Tras una aventura de una noche, las consecuencias llegan tras enterarse de su embarazo.
Kaelyn sin saberlo se acostó con el CEO del Grupo Schneider y su jefe quien desde hace más dos años que apenas y la mira, pero el olor a sándalo en su cuerpo y más la náuseas matutinas que la atormentan cada mañana es más que obvio para él deducir quién fue la mujer con la que tuvo los mejores orgasmos y no piensa dejarla...
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Capítulo 14: Los gemelos Schneider
KAELYN
Dos semanas transcurrieron como el agua que fluye por el río sobre una roca. Mi embarazo iba bien, pero pesaba más. Incluso los gemelos parecían haber decidido que otros lugares podían patear. Incluidas mis costillas.
Apenas sentí las patadas puse una mano en mi vientre. Sonreí. En ese momento sentí la mirada de Adler sobre mí. Estaba en cama. En reposo. Ya no debía hacer esfuerzos. Órdenes médicas.
Su mirada era intensa. Protectora. Obsesiva. Se volvió más desde que Aída envió a alguien a secuestrarme.
—¿Cuánto tiempo vas a seguir mirándome así?
—Solo quiero que estés a salvo—Se acercó y tomó mi mano. Se recostó a mi lado y me dio un beso en la cabeza.
—Lo sé. Pero no me pasará nada, porque mis hermanos están al pendiente de todo.
Adler suspiró.
—¿Cómo te sientes?—Puso su mano en mi vientre.
—Estoy bien, solo me molesta un poco la espalda—Me dio otra almohada y la puso detrás de mí.
—¿Mejor?—Asentí. Me atrajo hacia él y me abrazó de la cintura. Apoyé mi cabeza en su hombro.
Luego de un rato. Me levanté de la cama con su ayuda y me ayudó a llegar al baño.
Se quedó afuera y entonces...
—¿Es una broma?—Dije incrédula al ver un gran chorro de agua cayendo dentro del inodoro. Salpicó mi vestido blanco que me llegaba a los tobillos.
—¿Kaelyn?—Oí la voz de Adler—¿Estás bien?
—Adler, se rompió mi fuente.
Silencio. No dijo nada por varios segundos. Los cuales me parecieron una eternidad.
—Voy a entrar.
Abrió la puerta y sus ojos se abrieron en grande al ver mi vestido salpicado de agua de manera escandalosa.
—Ayúdame—Reaccionó al verme soportando el dolor de las contracciones que estaban comenzando. Me tomó la mano y me sacó del baño.
—Vamos, debemos ir al hospital.
Sacó del armario la maleta y una mochila. En ese momento llamé a mis hermanos y estos estaban peor que Adler. Nerviosos y alterados.
Camino al hospital. Apretaba con fuerza la mano de Adler y el borde del asiento. Respiraba profundo. Muy profundo. Adler estaba nervioso, pero agradecí que no dijera más de la cuenta.
...****************...
Llegamos al hospital. Me atendieron en el momento en que me vieron entrar, porque a Adler no le entendían nada. Al verme, entendieron todo.
Me llevaron a una habitación. Me conectaron a varios aparatos y me pusieron una intravenosa con suero y esperé a que la doctora llegara para que me revisara y me dijera que ya era hora.
Mis hermanos llegaron antes y detrás de ellos venían Alisa y Ann.
—Vaya, te ves horrible...—Me dijo Nikolay y le arrojé una botella de agua vacía que le dio en la cara. Todos se rieron.
—Eres un idiota—Murmuré.
—Ni que lo digas...—Dijo Ann mirándolo con burla.
—¡Eres insoportable, maldita pelirroja!—Le dio un golpe en el abdomen que lo dejó sin aire por un momento.
—Grosero...—Le dijo Ann. Alisa se rio.
Me reí. Realmente me reí. Lo necesitaba. Pero pronto el dolor volvió y Adler me tomó de la mano. Se la apreté con fuerza.
En ese momento llegó la doctora. Mis hermanos miraron por la ventana o al suelo, siendo conscientes de lo que la doctora haría.
—¿Cómo te sientes?—Me preguntó.
—Dígame, cuánto me falta—Se puso guantes y me revisó.
—Tienes seis centímetros de dilatación. Aún falta para el gran momento.
—¿Cuánto tiempo?—Pregunté de nuevo.
—Cada parto es diferente. Creo que en un par de horas más.
Me dejé caer en la cama y suspiré harta.
—Bien, pues ya que...
La doctora se quitó los guantes y se retiró.
—Bueno, no te preocupes. Haremos que las horas se pasen rápido—Dijo Marius con decisión.
Y así fue. Durante casi dos horas. Mis hermanos me dijeron cada estupidez. Incluso me contaban historias de nuestra niñez que ya no recordaba y me hacían reír.
—¡Ah!—Exclamé luego de reírme de algo que me dijo Alisa.—Estoy bien, solo fue una contracción.
—Me sorprende que pese a que Kaelyn está apretando tu mano con bastante fuerza. No estés quejándote—Dijo Ethan cruzando los brazos.
—Siendo honesto, mi mano está entumecida. Pero no importa. Lo único que quiero es que mis hijos nazcan bien y sanos.
Le sonreí antes de la siguiente contracción que llegó demasiado pronto.
...****************...
Me llevaron a la sala de partos. Estuve pujando por casi dos horas o tal vez más.
Me dejé caer en la camilla, respiraba con dificultad, mi vista estaba nublada y las voces a mi alrededor me eran ajenas y distantes, se oían a lo lejos. Cada gota de sudor recorría mi rostro hasta llegar a mi cuello y el resto de mi cuerpo.
Sentí que ya no podía más. Todo me dolía. Estaba muy cansada. Estaba a nada de darme por vencida, cuando oí una voz. Era de un niño pequeño y luego oí otra.
—¡Mamá!—Oí claramente. Pensé que me estaba volviendo loca—. ¡Mamá!—Oí la voz de nuevo.
Entonces comencé a pujar de nuevo. Con fuerza. No me detuve.
—¡AAAHHH!—Grité.
Seguí pujando hasta que oí un llanto y sentí un inmenso alivio. Todo volvió a la normalidad. Ya no oí esas voces de nuevo.
Miré a Adler quien todavía sostenía mi mano. Luego la doctora dijo:
—Es una niña...—Miré a mi hija y ella lloraba. Su pequeño cuerpo estaba cubierto de una sustancia blanca y cremosa.
Me la pusieron en el pecho, tras haber cortado el cordón umbilical y ella se calmó. Se quedó dormida casi de inmediato.
—Hola pequeña, soy tu mamá...—Acaricié su cabello cubierto de esa sustancia blanca. Su cabello era oscuro y abundante, era el mismo que el de su padre.
Le di a la niña a Adler. Él sonrió debajo del cubrebocas al ver a su hija, no decía nada, pero sus ojos lo decían todo. Estaba orgulloso de ser padre de una niña. Pasaron unos diez minutos hasta la siguiente contracción.
—¡Ah!—Exclamé y tomé el brazo de Adler con fuerza mientras él sostenía a la bebé.—Dale la bebé a la enfermera.—Le dio la bebé y sostuvo mi mano, mientras pujaba otra vez.
Luego de unos quince minutos pujando finalmente nació el segundo bebé.
—Felicidades, es un niño...—Me lo pusieron en el pecho luego de cortar el cordón. Miré a mi hijo y este tenía el cabello igual al de su hermana. Abundante y negro, además de ligeramente ondulado. Mi hijo lloraba, pero pronto paró al sentir mi calor, se quedó dormido casi de inmediato.
Quizás el hombre misterioso te está vigilando 😂 y tú ni te has dado cuenta, por lo pronto aliméntate bien y duerme todo lo que puedas, porque después no te la vas acabar con el bebé 👶🍼😂😂😂