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La Novia que Él Humilló

La Novia que Él Humilló

Status: Terminada
Genre:Romance / CEO / Traiciones y engaños / Mujer despreciada / Amante arrepentido / Completas
Popularitas:1.5M
Nilai: 3.4
nombre de autor: Eva Belmont

Isadora Valença creía estar viviendo el sueño de toda mujer: comprometida, viviendo con Henrique Lacerda, con la boda planeada y un futuro perfectamente organizado. Estaba segura de que estaba a punto de comenzar la mejor etapa de su vida.

Todo se derrumba cuando Catarina Prado, la exnovia que abandonó a Henrique en uno de los momentos más difíciles de su vida, reaparece diciendo que está gravemente enferma. Frágil, llorosa y rodeada de suplicas de lástima, Catarina ocupa demasiado espacio nuevamente. Y Henrique, usando la cruel excusa de que ella “está muriendo”, empieza a cruzar límites que nunca deberían tocarse.

Isadora comienza a ser humillada, ignorada y relegada a un segundo plano. Hasta que llega el golpe final: Henrique utiliza todo lo que habían preparado para su boda —la ceremonia, los invitados, los símbolos— para montar un falso matrimonio con su ex, todo en nombre de la compasión.

Con el corazón destrozado y la dignidad herida, Isadora acepta una propuesta inesperada: un matrimonio arreglado con Miguel Montenegro, un hombre frío, poderoso y rodeado de misterios. Un acuerdo sin promesas de amor, solo respeto.

Lo que comenzó como una huida se transforma en un nuevo comienzo. Lejos de quien la menospreció, Isadora descubre su fuerza, reconstruye su autoestima y aprende que el amor no puede nacer de la humillación.

Y cuando el pasado intenta regresar, ella ya no es la novia que aceptaba todo en silencio.

Ahora, es ella quien decide.

NovelToon tiene autorización de Eva Belmont para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 20 — El día después del sí silencioso

Isadora se despertó con el recuerdo del beso todavía tibio en los labios.

No fue la memoria de un gesto impetuoso, ni de una noche fuera de control. Fue el recuerdo de algo elegido con calma. Y eso hacía toda la diferencia.

Se quedó unos minutos acostada, mirando el techo, sintiendo su propio cuerpo despertar sin prisa. No había aquella urgencia típica del arrepentimiento. Ninguna necesidad de repasar mentalmente lo que había ocurrido para decidir si había sido correcto o incorrecto.

Había sido verdadero.

Se levantó y fue a la cocina. Miguel todavía no estaba ahí. El silencio de la casa no era vacío, solo tranquilo. Isadora se sirvió un café y se sentó a la mesa, observando la luz de la mañana llenar el ambiente.

No sentía ansiedad.

Sentía responsabilidad emocional.

Cuando Miguel apareció, unos minutos después, sus miradas se encontraron de inmediato. No hubo incomodidad. No hubo huida.

— Buenos días — dijo él.

— Buenos días.

El tono era el mismo de siempre, pero había algo nuevo en el aire. Una atención mayor. Un cuidado extra con las palabras.

— ¿Dormiste bien? — preguntó Miguel.

— Dormí — respondió ella. — ¿Y tú?

— También.

Se sentaron a la mesa, manteniendo una distancia cómoda. No era alejamiento. Era elección.

— Sobre lo de anoche… — comenzó Miguel.

Isadora levantó la mano, suave.

— No tienes que disculparte — dijo. — Ni explicar.

Él asintió.

— Solo quería dejar claro que nada cambió sin que tú lo quisieras.

Ella sostuvo su mirada.

— Nada cambió sin que tú también lo quisieras.

Hubo un silencio breve, casi cómplice.

— Eso significa que… — comenzó Miguel.

— Significa que vamos despacio — completó Isadora. — Como adultos que saben lo que quieren, pero no tienen prisa de atropellar su propio proceso.

Miguel sonrió levemente.

— Me gusta eso.

El día siguió con normalidad. Trabajo, reuniones, compromisos. Aun así, Isadora sentía algo diferente. No distracción. No euforia. Solo una conciencia constante de que había alguien esperando al final del día — no por obligación, sino por elección.

Por la noche, cuando volvió a casa, encontró a Miguel en la sala, hablando por teléfono. Él colgó en cuanto la vio.

— Llegaste temprano — comentó.

— Un poco — respondió ella. — Pensé que… — dudó. — Que podríamos cenar juntos.

Miguel asintió.

— Me gustaría.

Cocinaron juntos otra vez. Esta vez, los movimientos estaban más cerca, pero sin prisa. Un roce breve al pasar por detrás. Una sonrisa contenida. Nada que necesitara amplificarse.

Durante la cena, hablaron de cosas sencillas. Un proyecto que Isadora estaba liderando. Un problema logístico que Miguel necesitaba resolver. La vida seguía ocurriendo alrededor de lo que comenzaba a nacer.

Después, se sentaron en el sofá.

No hubo beso inmediato. No hubo expectativa.

— ¿Notaste que estamos actuando diferente? — preguntó Miguel.

— Lo noté — respondió Isadora. — Y me gusta.

— A mí también.

Él la miró con atención sincera.

— No quiero repetir patrones — dijo. — Ni los míos, ni los tuyos.

— Ni yo — estuvo de acuerdo ella. — Por eso no quiero promesas ahora. Quiero continuidad.

Miguel asintió.

— Entonces continuemos.

Él extendió la mano, sin urgencia. Isadora la aceptó.

El toque era simple. Pero cargado de intención.

Esa noche no hubo más que manos unidas y conversaciones en voz baja. Ningún intento de avanzar más allá de lo que se sentía cómodo. Ninguna necesidad de demostrar nada.

Cuando se despidieron en el corredor, Miguel se detuvo un instante.

— Buenas noches — dijo, más bajo de lo habitual.

— Buenas noches.

Se inclinó y apoyó su frente contra la de ella, en un gesto breve, íntimo y sorprendentemente delicado.

Isadora cerró los ojos por un segundo.

— Hasta mañana — murmuró él.

— Hasta.

Al cerrar la puerta de su cuarto, Isadora sintió algo que no había sentido en mucho tiempo.

Confianza en el ritmo.

No estaba corriendo detrás de nada.

No la estaban jalando.

No estaba intentando retener algo que pudiera escaparse.

Estaba caminando al lado.

Al otro lado de la pared, Miguel se apoyó en la puerta de su propio cuarto unos segundos antes de alejarse.

No sentía ansiedad.

No sentía control.

Sentía ganas de cuidar lo que estaba creciendo.

Y eso, para él, era una novedad.

El beso no había sido el clímax.

Había sido el comienzo de algo que exigía presencia, paciencia y verdad.

Y ninguno de los dos estaba intentando llegar demasiado rápido a ningún lado.

Estaban llegando juntos.

1
Verónica Bustos
me asalta una duda , será que Miguel tuvo una relación con la putizorra muribunda,como siempre sabe lo que hace,y además ella tiene su número de fono , porque por muy conocido que sea una persona ,hay cosas que son privadas,digo yo 🤭
Verónica Bustos
yo quiero saber que irá hacerle cucaracho cuando vea que la difunta está más viva que él,y lo uso como un títere,y lo hizo perder un amor sincero e incondicional.
Mabel Quintana
DEMACIADO ABURRIDA
Victoria Wintecker
la verdad leer todo de lo mismo ,no me confomo; al contrario, pasaba las página para ver si había un poco de romance ,pero nada
Victoria Wintecker
muy buena💕
Victoria Wintecker
me gusta la narración muestra que se asemeja la realidad hasta de nosotros
Luz Maria Cayetano
/Good/
Nacho Cardozo
tardo demasiado que esperaba que le dieran medalla oficial de martil 😈😈
Mercedez Peréz
bueno escritoras como dijo está tan aburrida su historia la dejo 😠😠😠
Cecilia Romero
abandono está historia es tan aburrida q es siempre lo mismo es una estupidesz escribir lo mismo en todo los capítulos
Angela Mabel Fernandez
q porquería
Debbie Pinzon
un poco sosa...más parecido a una clínica psicológica. Me quedó a deber.
mariposa
Interesante novela. Ella se defendió.
Dejo el pasado atrás.
Angela Mabel Fernandez
siempre lo mismo con su respuesta que cansa .Hasta cuando
Luz Velazco
nadie te está obligando a qué leas éste libro
Luz Velazco
nadie te está obligando a qué leas éste libro
Luz Velazco
Hilda porque en vez de criticar empieza por escribir tú un libro
🤭
Angela Mabel Fernandez
acción ya queremos leer
Angela Mabel Fernandez
siii aburrida parece militares
mariposa
Catalina necesita una enfermera que la cuide.
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