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La esposa secreta del magnate Alcázar

La esposa secreta del magnate Alcázar

Status: Terminada
Genre:Romance / Aventura de una noche / Centrado emocionalmente / Amor a primera vista / Romance oscuro / Completas
Popularitas:27.8k
Nilai: 5
nombre de autor: Fabiana Luna

Camila Fuentes solo quería sobrevivir: pagar sus deudas, conservar su empleo y olvidar la noche en que despertó en la suite de un desconocido.
Pero aquel desconocido era Maximiliano Alcázar, heredero de uno de los imperios empresariales más poderosos de México. Frío, arrogante y acostumbrado a conseguir todo lo que desea, Max no está dispuesto a dejar escapar a la única mujer que logró alterar su mundo.
Para mantenerlo lejos, Camila inventa un novio. La mentira, sin embargo, desata una persecución de celos, secretos y deseos imposibles de ocultar. Mientras un amor del pasado intenta recuperarla y la familia Alcázar se niega a aceptarla, Camila deberá enfrentarse también a la herida que ha cargado desde niña: la certeza de que su propia madre la abandonó porque nunca fue digna de ser amada.
Max puede ofrecerle dinero, protección y hasta su apellido. Pero para convertirla en su esposa tendrá que demostrarle algo mucho más difícil: que esta vez, cuando todos los secretos salgan a la luz, él será el hombre que decida quedarse.

NovelToon tiene autorización de Fabiana Luna para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 24

Sus deudas las pago yo

El perro fue más rápido que ella.

Camila apenas había soltado la correa un segundo para acomodarse a Tesoro contra el pecho —el gato naranja se le trepaba al hombro, gordo y desconfiado— cuando Peso vio a otro golden del otro lado del jardín de Montebello y salió disparado. La correa se le escapó de los dedos como una anguila.

—¡Peso! ¡Peso, ven acá! ¡Ay, no, no, no!

Corrió tras él con el gato rebotándole en los brazos, los tacones de imitación resbalando en el pasto húmedo del anochecer. Andrés se lo había pedido tan formal antes de irse de viaje —"cuídamelos como si fueran tuyos, Camila, por favor"— y ahora el más grande iba a acabar bajo las ruedas de algún Bentley. Alcanzó a pisar el final de la correa, el jalón la desequilibró, y el mundo se le fue de lado.

Cayó de rodillas y manos sobre el empedrado, sin soltar a Tesoro. El gato salió ileso; ella no. Las palmas le ardieron, la rodilla se le abrió bajo la media rota. Peso, ya calmado, volvió a lamerle la cara como si nada.

—Perfecto —murmuró Camila, con los ojos aguándose de pura rabia contra sí misma—. Puedo sola. No pasa nada.

—Sí pasa. Estás sangrando.

Conocía esa voz. Se le tensó la espalda antes de levantar la cabeza.

Max estaba parado a dos metros, con un traje que probablemente costaba más que el año entero de su renta, mirándole las rodillas con la cara de piedra de siempre. No preguntó si estaba bien. Se agachó, la tomó de las palmas y las giró a la luz del farol.

—Un perro que no es tuyo, un gato que no es tuyo, y tú en el suelo. —Chasqueó la lengua—. Y me rompiste la valenciana del pantalón. Esto es hecho a medida, ¿sabes cuánto cuesta?

—Yo no te rompí nada, fue el… —Peso escogió ese momento para plantarle las patas embarradas al muslo de Max—. Ah.

—Un millón de pesos, más o menos. —Se enderezó con ella en brazos antes de que pudiera protestar, gato incluido, y silbó para que el perro los siguiera—. Me lo vas a pagar. Con intereses.

—¡Bájame! ¡Puedo caminar!

—No con esa rodilla. Cállate.

No la bajó. La cargó por todo el jardín, bajo la mirada del portero que fingía no ver nada, hasta el elevador privado de la Casa 8, y no la soltó hasta dejarla sentada en su sillón blanco impecable —blanco que ella iba a manchar de sangre y tierra, pensó horrorizada, otra cosa carísima que arruinar.

Max volvió del baño con un botiquín que parecía de hospital. Se arrodilló frente a ella, le subió el ruedo de la falda con dos dedos, sin pedir permiso pero sin prisa, y le limpió la rodilla con una gasa. Ardió. Ella apretó los dientes.

—Aguántate, conejita.

Lo hacía con un cuidado que no cuadraba con sus palabras. Le sopló despacio sobre la herida antes de poner el antiséptico, y ese soplo tibio le puso a Camila la piel de gallina en todo el muslo. Apartó la cara.

—Ya, gracias. De verdad, no tienes que…

—Un millón por el pantalón. —Max le vendó la palma con una lentitud deliberada, los ojos subiendo a los de ella—. No traes cómo pagarme. Así que se me ocurre otra forma.

—Ni lo pienses.

—Una vez por cada diez mil. —La comisura de la boca se le curvó apenas—. Te sale barato. Cien veces y quedamos a mano.

—¡Maximiliano! —El calor le subió a Camila por el cuello de golpe. Le empujó el hombro con la mano vendada, y él ni se movió—. Eres un… No voy a pagarte nada con… con eso. Búscate a alguien más.

—No hay alguien más. —Lo dijo sin humor, de pronto, con esos ojos oscuros fijos en ella, y a Camila se le fue el aire. No era el tono del que bromea. Era el del que ha decidido algo y no piensa cambiar de opinión—. No para mí. Búscate tú a alguien más, si puedes. Yo ya no.

El celular la salvó. Vibró en su bolsillo con el nombre de Andrés en la pantalla. Camila contestó como quien se agarra de un salvavidas.

—¿Bueno? Andrés, hola…

—Camila, ¿estás bien? —La voz del otro lado sonaba genuinamente preocupada—. Me habló el portero, me dijo que te caíste. ¿Te lastimaste? ¿Y los niños, Peso y Tesoro?

—Estoy bien, en serio, solo un raspón. Los dos están perfectos, no te preocupes por…

—¿Un raspón? ¿Fue el perro? Oye, si rompiste algo de alguien, o si hay algún gasto, yo lo cubro, ¿eh? Faltaba más, tú me estás haciendo el favor a mí. —Hizo una pausa—. ¿Sabes qué? No te quedes sola esta noche con la rodilla así. Vente a mi casa cuando llegue, o mándame la dirección y…

Una mano le quitó el teléfono de la oreja. Max se lo puso él al oído, la voz bajando dos tonos hasta esa frialdad que no admitía réplica.

—Ella no va a ir a ningún lado. —Silencio del otro lado—. Yo la atiendo. Soy su hombre. Y el pantalón que me rompió tu perro cuesta un millón; si tanto quieres pagar, te mando la factura. —Colgó.

—¡Max! —Camila le arrebató el celular—. ¿Por qué le dijiste eso? ¡No eres mi…!

—¿No? —Ya tenía el teléfono en la mano, deslizando algo en la pantalla. Le giró el aparato hacia ella: la factura electrónica del sastre, con una cifra y muchos ceros que a Camila le dieron vértigo—. Mira. Ni tú ni el vecino de los perros tienen para esto.

—Con más razón no voy a…

—No te estoy cobrando. —Max ya se había levantado, la tarjeta negra saliéndole de la cartera entre dos dedos, mate y pesada, esa misma clase de tarjeta que ella una vez había sostenido sin entender su peso—. Odio que le debas algo a alguien. A la tienda del vestido rojo, al banco, a ese de los perros que se muere por pagarte. A nadie.

—Esas son mis cuentas, Max. Yo las estoy pagando, a plazos, con mi sueldo. Me faltan unos meses pero…

—Ya no. —Tecleó en el celular sin verla, con la eficiencia de quien mueve millones antes del desayuno—. El vestido, la mensualidad, lo que quede. Liquidado.

—¿Qué? —Camila se paró de un salto y la rodilla le castigó el atrevimiento—. No, oye, no puedes… ese es mi nombre, es mi deuda, no tienes ningún derecho a…

—Ya está hecho. —Guardó la tarjeta. Se acercó, le puso una mano en la nuca con esa suavidad que le desarmaba todo, y le habló bajito, como si fuera lo más razonable del mundo—: No me debes nada a mí tampoco. Solo una cosa quiero.

—¿Qué —tragó saliva— cosa?

—Que dejes de deberle a los demás. Sus deudas las pago yo. Todas. —Le rozó la sien con los labios—. Acostúmbrate.

Y mientras Camila se quedaba muda entre la vergüenza, el enojo y algo más caliente y peligroso que no quería nombrar, el celular de Max volvió a iluminarse con un mensaje del banco. Confirmación de pago. Cero pesos de saldo a nombre de Camila Fuentes Ríos.

Ella se lo quedó viendo. Y no supo, de golpe, si acababan de liberarla o de comprarla.

1
ShaLop
Muy hermosa tú historia
LISSETH BUITRAGO
Hermosa Historia. Gracias
Nilda Meza
excelente 🥰
Helizahira Cohen
Puede ser que Octavio un desgraciado, pero ella abandono a su hijo, obvio el arrepentimiento es válido pero no borra la acción
Helizahira Cohen
Esta autora tiene muchas contradicciones, ha salvado la novela Maximiliano , ese amor tan hermoso
Nilda Meza
hermosa historia Felicitaciones 👏👏👏
Helizahira Cohen
Es muy buena pero la escritora se olvida lo que escribe, cuando la abuela se cayó y tuvo problemas con un brazo Max fue, también ys Camila le habia contado la historia, pero es muy bonita la novela, quiero un Max así
Helizahira Cohen
Max es loco, parece un fantasma está en todos lados y Camila un imán para el peligro
Luisa Salmeron
Esta Camila ya raya de lo ridícula 🤭
Luisa Salmeron
Enamorada de Max🥰
Luisa Salmeron
🤣🤣🤣🤣🤣🤣
Isabel Contreras Zavala
muy bonita historia felicidades.
solo hicieron falta las fotos.
Isabel Contreras Zavala
pobrecita tiene muchas traumas por culpa de la mamá.
hay madres que no merecen que se les diga mamá.
Isabel Contreras Zavala
ella tiene miedo aceptar que le gusta y que su mamá la rechaze por la posición de dinero
Isabel Contreras Zavala
muy interesante
Isabel Contreras Zavala
Que tristeza no tener dinero para lo mas necesario ,así es la vida se puede tener reconocimiento de ser buen estudiante ,pero no hay personas que valoren los sacrificios del estudiante .
solo los ricos se ayudan entre ellos sin tener valores y sin saber nada .
Isabel Contreras Zavala
buen inicio esperando una buena trama
Mile
Buena redacción (aunque con algunas contradicciones) buena ortografía... Me gustó mucho la historia de Camila y Max... 🥰🥰🥰🥰 Gracias por escribir y compartir 🥰🥰🥰🥰 Felicidades 👏👏💐💐💐
Mile
Me gustó mucho la historia 🥰🥰🥰🥰 Gracias por escribir y compartir 🥰🥰🥰 Felicidades 👏👏💐💐💐
Mile
🥰🥰🥰🥰🥰🥰🥰 que hermoso 🥰🥰🥰🥰
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