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El Precipicio De Tu Pecho

El Precipicio De Tu Pecho

Status: En proceso
Genre:Acción
Popularitas:1.8k
Nilai: 5
nombre de autor: analysi

Ella es la guardaespaldas asignada para proteger al hombre que más desprecia: un magnate arrogante que compró la empresa de su padre. Él la provoca y la pone a prueba cada día, sin saber que ella guarda un arma bajo la chaqueta... y un deseo prohibido bajo la piel.

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Capítulo 23: La finca en la montaña

El viaje hacia la finca de Salazar duró casi cuatro horas. Valentina condujo la mayor parte del camino, con Mateo a su lado y un plan trazado en su mente. Daniel Salazar les había proporcionado mapas detallados de la propiedad, así como información sobre los movimientos de seguridad. Sabían que había al menos una docena de hombres armados patrullando el perímetro, y que Salazar rara vez salía de la casa principal.

El camino se volvía cada vez más sinuoso a medida que se adentraban en la montaña. Los árboles se cerraban a ambos lados, creando un túnel de sombras que parecía tragarlos. Valentina sintió que la adrenalina comenzaba a correr por sus venas. No era miedo. Era la concentración de quien sabe que está a punto de enfrentar algo importante.

"¿Lista?", preguntó Mateo, rompiendo el silencio.

"Lista", respondió Valentina, con la voz firme.

Estacionaron el coche a unos dos kilómetros de la entrada principal, oculto entre la maleza. Desde allí, caminaron siguiendo el perímetro de la finca, moviéndose con la sigilosidad que Valentina había perfeccionado durante sus años en el ejército. Mateo la seguía, sorprendentemente ágil para un hombre de su posición, y Valentina se sintió agradecida por tenerlo a su lado.

La finca era una construcción imponente, rodeada de muros de piedra y alambre de púas. Desde su posición elevada, Valentina podía ver a los guardias patrullando el perímetro, armados con rifles y linternas.

"Hay más de los que esperaba", susurró Mateo.

"Lo sé", respondió Valentina. "Pero tenemos una ventaja. No esperan que ataquemos desde arriba."

Valentina sacó un pequeño dispositivo de su mochila: un dron de reconocimiento que había utilizado en misiones anteriores. Lo lanzó al aire y controló su vuelo con un control remoto. Las imágenes en la pantalla mostraron la distribución de la finca, incluyendo la entrada principal, los jardines y la casa central.

"Ahí está", dijo Valentina, señalando una ventana en el segundo piso. "Ahí es donde está Salazar."

Mateo observó la pantalla y asintió. "¿Cómo vamos a entrar?"

Valentina sonrió. "Por la puerta trasera. Literalmente."

---

El plan era simple pero arriesgado. Valentina y Mateo se acercaron a la parte trasera de la finca, donde una pequeña puerta de servicio daba acceso a la cocina. La puerta estaba asegurada con un candado, pero Valentina lo abrió en cuestión de segundos con una ganzúa que llevaba siempre consigo.

Se deslizaron dentro, moviéndose en silencio entre las sombras. La cocina estaba vacía, pero podían oír voces en la distancia. Guardias. Seguramente estaban en la sala principal, cerca de Salazar.

Valentina le hizo una seña a Mateo para que esperara mientras ella se asomaba al pasillo. Dos guardias armados estaban de pie frente a una puerta al final del pasillo. La puerta de Salazar.

"Hay dos", susurró Valentina. "Yo me encargo de los guardias. Tú buscas a Salazar."

Mateo asintió, y Valentina se movió. Rápido, letal. En menos de diez segundos, ambos guardias estaban en el suelo, inconscientes pero vivos.

Valentina abrió la puerta y entró en la habitación.

Héctor Salazar estaba allí, sentado detrás de un escritorio de madera oscura. Era un hombre de unos sesenta años, con el cabello canoso y una cicatriz en la mejilla derecha que coincidía con la fotografía. Cuando vio a Valentina, sus ojos se abrieron con sorpresa.

"¿Quién eres?", preguntó, con la voz tensa.

"Soy la hija de la mujer que mataste", dijo Valentina, con la voz helada. "Y he venido a hacer justicia."

Salazar esbozó una sonrisa fría. "La hija de Cruz. Pensé que ya estarías muerta."

"No estoy muerta", dijo Valentina, dando un paso adelante. "Y voy a asegurarme de que pagues por todo lo que hiciste."

Salazar se levantó de su asiento, pero antes de que pudiera hacer nada, Mateo apareció detrás de él, apuntándole con una pistola.

"No te muevas", dijo Mateo, con la voz firme.

Salazar levantó las manos lentamente, pero su sonrisa no desapareció. "¿Crees que esto termina aquí? Tengo hombres en toda la finca. Si no salgo en cinco minutos, vendrán a buscarme."

"Entonces será mejor que hables rápido", dijo Valentina, sentándose frente a él. "Quiero saberlo todo. Por qué mataste a mi madre. Quién más estuvo implicado. Y qué planeas hacer ahora."

Salazar la miró durante un largo momento, y luego comenzó a hablar. No por miedo, sino por orgullo. Quería que supiera que él había ganado.

"Tu madre era una amenaza", dijo. "Sabía demasiado sobre nuestros tratos. Sobre el dinero que lavábamos, sobre la gente que comprábamos. Y cuando amenazó con hablar, tu padre no tuvo más remedio que silenciarla. Yo solo ayudé a ejecutar la orden."

Valentina sintió que la ira hervía en su sangre, pero se obligó a mantener la calma. "¿Y los demás? ¿Álvarez, Delgado, los otros?"

"Todos estaban implicados", dijo Salazar. "Pero yo era el que daba las órdenes. El que controlaba los hilos. Sin mí, ellos no eran nada."

Valentina se levantó y caminó hacia él. "Entonces has sido tú. Tú has sido el responsable de todo."

Salazar sonrió. "Y no me arrepiento. Tu madre era una mujer hermosa, pero también era una amenaza. Y las amenazas hay que eliminarlas."

Valentina sintió que algo se rompía dentro de ella. No era la ira. Era la certeza. La certeza de que Salazar nunca cambiaría. De que la única forma de detenerlo era llevarlo ante la justicia.

"Mateo", dijo, con la voz firme. "Llama a la policía. Que vengan a buscarlo."

Mateo asintió y sacó su teléfono. Salazar, al ver que no iba a salir de allí, intentó un movimiento desesperado. Pero Valentina fue más rápida. Lo inmovilizó contra el escritorio, con el brazo doblado detrás de la espalda.

"Se acabó", dijo ella, con la voz fría. "Has perdido."

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La policía llegó media hora después. Salazar fue arrestado y llevado a la ciudad para ser juzgado. Valentina y Mateo dieron sus declaraciones y, cuando todo terminó, se sentaron en el coche, mirando la finca que se alejaba en el retrovisor.

"¿Cómo te sientes?", preguntó Mateo.

Valentina se quedó en silencio por un momento. Luego, sonrió. "Como si finalmente hubiera terminado. El pasado ya no me persigue. Lo he enfrentado y lo he vencido."

Mateo tomó su mano y la besó con suavidad. "Estoy orgulloso de ti."

Valentina apretó su mano y supo que, finalmente, estaba lista para dejar atrás el pasado y mirar hacia el futuro.

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valeska garay campos
el destino lo tnia que juntar ahora que pasará?🤔
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