Todo comenzó con un amor adolescente. Ella tenía 18 años y Adonis, 19. Estaban convencidos de que su relación era verdadera y soñaban con permanecer juntos. Sin embargo, sus vidas cambiaron cuando ella descubrió que estaba embarazada. Adonis, asustado por su juventud y por la responsabilidad que se acercaba, aseguró que no quería ser padre y terminó rechazándola. Al enterarse, los padres de la joven decidieron hablar con la familia de Adonis. Después de una difícil conversación, ambas familias acordaron un matrimonio arreglado para que asumieran juntos la responsabilidad. Al principio, ninguno estaba preparado, pero con el tiempo nació una inesperada cercanía entre ellos.
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Capítulo 18 — Tres y media de la mañana
Narra Adonis
Eran exactamente las 3:30 de la mañana cuando por fin llegué a la casa.
La verdad, estaba completamente borracho.
Apenas podía caminar derecho. Iba tambaleándome por la calle mientras intentaba meter las llaves en la cerradura.
—Ay, juepucha... ¿por qué esta vaina tiene tantas llaves? —murmuré, mirando el llavero.
Después de varios intentos conseguí abrir la puerta.
Entré cantando una canción que ni siquiera sabía bien.
—♪ La vida... la vida... ♪
Me tambaleé hacia un lado.
—¡Uy, marica!
Por poco me caigo contra la pared.
Me agarré del marco de la puerta y solté una carcajada.
—Estoy bien... estoy re bien.
Caminé hacia la sala.
Entonces escuché una voz.
—¿Amor? ¿Estás bien?
Era Kiara.
Levanté la cabeza y la vi sentada en el sofá.
—¿Qué haces despierta?
Ella se levantó rápidamente.
—¡Llevo horas esperando! ¿Dónde estabas?
—Por ahí.
—¿Por ahí dónde?
—Con los parceros.
Kiara se acercó y me miró de arriba abajo.
—Estás completamente borracho.
—No estoy borracho.
Di un paso y casi perdí el equilibrio.
Kiara me agarró del brazo.
—¡Cuidado!
—Suéltame.
—Te vas a caer.
—Que no, parce.
Intenté caminar nuevamente.
—¡Uy, carajo!
Volví a tambalearme.
Kiara suspiró.
—No manches, Adonis. ¿Cuánto tomaste?
—Lo normal.
—¿Lo normal? ¡Son las tres y media de la mañana!
—¿Y qué?
—¡Estaba preocupadísima!
Me dejé caer en el sofá.
—Pues ya llegué.
—Eso no es suficiente.
La miré.
—¿Qué quieres que haga?
—¡Contestármelo! Te estuve escribiendo toda la noche.
—Vi los mensajes.
—¿Y por qué no contestaste?
—Porque estaba pasándola bueno.
Kiara se quedó mirándome.
—¿Perdón?
—Que estaba pasándola bueno, ¿sí?
—Yo estaba aquí preocupada pensando que te había pasado algo.
—Pues no me pasó nada.
—¡Pero podrías haberme avisado!
—Ay, Kiara, no joda.
Ella se quedó en silencio.
—¿Qué dijiste?
—Que no joda, parce.
—No tienes por qué hablarme así.
Me levanté del sofá, pero el mundo comenzó a dar vueltas.
—Uy...
Kiara volvió a sujetarme.
—Ven, siéntate.
—No me agarres.
—Solo intento ayudarte.
—No necesito que me cuides.
—Pues claramente sí necesitas ayuda.
La miré molesto.
—¿Ahora resulta que no puedo ni salir con mis amigos?
—¡No estoy diciendo eso!
—Pues parece.
—Solo quería saber que estabas bien.
—Ya estoy bien.
—No, no estás bien.
Me pasé una mano por la cara.
—Estoy cansado.
—Vete a dormir entonces.
—Eso voy a hacer.
Comencé a caminar hacia la habitación.
—Adonis.
Me detuve.
—¿Qué?
—Mañana vamos a hablar de esto.
—No quiero hablar de nada.
—Pues vamos a hablar.
Me volteé lentamente.
—Haz lo que quieras.
Kiara respiró profundamente.
—Estás siendo muy grosero.
—Estoy borracho, ¿qué quieres?
—Quiero que tengas un poquito de respeto.
Me quedé callado unos segundos.
Sabía que estaba siendo injusto.
Pero en ese momento no tenía la cabeza para pensar.
—Déjame dormir, Kiara.
Ella bajó la mirada.
—Está bien.
Entré a la habitación y me dejé caer sobre la cama.
Apenas cerré los ojos, escuché a Kiara apagar la luz de la sala.
No sabía cuánto había sufrido ella esperando.
No sabía cuánto daño podían hacer mis palabras.
Esa noche solamente pensé en dormir.
Pero sabía que cuando despertara tendría que enfrentar las consecuencias de lo que había hecho.
Y probablemente aquella sería otra pelea más.
Solo que esta vez no sabía hasta dónde iba a llegar.