Ella reencarna en otra época.. y ahora tiene magia.. tiene su destino ya trazado y decidido por su familia.. ¿podrá cambiar su destino? ¿o seguirá siendo la hija obediente que siempre fue?
*Está novela pertenece a un mundo mágico*
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Despedida
Los días posteriores al viaje transcurrieron con una rapidez que Grace no esperaba.
Quizás porque había intentado no pensar demasiado en ello.
Quizás porque una parte de ella seguía aferrándose a la ilusión de que todavía quedaba tiempo.
Pero el día finalmente llegó.
El día en que abandonaría la mansión Gartner.
Para siempre.
O al menos por muchos años.
Aquella mañana el ambiente en la residencia era extraño.
Silencioso.
Nadie parecía querer mencionar lo que estaba ocurriendo.
Los sirvientes caminaban con discreción.
Las doncellas evitaban mirarla durante demasiado tiempo.
Incluso los jardines parecían más quietos de lo habitual.
Grace terminó de preparar sus últimas pertenencias.
Y se sorprendió al descubrir que eran pocas.
El templo proveía prácticamente todo lo necesario para sus residentes.
Por eso solo llevaba algunos objetos personales.
Algunos libros.
Pequeños recuerdos.
Y unas pocas pertenencias que había decidido conservar.
Cuando terminó, observó su habitación.
La habitación donde Grace Gartner había crecido.
La habitación donde había despertado después de reencarnar.
La habitación donde había descubierto su nuevo destino.
Y por un instante sintió una punzada de nostalgia.
[Se acabó.]
Luego sonrió.
Y salió.
Los primeros en buscarla fueron los gemelos.
Grant y Grayson.
Sus hermanos menores.
Dos pelirrojos idénticos capaces de convertir cualquier lugar en un caos absoluto.
Y también dos de las personas más importantes para la antigua Grace.
—Hermana.
—Hermana.
Los dos aparecieron prácticamente al mismo tiempo.
Como siempre.
Grace sonrió.
—¿Han venido a despedirse?
—No.
—Vinimos a asegurarnos de que no te escondieras.
Ella soltó una pequeña risa.
—Claro.
Los gemelos seguían siendo traviesos.
Consentidos.
Y completamente incapaces de comportarse con seriedad durante mucho tiempo.
Pero aquel día era diferente.
Porque aunque intentaban bromear, ambos tenían los ojos ligeramente enrojecidos.
Y Grace lo notó.
Grayson fue el primero en abrazarla.
Con fuerza.
Como si no quisiera soltarla.
Grant hizo exactamente lo mismo segundos después.
—No tardes mucho.
—Intentaré no hacerlo.
—Es una promesa.
—No puedo prometer eso.
Los dos hicieron una mueca idéntica.
Lo que hizo que Grace terminara riéndose.
Incluso en un momento así seguían siendo ellos mismos.
Cuando finalmente logró separarse de los gemelos, encontró a sus padres esperándola.
Lady Gartner ya estaba llorando.
No intentaba ocultarlo.
Las lágrimas corrían libremente por sus mejillas.
Y aquello rompió un poco el corazón de Grace.
Porque sabía cuánto la quería.
Su madre la abrazó inmediatamente.
—Mi niña...
La voz le tembló.
—Cuídate mucho.
Grace la abrazó también.
—Lo haré.
—Come bien.
—Sí.
—Y descansa.
—Sí.
—Y si necesitas algo...
La mujer no pudo terminar la frase.
Las lágrimas volvieron a vencerla.
Grace cerró los ojos.
Y simplemente la abrazó con más fuerza.
Porque entendía perfectamente lo que su madre sentía.
Amor.
Culpa.
Tristeza.
Todo mezclado.
Durante años Lady Gartner había vivido convencida de que debía cumplir aquella promesa.
Y durante años también había cargado con el dolor de saber que el precio era su hija.
Finalmente se separaron.
Y Lady Gartner se secó las lágrimas como pudo.
Lord Gartner permanecía más sereno.
Pero Grace lo conocía lo suficiente para notar la emoción en sus ojos.
Su padre colocó una mano sobre su hombro.
—Todo está preparado.
Grace asintió.
—Lo sé.
—No te faltará nada.
—Lo sé.
—El templo recibió todas las donaciones necesarias.
—Lo sé, padre.
Por un momento él guardó silencio.
Y luego sonrió.
Una sonrisa pequeña.
Cansada.
Orgullosa.
—Te extrañaremos.
Aquellas tres palabras fueron las más difíciles de escuchar.
Porque eran completamente sinceras.
Grace sintió que sus ojos se humedecían.
—Yo también los extrañaré.
Por unos segundos ninguno habló.
No hacía falta.
Todo estaba dicho.
Finalmente, el carruaje quedó listo.
Los gemelos la abrazaron una última vez.
Lady Gartner volvió a llorar.
Y Lord Gartner la ayudó a subir.
Cuando el vehículo comenzó a avanzar, Grace observó por la ventana.
Vio a sus padres.
A sus hermanos.
A los sirvientes.
A la mansión donde había vivido toda su vida.
Y poco a poco todo comenzó a alejarse.
La nieve cubría los caminos.
Los bosques del norte se extendían en todas direcciones.
Y el templo la esperaba.
Un lugar que definiría el resto de su existencia.
Grace apoyó la cabeza contra el cristal.
Sentía tristeza.
Nostalgia.
Incertidumbre.
Pero también una extraña calma.
Había aceptado aquel destino hacía mucho tiempo.
Y ahora simplemente estaba avanzando hacia él.
Mientras el carruaje recorría los caminos nevados de Sunderland, la mansión Gartner desapareció lentamente en la distancia.
Y por primera vez, Grace comprendió que la vida que había conocido hasta entonces había terminado.
Una nueva etapa acababa de comenzar.
Sin embargo, muy lejos de allí, alguien avanzaba por los caminos del reino con exactamente el objetivo contrario.
No dejarla marchar tan fácilmente.
Mala actitud la de los padres