Cristine Gómez es una talentosa diseñadora de Queens que acaba de conseguir el trabajo de sus sueños. Para celebrarlo, viaja a Las Vegas con su novio, sin imaginar que él planea emborracharla para casarse por interés. En el mismo registro civil se encuentra Jacob Fernández, el frío y arrogante heredero del imperio textil Vanguard, quien asiste bajo el chantaje de su ambiciosa prometida.
Un error administrativo de la capilla, sumado a una severa resaca etílica, hace que Jacob y Cristine firmen el acta equivocada. Al despertar, están legalmente casados.
Cuando la foto del escándalo llega a la prensa de Nueva York, las acciones de la multinacional se desploman. Para salvar el imperio, Jacob obliga a Cristine a firmar un contrato de convivencia forzada y fingir que se aman ante la alta sociedad. En un ático lleno de lujo, desprecio e hilos de una pasión secreta e intensa, descubrirán que el peor error de sus vidas fue el diseño perfecto del destino.
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CAPITULO 22. EL PESO DE LA INTEGRIDAD
La mañana irrumpió en Manhattan con una actividad frenética. Mientras la torre de Vanguard Textiles abría sus puertas a los empleados del sector de la Quinta Avenida, Jacob Fernández entraba con paso firme en el vestíbulo de Styles Fashion Group, una sólida y respetable compañía textil de tamaño medio ubicada en el corazón del Soho. Vestía un impecable traje negro de tres piezas y su mirada clara destilaba una furia ejecutiva implacable, flanqueado por su jefe de seguridad, Marcos, y por el inspector Harris, quien portaba el informe de ciberseguridad con la dirección IP que Richard había clonado la noche anterior.
Subieron en el ascensor hasta la planta presidencial. Al abrirse las puertas de madera noble, Jacob esquivó a la secretaria y entró sin llamar al despacho principal.
Sentado detrás del escritorio se encontraba Robert Styles, un hombre de unos sesenta años, de cabello canoso, rostro curtido y mirada cansada pero imponente. A su lado, Mikel apuraba un café, vistiendo ropa de marca, pero su eterna sonrisa encantadora se congeló por completo al ver aparecer al imponente heredero de Vanguard Textiles.
—¿Se puede saber qué significa esta intrusión, Fernández? —preguntó Robert Styles, levantándose de su sillón con una dignidad innata que denotaba que era un empresario de la vieja escuela—. Mi compañía es modesta, pero exigimos un respeto.
—El respeto se gana, señor Robert, y su hijo Mikel está a punto de arrastrar el nombre de su familia y de Styles Fashion Group por el lodo de los tribunales penales de Nueva York —sentenció Jacob con una voz de acero que heló el ambiente del despacho.
Jacob dio un paso al frente, arrojando la carpeta con el informe de la IP sobre el escritorio. Mikel se puso pálido, dando un paso atrás.
—Anoche a las tres de la madrugada, un terminal clonado registrado a nombre de su firma textil intentó hackear los servidores de diseño confidenciales de mi empresa. Buscaban los bocetos de seda de mi esposa, Cristine Gómez. Venían coordinados por una asistente senior vinculada a mi exnovia Sara. Esto no es una competencia comercial, Robert; esto es un delito federal de espionaje industrial, sabotaje informático e intento de robo de propiedad intelectual.
Robert Styles clavó su mirada seria en los papeles oficiales del peritaje informático y luego se giró hacia su hijo. La decepción y la vergüenza tiñeron las facciones del viejo empresario.
—Mikel… dime que esto no es verdad —la voz del padre bajó a un tono cavernoso, herido—. Dime que no has usado los servidores que yo levanté con el sudor de mi frente para cometer una vileza semejante.
—¡Papá, no es lo que crees! ¡Esa Cristine es una muerta de hambre que me traicionó casándose con él en Las Vegas! —intentó justificarse Mikel, temblando de pura cobardía—. ¡Esos diseños eran para nuestra empresa! ¡Ella era mi novia!
—¡Silencio! —rugió Robert, golpeando la mesa con el puño de una forma tan brutal que Mikel dio un respingo—. ¡Cristine es una diseñadora brillante que se ganó su título con honores, y tú eres un vago sin oficio ni beneficio que pretendía robarle el talento porque no eres incapaz de diseñar ni un solo patrón por ti mismo! ¡Te di la oportunidad de formalizar tu situación para demostrar madurez, y has actuado como un delincuente común!
Robert se giró hacia Jacob, y la integridad de su mirada dejó claro que no compartía las cloacas de su hijo.
—Fernández… le pido disculpas en nombre de Styles Fashion Group. Mi compañía no ampara a ladrones. A partir de este mismo instante, Mikel queda despojado de cualquier derecho de sucesión en esta empresa, sus cuentas bancarias familiares quedan bloqueadas y no volverá a poner un pie en estas oficinas. Si usted decide presentar la denuncia ante la fiscalía, no moveré un solo dedo para defenderlo.
Jacob asintió rígidamente, reconociendo el honor del viejo Robert. Miró a Mikel con un desprecio absoluto.
—La denuncia penal por espionaje está retenida en el despacho de mis abogados, Robert, solo por el respeto que le tengo a su trayectoria. Pero si tu hijo Mikel vuelve a acercarse a Cristine, a la cafetería de mis suegros en Queens, o a los servidores de mi empresa, la policía lo sacará de Nueva York en un coche patrulla antes de que termine el día. Estás acabado, Mikel. Lárgate de mi vista.
Mientras la tormenta familiar destruía la impunidad de Mikel en el Soho, la luz del sol de la Quinta Avenida inundaba el despacho de diseño de Cristine en la torre de Vanguard Textiles. La joven se encontraba revisando sus telas cuando la puerta se abrió de golpe, revelando a una chica de unos veinte años que entró como un torbellino de pura energía y alegría.
Tenía una hermosa melena rubia recogida en una coleta alta, vestía unos pantalones de sastre modernos de tonos pasteles y una sonrisa entusiasta que iluminó el taller por completo. Era Melodi, la prima de Jacob.
—¡Hola! ¡Por fin te conozco formalmente! —exclamó Melodi, dejando una inmensa carpeta de bocetos sobre la mesa y acercándose a Cristine con un entusiasmo desbordante—. Soy Melodi, la prima de Jacob. Estoy terminando el último año de Diseño de Moda en Parsons y mi primo me ha llamado de madrugada hecho un manojo de nervios. Me ha dicho que tienes un talento descomunal pero que los tiburones de la Quinta Avenida quieren morderte los talones. Así que he venido a instalarme como tu asistente de confianza y tu mano amiga. ¡Vamos a ser el dúo dinámico de Vanguard Textiles!
Cristine parpadeó, sorprendida por la calidez y la simpatía de la joven millonaria, sintiendo una conexión instantánea y mansa que le devolvió el alma al cuerpo.
—Hola, Melodi… gracias por venir. La verdad es que tu primo tiene razón, anoche intentaron hackear mis archivos desde fuera.
—¡Pues no saben con quién se han metido, querida! —rio Melodi, guiñándole un ojo con complicidad—. Mi primo Jacob cree que controla todo con sus guardaespaldas, pero en el diseño de moda, la seguridad también es física. He traído conmigo a dos técnicos de cerrajería biométrica. Vamos a cambiar el acceso de este despacho hoy mismo: solo se abrirá con tu huella dactilar y la mía. Nadie, ni la estirada de Sara ni ninguna asistente senior a sueldo, podrá poner un pie en este taller si nosotras no queremos. Vamos a dejar tu trabajo blindado en todos los aspectos.
Melodi sacó su tableta digital de la mochila, mostrando una interfaz de códigos cruzados que la hizo sonreír.
—Por cierto, anoche hablé por el chat encriptado de soporte con el administrador del servidor espejo que usas… un tal Richard. ¡Menudo genio! Me ayudó a configurar las pasarelas de cifrado para tu ordenador desde la NYU. Tiene una forma de programar que es una obra de arte. ¿Es tu hermano? Me pareció un chico sumamente interesante.
Cristine esbozó una sonrisa inmensa, y un brillo de complicidad tierna apareció en sus ojos marrones al escuchar a la sofisticada pero alegre Melodi hablar de su hermano informático con semejante entusiasmo.
—Sí, es mi hermano Richard. Es el informático justiciero de la familia, y te aseguro que si hacéis equipo, no habrá cortafuegos ni villano en Nueva York capaz de tumbar nuestro taller.
Las dos jóvenes se estrecharon las manos en mitad de las telas de seda, consolidando una alianza indiscutible que cerraba las puertas físicas y digitales de Vanguard Textiles. El primer contraataque de Jacob y el blindaje de Melodi habían destruido los planes de los villanos desde la raíz, obligando a Sara y al desheredado Mikel a replegarse en el fango de la alta sociedad, rumiando un despecho ciego que los arrastraría a urdir tretas mucho más perversas, oscuras y perturbadoras para intentar quebrar la farsa obligatoria que apenas comenzaba a transformarse en el verdadero refugio de sus vidas.