Alexandre Viale, un hombre misterioso con mucho poder, nadie lo conoce lo suficiente para poder decir quién es, los medios lo persiguen, pero terminan viendo sombras. Su imperio crece mas y más y nadie conocé hasta donde se extiende exactamente. Es joven, dicen, pero no tienen ni la exactitud de cual es su edad. Las mujeres que entran una vez a su cama y no vuelven más, porqué Alexandre no repite, Alexandre conquista para cumplir un solo objetivo y luego desecha como si no fueran de valor.
¿Llegará alguna que rompa con todos esos muros de hierro que el forjó a su alrededor?
No es solo un hombre poderoso, misterioso y seductor, también es un hombre muy peligroso. Debajo de sus pies se mueve algo oscuro y nadie quisiera ser su enemigo.
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Louis y su tormenta
El reloj marcaba las 3:15 de la madrugada.
Louis abrió los ojos de golpe. Durante unos segundos no supo dónde estaba. El techo blanco de su habitación apareció sobre él, inmóvil, silencioso, iluminado apenas por la luz azulada que entraba desde los ventanales. Respiró profundamente, otra vez. Siempre igual, se incorporó lentamente sobre la cama y llevó ambas manos al rostro. Habían pasado demasiados años. demasiados para seguir despertando exactamente a la misma hora. Miró hacia la mesita de noche. Todo estaba en su lugar: El vaso de agua, el reloj y aquella pequeña caja de madera que jamás permitía que nadie tocara. La observó durante varios segundos, la tomó entre sus manos. No la abrió inmediatamente, nunca lo hacía... Primero cerraba los ojos y entonces el pasado regresaba. No como un recuerdo, sino como una herida...
Hace 15 años...
...**************** Louis ...
La lluvia golpeaba con violencia los cristales de una casa pequeña, apenas había espacio para unas cuantas pertenencias, el espacio era diminuto.
Mujer: ¡Louis, quédate aquí!
Aquella voz, todavía podía escucharla.
Louis, de apenas diez años permanecía de pie en el pasillo, descalzo, abrazando contra el pecho un pequeño caballo de madera que ya tenía varias grietas por el tiempo.
Louis: Pero quiero ir contigo...
Mujer: Te prometo que volveremos enseguida.
La figura se inclinó frente a él y acomodó su cabello con una ternura imposible de olvidar.
Mujer: Por favor, no abras la puerta por nadie. ¿Entendido?
Louis asintió, la puerta principal se cerró.
El sonido del llavín quedó grabado en su memoria mucho más que cualquier otra cosa.
Después...
Silencio, un silencio extraño, pesado y la lluvia, siempre llueve. El pequeño Louis caminó hasta la ventana del salón y apoyó las manos sobre el cristal empañado. Esperó, cinco minutos, diez, treinta, una hora.
De pronto la mujer llegó muy asustada, herida y sin quien la acompañaba.
Mujer: ¡Louis, abre la puerta!
Louis abrió la puerta y se asustó al ver la sangre que salía de las heridas de la mujer.
Louis: ¿Qué, que, que pasó? ¿Y dónde está ella, donde está Lulú?
Mujer: Nos atacaron y me la quitaron, se la llevaron.
Los ojos de Louis se llenaron de lágrimas, la mujer lo abrazó y lloraron juntos... Nunca volvió a ver aquella figura cruzar el jardín bajo la tormenta, jugar en la pequeña cama que compartían, ni pelear por las pocas raciones de comida.
Louis abrió los ojos. La habitación volvió a aparecer frente a él, su cama, su realidad. Todo estaba exactamente donde debía estar.
Excepto aquello que tanto deseaba, abrió finalmente la caja de madera. Dentro no había joyas, ni dinero, ni documentos. Solo una fotografía antigua ligeramente desgastada por el tiempo. Un niño sonriendo frente a una cámara y a su lado, otra figura, cuyo rostro permanecía parcialmente oculto por un doblez. Louis pasó el pulgar sobre aquella imagen con una delicadeza casi dolorosa.
Louis: Todavía te estoy buscando...
Afuera comenzaba a amanecer, Louis cerró la caja, volvió a dejarla en su sitio y permaneció sentado en el borde de la cama. Horas después volvería a ponerse un traje impecable, sonreiría frente a inversionistas, haría bromas con Alexandre, besaría a Selene antes de salir de casa y nadie imaginaría que cada decisión, cada viaje inesperado y cada informe confidencial que llegaba hasta sus manos perseguían una única obsesión... Encontrar la respuesta a una promesa hecha bajo una tormenta que en su interior sigue sin parar. Aunque para hacerlo tuviera que dedicarle toda una vida.
Después de recuperarse de una noche dramática, como todos los días. Louis se dirige al aeropuerto para viajar con Alexandre...
El avión despegó poco después de las ocho de la mañana. Alexandre estaba sentado junto a la ventanilla, con una tableta sobre las piernas y varios documentos abiertos frente a él. Louis, en cambio, parecía mucho más interesado en su café.
Louis: ¿Sabes qué es lo peor de hacer negocios contigo?
Alexandre ni siquiera levantó la mirada.
Alexandre: Que siempre gano.
Louis: No, pendejo. Que nunca se sabe cuándo estás trabajando y cuándo estás intentando arruinarle la vida a alguien.
Alexandre: jajaj. Bueno, eso se llama estrategia.
Louis: No amigo, eso se llama ser insoportable.
Alexandre: Eres masoquista. Aun así sigues haciendo negocios conmigo.
Louis: Te equivocas, es porque soy paciente.
Alexandre levantó finalmente los ojos, cuestionando las palabras de Louis.
Louis: No eres paciente.
Louis: ¿Ah, no?
Alexandre: Eres interesado.
Louis soltó una carcajada, como si eso fuerce aceptado.
Louis: Si. Eso también.
El avión continuó ascendiendo. Debajo de ellos, Mónaco comenzó a desaparecer entre las nubes. Habían decidido viajar juntos para revisar personalmente el terreno donde pretendían desarrollar un nuevo proyecto.
Un complejo privado que combinaría: residencias de lujo, espacios comerciales y un puerto exclusivo. El negocio sería dividido entre Viale Holdings y Montclair Group.
No era la primera vez que trabajaban juntos.
Probablemente, tampoco sería la última.
Louis: ¿Ya decidiste qué vas a hacer con el proyecto italiano?
Alexandre dejó la tableta sobre la mesa, dejó salir un suspiro e inclinó su cabeza atrás.
Alexandre: Está avanzando.
Louis: No espera. Eso no fue lo que pregunté.
Alexandre: No, pero es la respuesta que vas a recibir.
Louis: Vittoria ¿así se llama en avancé?
Alexandre: ¿Qué pasa con ella?
Louis: En otro tiempo, no hubieras continuado con ese proyecto si tenía tantos problemas, pero esa mujer es la que está a punto de hacer que pierdas millones.
Louis se acomodó en su asiento.
Louis: Solo digo que es curioso.
Alexandre: ¿Qué exactamente?
Louis: Que antes de conocerla querías cerrar el acuerdo lo más rápido posible.
Alexandre: Y ahora también.
Louis: Pero ahora sabes cuándo regresó a Mónaco.
Alexandre tomó nuevamente la tableta, con rasgos de molestia.
Alexandre: No voy a hablar de Vittoria contigo.
Louis: Perfecto, ¿con quién lo harás entonces? Hablemos de tu cara cada vez que alguien menciona su nombre.
Alexandre: Louis, Te estás volviendo viejo.
Louis: Y tú estás evitando la pregunta.
Alexandre: No hay ninguna pregunta.
Louis: Exactamente. No la hay, es un hecho de que estás loco por esa mujer.
Durante unos segundos permanecieron en silencio. La conversación cambió hacia el proyecto, cifras, inversionistas, fechas.m, permisos. Pero entre ambos había una confianza que no necesitaba formalidades.
Louis podía interrumpir a Alexandre. Alexandre podía burlarse de Louis. Podían discutir durante una hora sobre una cifra y, cinco minutos después, estar riéndose de alguna estupidez de hace diez años.
Louis: ¿Recuerdas nuestro primer negocio?
Alexandre: No lo quiero recordar. Fue un desastre.
Louis: No. Fue una obra de arte.
Alexandre: Perdimos dinero, mucho dinero.
Louis: Si, pero aprendimos.
Alexandre: Tú aprendiste. Yo tuve que arreglarlo.
Louis: Por eso hacemos un buen equipo.
Alexandre: Si, claro. Porque tú provocas los problemas y yo los soluciono.
Louis: Exactamente, eso hacen los equipos.
Ambos volvieron a reír. Pero unos minutos después, mientras Alexandre revisaba los documentos, Louis recibió una notificación en su teléfono. La pantalla se iluminó apenas un segundo. “Encontramos algo.” Su expresión cambió, pero solo durante un instante. Después bloqueó el teléfono.
Alexandre: ¿Todo bien?
Louis levantó la mirada y la sonrisa regresó a su rostro.
Louis: Si amigo. Todo perfecto.
Alexandre lo observó unos segundos, luego volvió a sus documentos. Louis giró nuevamente hacia la ventanilla. Las nubes cubrían completamente el cielo y mientras el avión avanzaba hacia su destino, volvió a pensar en aquella fotografía guardada en la caja de madera... Dieciocho años, había esperado dieciocho años. Entonces podía esperar un poco más. Porque esta vez estaba mucho más cerca.