Ella era una científica que renace en un nuevo mundo. Ahora tiene magia y puede dedicarse a cumplir sus sueños.
*Esta novela pertenece a un mundo mágico*
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Hielo 1
Cuando finalmente llegaron a la enorme mansión blanca, Megara seguía durmiendo.
La construcción se alzaba frente a ellos como un enorme palacio de hielo.
Las paredes blancas reflejaban la luz de la nieve y, alrededor de la propiedad, enormes columnas sostenían la entrada principal.
El carruaje apenas se había detenido cuando alguien abrió la puerta con demasiada fuerza.
—¡¿Dónde está la maga?!
El grito hizo que Megara despertara sobresaltada.
—¡Ah!
Se incorporó rápidamente.
Pero antes de que pudiera siquiera comprender qué estaba sucediendo, Thomas reaccionó.
Sin pensarlo.
Se colocó delante de ella.
Su cuerpo quedó entre Megara y el oficial que acababa de abrir la puerta.
—¡¿Qué clase de recibimiento es este?!
Su voz fue firme.
El oficial se quedó paralizado.
Thomas estaba claramente molesto.
—¡Es una falta de respeto abrir de esa manera la puerta de un carruaje y gritarle a una maga que acaba de llegar!
El hombre abrió la boca.
—Mi señor...
Entonces reconoció al conde.
Su expresión cambió inmediatamente.
—¡Conde Bruyne!
Thomas no se movió.
—Sí.
El oficial bajó la cabeza.
—Le pido disculpas, mi señor.
—No es conmigo con quien debe disculparse.
El hombre miró hacia el interior del carruaje.
Megara seguía sentada, todavía un poco confundida.
El oficial hizo una reverencia.
—Lady maga, lo siento mucho.
Thomas continuó.
—Entiendo que su señor está herido y que están preocupados.
El oficial asintió.
—Sí, mi señor.
—Pero eso no justifica tratar así a una invitada.
—Tiene razón.
Thomas finalmente se apartó.
Megara lo miró.
Todavía estaba sorprendida.
[¿Me protegió?]
No había sido una reacción calculada.
Thomas simplemente había reaccionado.
Había visto que ella se asustaba...
Y se había colocado delante de ella.
Sin pensarlo.
Megara bajó del carruaje.
Se acomodó el enorme abrigo que todavía llevaba puesto.
Luego miró a Thomas.
—Gracias.
Thomas la observó.
—No tienes que agradecerme.
Megara sonrió.
—Sí tengo.
Después miró hacia la mansión.
—Vamos.
Thomas asintió.
—Vamos.
Los condujeron rápidamente al interior.
Megara caminaba junto a Thomas mientras varios oficiales y guardias los guiaban por los largos pasillos.
Todo era blanco.
Las paredes.
Las columnas.
Incluso algunos detalles de la decoración parecían estar hechos de hielo.
Megara observaba todo con curiosidad.
[Es impresionante].
Pero no tuvo mucho tiempo para distraerse.
—El duque está en su habitación —informó uno de los guardias.
Thomas asintió.
Megara apretó ligeramente la maleta de pociones.
—Necesito verlo inmediatamente.
—Sí, lady maga.
Continuaron avanzando.
Thomas permanecía a su lado.
Pero mientras caminaban, comenzó a notar algo que no le gustaba.
Los guardias miraban a Megara.
Algunos lo hacían con curiosidad.
Otros con evidente sorpresa.
Y Thomas no pudo evitar molestarse.
[Dejen de mirarla].
Apretó los puños.
Luego se obligó a relajarlos.
[Tranquilo].
No podía comportarse de esa manera.
No podía controlar quién miraba a Megara.
Y, además, ella estaba allí para salvar a su señor.
Pero la incomodidad seguía creciendo.
Finalmente llegaron frente a una enorme puerta.
El guardia la abrió.
—El duque está aquí.
Megara entró inmediatamente.
Thomas la siguió.
La habitación era amplia y estaba decorada con los mismos tonos blancos y plateados que el resto de la mansión.
En el centro había una enorme cama.
Y sobre ella estaba el duque Fitzroy.
Se veía pálido.
Tenía una herida en el costado y varias vendas cubrían parte de su cuerpo.
Megara dejó su maleta sobre una mesa.
—Necesito examinarlo.
Los médicos presentes se apartaron.
Thomas permaneció cerca de la puerta.
Observaba todo.
Megara se acercó a la cama.
—¿Qué ocurrió?
Uno de los médicos comenzó a explicarle.
Megara escuchó con atención.
Después se inclinó para revisar la herida.
Thomas la observó.
Ella estaba completamente concentrada.
No parecía notar nada a su alrededor.
Ni los guardias.
Ni los médicos.
Ni siquiera la mirada del duque herido.
Thomas, en cambio, sí la notaba.
Y eso no le gustaba.
Fitzroy abrió lentamente los ojos.
Su mirada se encontró con Megara.
Por unos segundos pareció confundido.
Después la observó con atención.
Thomas entrecerró ligeramente los ojos.
[Perfecto].
El duque todavía estaba herido...
Y ya estaba mirando a Megara.
Thomas respiró profundamente.
[Compórtate].
Megara comenzó a preparar sus pociones.
—Necesito agua limpia.
Uno de los sirvientes se apresuró a obedecer.
—También vendas nuevas.
Otro salió rápidamente.
Thomas se acercó.
—¿Necesitas algo más?
Megara levantó la mirada.
—Sí.
—¿Qué?
—Que nadie entre mientras trabajo.
Thomas asintió inmediatamente.
—Lo tendrás.
Megara volvió a concentrarse en el duque.
Thomas se quedó a su lado.
Pero mientras observaba cómo todos obedecían las instrucciones de Megara, una idea volvió a aparecer en su cabeza.
[La traje hasta aquí para protegerla].
Miró a los guardias.
Después al duque.
Y finalmente a Megara.
[Entonces tendré que asegurarme de hacerlo].
Aunque una pequeña parte de él sabía que aquella preocupación ya no era solamente responsabilidad.
Era celos.
Y Thomas comenzaba a sospechar que la situación sería mucho más complicada de lo que había imaginado.
😂😂😂
Ya caíste con Thomas 💖💖