Camila y Rafael viven un romance perfecto, entre tardes de complicidad, risas e historias compartidas, descubren un amor puro y profundo que avanza hacia el compromiso. Sin embargo, en las sombras, la envidia enfermiza transformada en amistad se vuelve una obsesión oscura.
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capitulo 20
El viaje de regreso a la ciudad fue largo y silencioso, pero no incómodo. Camila estaba recostada contra el hombro de Rafael, sintiendo el calor de su cuerpo y el ritmo pausado de su respiración. El sol de la tarde se filtraba por la ventanilla del coche, pintando sus rostros con tonos dorados.
—¿Estás bien?
preguntó Rafael, en voz baja, mientras su mano acariciaba el brazo de Camila.
—Mejor ahora que estoy contigo
respondió ella, alzando la mirada para encontrarse con sus ojos color miel.
Él sonrió, y Camila sintió que el corazón se le aceleraba. A pesar de todo el dolor, de todos los recuerdos horribles que la perseguían, Rafael seguía siendo su refugio. Su amor era un faro en medio de la tormenta.
—Te amo, Camila
dijo él, con una sinceridad que le atravesó el alma
—No sabes cuánto te amo.
—Yo también te amo
respondió ella, levantándose ligeramente para besarle los labios.
Fue un beso suave al principio, tierno, como una promesa susurrada. Pero pronto se volvió más profundo, más apasionado, como si ambos necesitaran recordarse que estaban vivos, que estaban juntos, que el amor podía vencer al miedo.
Cuando se separaron, los ojos de Rafael brillaban con una mezcla de deseo y devoción.
—Cuando todo esto termine
dijo, acariciando su mejilla
—vamos a casarnos. En serio. Y voy a hacerte feliz todos los días de mi vida.
Camila sintió que las lágrimas le brotaban, pero esta vez no eran lágrimas de dolor. Eran lágrimas de esperanza.
—Lo sé
susurró
—Y yo voy a hacerte feliz a ti.
Llegaron a la ciudad al anochecer. Norma los esperaba en el apartamento de Rafael con noticias sobre los movimientos de Fernando y Tadeo, y con algo más, Richard estaba allí también.
—Richard vino a informarme sobre la protección de Ana
dijo Norma, con un tono que Camila notó ligeramente alterado.
Richard, el investigador de cuarenta años, de mirada penetrante y vestimenta impecable, estaba de pie junto a la ventana, con las manos en los bolsillos. Al ver entrar a Camila y Rafael, asintió con formalidad.
—Señorita Montalván, señor Larreal
dijo
—Todo está bajo control. Ana está en un lugar seguro bajo protección. Nadie sabe dónde está. Como me lo acaba de pedir.
—Gracias, Richard
dijo Rafael
—¿Y Rubén?
—Todavía no hemos podido contactarlo
respondió Richard
—Pero tengo un plan para la próxima semana. Quiero que ustedes estén presentes.
Mientras hablaban, Camila notó algo que no había visto antes. Richard, el investigador serio y profesional, había dejado caer su mirada sobre Norma un par de veces, y en sus ojos había algo diferente. Un destello de interés que iba más allá de lo profesional.
Norma, por su parte, parecía incómoda. Jugaba con el borde de su camisa y evitaba el contacto visual con Richard.
—Norma
dijo Camila, cuando la reunión terminó y Richard se fue
—¿Qué pasa entre tú y el investigador?
—¿Entre nosotros?
respondió Norma, con un tono demasiado alto
—Nada. No pasa nada. Solo es un hombre serio y profesional.
—Muy profesional
dijo Camila, con una sonrisa pícara
—Por eso no dejaba de mirarte mientras hablaba.
Norma enrojeció.
—No seas tonta. No me miraba.
—Sí te miraba
intervino Rafael, con una sonrisa cómplice
—Y yo también lo vi.
Norma los miró a ambos con una mezcla de vergüenza y diversión.
—Bueno, aunque me mirara, no importa. Él tiene cuarenta años y yo tengo veintiocho. Además, estamos en medio de una investigación. No es momento para distracciones.
—El amor no entiende de momentos
dijo Camila, con sabiduría
—Ni de edades. Si hay algo, no lo niegues.
Norma no respondió, pero Camila vio cómo sus ojos se iluminaban ligeramente al pensar en Richard.
Esa noche, Rafael y Camila se quedaron solos en el apartamento. La ciudad brillaba a sus pies a través del ventanal, y el silencio de la noche era cómplice de sus susurros.
—Camila
dijo Rafael, tomándola de la mano y guiándola hacia el sofá
—Quiero que sepas algo.
—Dime
respondió ella, sentándose a su lado.
Él la miró con una intensidad que le robó el aliento.
—Sé que has pasado por cosas horribles. Sé que los recuerdos te persiguen. Pero quiero que sepas que estoy aquí para ayudarte a superarlos. No importa cuánto tiempo tome, estaré a tu lado.
Camila sintió que el corazón se le derretía.
—Rafa...
—Déjame terminar
dijo él, acariciando su cabello
—Quiero construir una vida contigo. Quiero despertar a tu lado cada mañana, quiero ver tu sonrisa al despertar, quiero envejecer contigo. Pero también quiero darte tiempo. No voy a presionarte. Cuando estés lista, ahí estaré.
Camila sintió que las lágrimas le brotaban. Se inclinó hacia él y lo besó con una pasión que contenía todo el amor y el dolor que llevaba dentro. Rafael correspondió al beso con la misma intensidad, envolviéndola en sus brazos como si quisiera protegerla del mundo entero.
—Te amo, Rafael Larreal
susurró ella, contra sus labios
—Te he amado en esta vida y en la anterior. Y te amaré en todas las que vengan.
—Y yo a ti, Camila Montalván
respondió él, con la voz ronca por la emoción
— Siempre.
Pasaron horas abrazados, hablando de todo y de nada, riendo y llorando juntos. Fue una noche de sanación, de conexión, de amor puro y sincero y durmiendo ahí, en ese sofa.
Al día siguiente, Camila fue a la escuela con una sonrisa en el rostro que Norma no pudo evitar notar.
—Anoche pasó algo —
dijo Norma, con una sonrisa pícara
—Lo veo en tu cara.
—Tal vez
respondió Camila, sonriendo
—Pero no voy a dar detalles.
—No necesito detalles
dijo Norma
—Solo ver tu felicidad me basta.
Mientras caminaban por el patio, Camila vio a Richard estacionado cerca de la entrada, hablando por teléfono. Cuando él se dio cuenta de que Norma lo miraba, levantó la mano en un saludo discreto.
Norma enrojeció y desvió la mirada rápidamente.
—¿Ves?
dijo Camila
—algo se traen ustedes.
—No es verdad solo me pidió viéramos una información y dije que si.
insistió Norma, pero su sonrisa la delataba.
Camila rió, sintiendo que por primera vez en mucho tiempo, la felicidad era posible.