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REGLAS
A la hora de la salida, Nathaly llamó a Gael a un lado del salón donde no mostraba la cámara, allí le dio un abrazo y un beso en la mejilla diciendo.
NATHALY: Chao mi amor, que descanses.
GAEL: Chao, gracias.
Había pasado un mes desde que Nathaly comenzó a trabajar en la escuela, durante ese tiempo había conocido mejor a todos sus estudiantes. Después de la jornada de trabajo, estando en su casa no dejaba de pensar en Gael; sabia que la directora les había pedido mantener una relación estrictamente profesional con los estudiantes y respetar los protocolos de la institución. También sabía que tenía acceso a los números de contacto de los padres únicamente para asuntos relacionados con la escuela.
Aun así, después de pensarlo varias veces, decidió correr el riesgo. Su intención no era juzgar a nadie, sino expresar una preocupación sincera por el bienestar de uno de sus alumnos, tomó el celular y marcó el número de Yan Marcos.
El teléfono sonó varias veces, pero nadie respondió, Nathaly respiró hondo y volvió a intentarlo; esta vez la llamada fue contestada.
YAN MARCOS:📱¿Quien habla?
Preguntó una voz grave, firme y con evidente impaciencia, al escuchar que al menos había respondido, Nathaly sintió un pequeño alivio.
NATHALY:📱Buenas tardes, mi nombre es Nathaly, soy la maestra de Gael, disculpe que lo llame, quería hablar con usted porque hay algo que me preocupa con respecto a su hijo.
Hubo unos segundos de silencio hasta que del otro lado de la línea un impaciente hombre dijo
YAN MARCOS:📱¿Qué sucede?
Nathaly eligió cuidadosamente sus palabras y dijo.
NATHALY:📱He notado que Gael es un niño muy reservado, en la escuela hace un gran esfuerzo por participar, pero percibo que necesita sentirse más acompañado. Creo que compartir más tiempo con él podría ayudarlo mucho emocionalmente...
No alcanzó a terminar la frase porque el hombre lleno de ira la interrumpió con un tono frío.
YAN MARCOS:📱Mire profesora, usted no va a decirme cómo debo criar a mi hijo; ocúpese de enseñarle en la escuela y deje mi vida privada aparte. ¿No le explicaron cuáles son las reglas de esa institución?
Las palabras cayeron sobre Nathaly como un balde de agua fría, por un instante se quedó en silencio. Comprendió que aquella llamada había sido un error y que, probablemente, habría consecuencias; con la misma educación que la caracterizaba, respondió en voz baja:
NATHALY:📱Lo siento, mi intención nunca fue incomodarlo, solo estaba preocupada por Gael.
YAN MARCOS:📱Pues no se preocupe más, ese asunto me corresponde a mí.
Sin darle oportunidad de responder, Yan Marcos terminó la llamada, Nathaly bajó lentamente el teléfono; permaneció inmóvil durante varios segundos, todavía asimilando la conversación. No estaba molesta; estaba preocupada, ahora entendía un poco mejor por qué Gael guardaba tantas cosas para sí mismo
Aun así, no pensaba responder con enojo ni juzgar a su padre, esa no era su forma de actuar. Nathaly siempre había creído que la paciencia, el respeto y las buenas acciones tenían más fuerza que cualquier discusión.
Sin embargo, también comprendió que, a partir de ese momento, tendría que ser mucho más prudente. Si quería ayudar a Gael, tendría que hacerlo dentro de los límites de su profesión y esperar el momento adecuado para ganarse también la confianza de su padre.
Pero ya no era necesario que Nathaly esperara para ganarse la confianza de Yan Marcos.
Apenas terminó la llamada, él tomó su celular y marcó el número de la directora de la escuela.
Cuando ella contestó, habló con evidente enojo.
YAN MARCOS: 📲 ¿Cómo es posible que una maestra me llame para decirme cómo debo tratar a mi hijo? No quiero que vuelva a tener ningún tipo de contacto personal conmigo.
La directora comprendió de inmediato lo que había sucedido.
DIRECTORA:📱No se preocupe, señor Escalante. Lamento mucho lo ocurrido. Hablaré con la profesora inmediatamente. Le ofrezco disculpas por la molestia.
Espero que tome cartas en el asunto.
DIRECTORA:📱Así será.
La llamada terminó.
Yan Marcos nunca pidió que despidieran a Nathaly. Sin embargo, la directora conocía el reglamento de la institución y sabía que la docente había incumplido una norma que les había repetido desde el primer día.
Sin perder tiempo, llamó a Nathaly.
Al ver el nombre de la directora en la pantalla, ella sintió un fuerte presentimiento y contestó con nerviosismo.
NATALY: Buenas tardes, directora.
Del otro lado de la línea se escuchó una voz seria.
DIRECTORA:📱Nathaly, ¿yo no te expliqué claramente los límites que debías mantener con los estudiantes y sus familias? ¿No te
Recalqué que cualquier situación debía informarse primero a la dirección?
NATHALY:📱Sí, directora.
DIRECTORA:📱Entonces, ¿por qué te metiste donde no debías?
Con la voz temblorosa respondió:
NATHALY:📱Yo... solo quería ayudar al niño. Me preocupaba mucho su bienestar y pensé que hablar con su padre podía hacer una diferencia.
La directora suspiró con frustración.
DIRECTORA:📱Por querer ayudar terminaste perjudicándote tú y también a la institución. El señor Escalante acaba de llamarme muy molesto y recibí un fuerte reclamo por tu actuación.
Nathaly sintió que el corazón le latía con fuerza.
La directora continuó:
DIRECTORA:📱En estas condiciones no puedes seguir en ese salón. Mañana no te presentes... o, mejor dicho, espera. Voy a revisar si existe la posibilidad de ubicarte en otro grado donde no tengas contacto con ese estudiante. No puedo prometerte nada, pero lo intentaré.
Las palabras dejaron a Nathaly completamente desconcertada.
DUECTORA:📱Espero que esta experiencia te sirva para comprender que las buenas intenciones no son suficientes cuando se trabaja bajo normas profesionales. Hay procedimientos que deben respetarse.
NATHALY:📱Lo sé... y lamento mucho lo ocurrido.
La directora terminó la llamada, Nathaly permaneció inmóvil con el celular entre las manos.
Sentía miedo.
No por el regaño, sino porque comprendía que, por intentar hacer lo que creyó correcto, estaba a punto de perder el trabajo que tanto había luchado por conseguir.
Aun así, en el fondo de su corazón, seguía pensando en Gael. Solo esperaba que algún día alguien pudiera darle el afecto y el tiempo que tanto necesitaba.
María y Yeidi notaron enseguida que algo no estaba bien. La madre se acercó y se sentó a su lado.
MARIA: ¿Qué pasó, hija? Te veo muy pensativa.
Yeidi también se acercó, preocupada.
YEIDI: ¿Ocurrió algo en la escuela?
Nathaly respiró profundamente y les contó todo lo sucedido, la llamada que había hecho a Yan Marcos, la reacción del padre de Gael y, finalmente, la conversación con la directora.
Cuando terminó de hablar, el silencio se apoderó de la sala durante unos segundos, María tomó las manos de su hija con cariño y dijo.
MARIA: Bueno, hija, Dios conoce tu corazón. Él sabe que todo lo hiciste con una buena intención. Quizá no fue la manera correcta, pero tu deseo era ayudar a un niño que lo necesitaba.
NATHALY: Lo sé, mamá... pero creo que perdí el trabajo por no quedarme quieta.
Yeidi se sentó a su lado y la abrazó.
YEIDI: No te culpes tanto, hermana. Ese padre algún día puede darse cuenta de lo que está haciendo. Si no cambia, cuando Gael crezca podría sentir un gran vacío y hasta resentimiento por no haber recibido el tiempo y el cariño que necesitaba.
María asintió lentamente diciendo.
MARIA: El dinero puede comprar muchas cosas, pero nunca reemplazará un abrazo, una conversación o el tiempo compartido con un hijo. Los niños crecen muy rápido, y los momentos que se dejan pasar ya no regresan.
Nathaly suspiró.
NATHALY: Solo espero que Gael esté bien. Es un niño muy noble y merece sentirse amado.
MARIA: Ahora deja todo en manos de Dios. Tú hiciste lo que creías correcto. Aprende de esta experiencia y confía en que Él abrirá la puerta que sea mejor para ti.
Las palabras de su madre le dieron un poco de tranquilidad. Aunque seguía sintiendo incertidumbre por lo que ocurriría al día siguiente, también comprendía que no podía cambiar lo sucedido. Lo único que podía hacer era esperar y confiar en que, de una u otra forma, Dios tendría el control de la situación.