Durante ocho años, Shen Yuchen vivió bajo un nombre que no era el suyo.
Sin familia, sin poder, sin pasado y con una sola orden: no regresar hasta que terminara el plazo.
Pero la noche en que los ocho años llegan a su fin, alguien escribe su verdadero nombre en una calle olvidada de Lóngchéng.
Desde ese momento, todo comienza a derrumbarse.
Un falso heredero ocupa su lugar.
Un hombre con su mismo rostro asegura ser el verdadero Adrián Valerius.
Antiguas familias empiezan a perseguirlo.
Sus recuerdos esconden secretos que alguien borró deliberadamente.
Y dentro de su cuerpo despierta una fuerza relacionada con las misteriosas Nueve Puertas, un poder que incluso las familias más antiguas temen.
Mientras descubre la verdad sobre su origen, Shen Yuchen deberá construir su propio poder, enfrentarse a clanes, cultivadores, imperios empresariales y enemigos ocultos durante siglos.
Pero existe un problema todavía mayor:
Su identidad no fue simplemente robada.
Fue dividida.
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La Casa Gu
05:59:32.
El contador seguía descendiendo.
Shen Yuchen observó la pantalla de Meridian durante apenas unos segundos antes de tomar una decisión.
No tenía suficiente fuerza para entrar por la fuerza en la Casa Gu.
Eso era un hecho.
Jian Mo probablemente podía enfrentarse a varios de sus cultivadores, pero no a una Casa entera.
Yuchen apenas había comenzado a comprender la Puerta del Hierro.
Su segunda resonancia continuaba sellada.
Gu Meilin estaba dentro de territorio enemigo, aunque ese enemigo fuera su propia familia.
Entrar enfurecido sería exactamente lo que habría hecho alguien sin opciones.
Yuchen tenía opciones.
Pocas.
Pero suficientes.
—Llama a Wei Kuan —repitió.
Jian Mo sacó el teléfono.
—¿De verdad quieres meter a la Casa Wei?
—No.
—Entonces.
—Quiero que sepan que estamos entrando.
Jian lo miró.
Después sonrió.
—Ahora entiendo.
—¿Qué?
—No necesitas que Wei te ayude.
—Solo necesito que vea.
—Estás aprendiendo rápido.
La llamada fue respondida.
Wei Kuan no sonaba dormido.
Eso tampoco sorprendía.
—Jian Mo. Qué desagradable escuchar tu voz.
Jian puso el altavoz.
—Yuchen quiere hablar contigo.
—Eso mejora ligeramente la noche.
Yuchen habló.
—Voy a Casa Gu.
Silencio.
—¿Quieres que llame a un médico?
—No.
—Entonces a un abogado.
—Tampoco.
—¿Qué quieres?
—Un testigo.
Wei dejó de bromear.
—¿De qué?
—Están realizando una extracción sobre Gu Meilin.
—¿Qué clase?
—Relacionada con mi segunda resonancia.
Hubo una pausa larga.
—¿Cómo lo sabes?
—Vanguard.
Otra pausa.
Esta vez más pesada.
—Así que realmente reactivaste Meridian.
Yuchen no respondió.
Wei entendió que no conseguiría más.
—¿Cuánto tiempo?
Yuchen miró pantalla.
05:54:11.
—Menos de seis horas.
—¿Qué ocurrirá?
—Si completan el procedimiento sin mí, Meilin puede morir.
Wei soltó el aire.
—Eso no es un problema Wei.
—Todavía.
—No juegues conmigo.
—No estoy jugando. Si una Casa puede extraer una resonancia vinculada a otra sin presencia del portador principal, mañana puede hacerlo con cualquier heredero.
Silencio.
Eso era lo que Yuchen necesitaba.
No convertir a Meilin en problema de Casa Wei.
Convertir el método en un precedente peligroso.
—Enviaré a alguien —dijo Wei.
—Tú.
—No.
—Entonces no sirve.
—¿Quieres que me presente en una disputa interna Gu?
—Quiero que puedas decir que viste lo ocurrido con tus propios ojos.
—Eso es casi peor.
—Exacto.
Wei rio.
—Treinta minutos.
Colgó.
Jian levantó una ceja.
—Funcionó.
—Todavía no.
Segunda llamada.
Shen Guangdao.
El anciano respondió irritado.
—Son las cuatro de la mañana.
—Necesito que venga a Casa Gu.
—¿Por qué?
—Mi segunda resonancia está conectada a Gu Meilin.
Silencio.
—¿Quién te dijo eso?
—Meridian.
—Vanguard está destruida.
—No suficientemente.
Shen Guangdao maldijo por lo bajo.
—Explícate.
Yuchen resumió.
El silencio al otro lado cambió.
—Enviaré dos ancianos.
—No.
—No estás en posición de exigir.
—Entonces no venga nadie.
—Yuchen.
—Si Casa Shen no está dispuesta a asumir presencia formal, prefiero que no aparezca.
—¿Qué pretendes?
—Que nadie pueda decir mañana que entré en territorio Gu como individuo sin reconocimiento.
Guangdao comprendió.
—Quieres convertir esto en un asunto entre Casas.
—Ellos lo hicieron cuando tocaron mi sello.
—No eres oficialmente cabeza de ninguna rama.
—El Pozo me nombró.
Silencio.
—Voy en veinte minutos.
Colgó.
Jian Mo se quedó observándolo.
—Tu padre hacía lo mismo.
Yuchen lo miró.
—¿Qué?
—Convertía el problema de alguien en un problema de todos.
—No sé si eso era un cumplido.
—No lo era.
Tercera llamada.
Inspector Luo Ming.
—Necesito que esté cerca de la residencia Gu.
—Eso nunca inicia bien una conversación.
—No necesito intervención policial.
—Gracias a los cielos.
—Necesito registro externo.
—¿De qué?
—Si no salgo antes del amanecer, quiero que quede constancia de dónde entré.
Luo guardó silencio.
—¿Vas a Casa Gu?
—Sí.
—¿Voluntariamente?
—Sí.
—Empiezo a creer que tienes problemas más profundos de los que pensé.
—¿Vendrá?
—Estaré cerca.
—No entre.
—No pensaba hacerlo.
Cuarta llamada.
Adrian Valerius.
Sin respuesta.
Yuchen dejó mensaje.
Meilin está vinculada al segundo sello. Casa Gu intenta extraerlo. Si sabes algo sobre transferencia voluntaria, responde ahora.
No esperaba respuesta.
Pero necesitaba que Adrian supiera.
Si el procedimiento alternativo requería dos cuerpos divididos, el otro hombre terminaría involucrado.
La residencia Gu ocupaba una extensión enorme al sur de Lóngchéng.
Muros blancos.
Techos negros.
Jardines.
Agua corriendo por canales de piedra.
A primera vista no parecía una fortaleza.
No necesitaba parecerlo.
El poder verdadero rara vez se anunciaba.
Yuchen llegó con Jian Mo.
Wei Kuan apareció tres minutos después en un vehículo oscuro.
Bajó solo.
—Quiero dejar constancia de que esta es una idea terrible.
—Puede irse.
—Ahora quiero ver cómo termina.
Un segundo automóvil llegó.
Shen Guangdao.
Dos guardias se quedaron dentro.
El anciano caminó hacia Yuchen.
—Explícame por qué tengo que levantarme antes del amanecer para evitar que provoques una guerra.
—Porque la Casa Gu ya empezó algo.
Le mostró Meridian.
05:07:31.
La expresión de Guangdao cambió.
—¿Eso es auténtico?
—Sí.
—¿Gu Meilin es realmente el ancla?
—Eso dice el sistema.
—Han...
Guangdao no terminó.
La puerta principal se abrió.
Gu Zhenhai apareció.
Abuelo de Meilin.
Cabello blanco.
Postura recta.
Sin guardias visibles.
Miró primero a Shen Guangdao.
Después a Wei.
Finalmente a Yuchen.
—No eres bienvenido.
Yuchen respondió:
—No vine buscando hospitalidad.
—Vete.
—Cuando salga Meilin.
Una leve tensión apareció en los ojos del anciano.
—Mi nieta está bajo disciplina familiar.
—No.
Yuchen levantó la tableta.
—Está bajo un procedimiento de extracción.
Gu Zhenhai no reaccionó.
Eso fue peor.
—No sabes de qué hablas.
—Faltan cinco horas para que su ancla colapse.
El anciano miró la pantalla.
Muy breve.
Pero Yuchen vio el cambio.
Reconocimiento.
—¿De dónde obtuviste eso?
—Vanguard.
Ahora sí hubo una reacción.
—Han destruyó Vanguard.
—Han dejó demasiadas cosas sin destruir.
Wei Kuan sonrió detrás.
—Interesante.
Gu Zhenhai lo miró.
—Esto no tiene relación con Casa Wei.
—Estoy aquí como observador.
—Tú nunca observas gratis.
Wei inclinó la cabeza.
—Correcto.
Shen Guangdao intervino.
—Zhenhai, si la resonancia de Yuchen está involucrada, esto deja de ser asunto exclusivamente Gu.
—Él no es representante de la Casa Shen.
—El Pozo lo reconoció.
—La verificación quedó suspendida.
—No anulada.
Yuchen observaba.
Los ancianos hablaban en términos de autoridad.
Él necesitaba hechos.
—Quiero verla.
—No.
—Entonces Meridian continuará registrando.
Gu Zhenhai miró la tableta.
—¿Qué quieres decir?
—Cada segundo.
Patrones.
Cambios.
Interferencia.
Origen.
—Si Meilin muere, tendremos registro del procedimiento.
—¿Me amenazas?
—No.
Yuchen guardó la tableta.
—Le explico qué ocurrirá después.
Silencio.
—Casa Wei tendrá copia.
Wei levantó ligeramente una ceja, pero no corrigió.
—Casa Shen tendrá copia.
Guangdao tampoco.
—Y el inspector Luo tendrá registro de mi entrada.
Gu Zhenhai endureció la expresión.
—¿Metiste policía?
—No.
—Entonces.
—Solo consecuencias.
Antes de que pudiera responder, un hombre joven salió apresuradamente del interior.
Se acercó a Gu Zhenhai.
Le susurró.
El anciano palideció.
—¿Qué pasó? —preguntó Guangdao.
Zhenhai no respondió.
Yuchen entendió.
—No autorizó el procedimiento.
El anciano giró hacia él.
Yuchen continuó:
—Si lo hubiera autorizado, no estaría sorprendido.
Gu Zhenhai se dio vuelta.
Entró.
Yuchen lo siguió.
Dos guardias aparecieron.
Zhenhai levantó la mano.
—Déjenlo.
Wei murmuró:
—Ahora sí se volvió interesante.
Atravesaron tres patios.
Después un pabellón cerrado.
Descendieron.
Piedra.
Temperatura baja.
Yuchen sintió la Segunda Resonancia antes de ver nada.
Latido.
Presión.
Tirón.
Como si algo en su pecho reconociera un punto adelante.
Cuando la puerta final se abrió, la vio.
Gu Meilin.
Inconsciente.
Sentada en el centro de una formación.
Cinco ancianos Gu alrededor.
Un espejo blanco suspendido sobre ella.
La cicatriz de su muñeca estaba encendida.
Líneas blancas ascendían por su brazo.
Yuchen sintió dolor en el pecho al mismo ritmo.
Uno de los ancianos levantó la mirada.
—Patriarca.
Gu Zhenhai caminó hacia el círculo.
—Detengan esto.
El hombre respondió:
—No.
Silencio.
Incluso Wei dejó de sonreír.
Zhenhai habló despacio.
—¿Qué dijiste?
—El Consejo Interior autorizó extracción.
—Yo no.
—El Consejo ya no reconoce su autoridad exclusiva en asuntos relacionados con la Llave Yu.
Yuchen escuchó la palabra.
Yu.
Décima Casa.
Su madre.
—¿Qué están extrayendo?
El anciano lo vio.
—Así que vino.
—Responda.
—Algo que nunca debió ser colocado en una Gu.
—¿Mi Segunda Puerta?
—No.
—Entonces.
—La llave de la Casa Yu.
El aire pareció volverse más pesado.
Shen Guangdao dio un paso.
—Eso fue destruido.
—No.
El anciano señaló a Meilin.
—Fue ocultado.
Yuchen miró la cicatriz.
—Han.
—Han Qiren la transfirió hace trece años.
—¿Desde quién?
Nadie respondió.
Yuchen ya sospechaba.
—¿Mi madre?
El anciano lo miró.
No confirmó.
Pero tampoco negó.
—Detenga el procedimiento.
—No.
—Ella morirá.
—Su sacrificio evitará un desastre mayor.
Yuchen sintió algo familiar.
La misma lógica.
Sacrificar a uno.
Salvar a muchos.
Adultos decidiendo vidas ajenas.
—¿Cuántos? —preguntó.
El anciano frunció el ceño.
—¿Qué?
—¿Cuántas personas exactamente salvará?
—Millones.
Yuchen rio.
No porque fuera gracioso.
—Siempre millones.
—No entiendes.
—Entonces explique.
—Si la Llave Yu vuelve a su portador, la Décima Puerta puede responder.
—¿Décima?
Shen Guangdao habló.
—No existe.
El anciano Gu lo miró.
—Eso es lo que su Casa prefirió enseñar durante seis siglos.
Silencio.
Yuchen sintió la segunda resonancia golpear.
Más fuerte.
Meridian vibró.
04:43:12.
El anciano extendió una mano.
Presión.
Yuchen sintió el peso sobre hombros.
Mucho mayor que Wei.
Mayor que Zhaoling.
Las rodillas casi cedieron.
Puerta del Hierro respondió.
Calor.
Yuchen no la abrió.
Respiró.
Zhou Ren.
Separar.
No contener.
No liberar.
Simplemente dejar que la fuerza circulara.
La presión aumentó.
El suelo bajo sus pies crujió.
Jian Mo avanzó.
Dos cultivadores Gu bloquearon su camino.
—Yuchen —dijo Jian.
—No.
Yuchen siguió de pie.
El anciano pareció sorprendido.
—Resistes bien para alguien sin cultivo consolidado.
—He tenido una semana difícil.
Wei soltó una risa.
El anciano aumentó presión.
Yuchen sintió sangre en la boca.
No retrocedió.
—Detenga el ritual.
—Sal.
—No.
El espejo sobre Meilin brilló.
Ella se estremeció.
Yuchen sintió el mismo dolor.
La Segunda Resonancia respondió violentamente.
El techo vibró.
Todos miraron.
Meilin abrió los ojos.
Solo un instante.
—Yuchen...
La voz era apenas audible.
Después perdió conciencia.
Algo dentro de él quiso abrirse.
Frío.
Profundo.
La Puerta perdida.
Yuchen cerró los ojos.
No.
No aquí.
No por ira.
El anciano Gu observó.
—Ábrela.
Yuchen abrió los ojos.
—¿Qué?
—Eso queremos comprobar.
Todo encajó.
El ritual no buscaba únicamente sacar la llave de Meilin.
Buscaba obligarlo a reaccionar.
—Me están utilizando como detonador.
El anciano sonrió.
—Finalmente.
Yuchen sintió rabia.
Pero también claridad.
—Entonces no quieren matarla todavía.
Silencio.
Había acertado.
—Necesitan que yo abra primero.
—Yuchen —advirtió Guangdao.
Yuchen sonrió.
—Eso cambia la negociación.
La presión del anciano se detuvo.
—¿Qué negociación?
Yuchen levantó Meridian.
—Si necesitan mi resonancia, yo pongo condiciones.
—No estás en posición.
—Entonces continúe sin mí.
El anciano miró el espejo.
La formación estaba estancada.
Yuchen comprendió.
—No pueden.
Silencio.
Wei Kuan cruzó los brazos.
—Esto se está volviendo incómodo para Casa Gu.
El anciano lo fulminó.
Yuchen siguió.
—Liberen a Meilin.
—No.
—Entonces cierro mi resonancia.
—No sabes cómo.
—Puedo intentarlo.
—Podrías matarte.
—Y arruinar su procedimiento.
Eso era verdad.
Un riesgo para todos.
Gu Zhenhai finalmente habló.
—Detengan el ritual.
El anciano principal giró.
—No tiene autoridad.
—Soy Patriarca.
—No sobre la Llave Yu.
Zhenhai golpeó el suelo con su bastón.
La energía explotó.
Varias lámparas se apagaron.
El anciano del círculo retrocedió.
Por primera vez Yuchen entendió que Gu Zhenhai no era solo político.
Era fuerte.
Mucho.
—Deténganlo.
Cuatro miembros del ritual obedecieron.
El quinto no.
La formación comenzó a colapsar.
El espejo vibró.
Una línea blanca salió de Meilin.
Yuchen sintió que algo era arrancado de su propio pecho.
—¡Corten!
Tang no estaba.
Meridian solo observaba.
Jian Mo saltó.
Golpeó al anciano que seguía controlando el espejo.
La formación se rompió.
Meilin cayó.
Yuchen cruzó distancia.
La sostuvo.
Helada.
Sin respuesta.
—Meilin.
Nada.
—Meilin.
Su pulso.
Débil.
Pero presente.
Meridian cambió.
EXTRACCIÓN INTERRUMPIDA.
ANCLA INESTABLE.
No estable.
Inestable.
Yuchen sintió frío.
—¿Qué significa?
Gu Zhenhai se acercó.
—La transferencia comenzó.
—¿A quién?
Nadie respondió.
Yuchen miró la cicatriz de Meilin.
Una parte había desaparecido.
La luz restante se movía.
No hacia él.
Hacia otra dirección.
Norte.
Como una brújula.
Meridian reaccionó.
SEGUNDA LLAVE: DESPLAZAMIENTO DETECTADO.
Wei Kuan frunció el ceño.
—Eso no debería ocurrir.
Yuchen levantó la mirada.
—¿Dónde va?
La pantalla calculó.
Una línea.
Coordenadas.
Fuera de la residencia.
Moviéndose.
Gu Zhenhai palideció.
—No.
—¿Qué?
El anciano cerró los ojos.
—La llave encontró al siguiente recipiente.
Yuchen sintió el corazón acelerarse.
—¿Quién?
Zhenhai respondió:
—El Portador.
Meilin despertó casi una hora después.
Yuchen estaba sentado a su lado.
La primera frase fue:
—Te dije que no vinieras.
Yuchen la miró.
—Y yo decidí ignorarte.
Ella intentó moverse.
Dolor.
—Mi muñeca.
La cicatriz había disminuido.
—Parte de la llave salió.
Meilin cerró los ojos.
—Entonces fallaron.
—Sí.
—¿Dónde fue?
—A alguien más.
Ella lo miró.
—El Portador.
—Eso creen.
Meilin respiró lentamente.
—¿Mi familia?
—En guerra consigo misma.
—Normal.
Yuchen casi sonrió.
—Tu abuelo sigue de pie.
—¿Consejo Interior?
—También.
—Eso será divertido.
—No lo será.
Meilin lo miró.
—¿Qué hiciste?
—Nada especialmente destructivo.
Desde una esquina, Wei Kuan respondió:
—Amenazó con exponer Meridian y convertir una disputa Gu en crisis de las Nueve Casas.
Meilin cerró los ojos.
—Por supuesto.
Yuchen ignoró.
—Necesito saber quién llevaba la llave antes que tú.
Meilin se quedó quieta.
—No lo sé.
—Zhenhai sí.
Su abuelo entró.
—Sí.
Yuchen se levantó.
—Dígalo.
El anciano miró a su nieta.
Después a Yuchen.
—Tu madre.
Shen Lihua.
Yuchen no mostró reacción inmediata.
—¿Qué ocurrió?
—La Llave Yu estaba dentro de ella.
—Porque descendía de Casa Yu.
—Sí.
—¿Cómo llegó a Meilin?
Zhenhai cerró los ojos.
—Cuando Lihua murió.
—¿Por enfermedad?
Silencio.
—No.
Yuchen sintió la respuesta antes.
—¿La transferencia la mató?
—Sí.
Meilin miró a su abuelo.
—Nunca me dijiste.
—Eras una niña.
Ella rio con amargura.
—Esa explicación está empezando a cansarme.
Yuchen preguntó:
—¿Quién autorizó?
Zhenhai respondió:
—Lihua.
Pausa.
—Han ejecutó.
—¿Y mi padre?
—Estuvo de acuerdo.
Yuchen apretó mandíbula.
—¿Por qué?
—Porque si la llave entraba en ti a los cinco años, la Puerta Yu habría respondido.
—¿Y eso habría causado guerra?
—O algo peor.
—¿Qué?
Zhenhai lo miró.
—Nadie lo sabe.
—Entonces sacrificaron a mi madre por algo que nadie sabía.
—Ella eligió.
Yuchen quedó callado.
Eso importaba.
No arreglaba nada.
Pero importaba.
—¿Hay registro?
—Archivo Yu.
—¿Dónde?
—Destruido.
Yuchen negó.
—Nada se destruye por completo.
Zhenhai sonrió sin humor.
—Por eso tu padre dejó una carta.
Yuchen levantó la mirada.
—¿Qué carta?
—Hace seis meses.
Jian Mo se tensó.
—Jianhong.
—Sí.
—¿Qué decía?
Zhenhai respondió:
—“Cuando Yuchen regrese, no permitan que abra la Segunda Puerta hasta encontrar al niño de Luoshui.”
Silencio.
—¿Qué niño?
—No lo sé.
—Nombre.
—No incluía.
—¿Algo más?
El anciano asintió.
—Una palabra.
—¿Cuál?
—Portador.
Yuchen sintió el símbolo del dibujo antiguo.
El Portador Sin Nombre.
Tal vez esa persona no era teoría.
Existía.
Y ahora una parte de la llave que había estado dentro de Meilin acababa de dirigirse hacia él.
El contador volvió a aparecer en la mente de Yuchen.
98 DÍAS.
Pero debajo surgió algo nuevo.
PORTADOR DETECTADO.
Y por primera vez una flecha invisible pareció señalar hacia el norte de Lóngchéng.
El misterio ya no estaba escondido únicamente en el pasado.
Se estaba moviendo.