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Vas A Ser Mi Hombre

Vas A Ser Mi Hombre

Status: Terminada
Genre:Amor de la infancia / Romance / Diferencia de edad / Completas
Popularitas:4k
Nilai: 5
nombre de autor: Araceli Settecase

​«Ella es la tentación de diecinueve años que rompió todas sus reglas. Él, el hermano mayor de su mejor amigo de toda la vida... y el hombre del que jamás debió enamorarse.»
​Mía siempre supo lo que quería, y lo que quería era a Leónidas Benavídez: un imponente arquitecto de treinta años, serio, dominante e inalcanzable. Para el mundo, Leónidas es un ejecutivo de hielo; para Mía, el único hombre capaz de hacerla arder.
​Cansada de ser vista como "la enana" o "la amiga de su hermano", Mía desata un peligroso juego de seducción que pondrá a prueba el rígido autocontrol de Leónidas.

NovelToon tiene autorización de Araceli Settecase para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Epílogo CAPÍTULO 21: ¡Nos casamos! (Y el caos de las mamás)

La noticia del compromiso formal entre Leónidas y Mía comenzó con una premisa sumamente sencilla, madura y sobria: una cena íntima en un restaurante discreto de la ciudad, con un brindis reservado únicamente para el núcleo familiar más cercano. Sin embargo, la sobriedad en la familia Benavídez y en la familia Del Campo era un concepto abstracto que duraba exactamente el tiempo que tardaban las matriarcas en enterarse de cualquier novedad importante.

​Era un sábado al mediodía en el espacioso comedor de la casona familiar. Leónidas, luciendo una camisa de lino azul oscuro con las mangas arremangadas hasta los codos, aguardó a que el servicio terminara de retirar los platos del almuerzo. A su lado, Mía vestía un solero amarillo pastel que iluminaba su tez radiante; sus dedos jugaban con la servilleta de tela mientras buscaba la mirada de su prometido debajo de la mesa.

​Leónidas carraspeó con su voz grave, atrayendo la atención de los presentes. Con una parsimonia estudiada, tomó la mano de Mía, entrelazó sus dedos sobre el mantel e hizo sonar suavemente su copa con la punta de su cubierto.

​—Bueno... aprovechando que estamos todos reunidos hoy —comenzó Leónidas, con el tono formal que solía utilizar en las juntas de directorio, aunque sus ojos delataban una calidez inusual—, Mía y yo queremos compartir algo con ustedes.

​—Si es otra vez que se van a la casa de campo a desconectar los celulares, ya nos acostumbramos —interrumpió Joaquín, masticando el último pedazo de pan y sirviéndose más gaseosa—. La última vez tuve que ir personalmente a buscar las llaves del depósito y casi me da un infarto cuando vi las camisas de Leónidas tiradas por el pasillo.

​—¡Joaquín, cállate y deja hablar a tu hermano! —reprendió Elena, aunque sus ojos ya brillaban con una sospecha cargada de ansiedad.

​Leónidas ignoró olímpicamente el comentario de su hermano menor, miró fijamente a Mía y continuó:

​—Decidimos dar el siguiente paso. Nos vamos a casar.

​El silencio absoluto duró exactamente un segundo y medio.

​Sofía Del Campo soltó el tenedor, que impactó contra el plato de porcelana con un chasquido seco. Elena de Benavídez se llevó las dos manos al pecho, ahogando un grito que pareció quedarse atascado en su garganta. Mía sonrió de lado, disfrutando de la escena, mientras Leónidas aflojaba su postura, creyendo erróneamente que la revelación había sido recibida con una serenidad ejemplar.

​—¡Ayyyy, mi vida! —estalló Sofía de pronto, poniéndose de pie de un brinco tan violento que tiró su silla hacia atrás—. ¡Se casan! ¡Se casan mi nena y el gigante!

​—¡Te lo dije! ¡Te dije que las velas de la abundancia que encendí el mes pasado funcionaron! —gritó Elena, saltando de su lugar para abrazar a Sofía en medio del comedor, dando vueltas como si hubieran ganado la lotería nacional.

​Joaquín se atragantó con la gaseosa, soltando una tos estruendosa antes de limpiar la mesa a toda prisa con una servilleta.

​—Pará, pará, pará... —dijo Joaquín mirando a su hermano con los ojos desorbitados—. ¿Leónidas? ¿Casarse? ¿El hombre que tiene coordinados por colores los trajes en el vestidor y que mide los minutos de su vida en planillas de Excel? Mía, decime que le pusiste algo en el café porque no lo puedo creer.

​—Cállate, Joaquín, no arruines este momento histórico —sentenció Mía riendo, mientras las dos madres se abalanzaban sobre la pareja para cubrirlos de abrazos, besos y lágrimas de emoción.

​Fue exactamente a partir de ese minuto cuando el plan original de una boda sencilla de cincuenta personas se convirtió en una operación militar de escala internacional controlada por Elena y Sofía.

​En menos de cuarenta y ocho horas, el penthouse de Leónidas había sido tomado por asalto. La amplia mesa de mármol del salón, que habitualmente solo albergaba planos arquitectónicos y computadoras portátiles, estaba completamente cubierta por carpetas de muestras de tela, catálogos de vajilla de porcelana, maquetas de tortas de bodas en telgopor y álbumes fotográficos de arreglos florales.

​Elena y Sofía se habían instalado en el departamento con un centro de mando improvisado: dos iPads, tres libretas de anotaciones con solapas de colores y un consumo desmedido de café con leche.

​—Leónidas, mi amor, siéntate un segundo —ordenó Elena el lunes por la noche en cuanto su hijo mayor cruzó la puerta del penthouse tras una jornada de diez horas en la empresa.

​Leónidas se aflojó el nudo de la corbata con gesto cansado, observando el despliegue de papelería en su salón como si fuera una invasión enemiga. Mía estaba sentada en el suelo, apoyada contra el sofá, riendo en silencio mientras hojeaba un catálogo de manteles.

​—Madre, ya hablamos de esto —dijo Leónidas con voz firme pero agotada—. Queremos una ceremonia íntima. Algo en el jardín de la casa de campo, con la familia y los amigos cercanos. No más de cincuenta personas.

​—¿Cincuenta personas? —saltó Sofía, como si Leónidas hubiera propuesto celebrar el casamiento en una estación de servicio—. Leónidas Benavídez, tú eres el presidente de una de las firmas de arquitectura más importantes de la región. Tu padre tiene socios en todo el país. Y Mía... bueno, ¡Mía es la reina de esta familia! La lista preliminar va por los trescientos cincuenta invitados, y eso recortando a los primos segundos de Córdoba.

​Leónidas parpadeó, incrédulo.

​—¿Trescientos cincuenta? ¿De dónde salieron trescientas cincuenta personas? No conozco a trescientas cincuenta personas, Sofía.

​—Tú no, pero nosotras sí —respondió Elena con una lógica aplastante, pasándole una planilla impresa con más de diez páginas—. Aquí están los ejecutivos de la cámara de construcción, los socios del club de campo, tus profesores de la universidad, los vecinos de la infancia y todo el cuerpo docente de la facultad de Mía.

​Mía se levantó del suelo, caminó hacia Leónidas y le pasó los brazos alrededor del cuello, apoyando la barbilla en su pecho musculoso.

​—Amor... yo intenté frenarlas —susurró Mía con voz inocente, aunque sus ojos brillaban con pura diversión—, pero tu mamá amenazó con contratar a una banda de gaiteros para la entrada si no cedíamos en la lista de invitados.

​Leónidas miró a su prometida con una mezcla de resignación y deseo. La tomó por la cintura, pegándola a su cuerpo sin importar la presencia de las dos mujeres maduras a pocos metros.

​—No voy a permitir que transformen nuestro casamiento en una convención de la cámara de comercio, Mía —murmuró él cerca de sus labios, ignorando el carraspeo intencional de su madre.

​—Demasiado tarde, hermanito —anunció Joaquín, ingresando al penthouse con una caja enorme de cartón en los brazos y una sonrisa maliciosa—. Ya me nombraron 'Director Ejecutivo de Logística y Entretenimiento' de la boda. Y les tengo una sorpresa para la fiesta.

​Leónidas se giró con lentitud, estrechando los ojos con esa frialdad ejecutiva que hacía temblar a sus empleados.

​—Joaquín... dime que no contrataste nada raro.

​—Tranquilo, 'Robocop' —respondió Joaquín dejando la caja sobre la mesa, sobre el catálogo de flores—. Conseguí un espectáculo exclusivo para el momento del trasnoche. Una troupe de bailarines temáticos con fuego y un imitador de celebridades que va a hacer el show central.

​—Llegas a meter a un tipo tirando fuego adentro del salón y te juro por mi vida que te saco del testamento —sentenció Leónidas con un tono tan oscuro que Joaquín tuvo que tragar saliva.

​—¡Ay, Leónidas, no seas amargado! —intervino Sofía—. El entretenimiento es fundamental. Ahora, lo importante: la degustación del catering es mañana a las dos de la tarde. Tenemos que probar doce tipos de entradas, cinco platos principales y una mesa dulce de catorce variedades.

​—Tengo una reunión con los inversores del proyecto del puerto a las dos de la tarde —respondió Leónidas cruzando los brazos sobre el pecho.

​—Cancelala —dijo Elena sin pestañear—. Los inversores pueden esperar, pero el mousse de maracuyá con frutos rojos para trescientos cincuenta invitados no se elige solo.

​Mía no pudo contenerse más y soltó una carcajada limpia que resonó en todo el piso. Leónidas la miró, viendo la luz desbordante en sus ojos y la felicidad genuina que llenaba el departamento. A pesar del acoso de las madres, de la intromisión de Joaquín y del caos organizativo que amenazaba su preciado orden, ver a Mía tan llena de vida hacía que cada segundo de tortura valiera la pena.

​Atrajo a la joven hacia su costado, besándole la sien frente a todos.

​—Está bien —suspiró el arquitecto, dándose por vencido ante las tres mujeres de su vida—. Mañana probamos el mousse de maracuyá. Pero el imitador de celebridades queda terminantemente prohibido.

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Nancy Negrin
me encanto buenísimo la personalidad de Mia es de otro mundo guaobesta historia es excelente felicito a la escritora
Martha Divas Delgado
❤️❤️❤️🤭🥰 estoy henamorada☺️
Martha Divas Delgado
hay Vanesa te van a ASER k comas polvo en tu caida🤭
Martha Divas Delgado
🥰me encanta mia sabe lo k quiere❤️
Martha Divas Delgado
jajaja jajaja jajaja pobre leonidas☺️
Martha Divas Delgado
jajaja jajaja leonidas cuídate por k mia te comerá y🤭 completito
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