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La Obsesión Del Perro Del Infierno

La Obsesión Del Perro Del Infierno

Status: En proceso
Genre:Síndrome de Estocolmo / Traiciones y engaños / Aventura / Escena del crimen
Popularitas:7.1k
Nilai: 5
nombre de autor: Gaudy Arredondo

Estrella fue tomada por error. Condenada a pagar una deuda ajena, su vida queda en manos del ejecutor más despiadado de la mafia, un hombre al que todos temen y apodan "El Perro del Infierno".
​Lo que los captores no saben es que ella guarda un secreto en su mochila, y que él oculta una identidad dispuesta a destruirlos a todos. Cuando la obsesión por protegerla nade entre la mentira y el deber, escapar juntos será la única opción... si el pasado no los alcanza primero.

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Capitulo 1 Traición

Estrella era una joven hermosa de tez blanca, rostro ligeramente ovalado, ojos color caramelo y un largo cabello castaño que caía sobre su espalda formando suaves ondas. Sus labios rojos destacaban con esa bella y dulce sonrisa que siempre mantuvo, a pesar de las duras pruebas que la vida le había puesto.

​Ella era hija única de doña Mercedes Gonzales, quien trabajaba como costurera para una gran diseñadora de modas. Ambas vivían en una pequeña casita que, según le contó su madre, era una herencia de los abuelos que habían fallecido antes de que ella naciera. De su padre, Estrella no sabía absolutamente nada; llevaba el apellido de su madre. La verdad, nunca preguntó por él; pensaba que, si no las había buscado en tanto tiempo, era porque no quería saber de ellas.

​Vivieron felices hasta que Estrella cumplió diez años. Esa mañana, su madre llegó acompañada de un hombre de traje, anunciando que sería su esposo y que Estrella debía respetarlo. Desde ese día, él se quedó a vivir con ellas. Era ingeniero de sistemas en una gran empresa, pero poco a poco se dedicó a la bebida y al juego hasta perder el empleo. A partir de entonces, tomó a la madre de Estrella como su cajero automático. El único sustento de la casa era el trabajo de doña Mercedes, quien comenzó a aceptar costuras de los vecinos y se quedaba despierta toda la noche cosiendo. Los gastos eran cada vez mayores, y Fernando, su padrastro, le exigía el dinero a golpes para irse a beber y apostar. La vida en aquel lugar era un auténtico infierno.

​Una mañana, doña Mercedes amaneció sin vida. Estrella, siendo aún una adolescente de quince años, tuvo que pedir ayuda a los vecinos y hacerse cargo de sepultarla en una zona humilde del cementerio. Recordaba con dolor que, días antes, su madre le había dado a guardar las escrituras de la casa, asegurándole que ya estaban a su nombre para que su esposo no pudiera venderla. También le entregó una carta cerrada, pidiéndole que si algún día ella faltaba, la abriera y la perdonara. Estrella pensó que aquella carta contenía la explicación de por qué su madre se había quitado la vida, y por el dolor, no quiso abrirla. Sin embargo, siempre llevaba consigo el sobre plastificado con la carta y las escrituras, ocultos en un fondo falso que ella misma había cosido en su mochila. Al ser su mochila de cuero, solo la limpiaba con un poco de aceite y quedaba como nueva; era sumamente cuidadosa con sus cosas desde niña.

​Pasaron cuatro años. A sus diecinueve años Estrella ya era estudiante de una prestigiosa universidad privada de la ciudad, a la que asistía gracias a una beca de estudios ganada por sus excelentes calificaciones.

​No vestía con ropa de grandes tiendas ni de diseñadores conocidos; su ropa, comprada en mercadillos, se amoldaba tan bien a su perfecta silueta que parecía esculpida por los dioses. Esos jeans ajustados con un top sencillo, sus zapatillas y la mochila al hombro, acompañados por el andar elegante que la caracterizaba, la hacían destacar de inmediato entre los demás estudiantes.

​Ese día, Estrella se había quedado en la biblioteca a estudiar con su compañera Esmeralda, quien a pesar de ser hija de un importante político, le brindaba su amistad sincera, aunque al principio el padre de Esmeralda no estuviera de acuerdo.

​—Estrella, gracias por quedarte a estudiar conmigo —dijo Esmeralda con tono honesto — Sé que habrías podido estudiar sola, pero lo haces por ayudarme con esta materia. Sabes que si no la apruebo, mi padre me castigará.

​—Hoy no tengo que ir a trabajar al consultorio médico. El doctor López está en una operación en el hospital Santa Ana, así que me quedo con gusto. Además, no me gusta llegar temprano a casa, mi padrastro es insoportable y prefiero volver cuando ya esté dormido.

​—¿Nunca has pensado en lo mucho que nos parecemos? —comentó Esmeralda, mirándola fijamente—. Somos de la misma estatura, tenemos el mismo color de cabello y de ojos, hasta la misma nariz perfecta... ¿No seremos gemelas separadas al nacer?.

​—Ay, ya quisiera yo tener un padre millonario, chofer y mucama — Sonreía Estrella — No pienses tonterías y estudia.

​—Déjame regalarte este brazalete, es igual al mío, mira —dijo Esmeralda extendiendo una joya—. Se lo pedí a mi papá y lo mandó a hacer de forma exclusiva. Ves que mi papá no es tan malo... Déjame colocártelo.

​—¡Ay, no! Esto debe de valer más que todo mi sueldo de un año. No lo puedo aceptar, es oro puro y esas piedras no creo que sean de vidrio. Si lo ve mi padrastro, me lo va a quitar para empeñarlo.

​—Mira, tiene un broche especial de seguridad, una vez puesto cuesta mucho quitarlo. Él no podrá hacértelo. Además, ni te ves con él cuando llegas a tu casa; o está dormido de lo ebrio que está o aún no ha regresado. Y cuando sales, sigue durmiendo. No te lo verá, tú tranquila.

​—¡Mira la hora! —exclamó Estrella revisando su reloj—. Ya es muy tarde, no debe quedar nadie en la universidad. Mejor vámonos ya, si no me apuro no podré tomar el metro a mi casa.

​Salieron corriendo. El encargado de la biblioteca solo esperaba a que ellas salieran para poder cerrar bajo llave. Al llegar a la puerta principal de la universidad, se dieron cuenta de que el lujoso coche de Esmeralda con su chofer no estaba esperándola. Estrella decidió quedarse a su lado, no la dejaría sola a esas horas.

​Permanecieron cerca de la entrada, pero de pronto, una minivan negra, grande y de lunas polarizadas, frenó en seco frente a ellas. Las puertas laterales se abrieron de golpe y bajaron cuatro hombres vestidos de negro, armados con rifles de largo alcance y con los rostros cubiertos por pasamontañas.

​Estrella y Esmeralda se quedaron paralizadas; sabían que si intentaban correr, lo único que les esperaba era un balazo por la espalda. Uno de los sujetos dio un paso al frente y habló con una voz ronca, evidentemente furioso:

​—¡Carajo! ¿Ahora cuál de las dos es la puta hija del senador? Se supone que estaría sola... La otra es la huérfana. Miren, ustedes dos ya están muertas si no hablan. En el peor de los casos, me llevo a las dos.

​Esmeralda, temblando de terror, habló, pero lo que soltó dejó a Estrella en un estado de shock absoluto:

​—Yo... ¡Yo me llamo Estrella Gonzales! —mintió Esmeralda, con una convicción desesperada — ¡Vean! Ella tiene el brazalete de oro que le regaló su padre... Ella es Esmeralda. Déjenme ir, por favor, soy el único sustento de mi padre. ¡Les juro que no diré nada a nadie!.

​—¡¿Qué haces?! ¡Se supone que eras mi amiga! —alcanzó a gritar Estrella en un tono de dolorosa súplica.

​El líder del grupo no perdió el tiempo. Hizo una fría señal con la mano. De inmediato, otro de los sujetos plantó el cañón de su arma directamente en la cabeza de Esmeralda y disparó sin titubear. El cuerpo de la chica cayó pesadamente sobre la acera, mientras su sangre se dispersaba por todos lados ante la mirada aterrorizada de Estrella.

​Sin darle tiempo a reaccionar, los hombres agarraron a Estrella a la fuerza y la subieron a empujones a la camioneta. De nada sirvieron sus forcejeos ni su llanto desesperado. Una vez dentro, la amarraron de pies y manos, le vendaron los ojos y le sellaron la boca con cinta gruesa.

​Tirada en el suelo de aquella camioneta en marcha, Estrella solo podía llorar en un silencio absoluto.

Eran profesionales, no cabía duda, y era obvio que no dejarían testigos. Tenía el corazón destrozado por ver cómo su amiga la había traicionado solo para terminar con un balazo en la cabeza, y sabía que si hacía el menor ruido, correría exactamente la misma suerte.

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Carmen Palencia
me alegro mucho de que capa negra se haya dado cuenta me encanta esta novela por favor puedes regalarnos más capitulos que está novela está súper emocionante
Carmen Palencia
me encanta esta novela es demasiado buena y gracias por actualizar
Carmen Palencia
excelente capitulo muchas gracias por actualizar
Yudith flores
Hermoso capitulo autora gracias 🥹🌹
Carmen Palencia
excelente capitulo
Yudith flores
Pero que novelasaaa aurota 🤗 anciosaaaa esperando cada capítulo 🥹🙏🙏
b zamitiz
🙂
Carmen Palencia
excelente capitulo
Savina Luna beltran
🥰🥰🥰 Muy buena historia felicidades me encanta
Carmen Palencia
gracias por actualizar es demasiado buena esta novela por favor denos más capitulos seguidos
Carmen Palencia
me encanta esta novela como la estás desarrollando eres una excelente escritora por favor denos más capitulos de esta hermosa novela que está súper emocionante
Carmen Palencia
cada capítulo es mejor que el anterior de verdad que te felicito por qué eres una excelente escritora y está novela está súper buenísima por favor puedes regalarnos más capitulos de esta hermosa novela que está súper emocionante
Carmen Palencia
excelente capitulo
Carmen Palencia
excelente novela
Carmen Palencia
te felicito de verdad que me parece una excelente novela
Carmen Palencia
excelente capitulo
Carmen Palencia
me encanta esta novela
Omaira Olivier
hola autora gaúdis la felicito por tan linda novela espero más capitulo.diosla cuide
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