Isabella fue despiadada con sus cuatro esposos: los humillaba, los despreciaba y hería su orgullo una y otra vez, tratándolos como si no valieran nada. Ella misma rompió cada vínculo que los unía a ella… hasta que ellos, convertidos en villanos aún más crueles que ella, se aliaron para vengarse. La sometieron a torturas que su cuerpo y su alma no pudieron soportar.
Solo en su último suspiro, Isabella sintió un arrepentimiento profundo y sincero. Y al abrir los ojos, volvió a un año atrás: justo antes de que rompiera sus lazos, cuando aún todo podía cambiar. Ahora tiene una sola meta: recuperar el amor de los hombres que ella misma destruyó.
¿Podrá Isabella reparar tanto daño y volver a ganarse el corazón de los cuatro?
¿Serán capaces ellos de perdonar lo que ella les hizo sufrir?
NovelToon tiene autorización de Azul zafiro para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Capítulo 18. Elección parte 1.
El comedor estaba bañado por la luz tenue de las lámparas de cristal, pero el ambiente era denso, cargado de un silencio que pesaba más que cualquier palabra. A la larga mesa, todos comían con parsimonia, aunque nadie disfrutaba la comida. Renato, Lir y Elian lo hacían con calma absoluta, sin prisa, sin inquietud, como si aquel lugar ya les perteneciera. Cada bocado, cada movimiento, revelaba una tranquilidad que contrastaba con la tensión visible en los cuatro esposos.
Isabella apenas probó los alimentos. Sentía las miradas sobre ella, unas de posesión, otras de esperanza, otras de desafío. De pronto, Kael apartó su plato y la miró fijamente. En su mente resonaba con urgencia: "Ya no puedo perder más tiempo. Tengo que estar con ella. Hoy es la noche. cada semana elige a uno para unirnos en cuerpo y alma. No puedo esperar siete días más. Tengo que pedirle que me elija a mí ¿Por que no se lo pedí antes?"
—Isabella —dijo Kael con voz grave, rompiendo el silencio—. ¿Podemos hablar cuando terminemos de cenar? Tengo algo importante que decirte. Algo que no puedo callar más.
Ella lo miró sorprendida, asintiendo lentamente.
—Claro, Kael.
Pero apenas él terminó de hablar, Mateo alzó la voz, con las manos entrelazadas sobre el mantel, los nudos blancos por la fuerza con que se apretaba.
—Yo también necesito hablar contigo —dijo, con la mirada llena de súplica—. Descubrí muchas cosas estos días. Descubrí que no puedo respirar si no estás cerca. Que cada hora que pasa sin ti es como un castigo. Te amo más que a mi propia vida, y necesito que sepas que mi corazón solo te pertenece a ti.
Isabella abrió los ojos un poco más, confundida. Antes de que pudiera responder, Damián se inclinó hacia adelante, con el semblante serio y la voz baja pero firme.
—Y yo —añadió sin apartar la vista de ella—. Descubrí que mi fuerza no sirve de nada si no es para protegerte. Que mi vida no tiene sentido si no estás en ella. He visto lo que es perderte, y no lo soportaría de nuevo. Te necesito, Isabella. Más de lo que imaginas.
Luca fue el último en hablar, con una expresión de dolor que hizo que el corazón de ella se estremeciera.
—Yo también —dijo con voz quebrada—. Descubrí que mi cuerpo, aunque ya tiene la cura, sigue sintiendo dolor y debilidad cada vez que te alejas. No es solo la herida… es mi alma. Sin ti no sanaré. No puedo sanar. Eres la única que me mantiene entero. Por favor, ben conmigo esta noche no me apartes de tu lado.
Isabella dejó el cubierto sobre el plato, el sonido metálico resonando en la sala. Miró a los cuatro, uno por uno, y sintió cómo el aire se le escapaba de los pulmones. Los cuatro querían lo mismo. Los cuatro la miraban como si de su respuesta dependiera sus vidas. Cada uno le confesaba lo que había descubierto en su ausencia, y cada palabra era un puñetazo en su pecho.
—¿Los cuatro… quieren lo mismo? —susurró ella, sin entender—. ¿Por qué ahora? ¿Por qué esta noche?
—Porque esta noche es la noche —respondió Kael, con la voz cargada de un significado que ella conocía— No quiero esperar siete días más. No puedo.
Mientras hablaban, Elian observaba todo desde su sitio, y una sonrisa burlona se dibujó en sus labios. No dijo una palabra, pero sus ojos brillaban con diversión cruel, como si estuviera viendo a cuatro cachorros pelear por un hueso que él ya había decidido tomar. Los miraba con desprecio, divertido por su desesperación, por su incapacidad para actuar y solo esperar.
Isabella sintió cómo el calor subía a sus mejillas. Sabía de qué hablaban. Aquella noche, una vez a la semana, era la noche de la unión sagrada, el momento en que el vínculo se sellaba también en cuerpo, fortaleciéndolo todo. Y ahora los cuatro querían que ella los eligiera a ellos.
Bajó la mirada, sintiéndose dividida. En su mente, la respuesta parecía clara desde hacía tiempo: siempre había pensado en Mateo. "Será Mateo" pensó. "Siempre fue él"
Pero en ese instante, los recuerdos la asaltaron con fuerza, uno tras otro, haciéndola dudar de su propia decisión:
Recordó los brazos de Damián, cómo la había atraído contra su pecho protegiéndola, la fuerza con que la rodeó, la seguridad que le transmitió.
Recordó la mirada de Kael, cómo la miraba con intensidad, cómo casi suplicaba que lo eligiera, el dolor y el amor que se mezclaban en sus ojos.
Recordó las palabras de Luca, cómo le dijo que la necesitaba, cómo su cuerpo seguía sintiendo dolor y inestabilidad sin ella.
Isabella llevó una mano al pecho, sintiendo el corazón latirle con fuerza.
—Yo… no sé —susurró con sinceridad—. No sé a quién elegir. Pensé que lo sabía, pero ahora… ahora no estoy segura. Necesito tiempo. Por favor, denme un momento para pensar.
Valerius, que había permanecido en silencio observándola, frunció el ceño al verla dudar. Verla dividida, sin saber a quién escoger, le pareció una debilidad que no podía permitir. Y en su mente se formó una idea, un juego que serviría para todo: para poner a prueba a los esposos, para satisfacer a los suyos, y para darle una respuesta a su hija sin que ella tuviera que cargar con la decisión.
—Basta —dijo él con voz firme, cortando cualquier murmullo—. Si ella no sabe a quién elegir, entonces la decisión se tomará por la fuerza.
Todos lo miraron sorprendidos. Isabella abrió los ojos con temor.
—¿Padre? ¿Qué quieres decir?
—Quiero decir —continuó él, levantándose—, que quien demuestre que es el más fuerte, el más digno de protegerla, será quien pase la noche con ella. Será un combate. Todos pueden participar. Y el vencedor, él será su elección.
Los esposos se miraron entre sí, y antes de que pudieran aceptar o rechazar, Valerius añadió con una sonrisa fría:
—Y no solo ellos. Renato, Lir, Elian… ustedes también participarán. Si de verdad dicen estar a su servicio, demuéstrenlo. Gánenselo.
Elian sonrió ampliamente, casi con alegría. Era exactamente lo que quería. No venía a servir, venía a ganar, a destrozar a esos cuatro él ya se creía dueño de ella. Y ahora tenía la excusa perfecta para golpearlos hasta que no pudieran ponerse de pie.
—Con mucho gusto —dijo Elian, poniéndose de pie con lentitud—. Será un placer demostrar quién merece estar a su lado.
Renato lo miró con seriedad, pero también asintió. Lir, hizo lo mismo. Los cuatro esposos se miraron entre sí, con el corazón en un puño. No podían negarse, no cuando estaba en juego estar con ella, no cuando la amenaza de esos tres crecía con cada segundo.
—Está bien —dijo Mateo, poniéndose de pie, con los ojos brillando con determinación—. Acepto.
—Yo también —añadió Kael.
—Entonces que así sea —sentenció Valerius—. Que gane el mejor. Y que él sea quien la merezca.
Isabella se puso de pie, aterrorizada.
—¡No! —exclamó—. ¡No quiero que se lastimen por mí! ¡Por favor, detén esto, padre!
Pero Valerius ya se dirigía hacia la puerta, con la certeza de que esto era lo mejor para ella.
—Es la única forma, pequeña —dijo sin mirarla—. Ahora veremos quién es digno de ti.
Los siete hombres salieron tras él, con la mirada fija, con el cuerpo tenso, cada uno con un propósito distinto: unos por amor, otros por orgullo, otros por pura ambición. Y ella se quedó sola en el comedor, con el corazón latiéndole con fuerza, sin saber quién volvería a su lado esa noche.