Ella tiene una vida difícil. Hasta que reencarna en un nuevo mundo, ahora solo busca ayudar a otros, para agradecer por esa oportunidad de vivir.
*Esta novela pertenece a un mundo mágico*
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Mago Jack 2
Aun así, Lucille decidió no permitir que aquel encuentro se convirtiera en algo más.
No quería confundirse.
No quería apresurarse.
Y, sobre todo, no quería olvidar el propósito que había elegido para aquella nueva vida.
[Estoy aquí para ayudar.]
[Eso es lo importante.]
Así que cada vez que Jack intentaba hacerle alguna pregunta personal, ella encontraba la manera de llevar la conversación nuevamente hacia la Casa Harrington de Ayuda.
—¿Siempre vive en esta zona, Lady Lucille?
—Si. La casa de cuidados tiene ocho habitaciones.
Jack parpadeó.
—No era exactamente eso lo que pregunté.
—Lo sé. Por cierto, también tenemos una sala para consultas.
—Ya veo...
Sonrió divertido.
—¿Y qué le gusta hacer cuando no está trabajando?
Lucille pasó una página de su cuaderno.
—Leer. Es importante que sepa que, tenemos pacientes que necesitan seguimiento cada semana.
Jack soltó una carcajada.
—Definitivamente está evitando mis preguntas.
Lucille levantó la mirada con una expresión inocente.
—¿Yo?
—Sí, usted.
—No sé de qué habla.
Jack sonrió.
[Es imposible.]
Había algo en aquella joven que lo divertía muchísimo.
No importaba cuánto intentara provocarla, Lucille mantenía una actitud educada y tranquila.
Aunque algunas veces sus mejillas se ponían ligeramente rojas.
Y Jack ya había descubierto que aquello era particularmente divertido.
Pero, después de un rato, dejó de preguntarle cosas personales.
En cambio, comenzó a hablar de sí mismo.
—Yo también soy un segundo hijo.
Lucille levantó la mirada.
—¿De verdad?
—Sí.
—Entonces tenemos algo en común.
Jack sonrió.
—Supongo que sí.
Se acomodó en el asiento.
—Tengo un hermano mayor.
Lucille asintió.
—¿Se llevan bien?
Jack sonrió.
—No. Para nada.
—¿De verdad?
—Él es mucho más serio y yo soy demasiado especial, talentoso, atractivo..
Lucille soltó una pequeña risa.
—Eso sonó muy pretencioso.
Jack se llevó una mano al pecho, fingiendo estar ofendido.
—¡Qué cruel!
Lucille sonrió.
—Solo estoy diciendo la verdad.
—Entonces me parece que tendremos que hablar más para que cambie de opinión.
—No creo que eso vaya a ocurrir.
—Ya veremos.
Jack volvió a sonreír.
Después comenzó a hablar de su familia.
Tenía muchos sobrinos.
Lucille se sorprendió.
—¿Muchos?
—Muchos.
—¿Cuántos?
Jack comenzó a contar con los dedos.
—Bueno... tantos que hace tiempo dejé de intentar recordar sus edades.
Lucille soltó una pequeña carcajada.
—¿Son hijos de su hermano?
Jack negó con la cabeza.
—No, gracias a los dioses.
Lucille lo miró con curiosidad.
—Son de mis hermanos de la vida.
Ella frunció ligeramente el ceño.
—¿Hermanos?
Jack sonrió.
—De la vida.
Su expresión cambió ligeramente.
Por primera vez desde que lo conoció, Lucille vio algo diferente en sus ojos.
Había cariño.
—Los conocí en el templo a algunos, a otros en la academia.
Lucille escuchó atentamente.
—Entonces sus sobrinos son hijos de ellos.
—Exactamente.
Jack sonrió.
—Algunos me llaman tío Jack. Otros simplemente me ignoran porque sus padres les enseñan a no prestarme atención por miedo a que se den cuenta de que yo soy mucho mejor.
Lucille rio.
—Eso suena agotador.
—Lo es.
—¿Y aun así los quiere?
Jack la miró como si la pregunta fuera extraña.
—Claro.
Sonrió.
—Muchísimo.
Lucille guardó silencio.
Aquella respuesta sencilla le produjo una sensación cálida.
[Entonces él tiene una familia que eligió.]
Jack continuó contando algunas historias.
Habló de uno de sus "hermanos" que era terriblemente gruñón.
De otro que siempre desconfiaba de todos y terminaba molestando a su esposa por sus celos.
Y de una sobrina que, según él, había aprendido a caminar únicamente para esconderle sus zapatos.
Lucille terminó riéndose.
—¿Y usted qué hizo?
Jack sonrió orgulloso.
—Le escondí sus juguetes.
Lucille abrió los ojos.
—¡Eso es terrible!
—Funcionó.
—¡Eso no significa que esté bien!
Jack comenzó a reír.
—Sabía que diría eso.
—Porque tengo razón.
—Tal vez.
La miró de reojo.
—Aunque me gusta cuando se enoja.
Lucille inmediatamente volvió a ponerse seria.
—No estoy enojada.
—Un poquito.
—No.
—Otro poquito.
—Jack.
Él sonrió.
—Sí, mi lady.
Lucille suspiró.
[Es imposible hablar seriamente con él.]
Sin embargo, poco a poco, comenzó a relajarse.
No le contó cosas personales.
No habló de su primera vida.
No explicó sus sentimientos.
Tampoco permitió que Jack profundizara demasiado en su vida.
Pero escucharlo hablar de su familia le resultaba agradable.
Era curioso.
Ella había pensado que los magos del templo serían personas serias, silenciosas y extremadamente formales.
Jack era todo lo contrario.
Era alegre.
Bromista.
Travieso.
Y cuando hablaba de las personas que consideraba su familia, se volvía increíblemente cariñoso.
Pero apenas terminaba una historia tierna... volvía a ser el mismo hombre pícaro de antes.
—Aunque debo admitir algo.
Lucille levantó la mirada.
—¿Qué?
Jack sonrió.
—Ahora que la conozco, creo que mis hermanos van a ponerse celosos.
—¿Celosos de qué?
—De que estoy pasando tanto tiempo con una mujer hermosa.
Lucille lo miró fijamente.
—Usted realmente no puede evitarlo, ¿verdad?
—¿Evitar qué?
—Coquetear.
Jack sonrió ampliamente.
—No.
Lucille negó con la cabeza.
—Entonces no voy a responder.
—¿A qué?
—A ninguna pregunta personal.
—¿Ni una?
—Ninguna.
Jack se quedó pensativo.
—Está bien.
Lucille volvió a su cuaderno.
Pero unos segundos después escuchó:
—Aunque todavía puedo hacer cumplidos.
Lucille cerró los ojos.
[¡Dios mío!]
Jack se rio.
—Está bien, está bien. Me comportaré.
Ella lo miró con desconfianza.
—Eso espero.
—Prometido.
Pasaron unos segundos.
—Por cierto, su cabello se ve muy bonito con ese vestido.
Lucille abrió lentamente los ojos.
Jack sonrió.
—No prometí cuánto tiempo duraría mi comportamiento.
Lucille no pudo evitarlo.
Terminó riéndose.
Y aunque inmediatamente volvió a mirar su cuaderno para ocultar la sonrisa, una pequeña calidez había aparecido en su pecho.
[Es un hombre realmente extraño.]
Pero, por alguna razón... Lucille comenzaba a pensar que aquel extraño mago de cabello claro no era una mala compañía.