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LA REINA Y EL TORBELLINO

LA REINA Y EL TORBELLINO

Status: Terminada
Genre:CEO / Padre soltero / Romance / Completas
Popularitas:12.2k
Nilai: 5
nombre de autor: Naibelys Perez

La protagonista
(La Reina de Concreto)
Edad y Profesión: 42 años. CEO de Rangel & Asociados Ingeniería, una de las firmas de arquitectura y construcción más cotizadas del país. Seria, con carácter.

El protagonista
Gael "Gaelito" Navarro Fuentes (El Torbellino de Azúcar)
Edad y Profesión: 35 años. Arquitecto de alma bohemia.

Personalidad: Mide 1.90 m, tiene un cuerpo de infarto, una cara de ángel que es pura fachada y una sonrisa burlona que desarma a cualquiera.

La cupido de la historia
Zoe (10 años): Una miniversión de su padre pero con un doctorado en ironía. Lengua afilada, defensora de la justicia y alérgica a la prepotencia y a la gente altanera. Odia mortalmente a la "amiga fija" de su papá, a quien considera una grosería estética y mental.

NovelToon tiene autorización de Naibelys Perez para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

DEMOLICIÓN TOTAL Y EL DESPERTAR EN LAS RUINAS

​El eco de la pregunta de Miranda flotó en la penumbra del despacho como un suspiro suspendido en el aire. La ingeniera yacía semitendida sobre el amplio sofá ejecutivo, con la camisa abierta, la falda desacomodada y la respiración todavía pesada por las réplicas del primer orgasmo. Sus ojos, normalmente afilados y fríos como el hielo de los Andes, la miraban ahora con una mezcla de rendición absoluta y un terror tan tierno como fascinante.

​Gael se enderezó ligeramente, con esa media sonrisa torcida que desprendía una seguridad magnética, y le acarició la mejilla con el dorso de los dedos manchados todavía por la prueba viva de su entrega.

​—¿Que qué te he hecho, Miri? Todavía no te he hecho nada, mi concreto —murmuró Gael con su voz ronca, pegada a sus labios de una manera que le hizo temblar hasta la última vértebra—. Ahora es cuando vas a saber lo que es una verdadera remodelación estructural.

​Antes de que Miranda pudiera procesar el alcance de la amenaza o intentar recomponer los restos de su dignidad corporativa, Gael se puso de pie con una rapidez felina. En cuestión de segundos, comenzó a deslizar la tela de su falda, bajándola con suavidad hasta dejarla completamente despojada de ropa, mientras ella lo observaba con las pupilas dilatadas y el pulso desbocado. Con la misma urgencia febril, él se despojó de la chaqueta, los zapatos, la camisa y el pantalón, hasta quedar completamente desnudo frente a ella.

​La luz tenue de la lámpara de escritorio recortó la silueta atlética de su cuerpo, pero fue el volumen imponente y rotundo de su miembro erecto lo que hizo que Miranda abriera los ojos de par en par, deteniendo el aliento en su garganta.

​La ingeniera sintió que el mundo entero se detenía. Más de diez años habían pasado desde la última vez que compartió su intimidad con un hombre; una década entera de clausura emocional, sequía afectiva y celibato estricto. Y lo que tenía enfrente superaba con creces cualquier cálculo, proyección o plano estructural que hubiera imaginado en su vida.

​—Santo cielo... —balbuceó Miranda, llevándose las dos manos a la cara en un reflejo de puro pánico, cubriéndose los ojos ruborizada hasta la raíz de los cabellos—. Me vas a matar. Mañana amanezco directamente en terapia intensiva del hospital. ¡Eso es una exageración anatómica, Gael!

​Gael soltó una carcajada profunda, sonora y limpia que retumbó en las paredes de la oficina vacía, disfrutando de la inocencia desesperada con la que la mujer más estricta de la construcción se escondía tras sus manos.

​—Tranquila, mi Miri, no te asustes antes de tiempo —bromeó él, inclinándose sobre el sofá para retirarle suavemente las manos de la cara con una ternura infinita—. Vas a disfrutar cada segundo, te lo juro por los cimientos de la torre.

​Volvió a besarla con un deseo abrasador, devorándole los labios mientras sus manos grandes y expertas recorrían la piel desnuda de sus muslos, abriéndolos con total autoridad. Su boca emprendió un descenso lento y tortuoso: bajó por la mandíbula, recorrió la curva perfecta del cuello, sembró de besos húmedos y mordiscos ligeros las clavículas y siguió avanzando por el abdomen hasta llegar al centro mismo de su intimidad.

​Allí, sin darle tregua ni un solo segundo de respiro, Gael desató una tormenta de sexo oral que rozaba la maestría. Alternaba succiones profundas y rítmicas con mordisquitos precisos en los labios de su sexo y una atenciones directas sobre su clítoris que hicieron que Miranda perdiera el norte de inmediato.

​Los gritos ahogados de la ingeniera se convirtieron en súplicas incoherentes mientras sus caderas se levantaban en arcos desesperados buscando la boca de él. En menos de cinco minutos, un segundo orgasmo, aún más intenso y violento que el anterior, la atravesó de lado a lado, haciéndola arquear el cuerpo y temblar con espasmos incontrolables mientras sus dedos se aferraban al respaldo del sofá como si la vida se le fuera en ello.

​Sin dejarle un solo segundo para recuperar el aliento, Gael se incorporó, colocándose entre sus piernas abiertas. Con una paciencia infinita y una lubricación perfecta, apoyó la punta de su miembro contra la entrada de su sexo y comenzó a penetrarla muy despacio, midiendo cada centímetro para darle tiempo a su cuerpo de acostumbrarse a su imponente grosor.

​Miranda cerró los ojos con fuerza, mordiéndose el labio inferior mientras sentía cómo el cuerpo se le llenaba por completo, estirándose hasta el límite de lo concebible. Sus manos buscaron con desesperación la espalda ancha y musculosa de Gael, clavando las uñas en la piel caliente mientras el arquitecto detenía el avance por unos segundos, permitiéndole asimilar la plenitud de su tamaño.

​—¿Estás bien, mi amor? —susurró Gael contra su oído, con la voz ronca y temblando de contención.

​—Sí... muévete... por favor —gimió Miranda con la voz quebrada, abriendo los ojos para mirarlo con una entrega total que jamás había sentido por nadie.

​A partir de ese momento, la demolición fue absoluta. Gael comenzó a moverse dentro de ella con un ritmo implacable, profundo y salvaje que borró cualquier rastro de su pasado, de sus murallas y de sus miedos. La recorrieron por toda la oficina en una vorágine insaciable: la llevó hasta el borde del enorme escritorio de cristal, haciéndola arquearse sobre las carpetas de proyectos mientras la embestía con fuerza; la arrastró hasta la mullida alfombra del centro de la estancia, donde las piernas de Miranda se enredaron en su cintura marcando el compás de un baile salvaje; terminaron en el piso de baldosas frías del baño privado, bajo el vapor de la ducha improvisada, y finalmente, cuando el reloj marcaba las cinco de la mañana y los primeros rayos de sol empezaban a filtrarse tímidamente por los ventanales de la planta dieciocho, colapsaron de nuevo sobre el gran sofá ejecutivo donde había empezado todo.

​La habitación entera olía a sudor, pasión y sándalo. Los informes financieros yacían olvidados en el suelo, las carpetas desparramadas y la ropa hecha jirones en distintos rincones del despacho.

​Miranda yacía boca arriba sobre el sofá, con los músculos completamente flojos, el cuerpo marcado por las caricias y una sensación de paz y agotamiento tan profunda que apenas podía articular los párpados. Sentía que cada hueso de su cuerpo se había desarticulado.

​Gael estaba tumbado a su lado, apoyando la cabeza en el brazo y trazando círculos perezosos sobre su vientre desnudo con una sonrisa de absoluta satisfacción pintada en los labios.

​Miranda exhaló un suspiro largo, pesado y derrotado, y con los ojos medio cerrados le murmuró con un hilo de voz:

​—Salvaje de mierda... no me puedo mover ni un solo milímetro. Si mañana tengo que ir a la obra, juro que te voy a demoler a ti con una demanda por daños físicos permanentes.

​Gael soltó una carcajada ronca, se inclinó para besarle cariñosamente la frente sudorosa y le susurró al oído:

​—Descansa, mi ingeniera de concreto. Te prometo que en la obra de hoy yo cargo con todo el peso.

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Victor Javier Gamez Acevedo
muy buena historia felicitaciones
Valentina Vmr
Llego la caballería jajaj
Flor de Maria Paredes
🤣buenisima historia me he reido👏
America Lopez
muy buena la historia 🥰
America Lopez
ya no sé en qué capa subterránea de la tierra se encuentra la Ingeniera, de tanto que se la ha tragado 🤭🤭🤭
America Lopez
ya no sé en qué capa subterránea de la tierra se encuentra la Ingeniera, de tanto que se la ha tragado 🤭🤭🤭
America Lopez
los límites de Miranda están llegando al valor mínimo de aproximación, lo que va a generar un derivada al precipicio del abismo o del amor 🤭
ʘ⁠‿⁠ʘ
aquí hay unos errores son hermanos de mirando no cuñados y se supone que el cumpleaños de Gael ya pasó, que me acuerdo que mirando fue al baña a retirarse el maquillaje y Gael la siguió y tuvieron un maratón ahí dentro. autora deberías de corregir estos errores para que no esté enredada la novela, porque es muy confuso la verdad.
Naibelys Perez: gracias corazón lo corregiré.🫂
total 1 replies
Graciela Saiz
que paso ! 😡 adónde está el capítulo 41 que supuestamente está echo no aparece 😭😭😭😭😭😭😭😭😭por favor autoraaaaaa! jamás leo novelas que no son completas , y ahora?????? 😭
Graciela Saiz
todavía está a tiempo de hablar antes de que pase
Graciela Saiz
las cosas se hablan de frente , y se aclaran mujer vieja ya para esos berrinches 😡
ʘ⁠‿⁠ʘ: amiga cálmate 🙄
total 1 replies
Graciela Saiz
🤭🤭😂😂😂😂😂😂😂😂😂destruida 😂😂😂😂😂
Graciela Saiz
😂😂😂😂😂😂😂😂😂😂😂
Graciela Saiz
Wwwwoooo 🔥🔥🔥🔥🔥🔥Gael!!!! me sorprendiste !! 🤭🫠🫠
Graciela Saiz
creo que lo haya sido que sufrió, no le da derecho de se ser tan soberbia hasta con su familia , porque no con sus hijos es cariñosa , no , la verdad no me gusta ella para Gael, el es un ser de Luz , merece alguien mejor , y más joven 😏
Graciela Saiz
una hermosa familia para alguien sin corazon😡y muy divertidos 😂😂
Graciela Saiz
la verdad, que ella no me gusta para nada para ese Dios griego😄
Graciela Saiz
amo ese arquitecto 😂😂😂😂
Graciela Saiz
chupate esa mandarina Mir😂
Graciela Saiz
Amarga !!! 😏
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