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El Año En Que Dejamos De Respirar

El Año En Que Dejamos De Respirar

Status: Terminada
Genre:Romance / Maldición / Romance paranormal / Completas
Popularitas:565
Nilai: 5
nombre de autor: analysi

Valeria tiene un don maldito: cada vez que se enamora, la persona amada deja de respirar por unos segundos. Un año entero sin sentimientos es su única salvación. Pero entonces llega Nicolás, un chico con cicatrices en las manos y una enfermedad que lo tiene al borde de la muerte. Él no le teme a su maldición; al contrario, la busca. Porque él solo respira cuando ella lo besa. Juntos descubren que el amor no es veneno, sino el único remedio. Pero el año termina, y con él, la cuenta atrás para salvarle la vida.

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Capítulo 16: El diario secreto

Pasaron los días en la casa de Nicolás.

Fueron días lentos, tranquilos, llenos de pequeños rituales que se convirtieron en nuestra rutina. Despertarme junto a él en el sofá, con la manta enredada en nuestras piernas y el sol entrando por la ventana. Desayunar galletas y té con sus padres, que me trataban como a una hija más. Leerle en voz alta mientras él dibujaba mandalas con manos temblorosas.

Y por las tardes, cuando el cansancio lo vencía, subíamos a su habitación.

Su habitación era pequeña y luminosa, con una cama de hierro forjado y una estantería llena de libros. Las paredes estaban cubiertas de mandalas, algunos perfectos, otros incompletos, como si cada uno contara una historia diferente.

—Esta es mi cueva —dijo Nicolás, dejándose caer en la cama con un suspiro de alivio.

—Es bonita.

—Es desordenada.

—Es tuya.

Sonrió y señaló un cajón de la mesilla.

—Hay algo que quiero enseñarte. —Su voz se volvió más seria. —Pero tienes que prometerme que no te vas a reír.

—Nunca me río de ti.

—Ya lo sé. —Abrió el cajón y sacó un cuaderno viejo, con la tapa azul desgastada y las páginas amarillentas. —Esto es mi diario.

—¿Tu diario?

—Sí. —Lo sostuvo contra su pecho, como si fuera un tesoro. —Lo empecé cuando tenía catorce años, justo después de que me diagnosticaran la enfermedad. Al principio, escribía sobre el miedo. Sobre las noches sin dormir. Sobre los médicos y las agujas.

—¿Y luego?

—Luego empecé a escribir sobre otras cosas. —Sonrió con timidez. —Sobre los sueños que tenía. Sobre los lugares que quería visitar. Sobre la persona que quería conocer.

—¿Y la conociste?

—Sí. —Me miró con una intensidad que me hizo contener el aliento. —Hace unas semanas. En un hospital. Y desde entonces, no he parado de escribir sobre ella.

—¿Puedo leerlo?

—Por eso te lo he enseñado.

Me senté en la cama, junto a él, y abrí el diario por la primera página. La letra era temblorosa, infantil, pero las palabras eran sinceras.

"14 de marzo. Hoy el médico me ha dicho que me quedan cinco años. Tal vez menos. He llorado toda la noche. Pero he decidido que no voy a pasarlos llorando. Voy a vivir. Voy a ver el mar. Voy a enamorarme. Voy a ser feliz."

Pasé las páginas, leyendo fragmentos de su vida. Sus miedos, sus sueños, sus pequeñas victorias. Y luego, llegué a la última página.

"7 de noviembre. Hoy he conocido a una chica. Se llama Valeria y tiene los ojos más tristes que he visto nunca. Pero cuando me ha sonreído, el mundo se ha iluminado. Creo que me estoy enamorando. Y no me importa que solo me queden unos meses. Quiero pasar cada segundo con ella."

Las lágrimas empezaron a rodar por mis mejillas.

—Nicolás... —susurré.

—¿Ves? —dijo él, con la voz rota. —Desde el primer día supe que eras especial. Que valías la pena. Que quería pasarlo todo contigo.

—No merezco esto.

—Claro que lo mereces. —Tomó mi mano. —Te he escrito tantas cosas en este diario... tantas cosas que no he tenido valor de decirte en voz alta.

—¿Como qué?

—Como que eres la persona más valiente que he conocido. —Su voz se volvió un susurro. —Como que cada día a tu lado es un regalo. Como que el amor que siento por ti es más grande que cualquier maldición.

—Nicolás...

—No interrumpas. —Sonrió. —Todavía no he terminado.

Se incorporó con esfuerzo, tomó el diario de mis manos y lo abrió por una página en blanco. Luego, con mano temblorosa, empezó a escribir.

Cuando terminó, me entregó el cuaderno.

"23 de noviembre. Hoy le he enseñado mi diario. Y le he dicho que la quiero. No sé cuánto tiempo me queda, pero sé que cada segundo a su lado ha valido la pena. Gracias, Valeria, por enseñarme a vivir."

—Eso es todo —dijo, con los ojos brillantes. —Todo lo que siento. Todo lo que soy. Todo lo que he sido gracias a ti.

—Te quiero —susurré, abrazándolo con todas mis fuerzas. —Te quiero más que a nada en el mundo.

—Y yo a ti. —Apretó su abrazo. —Y aunque me vaya, siempre estaré aquí. En este diario. En tus recuerdos. En cada mandala que dibujes.

—Prométeme que no te irás todavía.

—Todavía no. —Sonrió, y su sonrisa era tan brillante que iluminó toda la habitación. —Todavía no, Valeria. Tengo muchos días más para estar contigo.

Y entonces, con el diario abierto sobre nuestras rodillas y el corazón lleno de amor, me dejé querer.

Sin miedo.

Sin culpa.

Sin maldición.

Solo amor.

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