NovelToon NovelToon
Yo No Te Amo Y Nunca Lo Haré?

Yo No Te Amo Y Nunca Lo Haré?

Status: En proceso
Genre:Amor-odio / Reencuentro / Amor eterno
Popularitas:1.6k
Nilai: 5
nombre de autor: vicki hernandez

Una mujer que dice no ama a su esposo. Pero se queda cada día odia menos a su esposo y ve que pueden ser un matrimonio con amor

Un hombre enamorado de su esposa feliz de que su sueño se volvió realidad aunque sabe que su esposa lo odia fingiendo cuando hay invitados o salen como la pareja perfecta, pero luego se da cuenta que su esposa se empieza enamorar de él.

NovelToon tiene autorización de vicki hernandez para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

LA PRUEBA

La boutique de Vera Wang en Millan olía a rosas blancas y a dinero. Era martes a las once de la mañana y afuera lloviznaba, pero adentro todo era luz cálida, mármol y espejos que lo hacían todo más grande.

Luna estaba de pie en el centro del probador principal, sobre la pequeña tarima redonda, con las manos apretadas una contra la otra. Llevaba la bata de seda blanca de la boutique, el pelo recogido y cero maquillaje. Era la segunda vez que iba a ver su vestido. La primera había llorado. Esta vez estaba directamente aterrada.

A su alrededor, su pequeño ejército: Allegra, su mamá, que no dejaba de acomodarle el pelo aunque no hubiera nada que acomodar. Valentina, la mamá de Thiago, elegante hasta para ir a comprar pan, con su taza de té que no tocaba por no manchar nada. Y en el sofá de terciopelo, Cami y Mía, sus mejores amigas desde el jardín, con los celulares listos para grabar el momento en que Luna dijera "sí".

— Respira, mi amor — le susurró Allegra, apretándole los hombros —. Te ves hermosa hasta con la bata.

— Es que si lloro se me va a correr todo y Thiago me dijo que hoy no me maquillara tanto — dijo Luna, con una risa nerviosa que no le salió.

— Thiago no va a ver nada hasta el día de la boda. Lo tenemos amenazado — dijo Mía, guiñándole un ojo.

Del otro lado de la boutique, detrás de la cortina de lino, el caos era silencioso. Dos modistas abrían y cerraban los mismos tres racks. Una tercera revisaba por tercera vez la bóveda. La encargada, Madame Dubois, la modista principal de Vera Wang en Millan, estaba blanca como el forro del vestido que no aparecía.

— ¿Estás segura que lo dejaste aquí? — susurró una asistente.

— Lo colgué yo misma. Con su funda negra, con la etiqueta BIANCHI - 001 - ÚNICO. Era imposible no verlo — contestó Dubois.

— Tú sabes que esa familia puede meternos una demanda por perder el vestido — dijo la asistente, casi sin voz —. No es una clienta cualquiera, es una Bianchi.

Madame Dubois se quitó los alfileres de la muñeca y se armó de valor. Tenía treinta años vistiendo princesas y primeras damas. Nunca había tenido que hacer esto.

Caminó hacia el salón principal con la espalda recta y una sonrisa que no le llegaba a los ojos.

— Hola, buenos días. ¿Cómo está la bella novia? — dijo, con su acento francés marcado.

Las cinco mujeres se giraron al mismo tiempo.

— Bien. ¿Dónde está mi vestido? — preguntó Luna, instantáneamente. Ya notaba que algo no estaba bien. No había funda, no había carrito. No había vestido.

Madame Dubois tragó saliva.

— Hay un pequeño problema — dijo.

El aire cambió.

— ¿Y cuál es ese pequeño problema? — se adelantó Allegra, que ya había pasado de madre dulce a mamá leona en medio segundo.

Madame Dubois miró a Luna directamente.

— El vestido de la Srta. Luna no está.

Un silencio helado cayó sobre el mármol.

— ¿Cómo que no está mi vestido? — Luna se bajó de la tarima de un salto, la bata se le abrió un poco.

— Señorita, mire, su vestido era una pieza única. El encaje chantilly traído de Lyon, bordado a mano durante 400 horas... muchos lo preguntaron, muchos lo querían — explicó la modista, hablando demasiado rápido —. Ayer en la noche se metieron a robar a la boutique. Se llevaron varias joyas de la colección, dinero de la caja y... entre ellos, tres vestidos únicos. Y uno de esos vestidos era el suyo.

— ¿Y no pensaron en llamarme para decirme que mi vestido no estaba? — La voz de Luna ya no era nerviosa, era filosa.

— Señorita, apenas nos dimos cuenta esta mañana, cuando lo fuimos a preparar para usted. Lo juro.

Mía se levantó del sofá como un resorte.

— ¿Y qué van a hacer? ¿Saben a quién tienen aquí?

— Por supuesto que lo sabemos — contestó Madame Dubois, intentando mantener la compostura —. Tenemos a Luna Bianchi, próxima Sra. Del Monte.

Valentina, que hasta ahora había permanecido en un silencio muy elegante, dejó su taza con un golpe seco sobre la mesa de vidrio.

— Entonces, Madame, dígame cómo van a resolver lo de mi futura nuera.

Fue Allegra quien tomó la palabra, y cuando Allegra Bianchi hablaba, hasta los espejos escuchaban.

— Mire, Madame. Mi hija está a punto de casarse. Está a 70 días de la boda más importante del año y no podemos ponerle más presión de la que ya tiene. Esto es su responsabilidad. Usted sabe que mi familia ha venido a Vera Wang de generación en generación. Mi madre se vistió aquí. Yo me vestí aquí. Si el vestido de mi princesa no aparece, esta va a ser la última vez que venimos. Y se lo vamos a hacer saber a todo el mundo.

— Sra. Bianchi, vamos a hacer lo posible para recuperarlo — prometió la modista, con las manos juntas como si rezara.

— No — la interrumpió Allegra —. No van a hacer lo posible. Lo van a recuperar.

Luna la miró, con los ojos llenos de lágrimas que ahora sí se atrevían a salir.

— ¿Sra., va a ser una misión imposible recuperar ese vestido? — dijo Dubois, casi rogando.

— ¡No me importa si va a ser una misión imposible, yo quiero ese vestido! — gritó Luna por primera vez. Toda la boutique la escuchó. Cami corrió a abrazarla —. ¿Ustedes saben que me caso en 70 días y no tengo vestido? Si no lo recuperan, ¿cómo quieren que me case? ¿Con un trapo blanco? ¡Ese era MI vestido!

Madame Dubois intentó su última carta.

— Mire, podemos hacer un comunicado. Podemos decir que el vestido de la Srta. Bianchi fue robado y que ofrecemos una recompensa por él. Alguien lo tiene que...

— ¡No! — Valentina se puso de pie. Su voz fue baja, pero cortó como un cuchillo —. Absolutamente no. Esta boda es la más esperada del año. Todos los medios están ansiosos por ver el vestido y es una sorpresa. La familia Del Monte y la familia Bianchi somos discretas y no vamos a hacer un escándalo por un error de ustedes. No vamos a convertir el vestido de mi nuera en una nota de policía.

Se acercó a Luna, le tomó las dos manos y le secó una lágrima con el pulgar.

— Luna, mi amor, vamos a buscar una nueva tienda y vamos a buscar otro vestido para ti. Uno aún más hermoso. Te lo prometo. Uno que ninguna ladrona pueda tocarnos.

Luna asintió, sollozando contra el hombro de Cami.

Cinco minutos después, las cinco mujeres salían de la boutique bajo la llovizna de en norte de Italia , sin vestido, con los tacos sonando furiosos sobre la acera.

Detrás de ellas, Madame Dubois se quedó sola frente a los espejos vacíos, sabiendo que acababa de perder a las Bianchi, a las Del Monte, y con ellas, a la mitad de la alta sociedad de Millan , si esa historia salía a la luz.

1
Graciela Maldonado
lo odia pero lo ama 🥰🥰
Graciela Maldonado
está muy interesante ya quiero saber el final 👏
Graciela Maldonado
🥰
Graciela Maldonado
es muy interesante muero por saberlo que viene después.
NovelToon
Step Into A Different WORLD!
Download MangaToon APP on App Store and Google Play