Valeria Chanstain creyó que el amor podía vencer cualquier obstáculo. Junto al hombre que amaba construyó un hogar, una familia y una vida que parecía perfecta, hasta que una verdad inesperada hizo añicos todo aquello en lo que alguna vez creyó.
Ahora, entre los recuerdos de un amor que juró ser eterno y el dolor de ver cómo la vida que construyó se desmorona ante sus ojos, Valeria tendrá que aprender a dejar ir aquello que más ama y encontrar la fuerza para comenzar de nuevo.
Porque a veces, perderlo todo no significa que la historia haya terminado... sino que apenas está comenzando.
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Cuando ya no hay vuelta atrás
Me levanté, me puse una bata y me peiné un poco. Bajé las escaleras. Harry me esperaba, así que debía apurarme.
Llegué a la sala y él estaba sentado en el mueble. Miraba atentamente su teléfono, pero no había ninguna expresión en su rostro. No podía negarlo, sentí tanto enojo al verlo, pero debía controlarme.
—Harry.
—Valeria, hola. Perdón por llegar tan temprano, pero necesito hablar contigo.
Él se acercó y me besó en el rostro. Yo correspondí y lo abracé.
—También necesito hablar contigo, Harry. He escuchado rumores acerca de ti. Sé que está mal, pero... Harry, dime, ¿es verdad? ¿Tú engañaste a Emily con una de sus alumnas?
Él guardó silencio por un instante.
—Sí, es verdad.
Su respuesta no me sorprendió, porque algo dentro de mí sabía que aquello era cierto. Pero ¿cómo pudo hacerlo?
—Me acosté con ella una vez. Estaba ebrio y no sabía lo que hacía. De verdad me arrepiento, Valeria. Yo no le dije nada a Emily, pero poco después encontré a esa chica en el instituto y allí me di cuenta de que era alumna de Emily. Fui claro con ella y me dijo que no diría nada, pero sus compañeras tomaron fotografías y se las enviaron a Emily.
—Intenté aclarar las cosas, pero ella no me escuchó y discutimos. Fui a buscarla al instituto. Ella estaba paranoica. Intenté acercarme, pero me golpeó. Luego esa chica apareció y... bueno, supongo que conoces el resto.
—Emily no quiere perdonarme y me ha pedido el divorcio.
Me indigné al escucharlo. Sentí tanta rabia que fue inevitable que pudiera contenerme para decirle todo lo que estaba pensando.
—Eres un idiota, un ignorante. ¿Cómo pudiste engañarla? ¡Y más aún en su estado! ¿Acaso olvidaste todo el dolor por el que pasamos mamá, tú y yo cuando papá nos abandonó? ¿Cómo pudiste hacerle algo así? Ella es tu esposa. Eres un descarado.
—Lo sé. Sé que cometí un error, pero no quiero divorciarme. Yo la amo. Soy un imbécil.
Su mirada estaba perdida. Podía ver en su rostro cuánto se arrepentía, pero ahora era demasiado tarde.
Me causaba tanto dolor verlo así.
Me acerqué a él y lo abracé. Lo que había hecho era imperdonable, pero era mi hermano y no quería dejarlo solo. No podía verlo sufrir de esa manera.
Me dolía verlo así. Sufría cuando él sufría.
Permanecí abrazada a él en silencio.
—Me arrepiento. Realmente me arrepiento de lo que hice, pero no quiero perderla. Quiero estar con ella, aún más ahora que el bebé nacerá pronto.
Yo pude haberlo criticado, pude haberlo culpado una y otra vez, pude haberle reclamado, pero solo permanecí en silencio.
—Valeria, ¿qué hago? ¿Qué debo hacer?
—Habla con ella. Pídele perdón. Dile la verdad.
—Ella no quiere escucharme.
—Inténtalo, pero también debes respetar su decisión. No puedes obligarla.
—Lo haré. Lo único que quiero es estar con ella. Quiero recuperarla.
Permanecí en silencio. No sabía qué más decirle. Él tampoco volvió a hablar.
Nos quedamos allí, abrazados, sumidos en un silencio que parecía valer mucho más que cualquier palabra.
Llegué a las cuatro al hospital. Caminé hasta la habitación donde se encontraba Emily, toqué la puerta y esta se abrió de inmediato. Emily ya estaba lista para irse a casa, aunque se veía demasiado tranquila.
Llegamos a su casa y, durante el recorrido, ella no dijo nada. Bajé sus maletas y me dirigí hacia la casa.
—Es tan hermoso regresar a casa. Solo estuve afuera un día y ya la extrañaba.
—Sí, estar en casa trae paz a nuestro corazón. Cuando salgo, también extraño regresar —dije.
—Tienes toda la razón.
Tomó su bolso y comenzó a buscar dentro de él. Sacó las llaves y las introdujo en la cerradura. Después de unos segundos, la puerta se abrió.
Emily entró primero. Yo me acerqué y entré detrás de ella.
Noté que la casa estaba completamente ordenada y todo se encontraba en su lugar. Era muy diferente a como la había visto el día anterior. Lucía tan distinta...
—¿Te quedarás ahí parada?
—No, perdón.
Me dirigí hacia el sofá y me senté. Emily fue hasta la nevera, sacó una jarra con agua y la puso sobre la mesa junto con dos vasos.
—¿Te pasa algo? Pareces distante.
—No, no me pasa nada.
—Qué silencio tan extraño, ¿no crees?
—Sí, un poco. Emily, ¿estarás sola hoy en casa?
—No. Mi hermana Renata vendrá a acompañarme.
Escuchar el nombre de Renata resultaba realmente incómodo para mí.
Ella había sido mi mejor amiga y también la exnovia de Ethan cuando éramos adolescentes. Había sido su primer amor.
En aquel entonces, Ethan y yo solo éramos amigos. Yo no tenía sentimientos por él; de hecho, me negaba a enamorarme porque no quería sufrir como mi madre lo había hecho por mi padre.
Ethan terminó su relación con Renata, pero ella nunca pudo superarlo del todo.
—Valeria, ella vendrá a acompañarme. Aunque lo que pasa entre Harry y yo... tú ya lo sabes, ¿no?
—Lo de Harry y yo... no tienes que actuar como si no lo supieras. Ambas trabajamos juntas y sé lo rápido que pueden esparcirse los chismes entre colegas.
—Yo escuché rumores, pero esta mañana Harry fue a mi casa. Él me lo contó todo.
—¿Y qué harás?
—Nada. Yo no haré nada.
—¿No intentarás convencerme para que no me divorcie?
—No lo haré. Él fue quien falló y es tu decisión.
Emily bajó la mirada.
—Voy a divorciarme, pero todavía no se lo he dicho a nadie más. Solo a él y ahora a ti.
Se veía tan triste. Sus ojos estaban a punto de derramar lágrimas, pero yo solo permanecí en silencio. No sabía qué decirle. ¿Qué podía decirle cuando ella ya había tomado una decisión?
Pasó un silencio que creí eterno. El tiempo seguía avanzando y yo permanecía a su lado, sin saber cómo aliviar su dolor.
Finalmente, miré el reloj. Era mucho más tarde de lo que imaginaba. Debía irme. Con todo lo que había ocurrido, no había tenido tiempo de estar con Emma y Lucas.
Emily notó que estaba mirando la hora.
—Valeria, ya es muy tarde, ¿no crees?
—Sí, un poco. Pero tu hermana todavía no ha llegado. No quiero dejarte sola.
—No te preocupes. Yo seguiré esperándola