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Sariel. Él Inicio De La Eternidad

Sariel. Él Inicio De La Eternidad

Status: En proceso
Genre:Amor eterno / Reencarnación / Mundo de fantasía
Popularitas:56
Nilai: 5
nombre de autor: victoria illescas

Sariel portador del séptimo rayo, es elegido por el dios del amor para ser su guardián en la tierra humana, mientras trata de ser el observador cósmico del creador , conocerá la fragilidad de su esencia al conocer el sentimiento que solo los mortales estaban condenados a sentir , él amor , acompaña al guerrero de amatista a encontrar su verdadera misión entre él cielo, la tierra y el infierno en ese extensa línea de la Eternidad

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capitulo 9. confrontación

Capítulo 9: confrontación

Así decidido emprendió la búsqueda de luzbel, lo enfrentaría cara a cara

Sariel se encontraba en el cruce de las constelaciones bajas, cuando percibió una energía desconocida, fue un cambio en la frecuencia del reino. No era el estrépito de las trompetas, si no un silencio absoluto, un vacío de sonido que solo ocurre cuando la armonía se fractura deliberadamente. Sariel se apresuró, tenía que encontrar a Luzbel, cerró los ojos y expandió su conciencia, rastreando la firma energética que había aprendido a reconocer en el vacío. Y finalmente la encontró. Luzbel no estaba en sus estancias, ni en el consejo. Se movía hacia los Jardines de Cristal, el corazón simbólico de la paz celestial, donde la luz del Creador se refractaba en infinitos colores para nutrir el espíritu de los ángeles.

Sariel se materializó en una cornisa de cuarzo que colgaba sobre el sendero principal de los jardines. Desde allí, vio la procesión. Luzbel caminaba al frente, pero ya no vestía las túnicas de gala del servicio divino. Llevaba una armadura forjada en una aleación que parecía absorber la luz en lugar de reflejarla, un regalo evidente de la Fuerza Antigua.

A sus espaldas, una columna de ángeles avanzaba en un orden perfecto y aterrador. Sus rostros, antes llenos de alegría, estaban grabados con una determinación sombría.

- Es hoy , susurró Sariel para sí mismo. No hubo rastro de temblor en su voz.

Observó cómo Luzbel se detenía ante la Gran Puerta de Cristal, el punto donde la creación se conecta con la voluntad pura. El Portador de la Luz desenvainó una espada que no emitía brillo, sino una distorsión térmica, una herida en el espacio-tiempo.

Sariel vio a Luzbel alzar la mano, dando la señal para que sus capitanes se posicionaran. Estaban a segundos de quebrar la primera puerta, de convertir el refugio de la meditación en el primer campo de batalla de una eternidad de conflicto.

La calma que Sariel había cultivado se convirtió en una frialdad absoluta. Ya no había espacio para dilemas morales o miedos personales. La conspiración que vio tras las columnas de jaspe se había convertido en acero y marcha de guerra.

- Crees que el factor sorpresa es tuyo, Luzbel", pensó Sariel, mientras su mano derecha buscaba el pomo de su propia arma, sintiendo la energía del Creador fluyendo a través de él con una intensidad que nunca antes había canalizado.

- Crees que el cristal se romperá bajo tu mando sin que nadie haya preparado el suelo para tu caída

Luzbel tomó aire, sus pulmones llenándose con el aroma de los lirios celestiales por última vez antes de dar la orden que cambiaría el universo. Pero antes de que sus labios se abrieran, Sariel se dejó caer desde la cornisa.

No cayó como una víctima, sino como un rayo. Aterrizó a pocos metros de la vanguardia rebelde, de espaldas a la puerta, interponiéndose entre el ejército de sombras y los Jardines de Cristal.

Luzbel detuvo su avance, una sonrisa de suficiencia dibujándose en su rostro perfecto.

- Sariel , dijo Luzbel, su voz resonando como una campana de oro. ¿Has venido a presenciar el nacimiento de la libertad, o simplemente te has perdido en tu camino al solio?

Sariel no retrocedió. Sostuvo la mirada del que era él más amado,

En los ojos de Sariel no había rastro del ángel que se escondía en las sombras. Solo había un guardián que había dejado de temer al fuego.

- He venido a decirte que los Jardines no florecerán para ti hoy, Luzbel. Y que tu guerra termina antes de que el primer cristal se quiebre.

Luzbel soltó una carcajada, un sonido que en otro tiempo habría sido celestial, pero que ahora contenía un eco metálico, deformado por su pacto oscuro. Dio un paso al frente, haciendo que la luz de los Jardines de Cristal retrocediera ante su sombra.

- ¿Mi guerra, Sariel? , preguntó Luzbel con una condescendencia que cortaba más que su espada. Eres un vigilante de sombras, un recolector de secretos que no sabe qué hacer con ellos. Mírate. Estás solo.

Luzbel extendió sus brazos, señalando a las legiones que lo seguían, ángeles de alto rango que observaban a Sariel con una mezcla de lástima y desprecio.

- ¿Quién crees que te escuchará? , continuó Luzbel, su voz volviéndose un susurro que se filtraba en los pensamientos de Sariel.

- Si subes ahora al Trono a denunciarme, diré que la cercanía con el Vacío ha corrompido tu mente. Diré que tu envidia por mi brillo te ha llevado a imaginar conspiraciones donde solo hay deber. ¿A quién le creerán? ¿Al Lucero del Alba, el arquitecto de la luz, o a un guardián que se oculta entre columnas de jaspe porque teme su propia relevancia?, porque acaso crees que no te vi aquel día , dijo Luzbel

Sariel mantuvo la guardia alta, pero Luzbel se acercó aún más, hasta que el frío de su armadura oscura fue perceptible.

- Pero sé que no lo harás , dijo Luzbel, y esta vez su tono cambió a uno de una crueldad aterciopelada. Porque tu lealtad al Creador es grande, pero tu apego a lo prohibido es… vulnerable.

Luzbel pronunció un nombre que hizo que el pulso de Sariel se detuviera por un instante: Alanis.

- ¿Crees que no he visto cómo la miras? ¿Crees que no sé que tu esencia se entrelaza con la de ella de una forma que las leyes de la luz no permiten? Ella es pura, Sariel. Es una joya de estos jardines. Si das un paso más, si una sola palabra sobre mi alianza sale de tus labios, me encargaré de que Alanis sea la primera en caer. No la mataré; eso sería piadoso. Haré que su caída sea tan profunda que incluso el olvido se avergüence de recibirla.

Luzbel acarició el aire con sus dedos negros, como si estuviera sosteniendo el alma de la mujer que Sariel amaba.

- Serás tú quien la condene. Cada vez que la veas consumirse en las tinieblas, recordarás que pudiste salvarla con tu silencio. Elige, guardián: ¿Quieres ser un héroe para un Creador que no necesita que lo defiendan, o quieres mantener a salvo el único rastro de amor que justifica tu existencia

Sariel sintió una punzada de dolor en el pecho, la imagen de Alanis bajo la sombra de la traición era casi insoportable. Sin embargo, algo en él había cambiado desde que vio a Luzbel mendigar poder a la Fuerza Antigua.

- Usas su nombre porque es lo único que te queda para intentar doblegarme , respondió Sariel, su voz ahora más firme que la de Luzbel. La mencionas porque tienes miedo de que mi verdad sea más fuerte que tu amenaza.

Sariel dio un paso hacia adelante, acortando la distancia, sus ojos brillando con una determinación que Luzbel no esperaba.

- Alanis ama la luz, Luzbel. Y si yo permito que tú la apagues por mi silencio, entonces ya la habría perdido de todos modos. Mi silencio no la protegerá, al contrario, la estaría entregando a un mundo gobernado por alguien que ya no sabe qué es el amor.

Luzbel entrecerró los ojos, mientras su sonrisa desaparecía de su rostro. Por primera vez, el Portador de la Luz vio que su arma más letal, el miedo, no estaba surtiendo efecto.

- Adelante , desafió Sariel, desenvainando su espada de luz pura. Intenta romper el cristal. Pero ya no peleas contra un ángel que tiene algo que perder. Peleas contra alguien que ya lo entregó todo por la verdad.

Luzbel apretó los dientes, y por un instante, la perfección de su rostro se quebró en una máscara de furia contenida. Alrededor, el aire comenzó a vibrar con una estática violenta; el ejército rebelde se detuvo, confundido ante la señal de duda de su líder. Luzbel miró hacia los Jardines de Cristal y luego a Sariel. Sabía que el factor sorpresa se había evaporado: si Sariel estaba allí, otros ya estarían sobre aviso.

La oportunidad de un golpe limpio se había escurrido entre sus dedos.

- Eres una molestia persistente, Sariel , siseó Luzbel, aunque recuperó rápidamente su porte aristocrático. Has ganado un suspiro de tiempo para este reino moribundo, pero solo eso. No voy a desperdiciar a mis mejores guerreros en una puerta que ahora está custodiada por la paranoia de los fieles.

Luzbel alzó su mano enguantada y, con un gesto seco, ordenó a sus legiones retroceder hacia las sombras de las constelaciones bajas. El ejército de ángeles oscuros comenzó a desvanecerse en una bruma de plata y ceniza, desapareciendo tan rápido como habían llegado.

Pero Luzbel no se marcharía sin dejar su marca. Fijó sus ojos en Sariel, y una energía oscura, alimentada por la Fuerza Antigua, comenzó a arremolinar en sus palmas.

- Si tanto te gusta vigilar los confines, regresa a ellos sentenció Luzbel con una voz que distorsionaba el espacio. Quédate en la periferia de la creación, donde nadie pueda oír tus verdades y donde el frío del vacío sea tu única compañía.

Luzbel disparó un estallido de magia primordial, una onda de choque de color obsidiana que golpeó a Sariel de lleno en el pecho. No era un golpe para matar, sino un hechizo de traslación forzada.

Sariel sintió que la realidad se rasgaba a su alrededor. Los Jardines de Cristal se volvieron líneas borrosas de luz mientras era succionado por un vórtice implacable. El peso de la magia de Luzbel lo arrastraba de vuelta a los bordes exteriores del Séptimo Cielo, a las prisiones de jaspe y los acantilados del silencio, a eones de distancia del centro del poder.

- ¡Vigila el vacío, Sariel! la voz de Luzbel resonó en su mente mientras el mundo desaparecía. ¡Vigila cómo me infiltro en cada rincón de lo que amas mientras tú estás atrapado en la nada!

Sariel cayó con violencia sobre el suelo metálico y frío de los confines.

El silencio absoluto lo recibió de nuevo. Estaba lejos, aislado y debilitado, pero mientras se ponía en pie con dificultad, una pequeña sonrisa de sangre asomó en sus labios.

Luzbel había retrocedido. La guerra había sido evitada por un día más, y aunque Sariel estaba en el exilio, ahora poseía algo que Luzbel odiaba: la certeza de que el Lucero del Alba podía ser detenido.

Sariel miró hacia el abismo, donde la Fuerza Antigua acechaba, y comenzó a caminar. Si Luzbel creía que los confines eran una prisión, pronto descubriría que eran el mejor lugar para preparar un contraataque.

Sariel se lanzó contra la barrera invisible que separaba los Confines del resto de la creación, pero fue como chocar contra una pared de pesadilla. Cada vez que intentaba desplegar sus alas para volar hacia los Jardines de Cristal, unas cadenas de humo negro surgían del suelo metálico, enroscándose en sus tobillos y alas.

No era solo magia de Luzbel; era la Fuerza Antigua misma, una entidad sin rostro que se alimentaba de la desesperación.

La Lucha en el Abismo

- No hay camino de vuelta para el que ha visto el Vacío susurró una voz que parecía el crujir de estrellas muertas.

La entidad se materializó frente a él: una masa de oscuridad absoluta que absorbía la luz de la gracia de Sariel. La Fuerza Antigua comenzó a proyectar visiones de fracaso en su mente. Le mostró los Jardines ardiendo, a sus hermanos cayendo y, finalmente, la imagen de sí mismo olvidando quién era.

Sariel sintió que su fuerza se agotaba. El frío del vacío estaba empezando a congelar su esencia celestial. Pero cuando la oscuridad estaba a punto de devorar su último destello de conciencia, un ancla se aferró a su espíritu.

No fue un pensamiento de gloria o de deber lo que lo salvó, sino un recuerdo sensorial: el aroma de las flores de cristal que Alanis solía dejar en su puesto de guardia, y la calidez de su mano cuando rozaba la suya en el silencio de los atrios.

“Si me rindo aquí, ella despertará en un mundo gobernado por el miedo”, pensó Sariel.

El amor por Alanis no era una debilidad, como Luzbel creía; era una frecuencia pura ,que la Fuerza Antigua no podía corromper. Sariel canalizó ese sentimiento, transformándolo en una explosión de luz blanca y dorada.

- Tú no conoces la creación, porque solo conoces el vacío rugió Sariel. Pero yo sé por qué vale la pena luchar.

La luz, alimentada por el recuerdo de Alanis, actuó como un disolvente sobre la Fuerza Antigua. La entidad soltó un alarido silencioso y se deshizo en jirones de niebla antes de ser expulsada de regreso a las profundidades del abismo. Las cadenas se rompieron. Sariel estaba libre, aunque exhausto, y comenzó su penoso regreso al centro del Cielo

La legión de centinelas fueron testigos del cierre de la brecha de fuerza antigua y pronto el rumor llegó a los jardines de cristal , la noticia del regreso de Sariel, pusieron en alerta a luzbel, no dejaría que sus planes se arruinaran por los sentimientos de un ángel menor que el.

Sariel no tuvo tiempo de recuperarse, tenía que llegar lo más rápido posible a la ciudad de plata, no esperó más y se lanzó al vacío de vuelta a los jardines de cristal.

Mientras tanto, en el Salón de las Esferas, Luzbel se encontraba rodeado por los demás Arcángeles. Su armadura oscura había sido reemplazada por sus vestiduras más blancas, y su rostro era la viva imagen de la preocupación fraternal.

Los arcángeles no sabían que habían estado a nada de una feroz batalla.

Luzbel se paseaba frente a Miguel y Gabriel.

- Me inquieta la ausencia de Sariel dijo Luzbel, paseándose frente a Miguel y Gabriel.

La luz del rayo púrpura a estado actuando de forma errática. Fui a buscarlo a los límites del Vacío para traerlo de vuelta al consejo, pero lo encontré murmurando incoherencias sobre fuerzas antiguas y traiciones. Temo que la soledad de su puesto haya fracturado su juicio.

Luzbel observó las reacciones de sus hermanos con una precisión de halcón.

- ¿Crees que sea peligroso? —preguntó Gabriel, frunciendo el ceño—. Sariel siempre ha sido el más reservado de nosotros.

- No lo sé , respondió luzbel con suavidad, colocando una mano reconfortante sobre el hombro de Miguel . Por eso, he decidido que yo mismo junto a ustedes supervisaré los Jardines de Cristal . No podemos permitir que una mente perturbada ponga en riesgo la paz del Creador.

Miguel asintió lentamente, mientras sus ojos estaban fijos en el mapa estelar, sin sospechar que el “protector” que se ofrecía era, en realidad, el arquitecto de su ruina. Luzbel sonrió para sus adentros

O eso creía él, mientras Sariel, impulsado por un amor inquebrantable, cruzaba las fronteras del cielo decidido a desenmascarar al traidor

Sariel voló de regreso con el corazón galopante. La urgencia de advertir a Miguel sobre los planes de Luzbel se mezclaba con una necesidad desesperada de buscar refugio en Alanis.

-Luzbel sabe que somos frágiles ahora, pensaba Sariel mientras sus alas cortaban el viento celestial. Pues sentía la disonancia en su rayo

- Debo decírselo a Miguel. Debemos cerrar las filas. Y una vez que la ciudad esté a salvo, le diré a Alanis que no puedo vivir un eón más sin que ella sepa que la amo. Mi amor será el ancla que me mantenga firme ante la oscuridad de Luzbel…. Continuará

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