Tras una aventura de una noche, las consecuencias llegan tras enterarse de su embarazo.
Kaelyn sin saberlo se acostó con el CEO del Grupo Schneider y su jefe quien desde hace más dos años que apenas y la mira, pero el olor a sándalo en su cuerpo y más la náuseas matutinas que la atormentan cada mañana es más que obvio para él deducir quién fue la mujer con la que tuvo los mejores orgasmos y no piensa dejarla...
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Capítulo 9: Los demonios también aman
KAELYN
Después de que Alisa conociera toda la historia, esperó hasta quedarse a solas conmigo. Adler estaba en su oficina y nosotras fuimos a la cafetería que estaba a unos metros.
Alisa apoyó las manos sobre la mesa y me miró durante unos segundos.
—Voy a decirte algo sobre mi hermano.
—Te escucho.
—Adler puede ser muchas cosas—. Sonrió ligeramente—Posesivo. Controlador. Intenso. Insoportable. Sobre protector...
—Eso último ya lo había descubierto.
Las dos nos reímos. Pero entonces su expresión se volvió seria.
—Pero cuando se trata de las personas que ama... es diferente—Me quedé callada—. Si alguien logra entrar en su corazón, Adler no duda en darlo todo por esa persona. Incluso sí debe destruirse en el proceso.
Miré hacia el pasillo.
—Lo he notado.
—Él ama de una manera complicada—Alisa suspiró—. No siempre sabe demostrarlo correctamente. Pero cuando ama, lo hace más allá de cualquier límite.
Bajé la mirada hacia mi vientre. Nuestros hijos. Adler los amaba incluso antes de conocer sus rostros. Y era algo que jamás podía negar.
—Lo entiendo—respondí. Y realmente lo hacía.
...****************...
Después de aquella conversación empecé a observarlo con más atención. No como mi jefe. No como el hombre había venido a irrumpir en mi vida. Si no como el hombre que estaba construyendo una familia. Me di cuenta de pequeños detalles.
Adler revisaba personalmente que las habitaciones estuvieran preparadas. Había elegido cuidadosamente los muebles para los bebés. Se había aprendido las citas médicas. Sabía con exactitud qué alimentos me provocaban náuseas.
Incluso había memorizado los horarios en los que nuestros hijos solían moverse. Era raro. Aquel hombre que parecía incapaz de mostrar emociones delante de los demás era completamente diferente cuando se trataba de nosotros.
Y cuanto más lo veía...
Más difícil era mantener la distancia que había prometido mantener.
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Una tarde estábamos decidiendo dónde colocar las cunas.
—Aquí hay demasiada luz—dije.
—Podemos colocar cortinas.
—Y aquí entra demasiado ruido.
—Entonces será la otra habitación.
—Adler, no puedes convertir toda la casa en una guardería.
—Claro que puedo—Rodé los ojos. Entonces sonó el timbre.—Yo voy.
Adler salió de la habitación. Continué observando las cunas. Hasta que escuché una voz. Una voz femenina. Mayor. Madura.
Y, después, la voz de Adler. Furiosa.
—Te dije que no volvieras.
Me quedé inmóvil.
—Adler...—No escuché la respuesta de la mujer. Pero sí la de él.
—No eres nada mío—. Su voz era fría—Aléjate de mí—Silencio—. Y aléjate de Alisa.
Sentí un escalofrío. No sabía quién era aquella mujer. Pero claramente conocía a Adler. Me acerqué al pasillo. La mujer estaba frente a él.
Era elegante, aunque su expresión estaba marcada por la rabia. Tenía el cabello rubio oscuro con algunas canas entrelazadas y ciertos rasgos que me recordaron inmediatamente a Alisa. No tuve tiempo de analizarlo.
La mujer intentó avanzar. Adler se interpuso.
—No.
—Solo quiero hablar contigo.
—No tienes nada de que hablar conmigo—Ella dio un paso. Adler no se movió—. Te dije que te alejaras.
Entonces la mujer me vio. Sus ojos se clavaron en mí. Adler lo notó. Su expresión cambió. Se volvió más oscura. Más peligrosa.
—Ni siquiera pienses en acercarte a ella.
La mujer frunció el ceño.
—¿Quién es?
Adler dio un paso hacia delante.
—La persona que tú no vas a tocar.
Su voz bajó hasta convertirse en un murmullo amenazante.
—Si vuelves a acercarte a ella, haré que tus últimos días sean peores que la muerte misma.
Sentí un escalofrío. La mujer sostuvo su mirada durante unos segundos. Después retrocedió. Derrota. Furiosa. Se marchó sin decir una palabra más.
Adler cerró la puerta. Y entonces se giró hacia mí. Toda aquella furia desapareció.
Caminó directamente hacia mí y me rodeó con los brazos. Me abrazó con fuerza.
—No dejaré que nadie te haga daño—. No respondí—Simplemente apoyé la cabeza contra su pecho—Ni a ti—. Su mano descendió hasta mi vientre—Ni a ellos.
Permanecimos así durante un largo rato. Sin preguntas. Sin preguntas. Sin explicaciones. Solo silencio.
Y, por primera vez, no tuve miedo de sus brazos. Me sentí protegida.
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Aquella noche algo cambió. Adler comenzó a tener fiebre. Al principio pensé que era cansancio. Pero cuando entré en su habitación unas horas después, lo encontré empapado en sudor.
—Adler—No respondió. Su rostro estaba completamente húmedo y su respiración era pesada. Toqué su frente. Estaba ardiendo—. Dios...
Pasé horas cuidándolo. Agua. Compresas. Medicamentos. Volví a comprobar su temperatura una y otra vez. La fiebre finalmente comenzó a bajar. Cuando abrió los ojos, me encontró sentada junto a la cama.
—Kaelyn...
—No hables.
Intenté levantarme. Pero su mano atrapó mi brazo.
—Quédate.
—Adler, necesitas dormir.
No me soltó. Me atrajo hacia él hasta que quedé sentada junto a su cuerpo.
—Solo quédate.
Su voz era débil. Muy diferente a la del hombre que había enfrentado a aquella mujer unas horas antes. Suspiré.
—Está bien.
Me quedé. Adler cerró los ojos. Su mano permaneció alrededor de mi brazo. Y, sin darme cuenta...
Me quedé dormida.
...****************...
Desperté lentamente. Sentí algo rozando mi rostro. Abrí los ojos. Adler estaba despierto. Sus dedos acariciaban suavemente mi mejilla. Después su mano descendió hasta mi vientre.
Lo hizo con una delicadeza que contrastaba completamente con el hombre que había visto la noche anterior.
Me miró. Y sonrió. Una sonrisa tranquila. Casi íntima. No pregunté por aquella mujer. Todavía no. Había visto algo en sus ojos cuando la enfrentó.
Dolor. Rabia.
Una historia que todavía no conocía. Y comprendí que algún día me la contaría. Cuando estuviera preparado. Cuando quisiera hacerlo.
Por ahora, no necesitaba respuestas. Solo saber que estaba allí. Que sus manos protegían mi vientre. Que nuestros hijos estaban a salvo.
Y que, pese a todos sus demonios...
Adler seguía intentando construir un lugar donde nosotros pudiéramos estar protegidos de ellos.
Quizá Alisa tenía razón. Quizá Adler posesivo. Controlador. Intenso. Insoportable. Pero también había algo más. Algo que empezaba a comprender. Aquel hombre podía ser un demonio para el mundo entero. Pero cuando se trataba de nosotros...
Parecía dispuesto a convertirse en cualquier cosa con tal de protegernos.
Quizás el hombre misterioso te está vigilando 😂 y tú ni te has dado cuenta, por lo pronto aliméntate bien y duerme todo lo que puedas, porque después no te la vas acabar con el bebé 👶🍼😂😂😂