En mi primera vida, amé a Julián con todo mi corazón.
Le entregué mi confianza, mi fortuna y hasta la casa de mi familia.
¿Y cómo me lo agradeció?
Me asesinó.
Junto a Lucía, mi supuesta mejor amiga, me hizo firmar los documentos que necesitaban y después puso veneno en mi sopa. Morí creyendo que había perdido al amor de mi vida.
Pero desperté diez años antes.
Tengo diecisiete años. Estoy de nuevo en la escuela. Mi fortuna sigue intacta y el cucaracho que me mató todavía cree que puede manipularme.
Esta vez, no.
No necesito adelgazar para ser valiosa. No necesito comprar amor. Y definitivamente no necesito salvar a un hombre que solo quiere hundirme.
Voy a recuperar mi vida, proteger mi fortuna y descubrir quién soy lejos de ellos.
Porque en esta segunda oportunidad, Julián aprenderá una verdad muy sencilla:
La heredera gordita ya no lo quiere.
NovelToon tiene autorización de EspirituCreativo para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
LA SOMBRA DE LA DUDA
El lunes por la mañana, la cafetería del colegio aún vibraba con los ecos del escándalo. Lucía y Julián eran cosa del pasado, dos nombres borrados de las listas oficiales. Sin embargo, un nuevo rumor comenzó a reptar por los pasillos, alimentado por los últimos manotazos de ahogado de los parientes de Julián.
"Mateo solo fue un títere. Sofía lo usó para meter a Julián a la cárcel y limpiar su propia imagen." "¿De verdad creen que un chico de clase baja ayuda a una millonaria solo por buena gente? Seguro ella le pagó."
Las miradas hacia Mateo cambiaron. Ya no lo veían solo como el "héroe del incendio", sino como el complotado de una heredera caprichosa.
A la hora del receso, vi a Mateo parado cerca de los casilleros, revisando una hoja oficial de la Dirección. Su rostro lucía cansado. La suspensión preventiva que le habían impuesto mientras se aclaraban los hechos del incendio por fin había sido levantada, pero su situación económica en la escuela pendía de un hilo.
Caminé hacia él a paso lento, con las manos entrelazadas al frente y una expresión de angustiosa tristeza.
—Mateo... —llamé con voz suave y temblorosa, lo suficientemente alta para que los estudiantes cercanos escucharan.
Él alzó la vista y me miró. Los murmullos a nuestro alrededor se intensificaron de inmediato.
—Mateo, yo... escuché lo que la gente está diciendo de ti —comencé, dejando que mis ojos se llenaran de lágrimas transparentes y mi voz se quebrara con una delicadeza desgarradora—. Dicen que te usé... que fui yo quien te manipuló para destruir a Julián.
Dio un paso hacia mí, pero me llevé una mano al pecho y bajé la cabeza con profunda culpa fingida.
—¡Es tan injusto! —exclamé, dejando caer una lágrima por mi mejilla—. Mateo, yo te creo. Sé que no tuviste nada que ver en los juegos de Julián. Tú solo fuiste víctima de sus mentiras y fuiste usado y engañado por todos nosotros... ¡Por mi culpa estás pasando por esto!
Los alumnos en el pasillo ahogaron un goteo de comentarios. Ante los ojos del colegio, yo no estaba acusándolo; lo estaba defensando públicamente, victimizándolo a él también para limpiar su nombre de cualquier sospecha de complicidad mercantil.
—Sofía, no tienes que disculparte por nada —dijo Mateo con voz serena, guardando la hoja en su mochila—. Sé bien lo que pasó.
—No, déjame ayudarte... —dije con la voz ahogada, sacando un sobre de la Dirección que llevaba en la mano—. Hablé con mi papá y con el comité directivo. Logré que te restituyeran la beca para que puedas regresar al colegio sin problemas.
Mateo frunció levemente el ceño, mirando el documento.
—Sofía...
—Es una beca especial —lo interrumpí con una dulzura casi infantil, mirándolo a los ojos con una humildad absoluta—. La escuela cubrirá el cien por ciento de tu pensión y tu matrícula para lo que resta del año. Pero... lo siento tanto, Mateo... los uniformes, los libros y tus gastos personales tendrás que costearlos tú mismo... Es todo lo que puedo hacer por ti. Quisiera darte más, pero no quiero que piensen que intento comprar tu amistad como hacía Julián.
Mateo miró el sobre y luego a mí. Un destello de rápida comprensión brilló en sus ojos oscuros. Entendió la jugada al instante: al no darle una beca completa "de caridad millonaria", yo evitaba que la prensa y los alumnos lo llamaran mi "empleado pagado", protegiendo su orgullo de hombre e integrándolo de nuevo al colegio por sus propios méritos atléticos, mientras yo quedaba como la benefactora noble y respetuosa que no cruzaba los límites de su dignidad.
—Es más que suficiente, Sofía —dijo Mateo, esbozando esa media sonrisa tan suya mientras tomaba el sobre—. Cubrir mis libros con mi trabajo de medio tiempo no es nada. Gracias por pelear por mi lugar aquí.
—Gracias a ti por salvarme la vida aquella vez... —susurré, limpiándome las lágrimas con la manga de la pashmina y dedicándole la sonrisa más pura y radiante de mi repertorio.
Los murmullos del pasillo se volvieron aplausos suaves de parte de algunos compañeros. La narrativa había cambiado en un pestañeo: Sofía Vargas no solo era una víctima noble, sino una protectora justa que había devuelto a Mateo lo que le pertenecía por derecho, manteniéndose ambos impecables ante la ley y la moral del colegio.
Los aplausos de los estudiantes resonaron tímidamente en el pasillo antes de disiparse en el murmullo habitual de los cambios de clase. Mateo guardó el documento dentro de su mochila con una serenidad impecable, pero la intensidad de sus ojos oscuros me decía que aún había mucho que hablar en privado.
—Acompáñame a la pista —dijo Mateo en voz baja, ajustándose la tira del bolso sobre el hombro—. Un poco de aire fresco te vendrá bien para aflojar esa cara de angustia.
Asentí con timidez ensayada, abrazando mis cuadernos contra el pecho. Caminamos en silencio por el corredor que llevaba a las gradas de atletismo, dejando atrás los pasillos llenos de miradas inquisitivas. El viento de la tarde soplaba suavemente, agitando las hojas de los eucaliptos que rodeaban la pista.
Nos sentamos en la grada más alta, desde donde se dominaba todo el campo deportivo. La distancia con el resto de los estudiantes nos otorgaba un refugio seguro.
—No necesitabas ajustar la beca de esa manera, Sofía —comentó Mateo, estirando sus piernas largas sobre el escalón inferior—. Sé que podías haber hecho que tu padre cubriera los libros y los uniformes con un solo chasquido de dedos.
Giré la cabeza para mirarlo. Apoyé la barbilla sobre la palma de mi mano, permitiendo que la máscara de fragilidad se deslizara suavemente, revelando la nitidez de mi mirada real.
—Si financiaba tu vida entera, te habría convertido en mi deudor ante la opinión pública, Mateo —expliqué con voz tranquila y firme—. La gente habría dicho que te compré para que testificaras contra Julián. Al dejar que pagues tus gastos personales con tu trabajo, te devuelvo tu lugar como un hombre independiente, de honor e intachable. Nadie podrá decir jamás que actuaste por dinero.
Mateo me observó en silencio durante un largo momento. Una brisa despeinó su cabello oscuro y una sonrisa casi imperceptible dibujó la comisura de sus labios.
—Piensas en absolutamente todo, ¿verdad? —murmuró con una mezcla de fascinación y respeto—. Hasta cuando intentas 'ayudar', lo ejecutas como una jugada de ajedrez.
—En este mundo, si no calculas tus pasos, los demás te pisan —respondí, desviando la vista hacia la pista vacía—. Ya me dejaron pisotear una vez por creer en cuentos de hadas y promesas falsas. No dejaré que vuelva a pasar. Ni a mí, ni a las personas que realmente estuvieron ahí cuando todo se quemaba.
El silencio que siguió no fue incómodo; fue cálido, cargado de una complicidad profunda. Mateo metió la mano en su mochila y sacó una manzana roja, limpia y brillante. La cortó a la mitad con una destreza rápida usando una pequeña navaja de bolsillo y me ofreció una de las mitades.
—Para la estratega más astuta del colegio —dijo con picardía.
Tomé la fruta con una sonrisa sincera, la primera sin ningún tipo de cálculo en todo el día.
—Gracias, Mateo.
—Julián y Lucía pensaron que eras una presa fácil porque tenías un corazón noble —comentó él, dando un mordisco a su manzana mientras miraba al horizonte—. No tenían idea de que estaban jugando con fuego. Pero dime algo, Sofía... ahora que el escándalo mediático terminó y ellos están fuera del mapa, ¿qué vas a hacer?
Apreté suavemente la manzana entre mis dedos. El viento agitó mi cabello mientras la frialdad de la Flor Blanca volvía a instalarse, dulce y mortífera, en el fondo de mis ojos.
—El drama escolar ha terminado, Mateo —susurré con elegancia impecable—. Pero la causa legal contra la familia de Julián apenas empieza. Mañana es la primera audiencia preliminar por el fraude del auto y las facturas falsas. Julián cree que la expulsión fue su peor castigo, pero pronto descubrirá lo que significa perderlo absolutamente todo ante la ley.
Mateo dejó escapar una risa baja, negando con la cabeza.
—Definitivamente, no quisiera estar en los zapatos de ese idiota.
Me puse de pie con elegancia, sacudiendo mi falda con delicadeza. Adopté nuevamente mi postura ligera y frágil, lista para regresar al edificio principal antes de que sonara el timbre de la última clase.
La trampa estaba tendida, el tablero estaba limpio de peones y la verdadera cacería en los tribunales estaba a punto de comenzar.