Mateo, Elena, Sophia y Liam han heredado el éxito de sus padres y hoy dominan la ciencia, la alta cocina y la moda internacional. Pero el verdadero engranaje del destino estalla cuando los hilos de la infancia se cruzan de forma pasional: los mellizos de ambas familias se enamoran de manera cruzada. Una historia de ambición moderna, lealtad inquebrantable y erotismo explícito donde el amor real se multiplica en la sintonía perfecta de una nueva generación.
Orden de las novelas
- Fuegos Artificiales Invisibles
- frecuencia cruzada: El Legado Del Estéreo
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La Neurología Del Alma
Contenido Explícito +18
La noche de la celebración en París culminó con otra entrega erótica sumamente explícita, fogosa y cargada de una pasión carnal inigualable entre Mateo y Sophia en la habitación privada del hotel de alta gama que daba directo a las luces de la Torre Eiffel. La adrenalina de ver el éxito de Liam y la certeza matemática de que en pocas semanas se trasladarían juntos a Brasil para iniciar sus respectivas jefaturas en física aeroespacial y neurocirugía pediátrica habían despertado en mi hermano un apetito sexual sumamente agresivo y hambriento hacia su prometida, una lujuria descarada que no tardó en estallar apenas cerraron la puerta principal con el pestillo de seguridad.
Sophia se despojó de su vestido de alta costura con movimientos rápidos y decididos de cirujana, quedando completamente desnuda bajo la luz tenue de las velas aromáticas de lavanda que Jester les había enviado al cuarto. Su silueta de uno con sesenta y ocho de estatura lucía una madurez erótica impresionante; sus senos turgentes de pezones hinchados y sus caderas firmes eran una provocación insoportable para Mateo, cuyo miembro ya se encontraba completamente erecto, macizo, venoso y goteando un fluido transparente de pura anticipación que marcaba la tela de su ropa interior con una rigidez impresionante que le cortaba la respiración.
Se desnudó con una prisa salvaje, arrojando su ropa al suelo de alfombra mullida, revelando su torso musculoso y marcado por el ejercicio, y se arrojó sobre ella en la cama king-size. Sostuvo sus muñecas firmes por encima de su cabeza contra el colchón, una postura de dominación absoluta que hizo que Sophia soltara un gemido agudo de pura excitación carnal, sus ojos oscuros inyectados de lujuria pura buscando la mirada de su hombre.
Mateo se acomodó entre sus piernas, abriéndolas de par en par con sus manos grandes de ingeniero para devorar la vista de su ranura que ya estaba completamente inundada en un flujo espeso, tibio y pegajoso de anticipación erótica. Se inclinó sobre ella, atrapando uno de sus pezones entre sus labios, succionándolo con una fuerza salvaje que hizo que Sophia arqueara la espalda entera contra las sábanas de seda oscura, sus gemidos resonando en el cuarto silencioso.
Con su mano libre, Mateo bajó por su vientre liso, deslizándose profundamente entre sus labios menores para frotar la cabeza de su hombría contra su clítoris hinchado desde arriba, desatando una descarga eléctrica que la hizo retorcerse bajo su cuerpo.
—Estás tan increíblemente caliente y mojada para mí, Sophia... me voy a volver loco si no me hundo en tu interior ahora mismo —gruñó Mateo con su voz profunda y ronca al oído, su respiración caliente cortándole la respiración.
No la hizo esperar más. Se acomodó en la entrada de su ranura empapada y, con un empuje implacable, violento y profundo, se hundió por completo en su interior de una sola estocada devastadora que la hizo arquear la espalda entera. El impacto carnal de su grosor masivo llenando cada milímetro de su intimidad fue tan inmenso que Sophia soltó un grito de puro éxtasis; sentir cómo su hombría rozaba las paredes internas con una fricción deliciosa la privó de toda fijeza analítica médica.
Comenzó a embestirla con un ritmo frenético y despiadado, usando su peso y su fuerza para marcar un bombeo salvaje que hacía crujir la estructura de madera de la cama en cada estocada profunda. El sonido húmedo de sus zonas íntimas chocando con un eco rítmico, el olor a sexo, sudor y fluidos naturales, y sus jadeos graves crearon una atmósfera de lujuria pura que nubló por completo el juicio de los futuros científicos de la familia. Sophia respondía con la misma fogosidad animal, moviendo sus caderas hacia delante de manera instintiva para buscar el fondo de su hombría en cada golpe, envolviendo sus piernas firmes alrededor de su espalda para abrirse por entero a su carne caliente.
Aceleró las estocadas en los últimos minutos, sus movimientos volviéndose cortos y profundos, un bombeo animal que hizo que Sophia viera estrellas en la oscuridad de la noche parisina. Sentía que el clímax se acumulaba en su vientre bajo en una marea de calor insoportable que contrajo sus músculos internos con una fuerza espasmódica increíble, aprisionando su miembro en un calambre de puro placer que la hizo gritar el nombre de su prometido. Mateo soltó un rugido gutural, asestó tres estocadas brutales que la hicieron temblar entera contra el colchón y se vino dentro de ella, eyaculando chorros abundantes de esperma caliente que inundaron su útero en oleadas ardientes que parecieron no terminar nunca, dejándolos colapsados el uno sobre el otro en una sintonía carnal perfecta que selló la noche de la estrella Michelin con el pacto erótico más profundo de sus vidas adultas antes de trasladarse de manera definitiva a sus nuevos imperios internacionales en Sudamérica.
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