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Todo Menos Amigos

Todo Menos Amigos

Status: Terminada
Genre:Yaoi / Escuela / Amor-odio / Completas
Popularitas:1.4k
Nilai: 5
nombre de autor: CrisCastillo

Noah Sullivan lleva años preparándose para obtener la beca internacional más prestigiosa de la universidad. Cada examen, cada trabajo y cada sacrificio han tenido un único objetivo: ganar.

Todo parece ir según lo planeado hasta que aparece Leo Moreau.

Popular, talentoso y desesperadamente encantador, Leo se convierte en el único rival capaz de disputarle la beca. Desde el primer encuentro, la tensión entre ambos es inmediata. Cada clase se transforma en una competencia y cada conversación en un desafío.

Cuando el director del programa anuncia que los dos candidatos finales deberán colaborar en un proyecto conjunto para demostrar sus capacidades de liderazgo, Noah siente que es una condena.

Sin embargo, cuanto más tiempo pasan juntos, más difícil resulta ignorar lo que hay detrás de las máscaras que ambos han construido.

NovelToon tiene autorización de CrisCastillo para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

09

Leo no fue a su apartamento. Fue al único lugar donde el mundo aún tenía sentido. La pista de hielo.

A esa hora, estaba desierta y silenciosa, excepto por el zumbido del sistema de refrigeración. No se puso los patines. Simplemente se sentó en la grada fría, con la cabeza entre las manos. Las palabras de Noah resonaban en su mente, una y otra vez. "Error de cálculo". "Mundo de fantasía". "Nunca entenderás".

Eran mentiras. Sabía que eran mentidas, impulsadas por el pánico. Pero en la boca de Noah, sonaban como verdades. Porque Noah, con su mente brillante y su lógica implacable, tenía una forma de diseccionar la realidad que era devastadora. Si Noah decía que Leo no entendía, entonces quizás era verdad.

Se quedó allí durante una hora, luego dos. El frío del metal se filtraba a través de su ropa, pero no lo sentía. Solo sentía el peso de la decepción. No solo la del patrocinador, sino la de Noah. La suya.

Finalmente, se levantó. Necesitaba aire. Necesitaba no estar en un lugar que le recordara a Westbrook, a la beca, a Noah. Salió del campus y caminó sin rumbo por las calles iluminadas de la ciudad, terminando en un pequeño bar de jazz que a veces frecuentaba con su equipo. No estaba en modo de fiesta, pero el sonido de un saxofón melancólico parecía adecuado para su estado de ánimo.

Mientras bebía su cerveza en un rincón oscuro, su teléfono vibró. Era Maya.

—¿Dónde estás? —su voz era directa, como siempre—. Acabo de pasar por el salón. Está vacío y a oscuras. Y me acabo de enterar por Sarah de la mierda del patrocinador. ¿Qué está pasando, Moreau?

Leo suspiró, contando la historia de una manera resumida y autocrítica. —Y entonces tuvimos una pelea. Dije cosas. Él dijo cosas. Y ahora... eso.

—¿Y tú qué vas a hacer? —preguntó Maya—. ¿Te vas a esconder en un bar y a sentir pena por ti mismo?

La pregunta, tan cruda y directa, sacudió a Leo. —¿Qué más puedo hacer? —replicó—. Se ha rendido. Si él no quiere intentarlo...

—¿Desde cuando te importa lo que él quiere? —la interrumpió Maya—. ¿Desde cuando este proyecto fue solo de ustedes dos? ¿Te acuerdas de Elena? ¿De Javier? ¿De mí? ¿O solo eras tú y el genio de la biblioteca jugando a ser líderes?

El reproche de Maya era justo. Y doloroso.

—Tienes razón —dijo Leo, sintiendo cómo la vergüenza reemplazaba a la autocompasión—. No es solo sobre nosotros.

—Maldita sea que sí —dijo Maya—. Ahora bebe esa cerveza, pide otra si es necesario, y luego vuelve al campus. Tenemos un equipo que reunir. Y un festival que salvar, con o sin el robot de la biblioteca.

Leo colgó, sintiendo una chispa de su antiguo fuego. Maya tenía razón. Noah había renunciado, pero él no. No podía.

Mientras tanto, Noah estaba paralizado en el salón de estudios. El silencio era ensordecedor. Su laptop estaba abierta en la pantalla de cancelación del evento, pero no podía escribir las palabras. Cada vez que intentaba formular el correo electrónico al Dr. Henderson, su mente se rebelaba.

Se levantó y empezó a pasear por el salón, sus pasos inquietos y sin rumbo. Vio los bocetos de Javier en la pizarra. Vio la lista de tareas que él mismo había creado. Y vio el cuaderno negro de Leo, olvidado en una silla.

Sin saber por qué, lo recogió. No era su estilo. No violaba la privacidad. Pero... algo lo impulsó. Lo abrió en la página donde Leo había dibujado el plano del festival. Junto al escenario, había una pequeña nota escrita al margen, con una letra que Noah no había visto antes. "Para mi hermano. Para que no tenga que elegir entre sus sueños y una comida".

Las palabras golpearon a Noah con la fuerza de una ola. El hermano de Leo. El que no pudo ir a la universidad. Este festival no era solo sobre las becas en abstracto. Era personal. Era sobre la persona que Leo amaba y no había podido ayudar. Y Noah, en su arrebato de lógica cruel, había usado esa vulnerabilidad contra él.

Una oleada de vergüenza, cálida y abrumadora, lo inundó. Se había encerrado en su torre de marfil de números y proyecciones, tan ciego por su propio miedo al fracaso que no había visto la verdad: este proyecto nunca fue solo sobre ganar. Era sobre ayudar. Era sobre conectar. Era sobre algo que Leo había entendido desde el principio y que Noah solo ahora empezaba a ver.

Necesitaba encontrarlo. Necesitaba disculparse.

Cerró el cuaderno y salió corriendo del salón, sin saber a dónde iba. El campus parecía desierto, sus pasillos oscuros y vacíos. No estaba en su apartamento. No estaba en el gimnasio. Noah estaba desesperado, su mente lógica completamente inútil en medio del caos emocional que él mismo había creado.

Finalmente, se sentó en un banco cerca del lago del campus, la luna reflejándose en el agua oscura. Se sentía perdido, no solo físicamente, sino existencialmente. El chico que siempre tenía un plan, siempre tenía la respuesta, no tenía ni idea de qué hacer a continuación.

Sacó su teléfono, sus dedos temblando ligeramente. No tenía el número de Leo. Nunca lo habían necesitado. Pero tenía el de Maya.

—¿Sullivan? —su voz sonaba somnolienta—. ¿Qué quieres?

—Necesito encontrar a Leo —dijo Noah, su voz apremiante—. ¿Sabes dónde está?

Hubo una pausa en la línea. —¿Por qué? ¿Para decirle más cosas crueles sobre cómo su mundo es una fantasía?

—No —dijo Noah, su voz quebrándose ligeramente—. Para disculparme. Para... arreglarlo.

Maya suspiró al otro lado de la línea. —Está bien. Pero no creo que quiera verte ahora. Déjale espacio. Nos vemos mañana en el salón a las diez. Tienes mucho que explicar.

—Estaré allí —dijo Noah, sintiendo un pequeño resquicio de esperanza—. Gracias, Maya.

—No me lo agradezcas todavía —dijo ella, colgando.

Noah se quedó sentado en el banco, el aire frío de la noche en su piel. No había resuelto el problema del dinero. No había arreglado las cosas con Leo. Pero por primera vez en horas, tenía un plan. No era un plan basado en números o proyecciones. Era un plan basado en algo más difícil, más complicado y, por alguna razón, más importante.

Era un plan para empezar de nuevo.

1
Fany Torres
bellísima historia me encantó felicito a la autora siga asi
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