecho se aflojo. Pero el alivio fue interrumpido por la expresión de Alarik. Hay algo más en su mirada, una tormenta contenida que ella no había visto antes.
__Tú has hecho algo que yo nunca he permitido que nadie hiciera__..Dijo él, con una firmeza que hizo vibrar el aire.
__Has bajado la guardia. Has confiado en mí con la parte más oscura de tu historia. Y, al hacerlo, me has hecho ver que mi propia fachada... mi propio silencio, se siente ahora como una mentira__.
Zoe lo observó, notando cómo los hombros del capitán, siempre tan rectos y tensos, caen un poco.
__¿A qué te refieres?__. Preguntó ella, en un susurro.
Alarik se pasó una mano por el rostro, un gesto de cansancio profundo. Caminó por el pequeño salón, como si estuviera midiendo la distancia entre el hombre que todos conocen y el niño que todavía vive dentro de él.
El aire en el apartamento se volvió denso, cargado con un peso que no procede de la magia, sino de una verdad que lleva años fosilizada. Alarik, el hombre que siempre mantiene la compostura, parece estar desmoronándose ante los ojos de Zoe.
__Tú has compartido conmigo tu historia, sargento, la existencia de los sobrenaturales que viven en un mundo ignorado por nosotros los humanos__. Comenzó él, rompiendo el silencio con una voz que oscila entre la frialdad y el quebranto.
__Pero la mía... la mía es puramente humana. Y es, por eso mismo, igual de cruel que los monstruos que tú persigues. Quizás te has preguntado por qué soy como soy. Por qué no hablo de mi familia, por qué mis paredes están vacías de fotos, por qué no tengo un hogar. El contacto físico me resulta aberrante, sí, pero a diferencia tuya, yo no tuve a nadie que me enseñara a diferenciar el cariño del dolor después de lo sucedido__.
Alarik se detuvo frente a ella, obligándola a sostenerle la mirada. Sus ojos, habitualmente analíticos, muestran una transparencia devastadora.
__Mi madre murió cuando yo tenía cinco años. Las complicaciones del parto me dejaron solo, pero fue un proceso lento... ella se fue apagando, dejando un vacío que nadie se molestó en llenar. ¿Mi padre?__. Soltó una risa amarga, un sonido carente de cualquier atisbo de humor.
__Mi padre es un fantasma. Ella nunca supo su nombre; decía que lo conoció y se sintió hechizada por su belleza, pero al siguiente día despertó sola en un hotel de lujo. Fui un error, una consecuencia de una noche que él nunca tuvo que asumir__.
Zoe escucha, sintiendo un dolor punzante en el pecho. No hay hechizos ni maldiciones aquí, solo la brutalidad de la negligencia humana.
__Cuando ella murió, fui entregado a su familia. A unos parientes que yo no sabía ni que existían; vivíamos en otra ciudad, lejos de Veridiana__. Continuó Alarik, su voz volviéndose gélida.
__Pensé que encontraría un refugio, un lugar donde crecer. Pero fue el comienzo de mi infierno__.
El ambiente se volvió gélido. No es magia; es la atmósfera cargada de su trauma.
__No fue un extraño quien me dañó, Zoe. Fueron ellos. Todos ellos. Mi familia materna se encargó de hacerme saber, cada día, que yo era la razón por la que mi madre no estaba para protegerme. Fui su saco de boxeo emocional, el chivo expiatorio de su desgracia. Me trataron como a un objeto, como a una carga. Y cuando crecí, cuando mi cuerpo empezó a cambiar... se convirtió en algo más. Me transformaron en el sacrificio del patriarca. Lo que se suponía que era un tío, comenzó con caricias nocturnas que escalaron hasta un abuso sistemático. Me enseñaron, desde los cinco años, que el mundo es un lugar donde solo puedes confiar en tu propia capacidad para endurecerte__.
Zoe dio un paso instintivo hacia él, pero se detuvo. Puede sentir el dolor de Alarik: un abismo que, a diferencia del suyo, no tiene una entidad física contra la cual luchar. No hay un monstruo al que cortarle sus asquerosas pelotas, ni un brujo al que derrotar. Solo hay recuerdos de una infancia donde debió haber juegos y, en su lugar, hubo una perversión sistemática disfrazada de tradición.
__Es por eso que soy como soy__. Confesó él, con la voz rompiéndose.
__Construí este muro, este uniforme, este rango de capitán... porque es la única forma en que puedo existir sin ser la víctima de alguien más. Me hice inquebrantable para que nadie pudiera volver a tocarme__.
Zoe se acercó y, rompiendo sus propias barreras, colocó la mano sobre el brazo de Alarik. Él se tensó al principio, como si el contacto le quemara, pero un segundo después, se dejó caer, buscando la estabilidad de ella como quien busca aire tras haber estado bajo el agua.
__Has sobrevivido a un tipo de monstruo diferente, Alarik__. Dijo ella, con una voz suave, firme como el acero.
__Uno peor, porque la familia debería ser el refugio, no la pesadilla. Tus monstruos no tienen garras ni colmillos, tienen nombres, apellidos y se sientan a la mesa a cenar. Son los más difíciles de matar porque habitan en los hogares que deberían ser seguros__.
Alarik levantó la vista y, por primera vez, Zoe vio al hombre debajo de la armadura. Sus ojos ya no son el muro distante de un oficial; son la mirada de alguien que, tras una vida de guerra interna, esta agotado.
__No quería contarlo__. Admitió él.
__Pero al escucharte, al ver que alguien tan poderoso como tú también ha tenido que sobrevivir a sus propios demonios, sentí que por primera vez podía dejar de fingir. No estoy listo para enfrentar a tus vampiros o a tus lobos, Sargento. Todavía me siento un simple humano en un mundo de sobrenaturales. Pero... si tú estás dispuesta a dejarme entrar en tu historia, yo estoy dispuesto a dejar que tú entres en la mía__.
Zoe le dedicó una sonrisa, una real, que iluminó su rostro cansado y disipó la oscuridad del salón.
__.No estás solo, Capitan. Nunca más__.
En la penumbra del apartamento, rodeados por el silencio de la noche, permanecieron allí. Ya no son el capitán y la sargento, dos cargos en una jerarquía rígida. Son dos supervivientes que, tras años de naufragio, han encontrado tierra firme en la verdad del otro. El romance entre ellos es un fuego lento, que no necesita grandes promesas, sino la simple y poderosa certeza de que, frente a la oscuridad del pasado, ahora tienen la luz de la compañía.