Un escritor exitoso transforma el destino de una mujer marcada por cicatrices.
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Capítulo 14
Más tarde...
La mañana continuó con normalidad en la mansión De Santis.
O, al menos, eso intentaba aparentar Gianna.
Después de terminar sus tareas en la cocina, se sentaron un momento.
—Ahora sí. Cuéntame.
Gianna la miró confundida.
—¿Contarte qué?
Chiara cruzó los brazos.
—Lo que pasó esta mañana con el señor Rocco.
Gianna bajó la mirada.
—No pasó nada.
—Gianna...
—De verdad.
Chiara la observó durante unos segundos.
—Estaban muy a gusto cuando llegué. Parecía que estaba preocupado por ti.
Gianna suspiró.
—Solo me quemé la mano con la cafetera.
—El señor Rocco no suele preocuparse por las cosas que ocurren en la cocina. Y mucho menos suele entrar aquí.
Gianna se encogió de hombros.
—Quizá simplemente pasaba por aquí.
—Claro.
—Es verdad.
Chiara dejó escapar una pequeña risa.
—Está bien. Pero hay algo que quiero preguntarte.
—¿Qué?
—¿Cómo te sientes cuando estás cerca de él?
Gianna se quedó completamente quieta.
—¿Yo?
—Sí, tú.
Gianna comenzó a jugar nerviosamente con sus dedos.
—No sé.
—Eso no es una respuesta.
—Es que... —hizo una pausa— me pongo nerviosa.
Chiara sonrió.
—¿Nerviosa cómo?
Gianna bajó la mirada.
—No sé explicarlo.
Entonces recordó la noche anterior.
La mano de Rocco tomando la suya.
Su voz tranquila diciéndole que estaba a salvo.
Y aquella sensación extraña que había recorrido todo su cuerpo.
—Cuando está cerca siento que no sé qué decir. Me pongo nerviosa y... mi corazón empieza a latir muy rápido.
Chiara levantó las cejas.
Gianna rápidamente agregó:
—Pero no significa nada.
—Gianna...
—Solo es porque no estoy acostumbrada.
Chiara la miró con ternura.
—¿A qué?
—A ese tipo de cercanía.
Después de unos segundos, Chiara volvió a hablar.
—Quiero darte un consejo.
—¿Si?
—No pierdas tu enfoque.
Gianna la miró.
—¿Mi enfoque?
—Sí. Viniste aquí para trabajar. Para empezar una nueva vida. No permitas que alguien, por muy atractivo o interesante que sea, haga que olvides lo que quieres conseguir.
Gianna asintió lentamente.
—Tienes razón.
Chiara sonrió.
—Además, sé perfectamente lo que es interesarte en alguien que ni siquiera se da cuenta de que existes.
Gianna frunció el ceño.
—¿A qué te refieres?
Chiara soltó una pequeña risa nerviosa.
—Me enamoré del señor Luca.
Gianna abrió los ojos.
—¿El representante y amigo del señor Rocco?
—El mismo.
—¿En serio?
—Sí.
Chiara suspiró.
—Pero él jamás me ha visto de esa manera. Para él solo soy una sirvienta.
Gianna negó inmediatamente con la cabeza.
—No digas eso.
—Es la verdad.
—No. Es un trabajo digno. Además, vas a la universidad y estás estudiando para superarte. Eso ya demuestra muchísimo de ti.
Chiara sonrió.
—Gracias.
—Y, aun así, vales muchísimo. —Gianna hizo una pequeña pausa—. Él sería muy afortunado de tenerte en su vida.
Chiara soltó una risa.
—No pierdo las esperanzas.
—Eso está bien.
Las dos sonrieron.
Pero después Chiara volvió al tema que realmente le interesaba.
—Ahora hablemos de ti.
Gianna suspiró.
—No hay nada que hablar.
—¿Segura?
—Sí.
—¿No te interesa el señor Rocco?
—No.
Lo dijo demasiado rápido.
Chiara levantó una ceja.
Gianna corrigió:
—Quiero decir... no pienso en esas cosas. Solo quiero hacer mi trabajo y no dar ninguna molestia.
Chiara la observó con una sonrisa divertida.
—Tal vez es tarde para decir que no te interesa.
Gianna frunció el ceño.
—¿Por qué?
—Porque obviamente él sí está interesado.
—¿Por qué lo dices?
—No es normal que se quede observándote como lo hace.
—¿Me observa?
—Sí.
Gianna sintió que sus mejillas comenzaban a calentarse.
—No me había dado cuenta.
Chiara sonrió.
—Pues deberías empezar a hacerlo.
—No.
—¿No?
—No quiero problemas.
Chiara dejó escapar una pequeña risa.
—No dije que buscaras problemas.
Gianna bajó la mirada.
—Él es uno de los señores de esta casa. Yo solo soy una empleada.
Chiara negó con la cabeza.
—Tu también vales mucho.
Gianna la miró.
—No lo digo por eso.
—Entonces, ¿por qué?
Gianna no respondió.
Porque en el fondo sabía que había otra razón.
No quería ilusionarse.
No después de todo lo que había vivido.
No quería confundir un gesto amable con algo más.
Y, sobre todo, no quería que Rocco descubriera demasiado sobre ella.
Chiara tomó suavemente su mano.
—Solo prométeme algo.
—¿Qué?
—No olvides quién eres ni por qué estás aquí.
Gianna asintió.
—Te lo prometo.
Chiara sonrió.
—Y si algún día el señor Rocco realmente quiere acercarse a ti, que sea porque él decidió hacerlo. No porque tú tengas que perseguirlo.
Gianna asintió nuevamente.
—No pienso perseguir a nadie.
—Eso espero.
Ambas rieron suavemente.
...ΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩ...
Rocco permanecía sentado frente a su escritorio, pero llevaba varios minutos sin escribir una sola palabra.
La pantalla de su computadora estaba encendida frente a él.
El cursor parpadeaba.
Una vez.
Otra.
Y otra.
Pero su mente estaba muy lejos de aquella página.
Volvía una y otra vez a la misma imagen.
Gianna.
Recordó la pequeña quemadura que se había hecho aquella mañana.
Y después recordó las marcas que había visto en sus brazos.
Había algo en ellas que no conseguía sacar de su cabeza.
No sabía de dónde venía aquella muchacha ni qué clase de vida había tenido antes de llegar a la mansión, pero estaba seguro de que detrás de aquella mirada reservada había mucho más de lo que ella mostraba.
Rocco se levantó.
Caminó hasta llegar a su habitación, después entro al baño y abrió el botiquín.
Revisó su contenido hasta encontrar una crema para quemaduras.
Después encontró otra que podía utilizarse para ayudar a disminuir moretones.
Las tomó.
Por alguna razón, no quería simplemente dejarlas allí.
Quería asegurarse de que Gianna las tuviera.
Salió de su habitación y caminó por el pasillo.
Al llegar cerca de la cocina, se encontró con Chiara.
—Chiara.
Ella se giró.
—¿Sí, señor?
Rocco sostuvo las cremas en una mano.
—Quería preguntarte algo sobre Gianna.
Chiara lo miró con curiosidad.
—¿Sobre Gianna?
—Sí.
Intentó que su tono sonara casual.
No lo consiguió del todo.
—¿La conoces?
—No mucho.
—¿Y sabes de dónde viene?
Chiara negó con la cabeza.
—No exactamente. Solo sé que viene de lejos.
Rocco permaneció atento.
—¿Ha hablado contigo sobre su familia?
—No.
Chiara bajó ligeramente la voz.
—Es bastante reservada, señor. No le gusta hablar de su pasado.
Rocco asintió lentamente.
—¿Y qué impresión te da?
Chiara pensó unos segundos.
—Que no ha tenido una vida fácil.
Aquellas palabras hicieron que Rocco apretara ligeramente las cremas entre sus dedos.
—¿Por qué lo dices?
—No sé explicarlo. Hay cosas que se notan aunque alguien no las cuente.
Rocco guardó silencio.
Chiara pareció darse cuenta de que estaba hablando con demasiada confianza y bajó inmediatamente la mirada.
—Perdón, señor. No debería estar hablando con usted con tanta confianza.
Rocco negó con la cabeza.
—Está bien.
La miró unos segundos.
—Quiero que me digas si ocurre algo con ella.
Chiara levantó la mirada, sorprendida.
—¿De verdad?
—Sí. Si necesita ayuda o si notas que algo no está bien, quiero saberlo.
—Claro, señor.
Rocco hizo una pequeña pausa.
—Por cierto... ¿dónde está?
—En su habitación, señor.
—Gracias.
Rocco continuó por el pasillo.
Chiara lo observó alejarse.
Una sonrisa apareció lentamente en su rostro.
—Definitivamente le interesa...